Un día te dije, te quiero mucho, Christian. Con mirada seria e interrogante me preguntaste ¿por qué?. No esperaba la pregunta y por salir del paso te respondí “porque eres mi nieto”(qué respuesta tan original) y agregué que eras un niño adorable. Se ve que no fue bastante para ti porque continuaste mirándome, esperando más. Lápiz en mano he encontrado algunos argumentos incontestables, en realidad te quiero por tu permanente curiosidad que busca en todos los rincones algún prodigio pequeñísimo, como la cajita donde venía el nuevo teléfono inalámbrico, el juego de cocina de tu hermana que sueles desparramar por la sala para preparar hamburguesas, perros calientes, huevitos y papas fritas, ensaladas y postres, todo de plástico, y comienzas a ofrecer platillos a los habitantes de la casa, con sus cubiertos y bandeja respectiva (creo que tienes alma de chef, o al menos de mesonero). Levantas el auricular de todos los teléfonos para ver quien está del otro lado. Siempre deseas dibujar con tus prismacolor, y haces rayas diciendo que son relámpagos, pintas nubes y aseguras que son delfines (te gustan mucho los delfines). Y aprendiste a dibujar periquitos con color y todo.
Sueñas con ser UN PERSONAJE power ranger y salvar a “los buenos”. Giras y saltas sobre mi cama como uno de ellos. Le desapareces el celular a tu tía Lilian y luego, cuando llegas a casa de mamá y papá y te preguntan donde lo pusiste tu fina memoria funciona y te acuerdas donde fue que lo escondiste: detrás de una silla.
Eres un loco por el béisbol, recibes clases porque quieres imitar a tu papá, y bateas muy bien. Estás aprendiendo a “fildear”. Amas el fútbol, hasta el punto de que hemos improvisado un campo en el garaje con todo y arco, no me salvo de jugar contigo siempre que vienes a mi casa, aunque eso signifique que tengo que cambiarme los zapatos y “echar el resto”. Lloras auténticas lágrimas de cocodrilo cuando al fin me canso porque quieres seguir jugando…
Ya aprendiste a escribir tu nombre en la hoja de la tarea, cada vez que puedes abres la manguera, riegas el jardín y te riegas tú, hasta que gritas y salgo corriendo a ver qué te pasó: estás asombrado por una hilera de hormigas que cruza la escalinata de la entrada, e impides a todos que pasen no vaya a ser que las pisen. Tienes nuevas expresiones como “estamos fritos” cuando algo no sale bien, o “eso está finísimo” cuando está de lo mejor.Siempre quieres el postre y el jugo antes que el primer plato, te gusta mojar el ponqué en café con leche y todavía arrastras el trencito que fue de tu hermanita, aunque es un juguete para niños pequeños. Tú no, tú eres grande, eso es lo que siempre dices cuando deseas hacer lo que quieres.
Por eso y por tantas otras cosas, sobre todo por tu mirada de horizonte y tu sonrisa de nochebuena, por eso te quiero tanto, mi querido Christian.
Escrito por tu Bebella
Carmen Cristina Wolf

Espero que mi comentario no sea una indiscreción, puesto que lo escrito aquí se refiere a algo muy cercano y personal: un nieto.
Sin embargo, al leer estas líneas dedicadas al joven Christian, viene a mi mente otro verso del gran Hölderlin:
“Que, así, el hombre mantenga lo que de niño prometió”.
Es el mismo verso que emplea Sábato para dar comienzo a su resistencia. Una frase valiosa que nos da fuerza para batallar hacia el futuro.
Saludos.
Comment by Andres F. Guevara B. (Tupi) — April 9, 2007 @ 6:37 am