CrónicasJuly 26, 2007 1:47 pm

Si no hablamos con nosotros mismos no podemos hablar con el otro. Descubrimos la presencia del otro cuando nos damos tiempo para contemplarlo. Sin desmerecer los avances de la tecnología, con la que tenemos que convivir, esta debería estar a nuestro servicio, y no el ser humano a merced de ella, atrapado en la prisa por saberlo todo a través del celular,  el ordenador y la televisión.

            Agradezco a la vida unos días en la Isla de Margarita, en la arena y ante lo inmenso de las aguas, acompañada de un libro de Octavio Paz, sin ningún apremio, y leo: “El tiempo de la técnica es, por una parte, ruptura de los ritmos cósmicos de las viejas civilizaciones” … El pasado implica la creación de imágenes arquetipales, “copias del modelo universal”, explicaciones del ser humano ante el mundo. Hasta hace cincuenta años, en las ciudades aún había tiempo de observar los cambios de las estaciones, las puestas de sol, el florecimiento y la caída de las hojas, el musgo en las escalinatas de una casa vieja.  Se estaba más cerca de uno mismo.

            Un centro comercial, un aeropuerto, una autopista, una planta nuclear, son prácticamente iguales en todas partes. Significan acción, no representan una historia, una leyenda o un arquetipo. No sirven para la contemplación ni dicen nada acerca de las creencias de los pueblos.

            La poesía actual se alimenta de lo que siente y piensa el ser humano alrededor de estos monumentos a la acción. La tecnología se ha convertido en la nueva religión, lo único que no puede lograr es predecir el futuro. Desea torcerlo, cambiarlo, supuestamente a favor de la humanidad, pero sus consecuencias son impredecibles. Y convierte al hombre en un ser atrapado por la aceleración, sin tiempo para contemplarse a sí mismo ni a los demás. Sin chance para vivir.

     "No abandones nunca tu rincón secreto / sin tender el hilo que te llevará de vuelta / No te pierdas en medio del desierto de las cosas / caerás fatigado de tanto laberinto / La cámara secreta es el mejor lugar para no morir de compañía / No pierdas el camino".*

Carmen Cristina Wolf

*Del libro Atavíos de Carmen Cristina Wolf, editorial El pez soluble 2007

Poesía de Siempre 1:27 pm

     Aunque corra el peligro

de quemarme las alas

mi vuelo es hacia Ti.

Chamuscarse mi cuerpo

de dolor por tu ausencia

y volcarse mi copa

derramando mi vino

desnudando mi cuerpo,

mi vuelo es hacia Ti.

     Aunque caiga rendida

soledad en mi huerto,

y se sequen mis lágrimas

y se asome la muerte,

oscuridad de noche

sin estrellas ni luna,

tenebrosa tiniebla

que rendida me cubre

y aunque pasen mil cosas

por mi valle torcido,

no me detendrá nada

que no sea lo Divino.

     Aunque arrastre mi cuerpo

y me sangren las carnes

y me llene de lodo

y hasta el barro me cubra,

romperé los obstáculos

me alzaré sobre el viento

y aunque con alas rotas

y sin sangre en las venas,

volaré a las alturas.

     ¡Hacia Ti va mi vuelo!

Pertenece al libro Reencuentro, de la poeta mística

Yraida Losada, nacida en el Estado Monagas, Venezuela

en 1929.

Colección Cuadernos de Poesía, selección de Wolf 2007