CrónicasJanuary 31, 2007 3:03 pm

El 4 de febrero se cumple un mes de la desaparición física de Josefina Chacín Ducharne, la esclava del Señor. Autora de numerosos libros :Viviendo el Evangelio, “Yo”, en Cristo Resucitado, Peregrinación del Pueblo de Dios, La Biblia y el Mensaje, La Nueva Tierra, La Nada, meditaciones, entre otros. Pienso que  su presencia en este mundo es uno de los acontecimientos más importantes de la humanidad después de Jesucristo. Desde hace unos 20 años Josefina nos advierte acerca de los gravísimos hechos que hoy vivimos los venezolanos, en cuanto a la pérdida de las libertades ciudadanas y de la Libertad como característica esencial de la Naturaleza Humana. Ahora sólo nos queda un camino: elegir entre actuar siendo fieles a nuestra conciencia o seguir los dictados de la conveniencia. A continuación transcribo fragmentos de unas aclaraciones de Josefina de marzo de 1985, contenidas en el libro Cartas de Vida: “El juicio que ejercen los gobernantes de un país para mantener el orden público y social, a través de las leyes establecidas, me parece legítimo ya que pertenecen al orden de este mundo (…) No nos toca a nosotros juzgar sus intenciones sino cumplir con las leyes establecidas, siempre que éstas no vayan contra nuestra conciencia.  En cambio, las leyes que tocan un orden sobrenatural van contra la conciencia del hombre y no pertenecen al orden de este mundo, por tanto son ilegítimas. De esos abusos de poder y atropellos contra la conciencia y la libertad del hombre hay muchos ejemplos, como la Inquisición, etc.” Concluyo esta nota con un pensamiento de Josefina recogido en el libro mencionado:

“Paz” y “Amor”. ¡Cuán inverosímiles suenan estas palabras para el mundo, cuando los hombres se debaten en concordatos de paz, mientras en sus corazones dominan sentimientos de odio, precursores de guerra! Pero cuán verdaderas son estas hermosas realidades para las almas que renuncian de todo corazón al “espíritu del mundo”. se van haciendo uno solo con el “Espíritu de Dios”, fuente de paz y amor verdaderos!” Esas son las palabras de Josefina, de la que en vida fue fuente de todo amor y paz

Carmen Cristina Wolf

UncategorizedJanuary 23, 2007 9:57 pm

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Poesía de Siempre 9:51 pm

POEMAS

Tú estabas allí
al principio,
cuando Dios creó
los cielos
y la tierra.
Y la Tierra sin forma y vacía.
Y la oscuridad en el abismo.
Y el caos.
Y entonces,
Dios miró en tus ojos.
Con amor.

Y dijo Dios:
“Hágase la luz”.
Y Dios hizo la luz como tus ojos.
* Poema 1 de Canto a la Mujer, 5ª. Edición Cármina Editores

Dios mío,
Tú sabes
que los pobres son pobres
porque no han aprendido
a dejar de ser pobres.
Y no ha habido el querer
de que lo aprendan.

Y desde Grecia
sabemos los secretos.
Y hoy podemos llevárselos a todos.

Dios mío,
la primera justicia es enseñar
al que no sabe.
Dios mío,
qué miserables
son los gobiernos,
los dirigentes,
los líderes,
que no les enseñan
a los pobres
a dejar de ser pobres.
*Poema 24 de Canto a Dios, 2ª edición, Cármina editores

Luis Alberto Machado, uno de los venezolanos más importantes del siglo XX.

Entre sus libros publicados: “Afirmación Frente al Marxismo”  (1964); “La Revolución de la Inteligencia” (1975), reeditada recientemente, con mas de 600.000 ejemplares vendidos; “El Derecho de Ser Inteligente”  (1978); “Canto a la Mujer”  (1996); “Canto a Dios”  (1998).  Candidato a la Presidencia de la República en las elecciones de 1993; Ministro de Estado para el Desarrollo de la Inteligencia, durante todo el Gobierno del Presidente Luis Herrera   (1979-1984); Secretario General de la Presidencia  de la República, durante todo el  primer Gobierno del Presidente Rafael Caldera  (1969-1974); Diputado al Congreso Nacional   (1964-1969);Ministro Encargado de Agricultura y Cría, durante el Gobierno de Rómulo Betancourt  (1959-1964).

Del aporte de Luis Alberto Machado por el  desarrollo de la inteligencia de todos los pueblos del mundo, entre muchas otras se han expresado opiniones como las siguientes:

“El Ministro venezolano puede estar ofreciendo el regalo más importante de los países del sur al resto del mundo, desde cuando los árabes  los árabes crearon el cero y en la India inventaron el ajedrez.”

Varindra Tarzie Vittachi, en la revista Newsweek
“Podríamos casi sostener que estamos asistiendo aquí, a nivel mundial, a una revolución aun más importante que desencadenó EL MÉTODO de Descartes en la Europa del siglo XVII.”

Revista Lumiere, París

“China Popular apoyará la candidatura del Luis Alberto Machado al Premio Nobel de la Paz.”

Jian Nan-Xiang, Ministro de educación de la República Popular de China

Cuadernos de Poesía, selección de Carmen Cristina Wolf

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Poesía de SiempreJanuary 19, 2007 2:43 pm

  Por     Enrique Viloria Vera

El buey que lleva mis huesos por el mundo,/  el que arrastra mi sombra, /
uncido a las estrellas, a yugos siderales,/ va arando el tiempo…
                                                                                                            (Del poema El Buey)
                                                                                                   . . .
                               
En la perdida tierra de mis ausentes, /este álbum casi invisible que cierro y abro /
quema mis párpados velando ante su sueño. / No los despiertes hasta que me reúna /
para siempre con ellos en la última página.
                                                                                                (Del poema Álbum de familia)
                                                                                                           
                                                                                                                      Eugenio Montejo

Para el poeta venezolano Eugenio Montejo el tiempo es lugar y la vida muerte, sin contradicciones, concurrentemente, uno y otro, ambas, son motivos suficientes y valederos para que la emoción madura del poeta tome rumbos que trascienden lo fugaz y lo estado, su aquí es el mañana, su allá el entonces: la muerte es vida por vivir, el tiempo espacio para dejar de ser.

Sin ambigüedades, el escritor, terminante y prolijo en comparaciones, concluye que – paradójicamente - el hombre dura menos que una vela, que un árbol, que una piedra, que un pájaro, que un pez fuera del agua: "casi no tiene tiempo de nacer… / Y sin embargo, cuando parte / siempre deja la tierra más clara.”

El tiempo, ese animal sin nomenclatura convocado a la vida, muy a nuestro pesar, por manecillas y carillones, por péndulos y segunderos, por campanarios y relojes se cuela, repta despacio, entre los versos del poeta para darle un carácter demoledoramente temporal a existencias cándidas que demandan eternidades y anhelan la infinitud. Montejo emplaza al crédulo existente a confrontar sin cortapisas su indefectible realidad; certero, juicioso, sin amparar ilusiones ajenas o propias, confirma indolente que: " No quedará nada de nadie ni de nada / sino el tiempo tras sí mismo dando vueltas; / el tiempo solo, invento de un invento, que fue inventado también por otro invento, / que fue inventado también por otro invento, / que fue…”

EL escritor desanda el mundo, va de ciudad en ciudad, desembarca en puertos de río y mar, en populosos o solitarios andenes de trenes y autobuses, pequeñas y grandes comarcas deambula acompañado y a solas; su errante naturaleza viaja por evidencias y fantasías, peregrina por personales terredades y se aventura a navegar en lejanos y desconocidos océanos. De uno y otro viaje, de cualquiera de los lugares visitados con los ojos del cuerpo o con los de la imaginación, de sus personales e intransferibles aventuras, Montejo retorna a sí mismo, fatigado pero no vencido, el poeta recoge en sus versos vagabundos los cantos de la tierra, en todos ellos, puerto más, ciudad menos: "El tiempo es redondo y atormenta…”

Poesía temporal nutrida de su propia finitud, los versos de Montejo anidan en el polvo y en las sombras, en los resquicios de la vida, en los intersticios de la existencia, efímeros, como el súbito tránsito del hombre sobre su vida, se renuevan con el pasar de las horas, son y dejan de ser como la existencia misma que viene y va:" tiene horarios / imprevistos, secretos, /  cambia de ruta, sueña a bordo, vuela.”

Las palabras del poeta, a confesión propia, son inventadas por los ríos, por las nubes; empero, a pesar de ser leves y escritas con la niebla o el rocío, con el ingrávido vapor del aire, son un alfabeto pesado y perecedero, un fardo momentáneo y emotivo: "unas son fuertes, francas, amarillas, / otras  redondas, lisas / de madera…”; del tedio que emana de todas ellas reunidas por el azar del tiempo, advierte el poeta, " se sirve la lluvia / al caer en las tejas.”

 Nuestro escritor reconoce que "el tiempo no me habla de la muerte”, verso cierto, palabra justiciera: la muerte en los poemas de juventud de Montejo platica por sí sola, adquiere presencia exclusiva, dimensiones personales y familiares: es la propia y es la ajena.

 La muerte en la obra poética temprana de Montejo conquista un calendario personal que discurre ciertamente más allá del tiempo, se instala ubicua en los versos del poeta como una posibilidad, como un recuerdo, y sobre todo, como un homenaje a los que se fueron para continuar estando, a los que aún viven pero con toda certeza partirán, como es el caso del propio poeta.

El escritor desempolva del olvido a sus difuntos para hacerlos más vivos, escucha embelezado el jazz de los muertos en su antigua casa, ausculta lejanos relinchos que anuncian rememoradas presencias: sus muertos andan con pasos de oro bajo tierra y a caballo. El rey Ricardo, hermano del príncipe poético, continúa amando a los suyos "con la nariz taponada de algodones”, la madre de sus elegos prosigue su infatigable labor de costurera de amores y afectos familiares hasta que "caes a copos de la aguja / y en dedales y ojeras nos coses hasta el fin / los vivos a los muertos, / tan honda que en ti desapareces.”

El padre del poeta regresa y duerme, no para siempre. Retorna de un inexistente olvido para nombrar otra vez al hijo, a su Eugenio, y darle nueva vida, renovados bríos, "soñándome las leguas del camino / que habré de recorrer.”  La muerte, indiferente, sin exclusiones, va pasando su guadaña en los prevenidos versos de Montejo, cortando pábilos, segando luces; propios y extraños sucumben sin piedad, el poeta lo sabe y no lo oculta: "A tientas en la vaharada / que crece y nos envuelve, / charlamos horas sin saber / quién vive todavía, quién está muerto.”

El propio Montejo certifica una y otra vez, verso tras verso, que tiempo y muerte no son equivalentes: el tiempo lo hace vivir para la muerte que lo espera: así lo expresa y lo consigna para su personal epitafio: "Muero lo que puedo, pero no me adelanto  /…/  Ya no soy joven  Voy despacio /…/ El tiempo arrastra al sol tras la colina / y se lleva mis días uno tras otro, / pero no hablamos de la muerte.”

Tiempo y muerte en la trascendente poesía de Montejo se dan la mano, se hermanan sin siamiesidades, apostando cada uno y a su manera por la vida. Con Octavio Paz nuestro poeta bien podría concluir:

 "Yo no escribo para matar el tiempo
ni para revivirlo
escribo para que me viva y me reviva”  

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CrónicasJanuary 16, 2007 1:19 pm

Hago un alto en el camino para referirme a la desaparición física de Josefina Chacín Ducharne, el 4 de enero de este nuevo año, a quien tuve la gracia de conocer  el año 1985.  Su vida y escritos han sido un faro de luz en mi existencia y en la de muchas de las personas que la conocieron. A continuación, transcribo el prefacio  a mi libro Retorno a la Vida, publicado en diciembre de 2004:
Vivimos con el propósito de amar. Vivimos con la esperanza de alcanzar el amor. Sin amor, nadie quisiera vivir. Día y noche por el amor actuamos, nos esforzamos y luchamos, afán casi siempre vano porque unos instantes de amor humano se presentan ensombrecidos por las preocupaciones y las decepciones. Y sobre todo, suelen desaparecer muy pronto. Pareciera que ponemos nuestras expectativas en  ser amados, y concedemos poca  importancia al hecho mismo de amar.  Desde mis primeras lecturas,  aprendí que existía una máscara en cada uno de nosotros, la cual se identifica con la palabra yo y está llena de toda clase de contenidos y de propósitos. Es la apariencia de  realidad que se alberga en nosotros. Mas en el momento en que descubrimos nuestro verdadero Ser, esa máscara se desmorona, pierde la preeminencia que le hemos conferido durante toda nuestra vida en la Tierra. Ese descubrimiento no me sirvió de mucho, pues quedó en mi mente como un conocimiento más. No comprendí, no podía comprender hasta qué punto las numerosas  envolturas del  yo distorsionan toda aproximación al amor.
            Esta mención acerca del yo  trae a mi memoria una oración escrita por Josefina Chacín,  la esclava del Señor: “Gracias, Padre, Madre y Señor, por todo cuanto nos das en este tu Hogar para hacer más llevadero nuestro peregrinar en este mundo y que su espíritu egocéntrico no pueda detenernos en nosotros mismos ni en las cosas y dones que recibimos de Ti. Tomando conciencia al mismo tiempo de que todo esto no “es”, pero que manteniendo nuestra mirada y corazón en tu Divina Voluntad todos nuestros esfuerzos y actos se orienten a Ti, que eres la única razón de nuestra vida, en quien debemos establecernos definitivamente…” El yo no “es”, él percibe y usa los dones que recibimos de la Vida. Sólo el Ser ES y es nuestro verdadera realidad y esencia. Por eso es un error aferrarse a los contenidos y deseos del yo.
¡Cuánta búsqueda infructuosa, cuánto empeño y desilusión! Una batalla constante por alcanzar lo más sublime,  por hallarle un sentido  a este devenir. Habitar en el vacío de una ausencia, así he sentido buena parte de las horas de mi vida. Un buscar ansiosamente entre espejismos y sombras la otra mitad de mi ser.  Ha sido trascendental para mí entender que el amor verdadero es la Presencia Divina que se encuentra en todos los seres y en todas las cosas. Sea cual fuere el nombre que le hayamos dado: Yahvé, Alá, Dios Padre, esa Realidad es el Amor y  la Vida.
Tantas aguas navegadas y sendas cruzadas en la ignorancia de que mi viaje tenía un solo puerto y un solo destino: Dios, Padre y Madre. Los afectos humanos, tan entrañables y necesarios, son una imagen, un reflejo de la Realidad Divina escondida en los corazones de los hombres. Mi visión estaba nublada por el farsante, el impostor, ese piloto engañoso que es  el egoísmo. Él orienta al ser humano a la vanidad y a la soberbia de creer que nuestro yo es el centro de todo, en procura de satisfacer nuestros deseos sin tomar en cuenta el Plan Divino.  Esa ceguera conduce al apego a las personas y cosas que nos rodean. El apego ha sido confundido con el amor, pero es lo contrario a él, pues por lo general implica el egoísmo y los celos. El verdadero amor es desprendido y generoso, ama por encima de las diferencias, de la distancia, de ser o no correspondido.  
El lenguaje del Señor ha cobrado para mí una nueva vida a través de las Sagradas Escrituras y del Mensaje a los hombres de la “Nueva Tierra”. Se me revelan como fuente inagotable de sabiduría. El Señor habla a través de la historia de su Pueblo. Se nos revela como Padre, Ser y fundamento de todas las cosas, y también como Eterno Femenino. Siendo los seres humanos hijos pródigos, dejamos atrás al Padre, que es el Absoluto Manifestado e Inmanifestado a la vez;  y también a nuestra Madre, que es la Actividad de lo Divino.  Esta realidad se desencubre para mí desde la comprensión que significó la Revelación  contenida en el “Mensaje a los hombres de la Nueva Tierra”, recibido como una “Manifestación” del Ser a la Humanidad, según se expresa en la introducción del libro La “Nueva Tierra” del hombre nuevo.

 

Podemos pasar una buena parte de la vida sin ser capaces de indagar qué quiere Dios de cada uno de nosotros, sumergidos en la ilusión de que estamos haciendo uso de nuestro libre albedrío para “realizarnos”. En los primeros años de la evolución humana prevalece la afirmación de la personalidad, y si no damos relevancia a las cosas del espíritu, un denso velo comienza a cubrir nuestras vidas  y no nos permite “ver”  cómo nos vamos alejando del Origen. Dejamos a un lado el anhelo del alma, para creer falsamente que no necesitamos el Amor del Padre. Aun así, Él nos ama y nos espera siempre. Jesús nos habló con absoluta claridad: “Permaneced en mi amor”. Palabras esenciales para comprender la causa de nuestra permanente insatisfacción. Nada nos parece bastante, constantemente andamos disgustados, con la sensación de que algo nos falta y no sabemos dónde está aquello que tanto anhelamos. Nos hemos olvidado de nuestro auténtico ser.
En medio del claroscuro que envuelve la existencia, ese anhelo profundo es la esencia del alma.  Abandonamos la casa del Padre como el hijo que se marchó un día llevándose todos los extraordinarios dones que nos ofrenda la vida: la inteligencia, el lenguaje, las capacidades físicas y psíquicas y sobre todo, la libertad para elegir. No encuentra el corazón descanso hasta emprender de nuevo el camino que conduce al Hogar. Ese Camino anunciado por Jesús de Nazaret, quien es el Hombre identificado plenamente con su Naturaleza Divina y  “lleva en sí mismo lo Uno, la Luz, el Bien, la Conciencia, el Ser, la Vida, ¡el AMOR!” (1)                                   
En este amanecer de la existencia celebro el encuentro con el Señor cada vez que renuncio a la prioridad de ser amada y me dispongo a amar.   Las ocasiones en que el yo pierde importancia son las únicas en las cuales siento la presencia del Señor y en esos instantes ocurre el milagro de estar en su compañía, porque Él es la esencia que lo impregna todo. Bien lo expresa San Juan de la Cruz en sus “Comentarios al Cántico Espiritual”:    (…) “el Padre y el Espíritu Santo, está esencialmente en el íntimo centro del alma escondido. Por tanto, al alma que por unión de amor le ha de hallar, conviénele salir y esconderse de todas las cosas criadas (…) comunicándose allí con Dios en amoroso y afectuoso trato, estimando todo lo que hay en el mundo como si no fuese.”  Cuando resto importancia a las cosas del mundo,  voy recuperando el amor que no se borra como las huellas en la arena y no desaparece, sólo está escondido en mi corazón.
De acuerdo con las enseñanzas de Jesús, Dios se presenta ante nosotros a través de la conciencia. Vivir según los dictados de la conciencia y abandonar la conveniencia es un camino difícil. Es a través de la recta intención que se manifiesta Él ante nosotros, pues su Reino habita en cada una de las almas. Y el yo se interpone entre nosotros y el Señor.  Porque él está amasado de conveniencias.
He empleado buena parte de las  horas en escribir poemas y ensayos literarios. El tiempo se me ha ido entre las páginas de los libros, buscando en ellos alguna senda hacia el Infinito. Mi quehacer no ha sido estéril. En cada libro que pasó por mis manos hallé una pieza del rompecabezas, un destello, un celaje de la verdad. Mas desde que encontré las enseñanzas de los Evangelios y  el Mensaje recibido por Josefina,  la Mensajera del Señor, siento una exigencia profunda de meditar y reflexionar sobre el asunto más importante y trascendental en la vida humana: la relación con Dios, Padre y Madre y el lugar que ocupa en la existencia humana.
            La búsqueda se me ha ido transformando en una percepción atenta de las cosas más simples que suceden dentro y fuera de mí. En fracciones de segundo he creído percibir ese misterio ineludible que es la Voluntad Divina. No deseo otra cosa que tener encendida la lámpara, aun en la más oscura de las noches. En vigilia, no vaya a ser que el Señor toque a mi puerta y lo deje ir sin escucharle, por estar prestando atención a las apariencias que ofrece el mundo de los sueños. He escrito este libro después de meditar en la lectura de la experiencia del hijo pródigo recogida en el Evangelio de Lucas (15, 11-32), a la luz de la explicación contenida en Viviendo el Evangelio, que forma parte de los libros escritos por Josefina Chacín. (Capítulo III, p. 131-137, Tipografía Hispano-Arábiga, 1971). El ansia de encontrar respuesta al peregrinar en la Tierra y el anhelo de trascendencia es esencial a la humanidad. La Voluntad Divina ha comunicado la Verdad sirviéndose de diferentes medios en cada época. Hoy se expresa nuevamente con mayor luminosidad y fuerza que nunca, en este tiempo de las postrimerías en el que se están cumpliendo las Promesas contenidas en las Sagradas Escrituras.
Concluyo esta presentación con un pasaje del libro “La Nueva Tierra del hombre nuevo” que me parece particularmente esclarecedor para la época que estamos viviendo:
“Las diferentes Religiones son expresiones de estados de conciencia por los que va pasando la Humanidad. El estado de conciencia más elevado se manifestará en aquellas personas, sin distinción de raza, pueblo o Religión, que adorarán a Dios en Espíritu y en Verdad, sin formas y sin leyes externas, en la fe y en el amor, capaces de comprender todas las Religiones; se dará en ellos una toma de conciencia verdaderamente Universal. (…)
“Dios es el que “ES” y todo existe en Él sin virtudes, sin formas, nombres ni colores (…)  “YO SOY EL QUE SOY”; El Eterno, presente en todo, en todos y en cada uno; descubrirlo es el trabajo, el quehacer del hombre”. Este descubrimiento se realiza a medida que el hombre va negándose a sí mismo: ese es el camino, la cruz, que nos ofrece Jesucristo después de haberlo realizado en sí mismo.”  (3)
Carmen Cristina Wolf
Caracas,  enero de 2004
literaturayvida@yahoo.com

 

1.La “Nueva Tierra” del hombre nuevo, 2ª. e. p.  298  “Acción y Vida,1987
2.Viviendo el Evangelio,  p. 131-137. Tipografía  Hispano Arábiga, 1971.
      3.La “Nueva Tierra” del hombre nuevo,  2ª e. , p. 87 y 88 “Acción y Vida, 1987
Interesados en estos libros comunicarse con Acción y Vida, teléfono 0212 3832734. Apartado Postal 1461 Caracas 1010-A

 

 

CrónicasJanuary 8, 2007 10:12 pm

Sentada en la cafetería de un centro comercial, leo una novela desesperadamente angustiosa y con un sabor  a ternura e indefensión ante esta cosa llena de misterio sin resolver que es la existencia. Se trata de La Enfermedad de Alberto Barrera Tiszka, adorable amigo forever, pues todo aquel mortal que escriba una novela capaz de mantenerme en vilo durante días y noches de insomnio, es mi amigo.  Y siento, al compás del paso de las páginas, un desasosiego creciente, instalado en los huesos desde hace ya tiempo. Me empuja de nuevo a la espera de una cita postergada, imposible de eludir.
Me refiero a mi madre, Carmelina Losada, hija de Benito Losada Azócar  y de Zoila Rosa de Losada. Mamá, con sus 85 años de vida, aún hermosa con sus canas cuidadosamente acicaladas,  pantalones impecables (nunca le gustó usar falda, por aquello de las piernas demasiado delgadas). Siempre al día en la política, amplia en sus criterios morales, emparentada con Funes, el memorioso  amigo de Jorge Luis Borges, porque jamás olvida nada, bien sea recados, poemas completos, detalles de la historia de Francia o personajes de Alejandro Dumas. Para cada uno de nosotros, la mamá es especial, la mejor, la única. No conozco a nadie a quien no se le ilumine el rostro cuando habla de su madre, yo reconozco que siento una  admiración entusiasta por la mía, por Carmelina Losada de Rodríguez Cuadra Blázquez Menollo, Berrueta y Porres, casada en primaras nupcias con Waldemar Wolf González, constructor y amante del piano,  hijo de María Luisa Escobar; vuelta a casar con José Ignacio Rodríguez Cuadra, noble de espíritu,  magnífico galeno de estirpe ibérica.
Mamá no ha perdido el timbre de voz juvenil, la sonrisa capaz de desarmar al más pintado, la costumbre de ayudar a todo aquél que lo necesita. El que quiera enterarse de los últimos movimientos del gobierno y de la oposición, que se coloque en el tablero de Carmelina. Ella le toma el pulso a los políticos, a las estadísticas, a los aciertos y errores de unos y otros. Sincera, jamás con brusquedad o falta de delicadeza, nunca un improperio, una ordinariez, su  sintaxis y dicción son como para asombrar a Alexis Márquez Rodríguez. Ella es, según esa frase tan trillada, el alma de la casa.
Y voy de nuevo al desasosiego, del cual me contagio y participo cuando leo la novela de Barrera, es el miedo de que mi madre deje de estar, deje de llamarme desde su sillón cuando escucha que abro la puerta.
Y tomo una decisión que comienza hoy: voy a contar tu vida, mamá, voy a rememorar tus viajes, tus amores, tus frases favoritas. Eres un personaje de novela, eres mágicamente real. Como cuando tomabas better campari en las playas de Sitges creyendo que estabas tomando refresco. O cuando lograste que te esperara el avión de aeropostal que salía para Nueva York.  O cuando recibías mensajes de escritores y personajes muertos, por ejemplo, la obra de teatro que te dictó Oscar Wilde.
Así ahuyento el fantasma del viaje obligatorio, definitivo,  someday,  así estarás siempre contigo, queridísima mamá.
Carmen Cristina Wolf
Caracas, diciembre de 2006

carmencristiwolf@cantv.net

Portal en: http://carmencristinawolf.laLupe.com


 

Mis poemasJanuary 2, 2007 3:22 pm

Chant à l’homm

Carmen Cristina Wolf
Traducción al francés Carlos Armando Figueredo Planchart.

Email: cfiguere@ccs.internet.ve

1

Emprende conmigo la travesía
hasta el límite de la noche
llevado por oleajes extremos.

Para que me enseñes
lo que sólo tú sabes,
dejaré mi lugar,
mi casa, mis cosas,
iré a tu paso sin descanso.

Eres hermano de los cedros,
hueles a limones de cosecha nueva.

El sol está en tu pecho.
¡Compártelo conmigo!
Le parcours de la nuit
fais-le avec moi
sous l’élan de vagues extrêmes.
Pour apprendre de toi
ce que seul tu sais,
je laisserai ma place,
mon foyer, mes affaires,
suivant tes pas sans repos.
Frère es tu des cèdres,
et répands le parfum des citrons cueillis
Ta poitrine est remplie de soleil
Partage le avec moi.

Busqué
en todos los rostros
tu mirada.

Esperé
en las noches
del silencio.

Y ahora sueño
sobre la huella
que marcaron
mis pies
y escucho
que dices palabras
para mí,
humedecidas
de mar
y de tiempo

J’ai cherché
ton regard
dans tous les visages.
J’ai attendu
dans les nuits
du silence.
Et voici que je songe
sur les empreintes
laissées
par mes pieds
et je les entends
ces mots que tu dis
pour moi,
tous trempés
de mer
et de temps.

8

Como una mínima corola
como el ala de un pájaro,
así tiemblo cuando tú me miras.

Yo quiero ser perfecta entre tus brazos

Comme corolle minuscule
comme de l’oiseau l’aile,
je frémis sous ton regard.
Oh que d’être parfaite entre tes bras.

Ya se iniciaron las justas campanadas.

Por el íntimo gozo de nombrarte
te nombro amado, amante,
invento nombres para ti.

La palabra palpita,
como una llamarada pendiente en el vacío
y rompe la soledad del universo.

Voici les coups justes des cloches qui sonnent .
J’achève de la joie de dire ton nom
je te nomme, bien aimé, amant,
et pour toi les noms je les invente.
La parole palpite
comme une flamme suspendue dans le vide
et elle éclate la solitude de l’univers.
  • Selección de Canto al Hombre de Carmen Cristina Wolf
Cármina Editores 1998, 3ª edición