Alonso e Isabel ( Fundación  Editorial el perro y la rana, 2006) la  novela publicada por Marisol Marrero, cuenta la llegada de los primeros conquistadores españoles,  a las costas venezolanas, azotadas por todos los vientos.

El asombro ante el canto bullanguero de guacamayas, pericos y  otras aves, la atmósfera de exuberante belleza de la fauna y de la vegetación de estas nuevas tierras, es expresada a través de una mirada femenina. La mujer que acompaña  a Don Alonso de Ojeda, personaje histórico  protagonista  de la novela, narra en primera persona los viajes, luchas y traiciones,  de quienes andaban en busca del dorado,  de quienes se enfrentaron a la incertidumbre del océano para fundar  las primeras poblaciones en las tierras del Nuevo Mundo.

Lo original de esta proyecto, es la estructura de la novela misma,  establecida a través de la historia de amor  entre Ojeda y Ayurami, hija de una caique indígena, quien mas tarde seria nombrada por la iglesia como Doña Isabel.  La voz  que escucha el lector, es  el acento de una  mujer apasionada por la vida, mas interesada en el descubrimiento del cuerpo amado  con la totalidad de los placeres ofrecidos, que en  la conquista del poder, o en la búsqueda de riqueza.  Sin embargo, el erotismo de tales encuentros es matizado por la fuerza del  lenguaje poético y por la voracidad  con que esta indígena  se apropia de la cultura del conquistador.

Doña Isabel se revela como una persona de gran inteligencia, hasta el punto de dominar la lengua española  y escribir las crónicas de viajes.  Se interesa por los libros y autores de la época, para iniciar la saga de la cultura mestiza.  Al tener la oportunidad de viajar a la Madre Patria, se fascina con la música y arquitectura de las iglesias, pero,  con marcada ironía, comenta las costumbres, modas y prejuicios de esa sociedad.

            Las palabras le sirven para recrear una pasión tan exuberante como el medio que los rodea.  Disfrutemos en las  siguientes citas   la simbiosis entre  los cuerpos y la  naturaleza, y apreciemos el uso que se hace en ella de lo real maravilloso :“ Tomé su cabeza entre mis brazos y lo atraje hacia mi boca.  Ahora quería sus besos, pues de ellos se desprendían mariposas, montones de ellas que sobrevolaban nuestros cuerpos, para luego perderse selva adentro”.  “ Nuestros labios recogían la luz de la luna asomada en los altos ramajes”  ( pag. 99)            En el lenguaje de esta novela se aprecia el  oficio de poeta de su autora:  el ritmo de las frases, los contenidos sensoriales y afectivos de memorable emotividad,  el amor a las palabras  de la protagonista, así lo revelan.   Para Isabel,  la pasión hacia su marido  y la aceptación de la cultura del conquistador le llega desde las palabras,  cuando se siente traicionada en su entrega, se arranca el lenguaje y  enmudece, tal como se deduce de la cita siguiente:  “ …esa lengua de Uds.  ya no habla  mi boca, porque oculta dentro de ella algo terrible.  El amor desmesurado no tiene otro medio para manifestarse sino producir otro lenguaje, y yo en estos momentos lo he perdido, no lo tengo ya más.”  (Pag. 111-112)

Si el amor se fundamenta desde las palabras, cuando se trata de establecer los puentes de la reconciliación, a veces  éstas sobran:  “Silenciemos por esta noche a los demonios del lenguaje _ dijo Alonso_  no dejes que se interpongan entre nosotros” ( pag. 141)

En el capítulo,  “ Crónicas de Isabel ”  la mitología wayú aparece  con el  inestimable  recuento de su origen.   La poesía y el  mito se fusionan,  en esta novela, para testimoniar la cultura aborigen. 

La humanidad del conquistador  llegado de Europa,   transformado por la ambición y la lejanía del poder en hombre cruel,   influenciado por la realidad de una naturaleza salvaje,  por la codicia a las riquezas recreadas en la leyenda del dorado, y más que nada,

por la sensualidad de una vida diferente entre los brazos de  amantes  muy distintas a las  de Europa,  queda expresada en estas páginas, con un lenguaje pleno de belleza.

     

Marisol Marrero, en las tres novelas publicadas hasta el momento,  revela una desmedida vocación narrativa en busca de un discurso propio.  Alejada de falsas maniobras experimentales que han alejado al lector de la literatura, se adentra en historias lineales  bien documentadas,   relatadas en un estilo muy personal.  Recomiendo ampliamente su lectura  a todos, especialmente a quienes creen en el ejercicio de la lectura como un ejercicio de placer.

LIDIA SALAS

Poeta, crítico.  Magister de Literatura.  U C V