CrónicasJuly 27, 2007 12:55 pm
Sobre ALMA FUGITIVA, por Edgar Vidaurre
A propósito del corto metraje "Alma fugitiva" sobre Elizabeth Schön…
En estos días he sido invitado a asistir en nombre de Elizabeth a la ciudad de Valencia, en donde la promoción de los niños de sexto grado de la escuela que lleva su nombre, la había nombrado a su vez a ella como su madrina. La motivación con la que han titulado los niños ese nombramiento, es la de que: "Elizabeth es una de las voces más importantes de la poesía femenina venezolana del siglo XX". Leyendo ese título pienso que más que una redundancia, es una doble verdad confirmada por estos niños que en su pureza, pueden ver con claridad el hecho de que la poesía sea femenina. Y si alguien ha prestado su voz para reconfirmar ese hecho, ha sido Elizabeth Schön. Y no sólo diría que del siglo XX pues ella ha sabido llevar a la poesía más allá del tiempo medible, del tiempo existencial, a esa otra dimensión o más bien diría a esa única y absoluta dimensión que es el origen…el ser absoluto, y mostrarnos el mar inmemorial e infinito que se manifiesta a través de la poesía. Y digo mar para evocar también a la madre, a lo femenino creador, al ánima, al alma.Rabindranath Tagore en sus pájaros perdidos nos dice que “El tiempo es el tesoro y la riqueza de los cambios que transforman de manera permanente al alma del mundo, pero la parodia del reloj lo hace sólo cambio y transformación sin riqueza, creando así la ilusión de que esa alma es una alma fugitiva”
Estos son entonces los personajes: el tiempo, el mar y el alma (no nos olvidemos que a Elizabeth le gustaba mucho las hipóstasis de la trinidad) que los hermanos Rodríguez han utilizado para mostrarnos de manera por demás conmovedora, el testimonio inolvidable del tránsito por este mundo de nuestra amada poeta. Y es que allí no se habla de lo literario o de lo biográfico…en estas imágenes, Elizabeth, absolutamente despojada de lo cotidiano o de cualquier otro aspecto que hubiera podido tener cuando estaba en su plena capacidad (su cultura adquirida, sus planteamientos filosóficos, su don de gente) se nos muestra revestida de la más exquisita de las purezas…como si fuera una niña infinitamente sorprendida por la belleza del mundo y su permanente transformación. La utilización por estos cineastas de la metáfora del tiempo y del mar como campo de despliegue del ánima (que en este caso está encarnada por Elizabeth) nos estremece sobremanera, pues lo que nos queda después de esta visión, es la profunda y vívida sensación de que efectivamente, el tiempo medible, el tiempo existencial es sólo una ilusión, que si en principio parecemos almas fugitivas, la verdad es que vamos bajo el influjo de un perpetuo movimiento hacia lo permanente. Eternos enamorados en contacto fluido, móvil y apasionado con el todo, con el ser, para verlo, para palparlo con toda la plenitud de nuestras fuerzas y nuestras vidas, para que entonces la muerte también tenga otro significado, otra verdad no concluyente ni fija…recordamos entonces aquella reveladora afirmación que hace Ernesto Cardenal, en Coplas a la muerte de Merton: “Morir no es salir del mundo, es hundirse en el”, o como diría Elizabeth: el amor ama y sigue aunque no pueda dar un paso más…el paso es un acercamiento a la muerte. La realidad puede ser un mármol, como el mar…como la muerte…La muerte pasa para el otro hombre estable por la carne…diferencias que son de ellos, donde el amor es dormir o gozar. ¿Qué queda en el corazón cuando nadie lo quiere?…Ella nos ha amado mucho, pero todos también la amamos, porque ha florecido y se ha convertido en fruto para permanecer entre nosotros. Por eso hoy la homenajeamos con todo el rigor que la ocasión impone, pues son estas manifestaciones de reconocimiento las que reiteran el significado de ese largo y difícil camino que abarca la vida y la obra del artista, y aún más allá, pues dependiendo del grado de humanidad y universalidad de este, no sólo abarcará y comprometerá su vida individual sino a todo el contexto humano desde sus propios orígenes. No es fácil resistir a la perversión que nos ocasiona el tiempo medible y mantener incólume la belleza del mundo dentro de un alma que como ya dijimos está permanentemente amenazada. Sin embargo la vocación del hombre, la del ser humano es y será siempre la de rendirse enamorado a esa belleza que lo incluye y lo trasciende. El hombre que además de ese esfuerzo es capaz de constituir dicha vocación en una obra de arte, estará entonces sometido voluntariamente al rigor que impone un oficio tan interno y solitario como lo es el del artista y el de todo creador y en donde para sostenerse será suficiente el amor. Bien nos lo confiesa Elizabeth en una de sus visiones extraordinarias:
Solitario lo latente. Pero es preferible crear en el silencio que hablar donde antes el corazón sufrió…no importa el componerse…él no sabe de esto ni del amor…vive sólo de la carne…y la mujer piedra de su pasión, sabe lo que él ama por su confesión… El amor es la herida más cercana a lo permanente…él la escucha, la siente…ya ida sigue viva en la alegría amorosa…en el amor sólo ama y vibra el alma
Este por supuesto, es también el caso de nuestros cineastas…ellos también la amaron y este documental sin lugar a dudas es un acto de amor. Para ellos también un profundo homenaje y reconocimiento por su esfuerzo en mostrar realidades cada vez más maravillosas y gracias también a todos ustedes pues con su presencia y su solidaridad tanto con Elizabeth como con Luis Alejandro y Andrés, hacen que esos esfuerzos nos manifiesten la inconmovible verdad de que el arte y la belleza no son en vano…que no son mentira.
