Leyendo de nuevo la Ontología del Lenguaje de Rafael Echeverría (Dolmen ediciones, Chile 1997), es necesario insistir en que los seres humanos no tenemos otro apoyo ni otro refugio más que el Lenguaje y el Amor. Nos vamos haciendo, crecemos y nos construimos a través de lo que pensamos, decimos y creamos como sistema individual y social. O tenemos que conformarnos con un molde ya hecho, lo cual es un fastidio, aunque parezca cómodo, o nos damos a la tarea de construir nuestro propio barco. Ahondar en el ser del lenguaje nos permite encontrar caminos y avizorar horizontes para encarar el peor de los males de este mundo de la postmodernidad: el vacío o la pérdida de sentido de todo lo que nos rodea y de nuestra propia existencia.
^Parece mentira, pero identificar y apasionarse por los actos linguísticos básicos, tales como el sí, el no, las declaraciones, afirmaciones, juicios, ofrecimientos y promesas, en fin, todo lo que hacemos y negamos en cada instante, puede ser vital para entender un poco más nuestro universo personal, y comenzar a transitar del desconcierto a la comprensión. O sea, como se dice en jerga potteriana, asomarse a la "pensadera" y aclarar las cosas.
Desde hoy, vamos a hacer un recorrido por los actos linguísticos básicos, a ver si así se aclara el agua de la fuente y "vemos" por qué está la vida tan rara y enredada últimamente.
Vale.-
Carmen Cristina Wolf
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