Poesía de SiempreNovember 4, 2006 9:13 pm

Es un hallazgo encontrar la sabiduría femenina oculta en el atavío de la seda y el rubor. Todopoderosa (ediciones Torremozas, España)  es un poemario que reposa en mi mesa junto con mis libros favoritos. La portada muestra un rostro soñador y de pose ligeramente atrevida. El papel aún trae su aroma a madera y los poemas son seductores, atrayentes como si hubiesen sido escritos por Afrodita, como la describiría Magaly Villalobos en su libro A puntadas: “Es el cautivante e irresistible resplandor, en el cual todos los objetos y todo el mundo están ante el ojo del amor … cuyo hechizo atrae el contacto entre seres limitados hacia la perdición en lo infinito. Todo lo que es sugestivo, seductor y complaciente, sea figura o gesto, lenguaje o actitud, de ella recibe su nombre: Afrodita.” (1ª edición comala.com, Venezuela)
Así reza uno de los poemas de Anabelle: Repíteme el verso / que te estoy escuchando / resucítame / antes de que sea tarde. ¿Quién puede decir que no ha salido del coma más profundo, de la más absoluta desolación a causa de unos versos que punzan siete centímetros dentro del pecho?. Me siento representada en muchos de los versos de este libro, porque traducen vivencias y maneras de ver las cosas que alguna vez he transitado: Entre tus carencias / y tus exuberancias / me debato / vida.
Había que proclamarse Todopoderosa para así ahuyentar el miedo de vicir al descampado. La fragilidad debe ser cubierta de yelmo y escudo de hojas de trébol, hay que ponerse la máscara de “estar de vuelta de todo” para proteger los pasos de una mujer sensible que anda a pie enjuto entre las escarpadas piedras del acantilado:
El mar ruge a cada instante
será que teme
mis pisadas descalzas
mis ojos
sobre aguas verdeazuladas
Los tabúes impuestos  en la infancia son como fantasmas que asoman desde el fondo de la casa para coartar nuestras inclinaciones y helar las palabras que quisiéramos pronunciar. Suelen parecerse a esas figuras austeras y ceñudas que persiguen nuestros anhelos, cuyas voces se confunden con el sordo bramido del océano. Queremos ser amadas en plenitud, ser poseídas sin relojes y sin “mientras tanto” y ese deseo incumplido siempre nos quita la satisfacción / de vivir en porciones. Pero no, Anabelle, tú si sabes ser dichosa, los que estamos cerca de ti podemos sentirlo.
Si quisiera mencionar un libro que exprese los avatares de la existencia en el menor número posible de palabras, diría que este es uno de ellos. Todopoderosa nos conduce al misterio de lo sagrado, a la pulpa del deseo y los placeres sentidos e imaginados, en esa  atmósfera de la mujer virtuosa que peca y piensa / habla y escribe / siembra / para agotar el recurso / de la última rosa.
Concluyo dedicándote  estos versos de tu amiga Emily Dickinson, con quien nos hemos citado algunas tardes en tu casa y de quien conoces tan bien la receta para hacer los panecillos ingleses:
Perdemos porque ganamos,
Jugadores que, recordándolo
Arrojamos de nuevo los dados!

Carmen Cristina Wolf

carmencristiwolf@cantv.net


 

Poesía de Siempre 9:05 pm

La editorial El pez soluble ha editado un nuevo libro de Aládar Temeshy, quien reside desde hace muchos años en Venezuela. Nacido en Hungría, se graduó de arquitecto y realizó estudios en Budapest, Viena, Los Ángeles y Caracas. Perteneció al grupo literario del poeta venezolano Alfredo Silva Estrada y participó en los talleres del Celarg. Ha publicado los siguientes poemarios: El califato (2005); Probando el tiempo (2001; Cantata profana (1997); Líneas cortas (1995). También publicó Razones y sin razones de la ciudad (Historia del urbanismo) en 1996. Ha escrito ensayos sobre La pintura francesa desde Carlo Magno hasta el siglo XIX, y  recientemente apareció Estrellas fugaces en las esquinas del mundo, editado también por El pez soluble. Sus numerosos artículos han sido recogidos en los diarios El Universal y La Razón.
El poema Escribo del libro Hierba Alta dice así:
Escribo
para sentir el verbo
para palpar la soledad
para entender a Dios
para comprender quien soy
para aprender la muerte.
Encuentro que estos versos podrían haber sido escritos por un poeta en la antigüedad, en el Renacimiento o en este siglo, porque son  una síntesis esencial de por qué se escribe cuando se es auténtico, sin esperar loas de la crítica o satisfacciones del ego.
Aladár ha escrito una poesía de infinita tristeza y de alcances metafísicos, que espera muy poco de las frivolidades y del escenario social. Él, “con los ojos cerrados” espera “sobrevivir lo imposible” y abre “la puerta del rincón / para que entren las estrellas / una por una para darme luz / para traer el infinito / a mi espacio entre ayer y hoy,”

Lo que más preocupa al poeta es que no sabe “si después se irán las estrellas / ya que no habrá libros para leer” (…) Siempre habrá libros, amigo mío, y entre ellos los tuyos, que ocuparán un lugar especial en nuestras bibliotecas y en la memoria del alma. Muchas gracias, Aladár Temeshy por tu hermoso libro

Carmen Cristina Wolf