Recomendamos la página EL LUGAR MÁS SOSEGADO, del escritor venezolano Edgar Vidaurre Miranda.Contiene la Biografía, Crónicas, Ensayos y Poemas del autor. Y una selección de música bellísima, entre la que que figuran piezas interpretadas al piano por el escritor, y fotos de sus viajes.
www.edgarvidaurre.net
Tu visión devendrá más clara
Solamente cuando mires dentro de tu corazón…
Aquel que mira afuera, sueña.
Quién mira en su interior, despierta.
C.G.Jung C.W.
vol II
Acerca de la psicología de la religión occidental
y de la religión oriental
Ustedes se preguntarán que hace un poeta contemporáneo hablando en
la casa de los estudiosos de las ciencias del alma. Sin embargo estoy
aquí con el permiso expreso del Maestro Jung cuando en su libro El
hombre moderno en busca de su alma dijo que “el poeta ha extraído su
visión a través de las fuerzas curadoras y redentoras de la psiquis colectiva que
subyacen en el alma humana. Con su aislamiento y errores penosos ha
penetrado en esa matriz de vida en la que todos los hombres están incrustados,
la que imparte un ritmo común a toda la existencia humana y permite al
individuo comunicar sus sentimientos y luchas a toda la humanidad”. Y digo
ciencia con todo respeto, pues como poeta, mi admiración por Jung es
infinita. Haber encontrado el camino de llegada al centro del alma como
él lo hizo, es un hito para la humanidad entera, y aunque el encuentro
vital de su propia alma se produjo fundamentalmente a través de la
psicología como ciencia, el Maestro nunca desdeñó cualquier otra vía
álida para ello y aún más, recorrió casi todos los caminos (conocidos y
desconocidos) consustanciándose con todas las manifestaciones
humanas que explican al mundo y al alma universal, como la Alquimia
y sus símbolos, los mitos, la religión y el arte. Pero con certeza, el logro
verdadero, -más que llegar al centro del alma y ver ella los elementos
universales que nos constituyen- fue el de encontrar el camino de
regreso para regalarnos su visión y abrir esas puertas comunicantes
entre los elementos universales y nuestra conciencia. Bajo este sentir,
estoy muy honrado por la invitación del Centro de Estudios Junguianos
a dar estas charlas que he resumido en una visión integral del alma,
como la unión dinámica de todos los fenómenos mentales -tanto
conscientes como inconscientes- y el proceso de transmutación e
individuación en el ser humano hacia lo trascendente, utilizando como
vía regia esta vez, a la poesía y sus manifestaciones sonoras (la música y
la palabra) y su revelación a través del mito de la creación, el mito
poético, la imagen y los símbolos, en siete charlas principales y una
charla final de cierre.
Dichas estas palabras de rigor, y como en las charlas siguientes
fundamentalmente hablaré de manera muy libre, pura (y personal)
sobre el fenómeno poético y musical como expresiones del alma,
quisiera nombrar (y me perdonan el atrevimiento) algunos sentires
sobre la influencia que el maestro Jung, ha tallado de manera indeleble
en mi alma de poeta y músico, en especial sobre el centro de esta y de
todas las charlas, que no es otro que El Alma.
Si bien afirmó Jung que durante y a resultas de sus investigaciones se
vio obligado a establecer distinciones conceptuales entre alma y psique; siendo psique la totalidad de los fenómenos mentales tanto conscientes
como inconscientes, las leyes que los rigen y sus manifestaciones,
hablándonos a su vez del alma como un complejo de funciones que se
pueden caracterizar bajo la denominación de "Personalidad", desde otro
punto de vista pareciera haber devuelto a sus orígenes míticos y válidos
el concepto Griego de "Psiquis" (ψυχής) en donde mente y alma
constituyen una totalidad intrínseca en el ser humano… una intrínseca
totalidad que incluyendo lo individual, se extiende hasta lo
transpersonal de manera amplia y abarcante (en el caso de los griegos y
por la tradición Órfica, la dualidad humana estaba constituida por
cuerpo-alma). Dentro de nosotros, en el alma, según Jung (y el
hermetismo) se halla también la totalidad del universo, y aunque en
principio lo ignoramos, "algo" nos impulsa a la integración consciente de
nuestros componentes hasta alcanzar lo trascendente. El estadio
correspondiente a la obtención y consustanciación de y con el Espíritu
como logro del ser humano, fue denominado por Jung "Individuación”.
Siendo así, cabe preguntarse ¿es Alma sinónimo de Espíritu? Según la
filosofía hermética (y Jung fue un hermetista) El Alma, del latín
"Anima", no ha perdido su condición animal, y no es por tanto Espíritu
(del griego ánimus άνεμος) pero sí un primer paso hacia lo sutilizado
desde la materia que nos constituye y a partir de la cual podemos
obtener diversos grados de trasmutación, paso por cierto nada
intrascendente. Nuevamente nos preguntamos bajo el concepto de alma
explicitado por Jung bajo la nominación de "Personalidad" ¿qué es la
personalidad Junguiana?, ¿en qué consiste? ¿qué es la psiquis para
Jung?: de manera por demás atrevida, y de lo sentido en las lecturas del
maestro, diríamos que La Personalidad es la unificación, el abrazo de
todo pensamiento, sentimiento y conducta tanto consciente como inconsciente,
la guía que regula y adapta a cada individuo a su ambiente
externo, las energías que la activan y su distribución entre los diversos
componentes de la misma y cuyos cambios tienen lugar dentro del
transcurso de la vida del ser humano. Podríamos afirmar que la
Personalidad es aquello a partir de lo cual nos convertimos en
"Personas". La Persona no es en este caso un conglomerado de partes
añadidas por aprendizajes o experiencias, sino la recuperación de una
totalidad originaria. No lucha el hombre para integrarse… ya la posee la
integración, nació con ella. Lo que debe hacer es desarrollarla hasta el
máximo grado de coherencia y armonía. El logro de una especie de
psico-síntesis…
Nos sentimos tentados a continuar diciendo….qué "a diferencia de los
animales" (como si no fuésemos nosotros mismos animales ¿les suena el
fonema ánima?), el hombre tiene el extraordinario poder de concebirse y
construirse a sí mismo y de cambiar también al mundo que le rodea,
pues al fin y al cabo, el mundo es como es "porque el hombre lo ha
concebido así". Respondiendo al principio de correspondencia
(Kybalion) porta el hombre el extraordinario poder de hacer realidad
aquello que sucede "en nuestro arriba": las simples ideas de nuestra
mente finita correspondiendo al reflejo de un Orden Universal e Infinito
constituyendo síntesis idénticas, difiriendo apenas en su grado de
"manifestación". Manifestando en el "abajo", dentro del plano de
nuestra realidad material y "Creando" y reflejando ése mismo orden
Celeste o creando a partir de una idea sutil en nuestra mente algo
tangible, comprobable ya sea en el plano físico, en el mental o en el
espiritual. Esta dinámica hará posible el cambio de un estado de
consciencia a otro a voluntad. La mente como una otra cualquiera
manifestación emanada a partir de lo Divino creado a partir de su sí
mismo (Dios, Creador o simplemente Ser). En otras palabras nos
remitimos a plantear la mente como cualquier otro objeto creado a partir
de las emanaciones surgidas según el nivel vibracional de lo "creante".
En consecuencia planteamos su necesidad (la de la mente) o compulsión
a convertirse en su esencia definitiva, a su casi obligatoriedad de
transcurrir de un acontecer transmutante a otra transmutación. La
filosofía hermética junto a sus otras ciencias aledañas, no sólo aportan
conocimientos al intelecto, sino que tienen además la cualidad inherente
de transmutar, de cambiar al buscador a medida que se adentra en éstos
conocimientos. Esa es la verdadera esencia de la filosofía hermética, de
la auténtica Alquimia Espiritual: aquella que nos permite reconciliar los
opuestos dentro nosotros mismos, tal y como lo planteo Jung.
Las enseñanzas herméticas nos dicen que el hombre puede construir a través
de las creaciones mentales…. allí donde no necesitamos ningún tipo de
material, herramientas o utensilios, donde la idea permanece pura y
perfecta antes de manifestarse en la materia. Aún en lo social, tras cada
manifestación en la que exista "un orden" está detrás la mente humana.
El ser humano siempre ha tratado de vivir dentro de un orden contrario
al caos. Cuando no existe un orden, es imposible la evolución: la social,
la cultural, aún la humana, teniendo la capacidad incluso de auto
destruirse. Pero la mente así como cualquier otro metal y demás
elementos, puede ser trasmutada de estado en estado, de grado en
grado, de condición a condición, de vibración en vibración: "La
verdadera transmutación hermética es una práctica, un método, un arte
mental" (El Kybalion). El concepto de trasmutación mental que nos
propone la filosofía hermética (en consecuencia la Junguiana) es la de
asumir conscientemente expansiones y aberturas que nos lleven a la
integración de qué y quienes somos, que nos eleven al encuentro de
nuestros verdaderos y compartidos sí mismos… paso a paso, crisol a
crisol.
Jung, se dio a sí mismo una profunda mirada interior para ver, para
despertar (aunque el sueño fue contradictoriamente la vía principal), y
aunque como dijimos, transitó durante largos años por los caminos de la
Alquimia y sus símbolos, la religión y el arte, de manera inicial y al igual
que los antiguos poetas, salió en busca del Mito como explicación válida
y total del mundo, como el sustrato más hondo de sí mismo y al mismo
tiempo universal para vincularse a lo trascendente, empezando por el
mito primario, El Mito de la Creación, pues este no es otra cosa que la
búsqueda del origen: la creación es origen. De manera permanente y
simultánea, los seres humanos somos creadores y creación; el origen, el
punto de inicio, es único y común para todo lo creado y es allí, donde la
vinculación se hace patente… somos apenas una instancia de la
transformación, del sacrificio del Ser. No existe la unión de opuestos ni
contrarios, pues los opuestos no existen… en el mejor de los casos (para
no hablar de la capacidad desintegradora del hombre) estos son una
ilusión. En consecuencia, no existe un movimiento perpetuo de creacióndestrucción
en donde ambos eventos se suceden permanentemente.
Existe un solo y único evento: La Transformación.
Con esta revelación y para terminar la primera parte de la charla inicial,
podríamos añadir nuestro asombro y nuestra interpretación (igualmente
muy libre y personal) de lo dicho por el Maestro Jung sobre El Sacrificio
en su libro Transformaciones y Símbolos de la Libido, como elemento
primordial en los procesos de metamorfosis y transformación. Los símbolos
del incesto, separación, sacrificio y diferenciación, son
reinterpretados de una manera extraordinaria como el proceso
indispensable del ser humano para alcanzar la conciencia total. Para ello
es necesario enamorarse del origen, salir en la busca del origen perdido,
que en este caso es la madre universal. Dicho en otras palabras ir en
busca enamorada del origen es incesto, (aunque sea en términos
simbólicos un incesto universal). Vincularse con aquello que nos originó,
que nos creo. Pero en este caso se trata precisamente del hecho
restitutorio de aquello que perdimos con la primera separación, de la
diferenciación de la consciencia individual del hombre que se siente
inicialmente desvinculada de esa madre universal. El segundo paso para
re-vincularse con esa madre universal que debe dar el ser humano, es el
diferenciarse de la fuerza activa, del Padre Universal, una especie de
Caín a la manera poética como lo describe Luc Estang, en su libro “Le
Jour de Caïn” o “El día de Caín”: Caín es hombre desprendido de su madre
inicialmente y posteriormente de su padre. El primer errante en busca de tierra
fértil y el primer constructor de ciudades, es también el hombre señalado por
Dios para que no lo maten. Es en definitiva el primer hombre que se aleja de la
presencia de Dios y anda sin fin hacia el sol naciente, hacia nuevas auroras. La
aventura es de una grandeza sin par, la del hombre librado a sí mismo,
asumiendo valientemente todo el riesgo de la existencia y la consecuencia de sus
actos. Caín es el símbolo de la auténtica naturaleza humana en sí misma y en
toda su expresión. Es así, que desprendido de la madre y rompiendo con
el padre (matando simbólicamente la figura arquetípica de ambos), el ser
humano puede alcanzar aquello totalizador que trasciende a estas
figuras. Al contrario de Sigmund Freud, para Jung el asesinato simbólico
del padre no constituía un aspecto destructivo impulsado por la Libido
en el contexto de la rivalidad y el odio hacia éste, sino una ruptura previa,
indispensable, imperiosa y a la vez constructiva de
individualizarse de constituirse a sí mismo para ver, entender y colmar
la necesidad del retorno al origen bajo la figura extraordinaria de la
Resurrección o el nuevo nacimiento, de entrar una vez más al seno de la
Madre para ser dado a luz nuevamente por ella, y mantenerse ligado, esta
vez conscientemente a esa fuerza nutricia incomparable. Curiosamente
esta revelación le constó a Jung, el rompimiento con el padre que lo
iniciara en el camino hacia el alma humana a través de la psicología,
pero en contrapartida lo puso frente a frente con la experiencia y el
encuentro directo y definitivo con su propia alma y el Alma Universal
Este proceso de diferenciación y separación inicial, es el primer paso a la
integración en la consciencia de los sustratos universales (incluyendo al
bien y al mal, a la sombra y a la luz) y esto no se logra sin dolor y
sacrificio. Por último, no podemos dejar de decir que la representación
de estos aspectos simbólicos en el mito de Edipo, alcanzan realmente
una magnitud dramática cuando este queda ciego, es decir cuando
dirige su mirada hacia adentro, cuando prescinde de ver el afuera para
experimentar lo que llamamos “la mirada interior”. La transformación
es entonces sacrificio y así nos lo revela el Maestro Jung: No hay llegada al
consciente sin dolor.
II
“No salgas de ti, retorna a ti mismo,
en el interior del hombre habita la verdad;y si encontraras Transfigurada tu naturaleza,
trascenderías tú mismo también …”
San Agustín
De vera religióne.*39
En estas charlas, hablaremos como dijimos, de una manera muy pura,
libre y estrictamente personal sobre la poesía (palabra y música) como
manifestaciones del alma y como vía válida para llegar a su verdad.
Hemos tomado como hilo conductor en esta segunda parte de la charla
inicial, lo aprehendido en la cercanía de la que considero mi madre
poética y mentora: la poeta Elizabeth Schön; por lo que hemos tomado
casi textualmente consideraciones que hemos venido elaborando a lo
largo de los años sobre su poética, y sobre todo, acogiéndonos a nuestro
sentir personal del poeta en cuanto a un ser místico. Y cuando decimos
místico, lo hacemos bajo la premisa de que para crear (y el poeta es un
creador) lo primero que debe hacer es enamorarse de lo trascendente.
Pero enamorarse de lo trascendente no es suficiente para ser creador…
se debe penetrar hasta el centro, recorrer el camino de entrada para
llegar a lo más hondo para luego regresar transformados a la luz…
citando una auto-entrevista del año 1993 sobre el fenómeno poético
decía que “enamorarse de lo trascendente no es suficiente… hay que dejar que
esa entidad superior nos posea, incluso que nos penetre…. cuando se trata del
alma, sólo el hombre que ha sido traspasado por "Ella" hasta confundirse en ese
"Ella" que acepta la penetración por Dios, el amor, o cualquier ente superior
que lo transcienda, será un creador, y eso es lo que constituye a un poeta y su esencialidad”
Se debe sufrir de una manera totalizadora el proceso de transmutación
espiritual para constituir ese esfuerzo en lenguaje que integre la visión
inicial. El creador, en este caso el poeta, a través de su esfuerzo hará que
los frutos del alma se manifiesten. Es la perfecta vinculación y
Asociación de aquellos elementos que se encuentran en lo más hondo
del alma y que a través del proceso creativo salen a la conciencia con
consistencia real y permanente. Sin embargo, como paso previo al
despliegue de lo creado por el hombre, debe producirse ese tornar a sí
mismo, mirar lo más hondo de sí en donde están en estado de pureza los
elementos abarcantes, totalizantes y vinculantes del alma universal… es
ese proceso de construir y asumir nuestra individualidad, con el solo
propósito de llevar a la conciencia la sensación de que pertenecemos a
una totalidad. En este estado, y aunque hemos dicho que en esta parte
de la charla inicial, explicaríamos puramente la representación del alma
a través de la poesía, no podemos menos que asombrarnos ante la
repetición exacta en este proceso creador, del proceso de transmutación
espiritual revelado por Jung, y aunque el mismo maestro en sus
conversaciones con Mirecea Eliade (quien aseveraba que Jung no
pretendía hacer ni teología ni filosofía de la religión) nos decía: “Yo soy
un psicólogo. No me ocupo de lo que trasciende el contenido psicológico de la
experiencia humana. Ni siquiera me planteo el problema de saber si es posible
semejante trascendencia, pues en todos los casos lo transpsicológico ya no es
asunto del psicólogo. Ahora bien, en el plano psicológico, me enfrento con
experiencias religiosas que poseen una estructura y un simbolismo susceptibles
de ser interpretados. Yo considero que la experiencia religiosa es real, es
verdadera. Compruebo que semejantes experiencias pueden «salvar» el alma,
pueden acelerar su integración e instaurar el equilibrio espiritual”, no
podemos menos que extrapolar aquí lo religioso con lo poético. Es por
ello que hemos querido por razones de resonancia traer el epígrafe del
santo-poeta. Y así nos devela San Agustín la Conciencia. Ese acto sagrado
de íntima pureza, ese replegarse sobre sí mismo: reflexión interior, cuya
mejor expresión (la del Alma) es inicialmente el silencio. La conciencia es
entonces el reconocimiento de la interioridad espiritual como camino
privilegiado de acceso a la propia realidad del alma. No se trata en este
caso de una separación o división entre el hombre y el mundo. Se trata
más bien del hombre que transido de mundo, retorna a sí mismo para
buscar la unión, la totalidad. Relación que también en este caso establece
el alma consigo misma, como cualidad intrínseca al hombre que deviene
interior o espiritual y por la cual puede conocer de otro modo, de un
modo inmediato. Después y sobre ese espacio continente llamado
silencio, advendrá el sonido, la palabra.
Es entonces ese camino de acceso a nuestra realidad más íntima, camino
que recorremos a través de una experiencia interior y la reflexión acerca
de esa interioridad, lo que se plantea en relación a la poesía como vía
válida para llegar al centro del alma, para ser puestas de manifiesto a
través de lo que las antiguas tradiciones del mito poético celta llamó las
Representaciones del Alma Esencial.
Será además el poeta de los sonidos, con la música, quien realizará el
logro más abstracto de representar esos arquetipos universales de la
creación a través del despliegue sonoro. El canto como manifestación
musical, traería la evidencia sonora a los sentidos del hombre y por ello
ese canto estaría sujeto al acaecer del tiempo, a la temporalidad rítmica que
rige y determina. Las teologías Celtas y Orientales, que también
consideran la dualidad cuerpo-alma del hombre y la impureza que esta
mezcla determina, sometían el proceso de purificación a la temporalidad
cíclica, circular de la reencarnación y sus cantos sagrados estarían también
sujetos a un poderoso influjo rítmico palpitante. Los instrumentos que
acompañan su clamor simbolizarán aquella dualidad (la percusión sobre la
piel de los animales marcando el ritmo cesante de nuestra carnalidad y los
instrumentos por donde pasa el viento como el espíritu divino y su
revelación melódica incesante e infinita.)
Al igual que los Celtas y los Orientales, ya los griegos se asombraron ante
esta revelación. La idea pitagórica de la música, como aquella
representación del orden divino que rige tanto a nuestra alma como a ese
universo; o dicho de otro modo, aquella combinación sensible y sonora,
que al contener la relación numérica del orden universal, nos lleva al
conocimiento o más bien al RECONOCIMIENTO del origen de nuestra
alma y de su concierto con el resto de las cosas que están sujetas a esa ley
formal universal.
Citando un ensayo sobre el alma humana y universo, decíamos que El
pitagorismo, a más de haber traído desde el oriente, la noción de la
transmigración de las almas (es decir, aquella otra parte trascendente de
nuestra condición humana, y que se contrapone a nuestra fugaz y
contingente corporalidad) y el de la música de las esferas, nos reveló el
más asombroso conocimiento: La estructura armónica, La Armonía. El
descubrimiento de la relación 3:4:5, que constituye el acorde perfecto, y el
placer de las almas humanas al percibir dicha relación, tendría un carácter de
revelación divina, el reconocimiento intuitivo e inconsciente de haberse
conectado con la ley divina que organiza el universo. Nuestra alma
procedente de las regiones celestes, al percibir a través del aire, la música y su
relación armónica, se transportaría a su lugar de origen, la instauración de
un recuerdo con carácter de éxtasis y embriaguez; música por supuesto
danzada, seguida por todo nuestro cuerpo, haciéndonos salir del encierro
de la carne, del encierro del instante, del aquí, del ahora, y literalmente
endiosarse. A este proceso arrebatado que conlleva la disolución del Yo,
del Ego, le sigue y contrapone el de la serenidad y la templanza que
produce el equilibrio armónico. La armonía pues, es la expresión o
representación si se quiere, de la ley básica del universo, que traducida a
través de la música, nos conduce a un estado de ánimo que ya no será
individual ni momentáneo, sino consecuencia de nuestro encuentro e
identificación con el principio ordenador del mundo. Música de las esferas
y armonía universal. Los planetas engastados en sus respectivas esferas,
midiendo las distancias entre sí, emiten una suave armonía inaudible, pues
es algo más que sonido; o tal vez porque oímos de otro modo, a esa música
no perecedera que es la fuente y la primera.
El poeta Jhon Keats en su Oda sobre una Urna Griega dice:
"A veces, la música imaginada es superior a la real:
Las melodías oídas son dulces, pero las no oídas
lo son más, por eso, dulces flautas, tocad;
no para el oído sencillo sino, más caro,
tocad, para los espíritus, sonsonetes sin tonos."
Thomas Mann en el Doctor Fausto dice:
"Pues escucha hasta el fin, escucha amigo: un grupo de instrumentos
después de otro se retira y lo que queda, mientras la obra se desvanece en el aire, es
el agudo sol de un cello, la última palabra, el último sonido que se diluye,
muriendo con lentitud en un pianissimo- fermata. Luego nada más: Silencio… y
noche. Pero ese tono que vibra en el silencio, que ya no está allí, el cual sólo el
espíritu oye y que era la voz de duelo, no es más así. Cambia su significado,
persiste y habita como una luz en la noche."
Por su parte Shelley nos regaló este hermoso poema:
La música, cuando mueren las suaves voces,
vibra en la memoria.
Los aromas, cuando enferman las dulces violetas,
viven en el sentido que ellas animan.
Los pétalos de rosa, cuando la rosa muere,
se esparcen sobre el lecho de la amada
y así tus pensamientos, cuando te hayas ido,
el propio amor lo soñará.
Wallace Stevens nos dice:
Así como mis dedos en estas teclas
hacen música, así los mismos sonidos
en mi espíritu hacen música también.
La música es entonces sentimiento y no sonido;
y tal es lo que yo sientoaquí en este cuarto, deseándote
pensando que tu seda de azuladas sombras
es música…
Música hecha por el hombre para ser oída por los hombres y música que
suena en el silencio interior de nuestra alma. Ya los orientales, en
contraposición al sentido utilitario, soberbio y aislado que tiene la música
en occidente, le dieron a esta última, esa connotación que la religa con el
acaecer del tiempo, con el ciclo de las estaciones, con la rosa de los doce
vientos, como algo sagrado y místico.
Rumi Divan-e Shams Tabriz nos lo dice así:
¡Qué maravilloso es nuestro amor, qué maravilloso es nuestro amor,
oh Dios mío!
…Gracias a él podemos danzar (frente a Ti)
y no por el sonido de la flauta, ni por el golpear de manos, ni por la
pandereta, ¡Oh Dios mío!
Tu mano ha perforado de tal forma la flauta de mi cuerpo que noche y
día llora y se lamenta ¡Oh Dios mío!
Esta pobre caña, ¿qué sabe de las gamas melódicas?
es el aliento del tocador de flauta el único que lo sabe y lo comprende ¡Oh
Dios mío!
Frente a la puerta del jardín de las rosas…qué luz, ¡Oh Dios mío!
Platón concibe la creación del mundo como una canción, y en su libro, EL
TIMEO, nos dice lo siguiente sobre la música y la armonía:"También la
música, en cuanto emplea sonido audible, fue concebida por la armonía.
Y la armonía, que tiene movimientos emparentados con las revoluciones del alma
interna a nosotros, le es dada por las musas al que hace uso inteligente de ellas,
cuando ésta ha perdido su armonía, ayudándole a que la restaure y ordene y esté en
concordancia consigo mismo."
Yéndonos aún más allá del fenómeno sonoro cono elemento constitutivo
de la creación, vemos como la expresión más acabada de la meditación
de los maestros yogis Hindúes, se encuetra en la Surat Shabd Yoga, o la
Yoga de la Celestial Corriente del Sonido. Esta senda espiritual que
conduce hacia el interior del hombre para fundirse allí con el Absoluto,
en Su estado pureza, desdoblándose hacia afuera para asumir dos
atributos primarios: Luz y Sonido. Los occidentales han querido
equiparar esta revelación al postulado judeo-cristiano del “Verbo” o
“Palabra”, sin embargo sin ser en lo absoluto eruditos en el tema,
sentimos por intiución que este camino luminoso de los sabios hindúes,
abarca en su contexto una dinámica de correspondencia entre el
absoluto y el hombre de connotaciones diferentes a la percepción (tal
vez más estática e inalcanzable) que tiene el Verbo para las religiones,
especialmente para la Judía. En el principio era el Verbo, y el Verbo era con
Dios, y el Verbo era Dios. Dicen nuestros evangelios cristianos.
Igualmente, en los textos sagrados hindúes (en especial en los cantos
védicos) encontramos reitradamente el Aum: Palabra sagrada que
interpenetra simultanemanete lo físico, lo cosmico y lo fenomenológico:
La tierra y el firmamento no son sino Shabd (verbo).. Sólo del Shabd nació la
Luz, Sólo del Shabd surgió la creación, Shabd es el núcleo esencial en todo.
Shabd es el agente directivo de Dios, la causa de toda la creación.De una manera
muy cercana Los sufis através del místico Abdul Razaq
Kashi nos revela que: La creación empezó a existir por el Saut (Sonido o
Verbo) y del Saut se difundió toda la luz.
Vemos pues, cómo Pitágoras, Platón, las sabios Hindúes, los místicos
sufíes, los místicos occidentales, Frai Luis de León e incluso los románticos
alemanes nos hablan de la naturaleza acústica del alma, que puede
encontrar su resonancia en la música sonora audible hecha por el hombre,
o desembocar a través del silencio, en aquella otra, cuyo ritmo se mece al
compás de lo divino.
Esta explicación poética del mundo, de su origen, de su nacimiento, no
está ajena a la exigencia y a la vivencia del sacrificio. En este caso y bajo
la visión totalizadora de esta explicación poética del mundo, el sacrificio
tiene también dimensiones absolutas. Estaríamos hablando de un
sacrificio cósmico. Vale decir que el mundo, las formas y la materia que
lo compone sólo pueden existir por la gracia de la permanente e infinita
transformación del Ser o energía primordial, con todas las consecuencias
que este sacrificio aporta a nuestra humanidad. Esta es la gran visión
que nos otorga el mito poético, su visión del origen, del mundo, de la
materia, de las formas cambiantes, del mundo fenoménico, y del Ser por
cuyo sacrificio se sostuvo y se sostiene, pues del sacrificio cósmico, del
caos, del hundimiento del cielo, surgirá la rosa eterna ocupando espacio
a nuestros ojos, desplegándose en la realidad.
Dentro de nosotros mismos, la identificación del yo con el Ser en su
totalidad, sólo puede ocurrir en ese lugar imponderable, al que si no
llamáramos alma, no sabríamos que nombre darle. Ya Santa Teresa de
Jesús en sus “Moradas” nos revelaba que Dios y la totalidad del universo
por él creado, resonaban en lo más íntimo y recóndito de nuestro propio
ser: El Alma. Es allí dónde ubica a la trinidad, a las tres personas que
habitan en su ser para provocar la unidad del mismo. Sólo en el alma el
hombre encuentra la unidad. En el caso de los primeros poetas
místicos, estos ya nos revelaban igualmente, en dónde, en qué lugar
dentro de nosotros mismos se produce el entendimiento de este
mecanismo dinámico, entre la esencia y la existencia, que implica la
reunión en un sólo evento de todas la formas de manifestación
aparentemente opuestas, entre lo físico y mental, lo positivo y lo
negativo, lo masculino y lo femenino, la razón y la intuición, la altura y
la profundidad, la luz y la sombra, el bien y el mal, el expirar y el
inspirar, lo dinámico y lo estático, la acción y el pensamiento, la
atracción y la repulsión, la existencia y la no existencia, donde lo Uno da
lugar a lo múltiple y lo múltiple se disuelve finalmente en lo Uno.
Es en el Alma pues en donde se produce el entendimiento profundo de
que el tiempo no existe como lo percibimos, que la verdad está fuera del
tiempo, que no está en el futuro, sino en el aquí y el ahora, pues aquello
que está fuera del tiempo lineal, está libre de limitaciones y las
contradicciones internas; de ahí la unicidad de toda la experiencia
mística, una visión que transforma todo el entendimiento y lo eleva a un
nivel superior que nos enseña, que el Alma, el centro, no es un punto
geométrico inamovible, que el alma también es una experiencia, la
experiencia de esa búsqueda espiritual, el viaje de regreso al centro, el
retorno a la casa, la vuelta al corazón central que emprendieron Ulises,
Parsifal, los buscadores del Grial y como decía Eliot, viaje necesario a
través de largos caminos para encontrar el lugar que nunca se ha abandonado,
para verlo por primera vez.Gracias al Alma y dentro del alma, entenderemos que el vacío que
percibimos entre el arriba y el abajo, entre lo profundo y la superficie, (y
por qué no entre inconsciente y consciente) ya no será “ese lugar que se
produce por la pérdida de la sustancia necesaria para formar el cielo”,
asimilándose así al espacio continente, al espacio materno. Se trata de
una insurgencia, de una aparición, de una epifanía en la que irrumpe el
Caos, el Origen, la sustancia del mundo, la Magna Mater, la Protohylé, lo
que Platón llamó el Alma del Mundo, y donde se integran en disolución
indiferenciada todos los opuestos. Se establece entonces y teniendo al
hombre como mediador, una alianza dinámica entre esencia y
existencia, entre lo manifiesto y el origen, de la única forma en que es
posible hacerlo, en un lenguaje inédito y purificado por el magno
silencio de los cielos, reflejados en el aquí abajo en la tierra, bajo el canto
amplio y generoso que constituye lo que yo llamaría La Ética entre el
Hombre y su Alma, la unidad abarcante en el alma interior, en donde el
poeta -como diría el Maestro Jung- “ha extraído su visión a través de las
fuerzas curadoras y redentoras de la psiquis colectiva que subyacen en el alma
humana. Con su aislamiento y errores penosos ha penetrado en esa matriz de
vida en la que todos los hombres están incrustados, la que imparte un ritmo
común a toda la existencia humana y permite al individuo comunicar sus
sentimientos y luchas a toda la humanidad”
Edgar Vidaurre
& & & & &
Biografía de Edgar Vidaurre:
Tu visión devendrá más clara
Solamente cuando mires dentro de tu corazón…
Aquel que mira afuera, sueña.
Quién mira en su interior, despierta.
C.G.Jung C.W.
vol II
Acerca de la psicología de la religión occidental
y de la religión oriental
Ustedes se preguntarán que hace un poeta contemporáneo hablando en
la casa de los estudiosos de las ciencias del alma. Sin embargo estoy
aquí con el permiso expreso del Maestro Jung cuando en su libro El
hombre moderno en busca de su alma dijo que “el poeta ha extraído su
visión a través de las fuerzas curadoras y redentoras de la psiquis colectiva que
subyacen en el alma humana. Con su aislamiento y errores penosos ha
penetrado en esa matriz de vida en la que todos los hombres están incrustados,
la que imparte un ritmo común a toda la existencia humana y permite al
individuo comunicar sus sentimientos y luchas a toda la humanidad”. Y digo
ciencia con todo respeto, pues como poeta, mi admiración por Jung es
infinita. Haber encontrado el camino de llegada al centro del alma como
él lo hizo, es un hito para la humanidad entera, y aunque el encuentro
vital de su propia alma se produjo fundamentalmente a través de la
psicología como ciencia, el Maestro nunca desdeñó cualquier otra vía
álida para ello y aún más, recorrió casi todos los caminos (conocidos y
desconocidos) consustanciándose con todas las manifestaciones
humanas que explican al mundo y al alma universal, como la Alquimia
y sus símbolos, los mitos, la religión y el arte. Pero con certeza, el logro
verdadero, -más que llegar al centro del alma y ver ella los elementos
universales que nos constituyen- fue el de encontrar el camino de
regreso para regalarnos su visión y abrir esas puertas comunicantes
entre los elementos universales y nuestra conciencia. Bajo este sentir,
estoy muy honrado por la invitación del Centro de Estudios Junguianos
a dar estas charlas que he resumido en una visión integral del alma,
como la unión dinámica de todos los fenómenos mentales -tanto
conscientes como inconscientes- y el proceso de transmutación e
individuación en el ser humano hacia lo trascendente, utilizando como
vía regia esta vez, a la poesía y sus manifestaciones sonoras (la música y
la palabra) y su revelación a través del mito de la creación, el mito
poético, la imagen y los símbolos, en siete charlas principales y una
charla final de cierre.
Dichas estas palabras de rigor, y como en las charlas siguientes
fundamentalmente hablaré de manera muy libre, pura (y personal)
sobre el fenómeno poético y musical como expresiones del alma,
quisiera nombrar (y me perdonan el atrevimiento) algunos sentires
sobre la influencia que el maestro Jung, ha tallado de manera indeleble
en mi alma de poeta y músico, en especial sobre el centro de esta y de
todas las charlas, que no es otro que El Alma.
Si bien afirmó Jung que durante y a resultas de sus investigaciones se
vio obligado a establecer distinciones conceptuales entre alma y psique; siendo psique la totalidad de los fenómenos mentales tanto conscientes
como inconscientes, las leyes que los rigen y sus manifestaciones,
hablándonos a su vez del alma como un complejo de funciones que se
pueden caracterizar bajo la denominación de "Personalidad", desde otro
punto de vista pareciera haber devuelto a sus orígenes míticos y válidos
el concepto Griego de "Psiquis" (ψυχής) en donde mente y alma
constituyen una totalidad intrínseca en el ser humano… una intrínseca
totalidad que incluyendo lo individual, se extiende hasta lo
transpersonal de manera amplia y abarcante (en el caso de los griegos y
por la tradición Órfica, la dualidad humana estaba constituida por
cuerpo-alma). Dentro de nosotros, en el alma, según Jung (y el
hermetismo) se halla también la totalidad del universo, y aunque en
principio lo ignoramos, "algo" nos impulsa a la integración consciente de
nuestros componentes hasta alcanzar lo trascendente. El estadio
correspondiente a la obtención y consustanciación de y con el Espíritu
como logro del ser humano, fue denominado por Jung "Individuación”.
Siendo así, cabe preguntarse ¿es Alma sinónimo de Espíritu? Según la
filosofía hermética (y Jung fue un hermetista) El Alma, del latín
"Anima", no ha perdido su condición animal, y no es por tanto Espíritu
(del griego ánimus άνεμος) pero sí un primer paso hacia lo sutilizado
desde la materia que nos constituye y a partir de la cual podemos
obtener diversos grados de trasmutación, paso por cierto nada
intrascendente. Nuevamente nos preguntamos bajo el concepto de alma
explicitado por Jung bajo la nominación de "Personalidad" ¿qué es la
personalidad Junguiana?, ¿en qué consiste? ¿qué es la psiquis para
Jung?: de manera por demás atrevida, y de lo sentido en las lecturas del
maestro, diríamos que La Personalidad es la unificación, el abrazo de
todo pensamiento, sentimiento y conducta tanto consciente como inconsciente,
la guía que regula y adapta a cada individuo a su ambiente
externo, las energías que la activan y su distribución entre los diversos
componentes de la misma y cuyos cambios tienen lugar dentro del
transcurso de la vida del ser humano. Podríamos afirmar que la
Personalidad es aquello a partir de lo cual nos convertimos en
"Personas". La Persona no es en este caso un conglomerado de partes
añadidas por aprendizajes o experiencias, sino la recuperación de una
totalidad originaria. No lucha el hombre para integrarse… ya la posee la
integración, nació con ella. Lo que debe hacer es desarrollarla hasta el
máximo grado de coherencia y armonía. El logro de una especie de
psico-síntesis…
Nos sentimos tentados a continuar diciendo….qué "a diferencia de los
animales" (como si no fuésemos nosotros mismos animales ¿les suena el
fonema ánima?), el hombre tiene el extraordinario poder de concebirse y
construirse a sí mismo y de cambiar también al mundo que le rodea,
pues al fin y al cabo, el mundo es como es "porque el hombre lo ha
concebido así". Respondiendo al principio de correspondencia
(Kybalion) porta el hombre el extraordinario poder de hacer realidad
aquello que sucede "en nuestro arriba": las simples ideas de nuestra
mente finita correspondiendo al reflejo de un Orden Universal e Infinito
constituyendo síntesis idénticas, difiriendo apenas en su grado de
"manifestación". Manifestando en el "abajo", dentro del plano de
nuestra realidad material y "Creando" y reflejando ése mismo orden
Celeste o creando a partir de una idea sutil en nuestra mente algo
tangible, comprobable ya sea en el plano físico, en el mental o en el
espiritual. Esta dinámica hará posible el cambio de un estado de
consciencia a otro a voluntad. La mente como una otra cualquiera
manifestación emanada a partir de lo Divino creado a partir de su sí
mismo (Dios, Creador o simplemente Ser). En otras palabras nos
remitimos a plantear la mente como cualquier otro objeto creado a partir
de las emanaciones surgidas según el nivel vibracional de lo "creante".
En consecuencia planteamos su necesidad (la de la mente) o compulsión
a convertirse en su esencia definitiva, a su casi obligatoriedad de
transcurrir de un acontecer transmutante a otra transmutación. La
filosofía hermética junto a sus otras ciencias aledañas, no sólo aportan
conocimientos al intelecto, sino que tienen además la cualidad inherente
de transmutar, de cambiar al buscador a medida que se adentra en éstos
conocimientos. Esa es la verdadera esencia de la filosofía hermética, de
la auténtica Alquimia Espiritual: aquella que nos permite reconciliar los
opuestos dentro nosotros mismos, tal y como lo planteo Jung.
Las enseñanzas herméticas nos dicen que el hombre puede construir a través
de las creaciones mentales…. allí donde no necesitamos ningún tipo de
material, herramientas o utensilios, donde la idea permanece pura y
perfecta antes de manifestarse en la materia. Aún en lo social, tras cada
manifestación en la que exista "un orden" está detrás la mente humana.
El ser humano siempre ha tratado de vivir dentro de un orden contrario
al caos. Cuando no existe un orden, es imposible la evolución: la social,
la cultural, aún la humana, teniendo la capacidad incluso de auto
destruirse. Pero la mente así como cualquier otro metal y demás
elementos, puede ser trasmutada de estado en estado, de grado en
grado, de condición a condición, de vibración en vibración: "La
verdadera transmutación hermética es una práctica, un método, un arte
mental" (El Kybalion). El concepto de trasmutación mental que nos
propone la filosofía hermética (en consecuencia la Junguiana) es la de
asumir conscientemente expansiones y aberturas que nos lleven a la
integración de qué y quienes somos, que nos eleven al encuentro de
nuestros verdaderos y compartidos sí mismos… paso a paso, crisol a
crisol.
Jung, se dio a sí mismo una profunda mirada interior para ver, para
despertar (aunque el sueño fue contradictoriamente la vía principal), y
aunque como dijimos, transitó durante largos años por los caminos de la
Alquimia y sus símbolos, la religión y el arte, de manera inicial y al igual
que los antiguos poetas, salió en busca del Mito como explicación válida
y total del mundo, como el sustrato más hondo de sí mismo y al mismo
tiempo universal para vincularse a lo trascendente, empezando por el
mito primario, El Mito de la Creación, pues este no es otra cosa que la
búsqueda del origen: la creación es origen. De manera permanente y
simultánea, los seres humanos somos creadores y creación; el origen, el
punto de inicio, es único y común para todo lo creado y es allí, donde la
vinculación se hace patente… somos apenas una instancia de la
transformación, del sacrificio del Ser. No existe la unión de opuestos ni
contrarios, pues los opuestos no existen… en el mejor de los casos (para
no hablar de la capacidad desintegradora del hombre) estos son una
ilusión. En consecuencia, no existe un movimiento perpetuo de creacióndestrucción
en donde ambos eventos se suceden permanentemente.
Existe un solo y único evento: La Transformación.
Con esta revelación y para terminar la primera parte de la charla inicial,
podríamos añadir nuestro asombro y nuestra interpretación (igualmente
muy libre y personal) de lo dicho por el Maestro Jung sobre El Sacrificio
en su libro Transformaciones y Símbolos de la Libido, como elemento
primordial en los procesos de metamorfosis y transformación. Los símbolos
del incesto, separación, sacrificio y diferenciación, son
reinterpretados de una manera extraordinaria como el proceso
indispensable del ser humano para alcanzar la conciencia total. Para ello
es necesario enamorarse del origen, salir en la busca del origen perdido,
que en este caso es la madre universal. Dicho en otras palabras ir en
busca enamorada del origen es incesto, (aunque sea en términos
simbólicos un incesto universal). Vincularse con aquello que nos originó,
que nos creo. Pero en este caso se trata precisamente del hecho
restitutorio de aquello que perdimos con la primera separación, de la
diferenciación de la consciencia individual del hombre que se siente
inicialmente desvinculada de esa madre universal. El segundo paso para
re-vincularse con esa madre universal que debe dar el ser humano, es el
diferenciarse de la fuerza activa, del Padre Universal, una especie de
Caín a la manera poética como lo describe Luc Estang, en su libro “Le
Jour de Caïn” o “El día de Caín”: Caín es hombre desprendido de su madre
inicialmente y posteriormente de su padre. El primer errante en busca de tierra
fértil y el primer constructor de ciudades, es también el hombre señalado por
Dios para que no lo maten. Es en definitiva el primer hombre que se aleja de la
presencia de Dios y anda sin fin hacia el sol naciente, hacia nuevas auroras. La
aventura es de una grandeza sin par, la del hombre librado a sí mismo,
asumiendo valientemente todo el riesgo de la existencia y la consecuencia de sus
actos. Caín es el símbolo de la auténtica naturaleza humana en sí misma y en
toda su expresión. Es así, que desprendido de la madre y rompiendo con
el padre (matando simbólicamente la figura arquetípica de ambos), el ser
humano puede alcanzar aquello totalizador que trasciende a estas
figuras. Al contrario de Sigmund Freud, para Jung el asesinato simbólico
del padre no constituía un aspecto destructivo impulsado por la Libido
en el contexto de la rivalidad y el odio hacia éste, sino una ruptura previa,
indispensable, imperiosa y a la vez constructiva de
individualizarse de constituirse a sí mismo para ver, entender y colmar
la necesidad del retorno al origen bajo la figura extraordinaria de la
Resurrección o el nuevo nacimiento, de entrar una vez más al seno de la
Madre para ser dado a luz nuevamente por ella, y mantenerse ligado, esta
vez conscientemente a esa fuerza nutricia incomparable. Curiosamente
esta revelación le constó a Jung, el rompimiento con el padre que lo
iniciara en el camino hacia el alma humana a través de la psicología,
pero en contrapartida lo puso frente a frente con la experiencia y el
encuentro directo y definitivo con su propia alma y el Alma Universal
Este proceso de diferenciación y separación inicial, es el primer paso a la
integración en la consciencia de los sustratos universales (incluyendo al
bien y al mal, a la sombra y a la luz) y esto no se logra sin dolor y
sacrificio. Por último, no podemos dejar de decir que la representación
de estos aspectos simbólicos en el mito de Edipo, alcanzan realmente
una magnitud dramática cuando este queda ciego, es decir cuando
dirige su mirada hacia adentro, cuando prescinde de ver el afuera para
experimentar lo que llamamos “la mirada interior”. La transformación
es entonces sacrificio y así nos lo revela el Maestro Jung: No hay llegada al
consciente sin dolor.
II
“No salgas de ti, retorna a ti mismo,
en el interior del hombre habita la verdad;y si encontraras Transfigurada tu naturaleza,
trascenderías tú mismo también …”
San Agustín
De vera religióne.*39
En estas charlas, hablaremos como dijimos, de una manera muy pura,
libre y estrictamente personal sobre la poesía (palabra y música) como
manifestaciones del alma y como vía válida para llegar a su verdad.
Hemos tomado como hilo conductor en esta segunda parte de la charla
inicial, lo aprehendido en la cercanía de la que considero mi madre
poética y mentora: la poeta Elizabeth Schön; por lo que hemos tomado
casi textualmente consideraciones que hemos venido elaborando a lo
largo de los años sobre su poética, y sobre todo, acogiéndonos a nuestro
sentir personal del poeta en cuanto a un ser místico. Y cuando decimos
místico, lo hacemos bajo la premisa de que para crear (y el poeta es un
creador) lo primero que debe hacer es enamorarse de lo trascendente.
Pero enamorarse de lo trascendente no es suficiente para ser creador…
se debe penetrar hasta el centro, recorrer el camino de entrada para
llegar a lo más hondo para luego regresar transformados a la luz…
citando una auto-entrevista del año 1993 sobre el fenómeno poético
decía que “enamorarse de lo trascendente no es suficiente… hay que dejar que
esa entidad superior nos posea, incluso que nos penetre…. cuando se trata del
alma, sólo el hombre que ha sido traspasado por "Ella" hasta confundirse en ese
"Ella" que acepta la penetración por Dios, el amor, o cualquier ente superior
que lo transcienda, será un creador, y eso es lo que constituye a un poeta y su esencialidad”
Se debe sufrir de una manera totalizadora el proceso de transmutación
espiritual para constituir ese esfuerzo en lenguaje que integre la visión
inicial. El creador, en este caso el poeta, a través de su esfuerzo hará que
los frutos del alma se manifiesten. Es la perfecta vinculación y
Asociación de aquellos elementos que se encuentran en lo más hondo
del alma y que a través del proceso creativo salen a la conciencia con
consistencia real y permanente. Sin embargo, como paso previo al
despliegue de lo creado por el hombre, debe producirse ese tornar a sí
mismo, mirar lo más hondo de sí en donde están en estado de pureza los
elementos abarcantes, totalizantes y vinculantes del alma universal… es
ese proceso de construir y asumir nuestra individualidad, con el solo
propósito de llevar a la conciencia la sensación de que pertenecemos a
una totalidad. En este estado, y aunque hemos dicho que en esta parte
de la charla inicial, explicaríamos puramente la representación del alma
a través de la poesía, no podemos menos que asombrarnos ante la
repetición exacta en este proceso creador, del proceso de transmutación
espiritual revelado por Jung, y aunque el mismo maestro en sus
conversaciones con Mirecea Eliade (quien aseveraba que Jung no
pretendía hacer ni teología ni filosofía de la religión) nos decía: “Yo soy
un psicólogo. No me ocupo de lo que trasciende el contenido psicológico de la
experiencia humana. Ni siquiera me planteo el problema de saber si es posible
semejante trascendencia, pues en todos los casos lo transpsicológico ya no es
asunto del psicólogo. Ahora bien, en el plano psicológico, me enfrento con
experiencias religiosas que poseen una estructura y un simbolismo susceptibles
de ser interpretados. Yo considero que la experiencia religiosa es real, es
verdadera. Compruebo que semejantes experiencias pueden «salvar» el alma,
pueden acelerar su integración e instaurar el equilibrio espiritual”, no
podemos menos que extrapolar aquí lo religioso con lo poético. Es por
ello que hemos querido por razones de resonancia traer el epígrafe del
santo-poeta. Y así nos devela San Agustín la Conciencia. Ese acto sagrado
de íntima pureza, ese replegarse sobre sí mismo: reflexión interior, cuya
mejor expresión (la del Alma) es inicialmente el silencio. La conciencia es
entonces el reconocimiento de la interioridad espiritual como camino
privilegiado de acceso a la propia realidad del alma. No se trata en este
caso de una separación o división entre el hombre y el mundo. Se trata
más bien del hombre que transido de mundo, retorna a sí mismo para
buscar la unión, la totalidad. Relación que también en este caso establece
el alma consigo misma, como cualidad intrínseca al hombre que deviene
interior o espiritual y por la cual puede conocer de otro modo, de un
modo inmediato. Después y sobre ese espacio continente llamado
silencio, advendrá el sonido, la palabra.
Es entonces ese camino de acceso a nuestra realidad más íntima, camino
que recorremos a través de una experiencia interior y la reflexión acerca
de esa interioridad, lo que se plantea en relación a la poesía como vía
válida para llegar al centro del alma, para ser puestas de manifiesto a
través de lo que las antiguas tradiciones del mito poético celta llamó las
Representaciones del Alma Esencial.
Será además el poeta de los sonidos, con la música, quien realizará el
logro más abstracto de representar esos arquetipos universales de la
creación a través del despliegue sonoro. El canto como manifestación
musical, traería la evidencia sonora a los sentidos del hombre y por ello
ese canto estaría sujeto al acaecer del tiempo, a la temporalidad rítmica que
rige y determina. Las teologías Celtas y Orientales, que también
consideran la dualidad cuerpo-alma del hombre y la impureza que esta
mezcla determina, sometían el proceso de purificación a la temporalidad
cíclica, circular de la reencarnación y sus cantos sagrados estarían también
sujetos a un poderoso influjo rítmico palpitante. Los instrumentos que
acompañan su clamor simbolizarán aquella dualidad (la percusión sobre la
piel de los animales marcando el ritmo cesante de nuestra carnalidad y los
instrumentos por donde pasa el viento como el espíritu divino y su
revelación melódica incesante e infinita.)
Al igual que los Celtas y los Orientales, ya los griegos se asombraron ante
esta revelación. La idea pitagórica de la música, como aquella
representación del orden divino que rige tanto a nuestra alma como a ese
universo; o dicho de otro modo, aquella combinación sensible y sonora,
que al contener la relación numérica del orden universal, nos lleva al
conocimiento o más bien al RECONOCIMIENTO del origen de nuestra
alma y de su concierto con el resto de las cosas que están sujetas a esa ley
formal universal.
Citando un ensayo sobre el alma humana y universo, decíamos que El
pitagorismo, a más de haber traído desde el oriente, la noción de la
transmigración de las almas (es decir, aquella otra parte trascendente de
nuestra condición humana, y que se contrapone a nuestra fugaz y
contingente corporalidad) y el de la música de las esferas, nos reveló el
más asombroso conocimiento: La estructura armónica, La Armonía. El
descubrimiento de la relación 3:4:5, que constituye el acorde perfecto, y el
placer de las almas humanas al percibir dicha relación, tendría un carácter de
revelación divina, el reconocimiento intuitivo e inconsciente de haberse
conectado con la ley divina que organiza el universo. Nuestra alma
procedente de las regiones celestes, al percibir a través del aire, la música y su
relación armónica, se transportaría a su lugar de origen, la instauración de
un recuerdo con carácter de éxtasis y embriaguez; música por supuesto
danzada, seguida por todo nuestro cuerpo, haciéndonos salir del encierro
de la carne, del encierro del instante, del aquí, del ahora, y literalmente
endiosarse. A este proceso arrebatado que conlleva la disolución del Yo,
del Ego, le sigue y contrapone el de la serenidad y la templanza que
produce el equilibrio armónico. La armonía pues, es la expresión o
representación si se quiere, de la ley básica del universo, que traducida a
través de la música, nos conduce a un estado de ánimo que ya no será
individual ni momentáneo, sino consecuencia de nuestro encuentro e
identificación con el principio ordenador del mundo. Música de las esferas
y armonía universal. Los planetas engastados en sus respectivas esferas,
midiendo las distancias entre sí, emiten una suave armonía inaudible, pues
es algo más que sonido; o tal vez porque oímos de otro modo, a esa música
no perecedera que es la fuente y la primera.
El poeta Jhon Keats en su Oda sobre una Urna Griega dice:
"A veces, la música imaginada es superior a la real:
Las melodías oídas son dulces, pero las no oídas
lo son más, por eso, dulces flautas, tocad;
no para el oído sencillo sino, más caro,
tocad, para los espíritus, sonsonetes sin tonos."
Thomas Mann en el Doctor Fausto dice:
"Pues escucha hasta el fin, escucha amigo: un grupo de instrumentos
después de otro se retira y lo que queda, mientras la obra se desvanece en el aire, es
el agudo sol de un cello, la última palabra, el último sonido que se diluye,
muriendo con lentitud en un pianissimo- fermata. Luego nada más: Silencio… y
noche. Pero ese tono que vibra en el silencio, que ya no está allí, el cual sólo el
espíritu oye y que era la voz de duelo, no es más así. Cambia su significado,
persiste y habita como una luz en la noche."
Por su parte Shelley nos regaló este hermoso poema:
La música, cuando mueren las suaves voces,
vibra en la memoria.
Los aromas, cuando enferman las dulces violetas,
viven en el sentido que ellas animan.
Los pétalos de rosa, cuando la rosa muere,
se esparcen sobre el lecho de la amada
y así tus pensamientos, cuando te hayas ido,
el propio amor lo soñará.
Wallace Stevens nos dice:
Así como mis dedos en estas teclas
hacen música, así los mismos sonidos
en mi espíritu hacen música también.
La música es entonces sentimiento y no sonido;
y tal es lo que yo sientoaquí en este cuarto, deseándote
pensando que tu seda de azuladas sombras
es música…
Música hecha por el hombre para ser oída por los hombres y música que
suena en el silencio interior de nuestra alma. Ya los orientales, en
contraposición al sentido utilitario, soberbio y aislado que tiene la música
en occidente, le dieron a esta última, esa connotación que la religa con el
acaecer del tiempo, con el ciclo de las estaciones, con la rosa de los doce
vientos, como algo sagrado y místico.
Rumi Divan-e Shams Tabriz nos lo dice así:
¡Qué maravilloso es nuestro amor, qué maravilloso es nuestro amor,
oh Dios mío!
…Gracias a él podemos danzar (frente a Ti)
y no por el sonido de la flauta, ni por el golpear de manos, ni por la
pandereta, ¡Oh Dios mío!
Tu mano ha perforado de tal forma la flauta de mi cuerpo que noche y
día llora y se lamenta ¡Oh Dios mío!
Esta pobre caña, ¿qué sabe de las gamas melódicas?
es el aliento del tocador de flauta el único que lo sabe y lo comprende ¡Oh
Dios mío!
Frente a la puerta del jardín de las rosas…qué luz, ¡Oh Dios mío!
Platón concibe la creación del mundo como una canción, y en su libro, EL
TIMEO, nos dice lo siguiente sobre la música y la armonía:"También la
música, en cuanto emplea sonido audible, fue concebida por la armonía.
Y la armonía, que tiene movimientos emparentados con las revoluciones del alma
interna a nosotros, le es dada por las musas al que hace uso inteligente de ellas,
cuando ésta ha perdido su armonía, ayudándole a que la restaure y ordene y esté en
concordancia consigo mismo."
Yéndonos aún más allá del fenómeno sonoro cono elemento constitutivo
de la creación, vemos como la expresión más acabada de la meditación
de los maestros yogis Hindúes, se encuetra en la Surat Shabd Yoga, o la
Yoga de la Celestial Corriente del Sonido. Esta senda espiritual que
conduce hacia el interior del hombre para fundirse allí con el Absoluto,
en Su estado pureza, desdoblándose hacia afuera para asumir dos
atributos primarios: Luz y Sonido. Los occidentales han querido
equiparar esta revelación al postulado judeo-cristiano del “Verbo” o
“Palabra”, sin embargo sin ser en lo absoluto eruditos en el tema,
sentimos por intiución que este camino luminoso de los sabios hindúes,
abarca en su contexto una dinámica de correspondencia entre el
absoluto y el hombre de connotaciones diferentes a la percepción (tal
vez más estática e inalcanzable) que tiene el Verbo para las religiones,
especialmente para la Judía. En el principio era el Verbo, y el Verbo era con
Dios, y el Verbo era Dios. Dicen nuestros evangelios cristianos.
Igualmente, en los textos sagrados hindúes (en especial en los cantos
védicos) encontramos reitradamente el Aum: Palabra sagrada que
interpenetra simultanemanete lo físico, lo cosmico y lo fenomenológico:
La tierra y el firmamento no son sino Shabd (verbo).. Sólo del Shabd nació la
Luz, Sólo del Shabd surgió la creación, Shabd es el núcleo esencial en todo.
Shabd es el agente directivo de Dios, la causa de toda la creación.De una manera
muy cercana Los sufis através del místico Abdul Razaq
Kashi nos revela que: La creación empezó a existir por el Saut (Sonido o
Verbo) y del Saut se difundió toda la luz.
Vemos pues, cómo Pitágoras, Platón, las sabios Hindúes, los místicos
sufíes, los místicos occidentales, Frai Luis de León e incluso los románticos
alemanes nos hablan de la naturaleza acústica del alma, que puede
encontrar su resonancia en la música sonora audible hecha por el hombre,
o desembocar a través del silencio, en aquella otra, cuyo ritmo se mece al
compás de lo divino.
Esta explicación poética del mundo, de su origen, de su nacimiento, no
está ajena a la exigencia y a la vivencia del sacrificio. En este caso y bajo
la visión totalizadora de esta explicación poética del mundo, el sacrificio
tiene también dimensiones absolutas. Estaríamos hablando de un
sacrificio cósmico. Vale decir que el mundo, las formas y la materia que
lo compone sólo pueden existir por la gracia de la permanente e infinita
transformación del Ser o energía primordial, con todas las consecuencias
que este sacrificio aporta a nuestra humanidad. Esta es la gran visión
que nos otorga el mito poético, su visión del origen, del mundo, de la
materia, de las formas cambiantes, del mundo fenoménico, y del Ser por
cuyo sacrificio se sostuvo y se sostiene, pues del sacrificio cósmico, del
caos, del hundimiento del cielo, surgirá la rosa eterna ocupando espacio
a nuestros ojos, desplegándose en la realidad.
Dentro de nosotros mismos, la identificación del yo con el Ser en su
totalidad, sólo puede ocurrir en ese lugar imponderable, al que si no
llamáramos alma, no sabríamos que nombre darle. Ya Santa Teresa de
Jesús en sus “Moradas” nos revelaba que Dios y la totalidad del universo
por él creado, resonaban en lo más íntimo y recóndito de nuestro propio
ser: El Alma. Es allí dónde ubica a la trinidad, a las tres personas que
habitan en su ser para provocar la unidad del mismo. Sólo en el alma el
hombre encuentra la unidad. En el caso de los primeros poetas
místicos, estos ya nos revelaban igualmente, en dónde, en qué lugar
dentro de nosotros mismos se produce el entendimiento de este
mecanismo dinámico, entre la esencia y la existencia, que implica la
reunión en un sólo evento de todas la formas de manifestación
aparentemente opuestas, entre lo físico y mental, lo positivo y lo
negativo, lo masculino y lo femenino, la razón y la intuición, la altura y
la profundidad, la luz y la sombra, el bien y el mal, el expirar y el
inspirar, lo dinámico y lo estático, la acción y el pensamiento, la
atracción y la repulsión, la existencia y la no existencia, donde lo Uno da
lugar a lo múltiple y lo múltiple se disuelve finalmente en lo Uno.
Es en el Alma pues en donde se produce el entendimiento profundo de
que el tiempo no existe como lo percibimos, que la verdad está fuera del
tiempo, que no está en el futuro, sino en el aquí y el ahora, pues aquello
que está fuera del tiempo lineal, está libre de limitaciones y las
contradicciones internas; de ahí la unicidad de toda la experiencia
mística, una visión que transforma todo el entendimiento y lo eleva a un
nivel superior que nos enseña, que el Alma, el centro, no es un punto
geométrico inamovible, que el alma también es una experiencia, la
experiencia de esa búsqueda espiritual, el viaje de regreso al centro, el
retorno a la casa, la vuelta al corazón central que emprendieron Ulises,
Parsifal, los buscadores del Grial y como decía Eliot, viaje necesario a
través de largos caminos para encontrar el lugar que nunca se ha abandonado,
para verlo por primera vez.Gracias al Alma y dentro del alma, entenderemos que el vacío que
percibimos entre el arriba y el abajo, entre lo profundo y la superficie, (y
por qué no entre inconsciente y consciente) ya no será “ese lugar que se
produce por la pérdida de la sustancia necesaria para formar el cielo”,
asimilándose así al espacio continente, al espacio materno. Se trata de
una insurgencia, de una aparición, de una epifanía en la que irrumpe el
Caos, el Origen, la sustancia del mundo, la Magna Mater, la Protohylé, lo
que Platón llamó el Alma del Mundo, y donde se integran en disolución
indiferenciada todos los opuestos. Se establece entonces y teniendo al
hombre como mediador, una alianza dinámica entre esencia y
existencia, entre lo manifiesto y el origen, de la única forma en que es
posible hacerlo, en un lenguaje inédito y purificado por el magno
silencio de los cielos, reflejados en el aquí abajo en la tierra, bajo el canto
amplio y generoso que constituye lo que yo llamaría La Ética entre el
Hombre y su Alma, la unidad abarcante en el alma interior, en donde el
poeta -como diría el Maestro Jung- “ha extraído su visión a través de las
fuerzas curadoras y redentoras de la psiquis colectiva que subyacen en el alma
humana. Con su aislamiento y errores penosos ha penetrado en esa matriz de
vida en la que todos los hombres están incrustados, la que imparte un ritmo
común a toda la existencia humana y permite al individuo comunicar sus
sentimientos y luchas a toda la humanidad”
Edgar Vidaurre