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LA PALABRA LUMINOSA, por Lidia Salas
En el último poemario publicado por Carmen Cristina Wolf, La llama incesante ( Editorial La Diosa Blanca. Caracas, 2006 ) se aprecia la evolución de su escritura desde un canto terrenal, Canto al hombre. ( Carmina Editores. 1996) es su primer poemario, hasta la expresión de una de las tareas más altas del espíritu: la realización trascendental de la existencia, asumido en este nuevo proyecto, como búsqueda de unidad e identificación con el Ser Creador..
El título devela la intención del trabajo alquímico que pretende su lenguaje,
transmutar las señales de ese paraíso interior presentes en la cotidianidad de la vida, tales como el sueño, el visaje de la felicidad, la luz del conocimiento, el milagro de la belleza, en el latido de lo sagrado ardiendo en el incendio del alma. Será necesario entonces, desnudarse del ego, renunciar al miedo, a las apetencias y a la esclavitud de la mente. El fuego del amor es la única senda que conduce al Amor Real, aquel que quema sin consumir aumentando la pasión de amar hasta lo inefable. La llama incesante es la lámpara que enciende la poeta para separar las sombras que le ocultan el Bien buscado, pero puede interpretarse también, como la zarza ardiente a donde lleva su palabra para hacerla verdadera, radiante, luminosa y a través de ella, lograr la comunión ansiada.
La palabra ha sido siempre el instrumento de tránsito para alcanzar el esplendor. Lao Tse, Rafael Cadenas, Eugenio Montejo, Edgard Vidaurre, los poetas tutelares en esta travesía, confirman con sus hermoso versos esta realidad. El verbo es el principio de lo divino y de lo humano, es la hendija por donde el poeta, se asoma a los insondables misterios del alma, y es en el fracaso de su balbuceo, el espacio donde alcanza la trascendencia y la inmortalidad.
La intención del mensaje impone el tipo de discurso utilizado. El aforismo, en la brevedad de su síntesis, es el único medio posible para mantener el diálogo de la poeta consigo misma, con los otros compañeros de vía con quienes desea compartir sus hallazgos y con el Señor a quien nombra, “ Lirio coronado de espinas, rosa clavada en el madero, cáliz derramado en el polvo…” ( pag. 33) en uno de los más hermoso versos místicos, que la arrastran por los afluentes que brotan de El Cantar de los Cantares y humedecen las voces de Juan de la Cruz y Teresa de Avila.
El camino de lo místico, esto es del encuentro del espíritu con esa Luz superior que lo atrae, esta signado por caídas, encuentros, visiones, espejismos y revelaciones. Este poemario es un testimonio de la fuga de ese alguien que la habita. Las sentencias son como relámpagos que permiten al lector seguir el vía crucis de quien pretende llegar al gólgota de la muerte, pero sobre todo al dulce domingo de la resurrección. Su testimonio se convierte en bitácora. Sus cortas frases en reflejos fugaces que serán perdurables en la proporción igual a la comprensión y aceptación del lector.
El poemario está dividido en 5 secciones: Hallazgos, El verbo enamorado, El misterio del fuego, El incendio del alma y La conciencia en vigilia. Deseo iniciar mi lectura particular por la parte última. La intención docente aparece en los aforismos de estas páginas, en ellas compartí el duelo y la vergüenza por una realidad social donde estamos inmersos: “ Qué débil es aquel a quien los otros temen a causa de sus amenazas. “ ( pag. 43)
En Hallazgos, se aprecia la belleza presente en la vida: “ Los árboles son los ángeles de la guarda en la ciudad” ( pag. 14 ) pero como su nombre lo
indica, es el encuentro con otra realidad íntima y cierta: “ Descubrí un lugar en mí que permanece sosegado ante los cambios”. ( pag. 17)
El verbo enamorado y El misterio del fuego resumen la pasión de ese hermoso ser que es Carmen Cristina, por atrapar el temblor del poema y la vibración del amor: “ Lo fugaz y lo eterno en un instante: la poesía” ( pag. 20 ). Incontables veces repasé esas hondas reflexiones acerca del oficio del escritor y disfruté el erotismo sagrado del cántico de su alma enamorada. Pero, es en Incendio del alma, el espacio en donde su voz alcanza la más alta tesitura, quizás, por esta razón me hubiera gustado que con ella hubiera concluido su poemario.
He seguido la obra de esta poeta desde su libro inicial. La intención de escribir aforismos en una obra ascética revela la unidad y madurez del escritor que aspira la búsqueda de la Verdad Suprema. La sabiduría, la sencillez, la humildad, la mirada plena de belleza se revelan en muchas de los versos que recomiendo con la emoción de quien se ha acercado a beber en un pozo de aguas verdaderas.
LIDIA SALAS
LIDIA SALAS. Ensayista, poeta. Autora de los poemarios: Arañando el silencio, Mambo café, Venturosa, ( Premio Unico de Poesía del VII Concurso Nacional del IPASME.) Luna de Tarot y Itinerario Fugaz. (Inédito) Mención de Honor del Premio Municipal de Poesía “ Antonio Arraiz ” en Barquisimeto y de la plaquette: Sedas de otoño.Poemas de Carmen Cristina Wolf
* * * *
ATAVÍO DEL AMANTE
No dejes caer la noche sin decírselo
la rosa no se avergüenza de opacar la lucidez del alba
Es mejor un instante de atrevido sonrojo
que mil versos de sensata palidez
Poema 1 de Atavíos ediciones El pez soluble 2006
* * * *
ROPAJE DE LA TIRANÍA
Estos versos no son para la siembra
por eso vienen huérfanos
marcan rastros de sangre en este libro
y sería más amable si se hubieran borrado
No he logrado arrancarlos de esta página
están aquí por todos aquellos ofendidos.
El déspota no sabe el valor del silencio
no conoce el derecho a ser frágil
ni admite cercanía entre el clavel y el nardo
Ha de arrasar los campos. borrar cualquier matiz
poner cercas de odio
cultivar la metralla
Clonar gente con similar ropaje
que siempre doble el lomo y diga ¡sí!
Poema 8 de Atavíos, editado por El pez soluble Caracas 2006
Portal en:http://carmencristinawolf.laLupe.com
SEDAS DE OTOÑO, NUEVO POEMARIO DE LIDIA SALAS
Lidia Salas, nacida en Colombia y residente en en Caracas desde hace muchos años, nuevamente nos seduce con el título “Sedas de otoño”, plaquette de 19 poemas editado por El pez soluble (Caracas 2006). *Lidia Salas nació en Barranquilla, es Magíster en Literatura de la Universidad Central de Venezuela, entre sus publicaciones se encuentra Arañando el silencio, Mambo Café, Venturosa, Luna de Tarot y Sedas de otoño. Publica en revistas y diarios venezolanos y extranjeros.
Hoy elijo un poema agridulce, doloroso, un reclamo del alma que deja constancia de los tiempos de oprobio por los que atravesamos los venezolanos. Aún así, el Ávila se empeña en lucir su entereza y los naranjos todavía reverdecen:
Heredad
Habitamos los días de la oquedad.
Horas de oscuro y de escorpiones.
Vivimos desahuciados del sueño. Cabizbajos.
En las alforjas nuestra razón de llanto
y de vergüenza.
Arriamos esta heredad de azahar y soledades.
El silencio es el lenguaje de los humillados.
En el azogue de su locuacidad no se refleja
la línea incierta de tanta quebradura
en sus espejos, los oropeles del poder
y de sus mercaderes.
El poeta atisba ese otro tiempo del mañana.
De tanta soberbia y tanto daño
sólo su nombre en la lista de tiranos
y el persistente
reverdecer de los naranjos.
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POEMAS DE RAINER MARÍA RILKE (Praga. 1875-1926)
Vivo mi vida en círculos
Fábula del escriba
Por Carmen Cristina Wolf
El más reciente poemario de Eugenio Montejo, Fábula del escriba (editorial Pre-Textos, España) ofrece al lector el sosiego y serenidad que se desprende de un universo personal reflexivo, no por ello menos sensible al mundo de las formas. Su belleza atrae hasta el punto del cese, por algunos instantes, de la mente discursiva, para vivir un "no saber", un estado de totalidad con las cosas sin sobresalto, el satori, "una comprensión repentina, un momento de no-mente y de presencia total" (1), un ser aquí sin fragmentación alguna.
El "polen alfabético" del poema Fábula del escriba es demasiado atrayente, no sólo para la "pequeña abeja", no solamente ella es subyugada por el polvo de las constelaciones. Yo, amante irredenta del misterio, también vuelo sobre los trazos de carboncillo del polen nocturno. "No se valga la araña de mi mano", nadie quiera apropiarse de la voz del poeta. Ni lo logre a pesar de los fusiles y de las voces altisonantes.
El tigre del poema de Montejo ronda, así como Eugenio Montejo se mueve silencioso entre las páginas y los árboles. Al poeta podría escribírsele un verso así:
Eres el despertar del leopardo
el sonido del hacha en su vuelo
el canto del ruiseñor (…) (2)
No es posible evadir la prisión súbita y deliciosa en la que caemos al leer el poema En el metro: Celebro este poemario sin querer desprenderme de él, siempre volveré a sus páginas, aprenderé a decir de memoria el poema Pavana, y así arrullarme cuando mis noches huyan del sueño; 1. El poder del ahora, Eckart Tolle, Gaia Ediciones 2005
…contemplo un rostro en un vagón del metro…
Unos ojos, su risa, los cabellos,
unos senos, su cosmos palpitante
(…)
¿Quién eres, quién no eres, amor mío,
Veloz madona de otros ámbitos,
en rumbo hacia un país que desconozco? (…)
Pavana para mi vida aquí en la tierra,
en esta tierra que no atormenta con la muerte,
sino con la belleza.
(…)
Pavana por el mundo que se abra en
su milagro,
el antiguo milagro que siempre nos sorprende (…)
2. Canto al hombre, Carmen Cristina Wolf. Cármina editores 1997
http://literaturayvida.blogsome.com
http://carmencristinawolf.LaLupe.copm
literaturayvida@yahoo.com
Un nuevo título publica la Editorial Actum en Venezuela, amparado por la colección Barco de Piedra: La patria forajida de Harry Almela. Un poemario trascendental en un momento en el cual la cultura en Venezuela está siendo agredida por las pretensiones de un pensamiento único. Almela escribe: este es el canto / de la patria forajida / su registro y su paréntesis / el punto y coma / de la frase que nos falta / el áspero candor de su cifra / la marca / en la mejilla / el amargo sabor / de su alimento (…) aquí se denuncia / en las tribunas / todo lo que vino / sobre ti / sitio de mi sangre / y de la sangre / de los míos / sitio donde aprendemos / a nombrar de nuevo / al mundo / zona que huye / a cada instante / en un viaje / sin retornos. En otro poema dice: (…) mientras ellos mentían / con su máscara / de cuero / nombraban las cosas / con palabras / desconocidas / para mí / burlaban / el cerco / de la inocencia / mientras yo / intentaba / escribir / escribir / escribir. Los pueblos cambian de rumbo según se altera el significado y el peso que se le otorga a las palabras. Por ejemplo, una antigua tribu americana conjugaba los verbos en presente continuo y transformaba algunos sustantivos en verbos, como palabra luna convertida en el verbo lunecer: “está luneciendo” . No existía para ellos el pasado ni el futuro, la existencia siempre es un acontecimiento en tiempo presente. Harry Almela logra que estos versos fluyan en presente continuo. No pertenecen a una época determinada ni a un pueblo en particular, sino a todos aquellos que son humillados y oprimidos por las mentiras de los que se ponen “máscara de cuero” para ahogarnos con sus “órdenes marciales”. Si le damos mayor importancia a la palabra libertad que a la palabra seguridad, la sociedad estará signada por un rumbo totalmente diferente. La libertad considera la preeminencia de cada una de las personas por encima del las instituciones. La seguridad cifra la mayor importancia en los cuerpos coercitivos del estado, por encima de lo más ínsito y sagrado del ser humano: el libre albedrío. “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos: con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra, ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y se debe aventurar la vida.” (Cap. LVIII, parte II, El Quijote) Los pueblos somos un haz de posibilidades, vivimos inmersos en una transformación continua, “sabemos lo que somos, pero no sabemos lo que podríamos llegar a ser” (Shakespeare). somos de acuerdo a como hablamos y hablamos de acuerdo a como somos. De allí la importancia de aprender “a nombrar de nuevo al mundo”. Los regímenes de fuerza violan el significado de las palabras y les imponen el sentido que “conviene” darle a su ideología. Es menester hallar de nuevo la inocencia acuchillada por los desmanes del poder. La patria forajida es un canto universal, escrito con una lúcida economía de lenguaje. Duele hasta las lágrimas leerlo, sobre todo cuando se asiste a los tentáculos de la impostura con fusil al hombro, esa madrastra insaciable: quédate allí / sentada / esperando / nuevas víctimas / ganados / para un nuevo / desatino / no esperamos / mejores augurios. Pensemos que no todo está perdido, siempre habrá otro amanecer. *
Harry Almela nació en Caracas en 1953. Es poeta, ensayista y editor, autor de Cuadernos de bitácora (New York 2000), Los trabajos y las noches (Maracay 1998), El terco amor (Caracas 1996), Contigo (Caracas 1990). Ha recibido el Premio Bienal de Poesía José Rafael Pocaterra y el Premio Vicente Gerbasi que otorga el Círculo de Escritores de Venezuela.
Carmen Cristina Wolf literaturayvida@yahoo.com
http://carmencristinawolf.laLupe.com