Poesía de SiempreDecember 10, 2006 12:46 am

TEATRO OCULTO DEL LENGUAJE

Por el placer de comunicarme con usted sin importar que esté presente o no, me siento a escribirle esta nota que,  a buen seguro, más que captar su atención, me entretiene a mí, y me encanta escribir.
En la simple o complicada solidaridad que establecen las palabras en nuestras cabezas, conformando una ética, una estética, una costumbre o cualquier cosa, se crea la silueta inicial de un sistema o de un contra-sistema: nosotros. Nuestra visión del mundo, sea  fragmentaria o comprehensiva, se produce en ese espectáculo oculto de palabras y sentimientos que se escenifica no sabemos en qué parte de nuestro ser.
            Las distintas maneras de aproximarnos a la Totalidad, siempre terminan por traducirse en palabras. Por eso disfruto la lectura de sus Apuntes sobre an Jaun de la Cruz. A la letra tiene que acudirse hasta para conformar el sonido del llanto o de la risa. Nadie puede zafarse de esa ilación. Todo cuanto pensamos, decimos y hacemos, todo cuanto deseamos transcurre en la sintaxis, se desarrolla en ese teatro íntimo del entrelazarse  unas frases con las otras. Sencilla o compleja, esa condición amiga de las palabras enciende el mundo de relaciones entre los seres humanos y las cosas. Pareciera como si el lenguaje fuera autónomo, una fuerza que lo impulsa todo. Funda al mundo, lo critica, abre y cierra sus puertas, lo dignifica o lo envilece.
            De la relación que establecen las palabras, los sentimientos, las acciones y el tiempo, depende lo lírico o no, la parodia  o no, de las formas de la sociedad. Sabemos que esa relación puede convertirse  en una casa de trampas, en una encrucijada de perniciosidades que trafica, en plena letra y en pleno corazón, con la desesperanza. Si no aprendemos a vivir la relación de manera oficiante, bien sea disidente o armoniosa, pero siempre testimonial y apasionada,  se nos convierte en una tiranía. Tiranía de los sentidos y significados establecidos, tiranía de los valores instituídos por la norma,  tiranía de los antivalores que quieren sustituir a los valores.
            Cuando uno siente que la vida es sagrada en todas sus manifestaciones, por darle un nombre que nos otorga la dimensión de todo lo que no es negociable, cuando tenemos la impresión de caminar por la tierra como si fuera  el templo de la Totalidad, pareciera que imposible ser mezquinos. ¿Cómo podríamos dañar el recinto del Ser? 
            No hay distancia entre el acto y la palabra. Las acciones más nobles y las más ruines, se fraguan primero en la relación que establecen las palabras en nuestra mente. Nunca dejan de estar en conexión. Hemos visualizado una fenomenología del contacto que jamás podríamos aprehender si carecemos de la conciencia de la indisolubilidad entre lenguaje y hechos, entre solidaridad de palabra y solidaridad de sentimientos, entre sincronicidad de hablas y simultaneidad de actos.
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            “Un día danzo en la luz y otro en la sombra”,  escribe Miguel Serrano en “Las visitas de la Reina de Saba”. La luz y la sombra que vemos afuera, están igualmente dentro de nosotros. Los diferentes ritmos de las cosas son la urdimbre, entreverada con la trama de  millones de instantes en movimiento. El lenguaje también está inmerso en el ritmo: sonido-silencio, sonido-silencio, y así.
            Si hacemos caso a nuestro ritmo vital , al del cuerpo y al del espíritu, (esta dicotomia, totalmente anacrónica, es muy ilustrativa), probablemente estaremos en paz.  Vivimos inmersos en el misterio, esa “evidencia tan contundente como la realidad misma”,  y esta constatación es cada vez más frecuente, aunque usted diga que dejamos de sentirlo en ese   “olvido necesario que nos inserta en la vida corriente”. No sé tú, como dice la canción de Manzanero, pero a mí me sucede con frecuencia que me siento como si el ambiente en el cual me muevo, fuese un mar habitado por toda clase de cosas extraordinarias. Hasta un abanico  es algo extraordinario. Diga usted si no.  Ante los objetos más corrientes, ante los sucesos más cotidianos, algo le ocurre al espíritu, algo más allá del pensar, el alma está suspendida. Se va y se queda, levita en un gozo pequeñísimo en el instante de la extrañeza.
Nada sucede  misterioso o fantástico, es en lo “natural” donde ocurre la extrañeza. En esa soledad de lo entrañable surge el impulso de atrapar lo que me toca y huye y se escapa en su roce con alguna revelación. Sobreviene la extrañeza, en el imposible contorno de lo que está hecho de fugacidades. En un solo instante las cosas inquietan su apariencia familiar, todo se transforma  en un indisoluble estar aquí desde allí, ser allí desde aquí, y en ese estado surge la extrañeza interrogante, encallando en lo que es la sustancia de lo que, en nosotros, interroga, latiendo en el fondo del devenir. Es la solubilidad completa en la otredad en el juego abierto (a veces cerrado) de la alteridad.   (Las  citas en cursivas son de Cintio Vitier, La luz del imposible).  
 Sobre lo que hablábamos hace algún tiempo sobre  la situación del país, pienso que algo muy bueno está sucediendo: una parte importante de la sociedad está reaccionando con fuerza para enfrentar los excesos del poder. Hoy tengo más fe que ayer, se esta formando una conciencia del riesgo de dejarnos ir por la inercia. El peligro estaría en caer en la tormenta de la ira o la desesperanza: es una embarcación que conduce al abismo.
Afectísima,
Carmen Cristina Wolf, 2006