CrónicasAugust 28, 2007 11:03 pm

El 4 de septiembre se cumplen ocho meses de la desaparición física de Josefina Chacín Ducharne, la esclava del Señor. Autora de numerosos libros :Viviendo el Evangelio, “Yo”, en Cristo Resucitado, Peregrinación del Pueblo de Dios, La Biblia y el Mensaje, La Nueva Tierra, La Nada, meditaciones, entre otros. Pienso que  su presencia en este mundo es uno de los acontecimientos más importantes de la humanidad después de Jesucristo. Desde hace unos 20 años Josefina nos advierte acerca de los gravísimos hechos que hoy vivimos los venezolanos, en cuanto a la pérdida de las libertades ciudadanas y de la Libertad como característica esencial de la Naturaleza Humana. Ahora sólo nos queda un camino: elegir entre actuar siendo fieles a nuestra conciencia o seguir los dictados de la conveniencia. A continuación transcribo fragmentos de unas aclaraciones de Josefina de marzo de 1985, contenidas en el libro Cartas de Vida: “El juicio que ejercen los gobernantes de un país para mantener el orden público y social, a través de las leyes establecidas, me parece legítimo ya que pertenecen al orden de este mundo (…) No nos toca a nosotros juzgar sus intenciones sino cumplir con las leyes establecidas, siempre que éstas no vayan contra nuestra conciencia.  En cambio, las leyes que tocan un orden sobrenatural van contra la conciencia del hombre y no pertenecen al orden de este mundo, por tanto son ilegítimas. De esos abusos de poder y atropellos contra la conciencia y la libertad del hombre hay muchos ejemplos, como la Inquisición, etc.” Concluyo esta nota con un pensamiento de Josefina recogido en el libro mencionado:

“Paz” y “Amor”. ¡Cuán inverosímiles suenan estas palabras para el mundo, cuando los hombres se debaten en concordatos de paz, mientras en sus corazones dominan sentimientos de odio, precursores de guerra! Pero cuán verdaderas son estas hermosas realidades para las almas que renuncian de todo corazón al “espíritu del mundo”. se van haciendo uno solo con el “Espíritu de Dios”, fuente de paz y amor verdaderos!” Esas son las palabras de Josefina, el Cristo Vivo en su Realidad femenina, quien fue, es y será fuente de todo Amor y Paz.

Carmen Cristina Wolf

CrónicasAugust 20, 2007 8:34 pm

Por Carmen Cristina Wolf 

  El Ateneo de Caracas fue fundado el 8 de agosto de 1931 por iniciativa de la pianista y compositora valenciana María Luisa Escobar, quien también creó la Asociación Venezolana de Autores y Compositores y luchó incansablemente por el reconocimiento a los Derechos de Autor. María Luisa González Gragirena, quien adoptó el apellido Escobar después de su segundo matrimonio con el violinista José Antonio Escobar Saluzzo, reunió en su casa a un grupo de mujeres con la intención de constituir una Junta que habría de fundar un Centro dedicado a la Cultura, el Arte y la Ciencia. El nombre de Ateneo de Caracas fue propuesto por Eva Mondolfi. La primera directiva la integraron Luisa del Valle Silva, Cachi de Corao, Enma Silveira y Ana Cristina Medina Jiménez. Los padrinos del acto de fundación fueron el maestro Pedro Antonio Ríos Reina y Eva Mondolfi.

La historia del movimiento cultural venezolano giraba en torno al Ateneo de Caracas. Congregó a pintores, escultores, novelistas, poetas, historiadores, músicos, el mundo del teatro y el ballet. Impulsó la cultura con proyección internacional. Desde sus inicios, el Ateneo fue un lugar de convergencia de destacados hombres y mujeres y era frecuentado por los escritores, en especial el Grupo Viernes, combatido, incomprendido en sus novísimas creaciones poéticas. Con los viernistas, escribe Lucila Palacios en su libro Espejo Rodante, se reunían los integrantes del Ateneo en la casa de habitación de María Luisa Escobar, para dar lectura a sus obras. Algunos de ellos, Pedro Grases, Pablo Rojas Guardia, Pascual Venegas Filardo, Manuel Felipe Rugeles,  Aquiles Certad, Luis Fernando Álvarez y Ramón Díaz Sánchez

            De las nuevas generaciones también frecuentaron el Ateneo Aquiles Nazca, Rafael Clemente Arráiz, Juan Beroes, Ida Gramcko, Ramón González Paredes, Lucila Palacios, Luz Machado, Alirio Ugarte Pelayo, Ana Enriqueta Terán, Jean Aristiguieta, Pedro Antonio Vásquez, René D´Sola, Manuel Alfredo Rugeles y otros.

            La historia, aunque algunos deseen sepultarla en el olvido, tiene la terquedad de los grandes ríos. Ellos siempre vuelven a su cauce natural aunque la voluntad humana trate de desviarlos. Este recuerdo documentado con notas de prensa, escritos de puño y letra y fotografías, viene a cuento a raíz de la intervención, por parte del Ministerio de la Cultura, en la administración de los Ateneos de Venezuela.

A propósito de estas declaraciones Carmen Ramia, Presidenta del Ateneo de Caracas, señala: “…El Ateneo de Caracas es una institución privada como lo son todos los ateneos del país y tenemos capacidad de decisión. La intervención es una aberración … La ley indica que somos un ente privado y no nos pueden intervenir, pero como aquí no se respeta la ley, todo es posible. A nosotros pueden quitarnos el edificio y el subsidio –que es sólo del 18 % del presupuesto-, esto lo que significaría es que entregamos el edificio y nos vamos a otra sede y seguimos trabajando como hasta ahora porque el Ateneo no es un edificio” … Por otra parte, Javier Martínez, al frente de la Federación de Ateneos de Ateneos, considera ilegal esta intervención, por ser estos instituciones de carácter privado, que sólo reciben una fracción de recursos del Estado  para su financiamiento. Para Martínez, “el que los ateneos sean reductos privados para la cultura es positivo, puesto que los aleja de la politización” (El Nacional 8/08/07).

Desde su fundación hasta ahora, el Ateneo de Caracas es y ha sido un tributo a la excelencia, al amor por el país,  donde han tenido cabida todas las tendencias políticas y las manifestaciones de la cultura venezolana, sus tradiciones, sus valores. Las señoras María Teresa Castillo, Carmen Ramia y sus colaboradores han realizado una incansable  y valiosa labor, que ha permitido a niños, jóvenes y adultos recrearse con los conciertos, el teatro, el cine, las exposiciones de artes plásticas, presentaciones de libros, foros, conferencias, recitales, en fin, no podría en una nota llevar cuenta de lo que nos ha ofrecido siempre el Ateneo de Caracas, con unos precios casi irrisorios que han permitido a los ciudadanos de pocos recursos económicos conocer y disfrutar las manifestaciones culturales mas diversas.

Y regresando a los primeros años de funcionamiento del Ateneo de Caracas, de cuya iniciativa surgió la creación de Ateneos en todo el país, me entrego a  la lectura de los diarios de la época, y leo que a partir de 1932 se dictan conferencias sobre la historia de la novela en Venezuela, se celebran festivales de poesía y música, con la participación de escritores venezolanos y extranjeros, entre ellos Andrés Eloy Blanco, Fernando Paz Castillo, Luisa del Valle Silva, Jacinto Bombona Pachano, Alberto Arvelo Torrealba y otros. Recordemos que el Ateneo creó la Exposición Anual de Artes Plásticas, a la que concurrió todo el país. Se expuso la obra de Armando Reverón, Federico Brandt y Francisco Narváez, entre otros. Mi biblioteca abunda en datos sobre la espléndida labor  del Ateneo en sus primeros años de existencia, pero debo concluir con una reflexión: El Ateneo de Caracas siempre fue una institución de carácter privado, abierto a todos sin distinciones  y sirvió de reducto a las luchas contra la dictadura. El 14 de febrero de 1936 se instala en su sede la Junta Patriótica Femenina y el día siguiente se instala el cuartel general de la Guardia Cívica Venezolana. En el Ateneo se celebraron las Conferencias Venezolanistas. El país vivía momentos agitados a raíz de la muerte de Juan Vicente Gómez y en la clandestinidad se trabajaba por la libertad. Al finalizar la etapa gomecista se celebraron numerosos eventos literarios, uno de ellos en homenaje a Rómulo Gallegos a su regreso del exilio, con el concurso de escritores de la talla de Antonio Arráiz, Lucila Palacios y Julián Padrón.

Vivimos días de destrucción sistemática de la memoria histórica de Venezuela por parte de un régimen que se ha propuesto borrar todo lo que pertenezca al pasado, aunque sean las mejores manifestaciones de un pueblo inteligente, laborioso y creativo como el nuestro. Es importante tener presente lo que han significado y significan los Ateneos en Venezuela. No olvidemos tampoco a María Luisa Escobar y a todos aquellos hombres y mujeres que trabajaron con dedicación y honradez. Es necesario recordar sus luchas y su compromiso con  el movimiento artístico, literario y musical del país. 

La ciudadanía venezolana tiene mucho que decir con respecto al apoyo que merece el Ateneo de Caracas y los ateneos de todo el país. No los dejemos solos. Son y siempre serán de todos los venezolanos.

Agosto 2007

EntrevistasAugust 17, 2007 5:48 pm

En el Índice por Temas encontrarán una entrevista inédita con el Maestro Oswaldo Vigas, en su estudio de Caracas. Es realmente fascinante su visión del arte y del mundo.

Carmen Cristina Wolf   

http://literaturayvida.blogsome.com/

literaturayvida@yahoo.com

Poesía de SiempreAugust 14, 2007 1:33 pm

Escribo un poema para ti
Poeta dócil y solitaria
- pequeña flor a la orilla del camino
Ahora ella ilumina la pequeña mesa

Como si fuera una hermana

Con los ojos cerrados
Escribo un poema para ti…para ella
Aunque ya no pueda dar un paso más
Ya no puedo habitar el mundo como un incendio
Ni escribir ciudades, ni países, ni faros en la noche
Sólo puedo escribirle esta nostalgia estremecida
Y la música azulada que suena en su borde
Desde esta isla

te declaro entonces mi amor blanco como la sal

Déjame recostar mi sueño sobre tus manos ahuecadas
Y oír tu corazón de pequeños latidos
Para volver…
Solo tú sabes donde está lo recóndito
Y me acuerdo de mi mismo: niño perdido entre las sombras
Buscando unos pasos unidos en un manto de hojarasca
Escribo este poema para ti…para ella
Sentado humilde a la orilla del camino
Donde florece la prímula callada
Sin que nadie la vea
No me nombres capitán de tu nave
Solo deja la puerta entreabierta
Ella que espera siempre la visita de la noche
Y las huellas sobre su incansable costumbre de amar
Lo encontrará…

Poema inédito

Autor: Edgar Vidaurre

CrónicasAugust 10, 2007 2:59 pm

Por Carmen Cristina Wolf

            Mamá estaba encantada con el viaje a España. Conchita Mompart, amiga entrañable de la familia nos había invitado a su casa de Madrid; más bien la “sonsacó”, a decir de mi abuela, porque las maravillas que contaba Conchita de los madriles eran como para quedarse encandilada. Después de varios consejos de familia con mi abuelo y demás familiares –los hermanos de mamá eran siete y ella ocho–  y todo tipo de recomendaciones, nos fuimos mis dos hermanos, mamá y yo, a la tierra del Quijote, el vino y el salero, ¡olé!

            En aquel entonces mi madre era una mujer preciosa, del color de Blanca Nieves, ojos y cejas oscuros y el cabello ala de cuervo, ondulado y con el brillo de las modelos del champú Drene. Llevaba un sombrero ladeado con velito y guantes, suaves como un conejito. Ni se diga de su elegancia, garbo y sonrisa, que le valía meterse a todo el mundo en el bolso. Mi hermano mayor llevaba su cuatro en la mano, yo mi muñeca de ojos azules  y en la otra mano arrastraba a mi hermanito menor, mientras mamá hacía los trámites de pasaporte y boletos. Los tres cabíamos en la foto con mamá, y nos habían puesto en el pecho unos avisos de cartón que había escrito la abuela, con nombre, dirección en Madrid y en Caracas, etc. No fuera a ser que nos perdiéramos en aquel gentío.

            Después de haber sido recibidos con la mayor de las sonrisas por la señora Mompart, una mujer rubia bellísima, decían que se parecía a Marlene Dietricht, y por sus tres hijos que eran graciosos y simpáticos,  fuimos  alojados y tratados como si fuéramos de la realeza. A los cuatro meses nos mudamos a la que fue nuestra casa durante casi cuatro años. Mamá nos compró abrigos, allá los llamabas “jerseis”  –con acento en la e y la j bien marcada– medias de lana, gorros, bufandas y guantes. Para ella, un visón precioso, parecía una artista de cine. Vivíamos en Jorge Juan 50, con esquina General Mola, hoy Príncipe Vergara. Me enteré hace poco que el General Mola era uno de los hombres de confianza de Franco, un personaje pavoroso.

En el pequeño edificio de cuatro pisos que aún hoy conserva la misma fachada, me encantaba subirme a aquella caja de madera pulida con su lucecita en el techo y su espejo. Había que cerrar primero una rejilla con numerosas equis de palo. El ascensor sonaba y se movía como un camello porque lo sostenían unos cables. Me gustó mucho mi casa, excepto el recibidor, que tenía unos muebles parecidos a los que había en el despacho de la Madre Superiora del Colegio. Eran grandes, oscuros, de madera y cuero repujado, me costaba mucho subirme en ellos. Tenía dos salones, uno para las visitas y otro para jugar. Este era el mejor sitio de la casa, con su aparador que mamá fue llenando de juguetes, disfraces y tesoros.

Mi habitación nunca me gustó porque  no tenía buena luz en el día, ya que la ventana daba al patio interior del edificio. Por eso mamá compró una camita y la colocó al lado de su cama. Además, no me gustaba dormir sola porque sentía miedo en las noches. Como desde pequeña sufrí de miopía, cualquier prenda de ropa colgada me parecía una figura amenazante; mi imaginación saltaba de muertos a ladrones, y me acordaba de los cuentos de la niñera de Caracas, que se entretenía contando las leyendas de la Llorona, el hombre sin cabeza y la mula “maniá”. Así que salía corriendo, envuelta en mi cobija, a dormir en la cama de mamá. Los niños con problemas de visión, ven el mundo ¡tan distinto! También se ven cosas maravillosas. Todo lo que estaba a diez metros de distancia no era como era, yo lo imaginaba como quería que fuera. Era maravilloso, por eso creía en las hadas, en los duendes, en los ángeles. Nunca dejaré de creer en ellos. Todavía me cambian los libros de lugar, apagan y encienden luces, abren y cierran gavetas, pero son  amigables.

Mamá me inscribió en el colegio Sagrado Corazón de Jesús, y lo primero que le dijeron las monjas fue: “esta niña habla muy mal, tiene que aprender a pronunciar las ces y las zetas, y no comerse la s al final de las palabras”. Dicho y hecho, ¡qué facil me resultó imitar a mis compañeras!, me parecía genial aquello de hablar distinto, y a los tres meses era yo una españolita total. Lo primero que aprendí fueron las canciones infantiles, el Farolero, El puente de Bilbao, los villancicos. Recuerdo con gratitud y alegría mis días en la escuela. En invierno salía con mi camisa de algodón grueso para que no me “picara” la lana, uniforme azul marino a media pierna, medias hasta la rodilla, abrigo, bufanda, gorro y guantes, todo  con mi nombre bordado. Porque al llegar a clase había que quitarse aquellas prendas, quedar sólo con uniforme y un delantal negro depositario del aserrín del sacapuntas y de la tinta. Teníamos que aprender a escribir con plumilla. Mi pupitre tenía un pequeño depósito de metal, y allí nos ponían la tinta para aprender a escribir en letra inglesa. Fue muy divertido, a mí me gustaba mucho aquello de la plumilla.

Pero estoy hablando mucho de mí y esta crónica es sobre mi madre, que es un sol. Mamá nos llevaba al Retiro, con sus caminerías bordeadas de setos y rosales. La estatuas y gárgolas siempre me impresionaron, me preguntaba quienes serían aquellos personajes, de seguro cobrarían vida en las noches cuando nadie los veía. Nos llevaban de vez en cuando al cine, a ver Marcelino pan y vino y las películas de Marisol. Mamá contrató a Margarita, una muchacha muy linda que usaba delantal de puntilla y cofia almidonada con encaje. Su novio era un soldado que la visitaba cuando íbamos al parque.

A esta historia ahora es cuando le falta corte y costura, porque mamá hizo amistad con gente maravillosa que vivía en el exilio por la persecución del dictador Pérez Jiménez. Conoció a Paco Ibáñez, a María Dolores Pradera, a las mejores cantantes de la época, a  los toreros Curro Girón, el Diamante Negro y algunos otros cuyo nombre he olvidado.  Esos pormenores  quedarán para el próximo capítulo. Tengo que preguntarle a mamá detalles de los que no se percata una niña que sólo piensa en jugar. Hasta entonces.

Caracas Agosto de 2007

CrónicasAugust 6, 2007 12:59 pm

     Ildemaro Torres publica hoy una nota en El Nacional, "Que no sea para quedarse", refiriéndose a la escalada de crímenes que vivimos en Venezuela. Cito: "La muerte es hoy una compañía que nos abruma, y no en lo filosófico ni en lo religioso (…) es terrible cuando, en una suerte de acostumbramiento a lo trágico o de instalación de las secuelas de la inseguridad cual rutina, la pérdida de vidas humanas es vista como cifras noticiosas."

Benito Raúl Losada da cuenta de esta realidad en el poemario Lebab o los despojos:

Es esta ciudad nuestra ciudad
o una herida en el corazón?

     

Su libro Lebab o los despojos es la constatación dolorosa de la trampa en que se convierte un país  cuando los que lo gobiernan y buena parte de los que la habitan no la aman, Labab, la Babel al revés. Pareciera que los altos funcionarios no "ven" la necesidad inminente de poner en práctica un plan de prevención del delito para detener esta comparsa de aquelarre que nos llena de estupor y de pánico.

     Los personajes de poder en nuestro país,  salvo raras excepciones, van muy seguros y orondos, armados hasta los dientes con sus escoltas y metralletas, y no permiten que la prensa se entere de cuántos son los abaleados, acuchillados y heridos por asaltos, ajuste de cuentas, borracheras, hampa organizada, narcotráfico, violencia doméstica. Pero todo se sabe, nada permanece oculto por siempre. Ildemaro Torres, en un repaso del "ejercicio despótico" se refiere a algunas caricaturas de Zapata referidas a la política internacional, y da cuenta de algunas de ellas, como las de repudio al General Franco, donde le muestra uniformado, "asomándose por detrás de un pergamino en el que se lee la frase de Mariano José de Larra: Aquí yace media España, murió de la otra media. Y el Caudillo confiesa humildemente: "La otra media soy yo".

     Ciudades como Nueva York y Bogotá, de las más peligrosas del mundo, han logrado con la auténtica decisión de erradicar el delito y mediante ambiciosos planes de prevención,  transformarse en comunidades seguras, donde se puede vivir en paz. ¿Por qué en Venezuela no hay la voluntad de luchar contra el crimen? Sólo algún que otro gobernador o alcalde trabajan en este sentido, sin apoyo alguno de parte del gobierno central, que es quien concentra todo el poder.

Entretanto, nuestros hijos, familiares, amigos y compatriotas juegan a los dados de la amargura cada día, cada noche, sin saber si volverána casa con vida:

: “Se podía comenzar en el pecho / cualquier punto era un esbozo / de sangre repartida / …en la suma de todas las llagas/ …hasta tocar la rosa”. (Del libro Lebab o los despojos)

Carmen Cristina Wolf

literaturayvida@yahoo.com