Ildemaro Torres publica hoy una nota en El Nacional, "Que no sea para quedarse", refiriéndose a la escalada de crímenes que vivimos en Venezuela. Cito: "La muerte es hoy una compañía que nos abruma, y no en lo filosófico ni en lo religioso (…) es terrible cuando, en una suerte de acostumbramiento a lo trágico o de instalación de las secuelas de la inseguridad cual rutina, la pérdida de vidas humanas es vista como cifras noticiosas."
Benito Raúl Losada da cuenta de esta realidad en el poemario Lebab o los despojos:
Es esta ciudad nuestra ciudado una herida en el corazón?
Su libro Lebab o los despojos es la constatación dolorosa de la trampa en que se convierte un país cuando los que lo gobiernan y buena parte de los que la habitan no la aman, Labab, la Babel al revés. Pareciera que los altos funcionarios no "ven" la necesidad inminente de poner en práctica un plan de prevención del delito para detener esta comparsa de aquelarre que nos llena de estupor y de pánico.
Los personajes de poder en nuestro país, salvo raras excepciones, van muy seguros y orondos, armados hasta los dientes con sus escoltas y metralletas, y no permiten que la prensa se entere de cuántos son los abaleados, acuchillados y heridos por asaltos, ajuste de cuentas, borracheras, hampa organizada, narcotráfico, violencia doméstica. Pero todo se sabe, nada permanece oculto por siempre. Ildemaro Torres, en un repaso del "ejercicio despótico" se refiere a algunas caricaturas de Zapata referidas a la política internacional, y da cuenta de algunas de ellas, como las de repudio al General Franco, donde le muestra uniformado, "asomándose por detrás de un pergamino en el que se lee la frase de Mariano José de Larra: Aquí yace media España, murió de la otra media. Y el Caudillo confiesa humildemente: "La otra media soy yo".
Ciudades como Nueva York y Bogotá, de las más peligrosas del mundo, han logrado con la auténtica decisión de erradicar el delito y mediante ambiciosos planes de prevención, transformarse en comunidades seguras, donde se puede vivir en paz. ¿Por qué en Venezuela no hay la voluntad de luchar contra el crimen? Sólo algún que otro gobernador o alcalde trabajan en este sentido, sin apoyo alguno de parte del gobierno central, que es quien concentra todo el poder.
Entretanto, nuestros hijos, familiares, amigos y compatriotas juegan a los dados de la amargura cada día, cada noche, sin saber si volverána casa con vida:: “Se podía comenzar en el pecho / cualquier punto era un esbozo / de sangre repartida / …en la suma de todas las llagas/ …hasta tocar la rosa”. (Del libro Lebab o los despojos)
Carmen Cristina Wolf
