Poesía de SiempreJuly 31, 2007 1:32 pm

                            Por Carmen Cristina Wolf
        
Más que el abandono y el desamor, nada hay más doloroso que no sentir la “pasión del espíritu”. Es mejor ser arrojado a las llamas a dejar de vislumbrar “la última espiga de trigo en la sombra”. A raíz de una larga conversación con el poeta, ensayista y editor venezolano Edgar Vidaurre, me adentro en la lectura de  sus poemarios El lugar más sosegado (Mención de Honor en la Bienal Municipal Augusto Padrón) y La fugitiva (publicado por el Ateneo de Valencia en coedición con La liebre libre en el año 2002, Premio de Poesía Bienal José Rafael Pocaterra). El poeta también es músico graduado en el Conservatorio de Música Juan Manuel Olivares, y pasa largas horas en amoroso combate con el piano.

 

La charla nos lleva a recordar sus  experiencias de vida y sus preferencias literarias, y desembocamos en los orígenes de sus indagaciones y en el camino de retorno al eterno femenino  a través de la poesía. Al llegar a casa  intento escribir esta nota sobre sus versos:
        "Conjurada por la flor de sal, así fue la visión. Vino como si fuera una fiebre"  (…) Cuando yo cerraba los ojos, ella abría la tierra y el eco de un perfume brotaba de su boca,"
        Una primera reflexión surge de esta lectura. Los versos dejan vislumbrar ideas arquetípicas con un criterio estético lejano a la simple anécdota o al discurso cognoscitivo. Se siente su fuerza y no se lee "fiebre" como un concepto,  nos abrasa la fiebre. Así es el verdadero poema.
        Vidaurre dialoga con la aparición y le ruega que no susurre más su nombre, "el nombre por el que me llamaba". Huye de "la agonía presentida" pues teme lo que será luego una nueva ausencia. Porque todo encuentro es fugaz, nadie posee la piedra de luna de la unión eterna. Inexorablemente, los seres humanos somos la otra mitad de nosotros mismos, la huella de la ausencia del ser, una estirpe fracturada desde el comienzo de este sueño que es la Vida.
        Las cosas que me dijo el poeta abren ventanas en relación con el poemario La fugitiva y sobre toda su obra. Los poemas hablan por sí solos, no requieren explicaciones; no obstante, un poeta como él, capaz de desentrañar el desarrollo de su escritura a través de una reflexión inteligente, culta, poblada de señales, códigos e interpretaciones personalísimas, es invalorable. Su constante desvelo por el encuentro con el centro, el alma, es plasmado en una nostalgia absoluta por la Belleza, por el Eterno Femenino. Edgar Vidaurre es un amante de la esencia, un enfermo incurable de lo trascendente.  Escribe apoyándose en los mitos y  leyendas, con un lenguaje y una voz propia, creando también sus propios mitos que surgen de los seres que lo habitan.
        Es difícil no dejarse ir por una rendija del corazón en procura de “La séptima rosa”, título de unos de sus poemarios. Digo esto porque sus versos  convocan al lector hacia una experiencia  íntima  a través de sendas señaladas por sus manos de pianista. La lectura de estos poemas nos expone a  una fiebre incurable, la de la obsesión por la poesía, y nos arriesga a ser coronados con una cinta de sangre:
        "El amor se fue con los veranos … yo le ataba una cinta de sangre en la muñeca" ... Se siente el lazo de púrpura en plena letra y en pleno corazón. Se lucha para no dejar ir nuestra "llama doble", como la nombraba Octavio Paz, porque sin ella andamos extraviados, sin rumbo, sin sentido trascendente.  Atados a la polea de un tiempo que no nos pertenece y al que no pertenecemos, porque tenemos sed de eternidad y el tiempo es inasible.
        La "peregrina de la noche" es el alma escondida entre los lirios de abril,
visitante de los abismos y de las esferas celestes. Los primeros seres de la tierra
se sumergieron en las aguas del deseo para alcanzar el ojo del alma, y también
la ciudad de perdida hace milenios. Los versos de La fugitiva traen a mi memoria
lecturas de otros tiempos. Y me acerca a las huellas del Caminante de la Aurora,
que es Edgar Vidaurre, buscando, como Miguel Serrano en su obra Las Visitas
de la Reina de Saba, la "piedra de luna", esa visión siempre añorada en la historia
personal y colectiva de la humanidad.
 
    Los versos de Edgar nos llevan a inclinar la cabeza en el regazo de la Madre Primordial, la Tierra, como vientre de la vida psíquica, y nos hace topar con nuestras propias interrogantes. El lector es cautivado por la sagrada locura de la búsqueda de un ser que somos nosotros mismos en su espejo de nacimiento y muertes sucesivas. El Amor Eterno puede ser ignorado, olvidado, combatido. Mas la Estrella Matutina nunca dejará de brillar para el Caminante del Alba, este poeta que nos invita a cerrar los ojos para hallar la luz, en el centro donde el alma no hace sombra.

 

Del poemario de Vidaurre El lugar más sosegado emerge luminoso el árbol de la vida, con poemas en los cuales germinan los abedules, los árboles de mango, los viñedos, todos ellos  desprendidos de la Flor de Jessé,  Enmanuel, ese “granado florecido” por el cual suspira  el poeta:
        
         “Hay un árbol ardiendo
         hay un árbol intocado por el fuego
         redondo como el fruto de sus frutos

 

         Todas las nostalgias
         descansando sobre esta higuera
         que llora
         con sus raíces que nos miran desde el cielo”
        
         Este libro es hermano de La fugitiva, con imágenes distintas bañadas en las aguas de las Sagradas Escrituras y de los poetas místicos como Kadyr, Tagore, San Juán de la Cruz, Simone Weil, Elizabeth Schön. La añoranza continúa siendo el infinito, la eternidad, el alma:
         “Una es mi alma
         que es un árbol
        
         En el lugar más sosegado de la tierra
         lejos del eco y la sombra

 

         Un árbol de sol
         por donde bajan tus aguas
por donde vuelven tus ojos”

 

El poeta Edgar Vidaurre nos ha descubierto  la séptima rosa escondida en el corazón del árbol de sol. Allí hemos de encontrarnos, al pie de su ramaje, donde el alma no hace sombra. Él se haya dispuesto a  “sembrarla en el centro de la vida”, e inspirado por el profeta Isaías canta a su amada con la mayor dulzura y belleza de que es capaz un poeta del nuevo milenio.
Julio de 2007

 

*Edgar Vidaurre es poeta, ensayista y director fundador de la Editorial Diosa Blanca. Nació en Caracas el 5 de diciembre de 1953. Es abogado egresado de la Universidad Católica Andrés Bello. Es filósofo y músico. Ha publicado: La resurrección de los frutos (Mención de Honor  en la bienal de poesía mística Antonio Rielo de España); La fugitiva; La séptima rosa; El Lugar más sosegado; Panayía; El lamento de Ariadna. Es autor de numerosos ensayos y escribe para diarios y revistas.

 

 

 

          
        
 

 

 

CrónicasJuly 27, 2007 12:55 pm

A propósito del corto metraje "Alma fugitiva" sobre Elizabeth Schön…

En estos días he sido invitado a asistir en nombre de Elizabeth a la ciudad de Valencia, en donde la promoción de los niños de sexto grado de la escuela que lleva su nombre, la había  nombrado a su vez a ella como su madrina. La motivación con la que han titulado los niños ese nombramiento, es la de que: "Elizabeth es una de las voces más importantes de la poesía femenina venezolana del siglo XX". Leyendo ese título pienso que más que una redundancia, es una doble verdad confirmada por estos niños que en su pureza, pueden ver con claridad el hecho de que la poesía sea femenina. Y si alguien ha prestado su voz para reconfirmar ese hecho, ha sido Elizabeth Schön. Y no sólo diría que del siglo XX pues ella ha sabido llevar a la poesía más allá del tiempo medible, del tiempo existencial, a esa otra dimensión o más bien diría a esa única y absoluta dimensión que es el origen…el ser absoluto, y mostrarnos el mar inmemorial e infinito que se manifiesta a través de la poesía. Y digo mar para evocar también a la madre, a lo femenino creador, al ánima, al alma.

Rabindranath Tagore en sus pájaros perdidos nos dice que “El tiempo es el tesoro y la riqueza de los cambios que transforman de manera permanente al alma del mundo, pero la parodia del reloj lo hace sólo cambio y transformación sin riqueza, creando así la ilusión de que esa alma es una alma fugitiva”

Estos son entonces los personajes: el tiempo, el mar y el alma (no nos olvidemos que a Elizabeth le gustaba mucho las hipóstasis de la trinidad) que los hermanos Rodríguez  han utilizado para mostrarnos de manera por demás conmovedora, el testimonio inolvidable del tránsito por este mundo de nuestra amada poeta. Y es que allí no se habla de lo literario o de lo biográfico…en estas imágenes, Elizabeth, absolutamente despojada de lo cotidiano o de cualquier otro aspecto que hubiera podido tener cuando estaba en su plena capacidad (su cultura adquirida, sus planteamientos filosóficos, su don de gente) se nos muestra revestida de la más exquisita de las purezas…como si fuera una niña infinitamente sorprendida por la belleza del mundo y su permanente transformación. La utilización por estos cineastas de la metáfora del tiempo y del mar como campo de despliegue del ánima (que en este caso está encarnada por Elizabeth) nos estremece sobremanera, pues lo que nos queda después de esta visión, es la profunda y vívida sensación de que efectivamente, el tiempo medible, el tiempo existencial es sólo una ilusión, que si en principio parecemos almas fugitivas, la verdad es que vamos bajo el influjo de un perpetuo movimiento hacia lo permanente. Eternos enamorados en contacto fluido, móvil y apasionado con el todo, con el ser, para verlo, para palparlo con toda la plenitud de nuestras fuerzas y nuestras vidas, para que entonces la muerte también tenga otro significado, otra verdad no concluyente ni fija…recordamos entonces aquella reveladora afirmación que hace Ernesto Cardenal, en Coplas a la muerte de Merton: “Morir no es salir del mundo, es hundirse en el”, o como diría Elizabeth: el amor ama y sigue aunque no pueda dar un paso más…el paso es un acercamiento a la muerte. La realidad puede ser un mármol, como el mar…como la muerte…La muerte pasa para el otro hombre estable por la carne…diferencias que son de ellos, donde el amor es dormir o gozar. ¿Qué queda en el corazón cuando nadie lo quiere?…Ella nos ha amado mucho, pero todos también la amamos, porque ha florecido y se ha convertido en fruto para permanecer entre nosotros. Por eso hoy la homenajeamos con todo el rigor que la ocasión impone, pues son estas manifestaciones de reconocimiento las que reiteran el significado de ese largo y difícil camino que abarca la vida y la obra del artista, y aún más allá, pues dependiendo del grado de humanidad y universalidad de este, no sólo abarcará y comprometerá su vida individual sino a todo el contexto humano desde sus propios orígenes. No es fácil resistir a la perversión que nos ocasiona el tiempo medible y mantener incólume la belleza del mundo dentro de un alma que como ya dijimos está permanentemente amenazada. Sin embargo la vocación del hombre, la del ser humano es y será siempre la de rendirse enamorado a esa belleza que lo incluye y lo trasciende. El hombre que además de ese esfuerzo es capaz de constituir dicha vocación en una obra de arte, estará entonces sometido voluntariamente al rigor que impone un oficio tan interno y solitario como lo es el del artista y el de todo creador y en donde para sostenerse será suficiente el amor. Bien nos lo confiesa Elizabeth en una de sus visiones extraordinarias:

Solitario lo latente. Pero es preferible crear en el silencio que hablar donde antes el corazón sufrió…no importa el componerse…él no sabe de esto ni del amor…vive sólo de la carne…y la mujer piedra de su pasión, sabe lo que él ama por su confesión… El amor es la herida más cercana a lo permanente…él la escucha, la siente…ya ida sigue viva en la alegría amorosa…en el amor sólo ama y vibra el alma

Este por supuesto, es también el caso de nuestros cineastas…ellos también la amaron y este documental sin lugar a dudas es un acto de amor. Para ellos también un profundo homenaje y reconocimiento por su esfuerzo en mostrar realidades cada vez más maravillosas y gracias también a todos ustedes pues con su presencia y su solidaridad tanto con Elizabeth como con Luis Alejandro y Andrés, hacen que esos esfuerzos nos manifiesten la inconmovible verdad de que el arte y la belleza no son en vano…que no son mentira.
CrónicasJuly 26, 2007 1:47 pm

Si no hablamos con nosotros mismos no podemos hablar con el otro. Descubrimos la presencia del otro cuando nos damos tiempo para contemplarlo. Sin desmerecer los avances de la tecnología, con la que tenemos que convivir, esta debería estar a nuestro servicio, y no el ser humano a merced de ella, atrapado en la prisa por saberlo todo a través del celular,  el ordenador y la televisión.

            Agradezco a la vida unos días en la Isla de Margarita, en la arena y ante lo inmenso de las aguas, acompañada de un libro de Octavio Paz, sin ningún apremio, y leo: “El tiempo de la técnica es, por una parte, ruptura de los ritmos cósmicos de las viejas civilizaciones” … El pasado implica la creación de imágenes arquetipales, “copias del modelo universal”, explicaciones del ser humano ante el mundo. Hasta hace cincuenta años, en las ciudades aún había tiempo de observar los cambios de las estaciones, las puestas de sol, el florecimiento y la caída de las hojas, el musgo en las escalinatas de una casa vieja.  Se estaba más cerca de uno mismo.

            Un centro comercial, un aeropuerto, una autopista, una planta nuclear, son prácticamente iguales en todas partes. Significan acción, no representan una historia, una leyenda o un arquetipo. No sirven para la contemplación ni dicen nada acerca de las creencias de los pueblos.

            La poesía actual se alimenta de lo que siente y piensa el ser humano alrededor de estos monumentos a la acción. La tecnología se ha convertido en la nueva religión, lo único que no puede lograr es predecir el futuro. Desea torcerlo, cambiarlo, supuestamente a favor de la humanidad, pero sus consecuencias son impredecibles. Y convierte al hombre en un ser atrapado por la aceleración, sin tiempo para contemplarse a sí mismo ni a los demás. Sin chance para vivir.

     "No abandones nunca tu rincón secreto / sin tender el hilo que te llevará de vuelta / No te pierdas en medio del desierto de las cosas / caerás fatigado de tanto laberinto / La cámara secreta es el mejor lugar para no morir de compañía / No pierdas el camino".*

Carmen Cristina Wolf

*Del libro Atavíos de Carmen Cristina Wolf, editorial El pez soluble 2007

UncategorizedJuly 7, 2007 12:29 am

 En la sección Archivos por meses encontrarás escritos desde septiembre de 2006. Tal vez te dejes seducir por el laberinto del tiempo.

     "Volveré a ser sonrisa y fuego, escucharé el sonido del ala en su viajar

y cuando la mente reGrese a su predio conservaré un atisbo de goce

cono si hubiera visto la silueta de Dios." Del libro Prisión abierta, 2002

 

Carmen Cristina Wolf     literaturayvida@yahoo.com