Lidia Salas, nacida en Colombia y residente en en Caracas desde hace muchos años, nuevamente nos seduce con el título “Sedas de otoño”, plaquette de 19 poemas editado por El pez soluble (Caracas 2006).
         Hoy elijo un poema agridulce, doloroso,  un reclamo del alma que deja constancia de los tiempos de oprobio por los que atravesamos los venezolanos. Aún así, el Ávila se empeña en lucir su entereza y los naranjos todavía reverdecen:
Heredad
Habitamos los días de la oquedad.
Horas de oscuro y de escorpiones.
Vivimos desahuciados del sueño. Cabizbajos.
En las alforjas nuestra razón de llanto
                            y de vergüenza.
Arriamos esta heredad de azahar y soledades.
El silencio es el lenguaje de los humillados.
En el azogue de su locuacidad no se refleja
la línea incierta de tanta quebradura
en sus espejos, los oropeles del poder
                            y de sus mercaderes.
El poeta atisba ese otro tiempo del mañana.
De tanta soberbia y tanto daño
sólo su nombre en la lista de tiranos
y el persistente
                   reverdecer de los naranjos.

*Lidia Salas nació en Barranquilla, es Magíster en Literatura de la Universidad Central de Venezuela, entre sus publicaciones se encuentra Arañando el silencio, Mambo Café, Venturosa, Luna de Tarot y Sedas de otoño.  Publica en revistas y diarios venezolanos y extranjeros.