Poesía de SiempreDecember 18, 2007 2:58 pm

Por Carmen Cristina Wolf 

                                    “¿Qué daría por ver su rostro?
                                    Daría mi vida, naturalmente.”

         Emily Dickinson nació en Massachussets, en 1830.  No escribía para deslumbrar a nadie, ponerse de moda ni obtener algún premio.  No se exhibió en los salones. Se guardaba en casa, viviendo, no aparentando que vivía. Escribiendo, no aparentando escribir.
Fue su elección, tan válida como cualquier otra, o tal vez fueron las circunstancias que la llevaron a una existencia casi solitaria. No obstante, su soledad no la esconde, la revela en una manera propia de transformar su mundo en belleza.
Hoy entro en el jardín de Emily Dickinson, sembrado de violetas y tréboles, bordeado de “juncos de azul flexible”. Imagino que ella se asoma a la puerta y mira a lo lejos un aire alterado en las colinas”. Siempre está en la cabecera de mi cama la selección y traducción de Silvina Ocampo, con prefacio de Jorge Luis Borges quien escribe: “No hay, que yo sepa, una vida más apasionada y más solitaria que la de esa mujer. Prefirió soñar el amor y acaso imaginarlo y temerlo … Publicar no era, para ella, parte esencial del destino de un escritor; después de su muerte, que acaeció en 1886, encontraron en sus cajones más de mil piezas manuscritas … No es cotidiano el hecho de un poeta traducido por otro poeta …la cadencia , la entonación, la pudorosa complejidad de Emily Dickinson aguardan al lector de estas páginas, en una suerte de venturosa transmigración. ”
Así dice uno de sus poemas:

Es todo lo que tengo hoy para traer
esto y mi corazón además.

No puedo bailar
en puntas de pie
nadie me lo enseñó
pero, a menudo, en mi mente
un júbilo me posee
que si tuviera conocimiento de ballet
-lo demostraría-
         en piruetas para palidecer una compañía de ballet
         o enloquecer a una prima donna. “

         Quiero creer que ella escribió este poema en uno de esos días, en los cuales se sintió tan feliz que todo fue motivo de celebración: estrenar unas zapatillas  de lazo azul, o recibir una carta con un poema. En ese instante único, surge el deseo de atrapar el sentimiento para que no se vaya. Las palabras se entrelazan  y ocurre la necesidad de revelar ese instante de pequeño gozo. Impulso de fijar aquellas cosas hechas de fugacidades:

“Algo en un día de verano
una profundidad -un azul-
un perfume
trasciende éxtasis.
(…)
 ¡Es tanta la alegría!
Si tuviera que desfallecer ¡Qué pobreza!”

En un día así provoca instalarse en la alegria. La vida es la vida, sólo eso, cada cosa es lo que es, sin eufemismos. No queremos ir más allá:  “Arrobamiento es sólo arrobamiento.” La felicidad y el dolor no están en conflicto. Se alimentan la una del otro. Cuando nos sentimos felices, de pronto, igual a un fantasma que gime desde el fondo de la casa, nos asalta el temor a perder la dicha que no puede asirse y no permanece.
Y cuando se apodera de nosotros la tristeza, una mínima estrella envía señales: mañana será diferente. Habrá un motivo para sonreír de nuevo: es la esperanza.  Algo ha de suceder, otra vez él o ella vendrá y nos dirá:

“Vine a comprar una sonrisa -hoy-

una sola sonrisa, la más pequeña de tu cara
me agradará lo mismo”.
        
En la poesía de Emily Dickinson se percibe una existencia alimentada por el anhelo, aquello que aún no se ha cumplido. Nada más interesa al cuerpo, las cosas se desdibujan, pierden sus dimensiónes de realidad y se regresa al bosquejo, a aquello en el anhelo bosquejado.
Pareciera que sólo importa él,  el amado, su pulso, su respiración:
“¿Qué daría yo por ver su rostro?
Daría mi vida, naturalmente.
¡Pero eso no es bastante!”

Se está dispuesto a entregarlo todo, lo demás llega a ocupar un lugar secundario.  Y el amado lo ignora, no conoce la entrega de ese corazón porque está distraído en otras cosas, sumergido en su propia existencia.   Dickinson está decidida a traerle  “rosas de Zanzibar, abejas -por millas- / desfiladeros azules, /  ejércitos de mariposas.

Para el ser humano, el anhelo se convierte en el centro de la existencia, de penas y alegrías. Se enquista en el corazón una … “dolencia de amor que no se cura / sino con la presencia y la figura”, como escribió San Juan de la Cruz, del cual Emily estuvo siempre enamorada según lo revelan sus versos. Nada calma la sed ni remedia el mal. El adolecido de amor apenas respira, se quiebra, aguarda, desespera:
¡Qué importa si digo que no voy a esperar!
¡Qué importa si violento la puerta carnal
y escapo hacia ti!”

         En los versos de E. Dickinson, la sed no se lee. no se piensa, se muere uno de sed. La angustia no es un concepto, no es de papel, de cuento, se muere uno de angustia.  El desasosiego somete, muerde, desespera, ya no se quiere nada, no se sabe nada, no existe nada que interese al cuerpo. Cuando E. D. dice “angustia” no narra, no explica, es la propia angustia. Uno no puede permanecer impasible cuando lee un poema escrito por ella, no deja de sentir un estremecimiento. Ella no ha escrito poemas que hablan sobre el dolor y cuando vamos a leerlos, no sentimos la garra del dolor.
         El poema es sufrimiento o alegría sin trampas de lenguaje, se dice a sí mismo como una palabra que lleva una espada” y “puede atravesar a un hombre”. El poema deja sentir el rapto de la pasión, “como los hombres ciegos conocen el sol”. E. D. agoniza de sed, y sabe que corren arroyos por las praderas, pero esa no es su agua y la deja correr.  Ella quiere la suya, no otra.

         Los poemas de Emily Dickinson: un corazón en palabras de una belleza terrible y leve. Su corazón, es todo. Sin cartas de presentación, sin buenas referencias ni códigos aprendidos sobre cómo debe escribirse un poema en tal o cual época, sin recetas literarias.
         El poema que es un verdadero poema se adentra siete centímetros en el pecho: suficiente, mucho, demasiado. Dickinson ofrece, muy segura, muy tranquila:  todos los campos”,todas las praderas, por si acaso no basta con su alma. Se aprende a no decir aquello que se quiere decir, se aprende a callar la frase exacta. Pero el poema no miente.
 Y si no le aceptan su entrega, musita, susurra, canta y dice  “Traigo mi rosa”.
        
         El que ama le pierde el temor a la muerte, se acostumbra a ella. Su agonía no viene por el asalto de la muerte. Viene “en un cierto sesgo de luz / en las tardes de invierno / que oprime como / la profundidad de las catedrales”. El abatimiento conduce al sacrificio.   Sus poemas están impregnado de una suave ironía y una prontitud de lenguaje que causa escalofríos:
Morir
         lleva sólo un corto tiempo
dicen que no duele
es sólo un desmayo - por etapas -“
Uno se queda en suspenso, suavemente quieto, parece que morir no es algo amenazante ni tenebroso, tampoco duele. Y es un orgullo morir sin hacer ruido, sin alharacas ni lamentos. Estar presto en esa hora:

No lo menciones por esas calles
porque las tiendas me mirarían
que alguien tan tímido - tan ignorante -
tenga el descaro de morir.

Algunos “entendidos”que leyeron sus poemas, menospreciaron su obra porque no obedeció a las tendencias que prevalecían en su época. Su escritura no estaba “a la  moda”.

Emily Dickinson, ella que se guardaba en casa casi siempre, nos permitió entrar en su mundo a través de su escritura. Su estrecha amistad con Dios se revela constantemente en la diatriba llena de humor e ironía que encontramos en algunos de sus poemas. Es imposible leer sus versos y permanecer indiferentes.

* Las cursivas son  versos de Emily Dickinson tomados de la selección

  traducida por  Silvina Ocampo (Tusquets editores)

 

UncategorizedDecember 7, 2007 12:38 am

 

El Círculo de Escritores de Venezuela ofrece la más cordial bienvenida a los escritores que han ingresado a esta Asociación durante el año 2007, los cuales  se mencionan a continuación:
Aladar Temeshy, Eduardo Rivas Casado, Inés Muñoz Aguirre, José Irimia, José Pulido, Maite Ayala, Maribel Proietti, Milagro Haack, Mireya Krispín, Simón Trujillo y Ruth Hernández.
La periodista Carmen América Oropeza fue designada Coordinadora de Medios. Deseamos a todos los Integrantes y a los Amigos del Círculo de Escritores de Venezuela una Feliz Navidad y un Año Nuevo en el que reine la Paz en los corazones, en las familias y en nuestra amada Venezuela.
         En el próximo año hemos previsto una atractiva programación, que incluye lecturas, foros, seminarios, presentación de obras de teatro y audiovisuales, novedades editoriales, concursos y eventos compartidos con otras Instituciones culturales. Abriremos también una página en la Red para compartir comentarios, ideas y proyectos.
         En nombre de la Junta Directiva deseamos a todos los Amigos del Círculo de Escritores de Venezuela una Feliz Navidad y un Año Nuevo lleno de tolerancia, fortaleza, paciencia, creatividad y entusiasmo.

 

Poesía de SiempreDecember 4, 2007 1:42 pm
           Por Carmen Cristina Wolf
            Conjurada por la flor de sal, así fue la visión. Vino como si fuera una fiebre, con ese cuerpo, esa mirada. Cuando yo cerraba los ojos ella abría la tierra y el eco de un perfume brotaba de su boca. Le dije entonces que se durmiera, que no susurrara más el nombre por el que me llamaba ni la agonía presentida detrás de las ventanas.
           Edgar Vidaurre, La fugitiva

 

Cuando aparece un poemario que provoca leer interminablemente, cuando se vuelve imprescindible en el pequeño montón de libros de la mesa de noche, se cumple para mí un sueño recurrente y es motivo de celebración. Por eso me vino a la memoria el poema de Edgar Vidaurre, porque no solo las visiones llegan como si fueran una fiebre. También un libro puede convertirse en “el eco de un perfume”, en una fiebre interminable. Así me ha ocurrido con Duermevela, del escritor venezolano José Pulido (Ediciones Pavilo 2004). Una lectura tiene su ritual. Para unos tendrá que ver la luz del amanecer, con el caer de la tarde o la soledad de la media noche. Otros preferirán acompañar el momento con una copa de vino, un buen añejo o un vodka de lejanas estepas.

Y leo estos versos del poema Soñé que los sueños no eran verdad, que de una manera casi mágica me induce a pensar más que nunca en lo que los sueños significan y de dónde surgen: “Este corazón desarropado / sin cuerpo que ponerse / flota en las calles de los sueños / que jamás se caminan de regreso /Esos ojos rodando entre la sangre / Esos ojos que miran lo de adentro” … Este es un libro onírico, como los fragmentos de un film de Buñuel, parecen episodios sacados de una obra de teatro del absurdo, momentos de cotidianidad cruzados con relámpagos de hondas verdades: “Tiene que haber un sueño de otra gente / donde vives prestado”. ¿Somos una ilusión, creemos que estamos y en realidad no es cierto? Como en las páginas web, ¿seremos virtuales empeñados en creer en lo visible? “El amor debería ser una montaña / Cundida de árboles cuyas raíces agarren las piedras / Como si fueran a tirarlas / Y que cada piedra esté cubierta de semillas / Y que de cada semilla crezca una montaña.”

Cada poema de este libro es un universo en sí mismo. Y surge la necesidad de detenerse, reflexionar, sentir lo que nuestro ser nos dice, cuando leemos acerca de una montaña “llena de árboles entusiasmados / Y que cada árbol / Contenga un nido / Donde cada pájaro / Lleve en sus garras diminutas / Un cielo.” Si fuese así como vislumbra Pulido en su sueños, no tendríamos que decir, como Rilke: “Se encuentra uno terriblemente solo entre los árboles”, y es capaz de añadir que ni aun a solas con una persona muerta se queda uno tan solo, porque “Por muy misteriosa que sea la muerte, más misteriosa aún es la vida que no es nuestra vida”.

Hay sueños tan extraordinarios que son difíciles de olvidar. De eso nos relata el poema Cuatro de Duermevela: “Los sueños que no se olvidan / Parecían mejores / Las ilusiones maduraban bajitas / Y uno se desplazaba eufórico en un campo / Donde nada es terrible.” Es una fortuna soñar sin que figuras espectrales o imágenes persecutorias aparezcan. A veces, los protagonistas de los sueños y los acontecimientos oníricos se mezclan con el soñador, dicen cosas, hasta cumplen nuestros deseos más recónditos. Un joven enamorado sueña que su amada desconocida lo besa, un niño encuentra un juguete añorado, un anciano vuelve a ser joven.

Más de una vez quisiéramos tener un cuerpo ingrávido, sin tanto gesto habitual, sin esas imposiciones de los hábitos y de menesterosos requerimientos. Por eso, cuando un sueño es gentil, apasionado, fantástico, puede que pensemos algo parecido a lo que escribe Pulido en su poema Cinco: “Al despertarme vuelvo a ser / El de la taza de café / El que necesita saber la hora / No sé quien era / La persona que me amaba tanto”… También pueden asaltarnos fantasmas horrendos en los sueños, y seria cosa de preguntar entonces: “Y aquella persona que quería asesinarme / ¿Quién era? .… ” No voy a develar las sorpresas de este poemario de desvelo, pero no sería posible dormir tranquila si dejo de referirme a la hondura de los poemas de la segunda parte de este libro, con la aparición de personajes entrañables como Jesús el Nazareno, su madre María y María Magdalena. Me tocan profundamente estos versos, por tratarse del amado Jesús de Nazaret, a quien tanto he imaginado. Y recuerdo uno de los sueños más hermosos que he tenido. Yo era un jovencito de unos 13 años y cabellos oscuros, un niño cualquiera, ni siquiera supe cómo me llamaba. A la orilla de un río veía a Simón Pedro y a Juan el Evangelista bañándose. De pronto Juan se hundió y durante unos minutos que me parecieron eternos desapareció. Cuando su cabeza salió al otro lado, Pedro lo regañó, por el gran susto que le había hecho pasar. Me reí mucho en el sueño. Al reflexionar sobre este episodio pensé en la reencarnación, porque no tenía explicación alguna que yo soñase con ser un joven en aquella época, cuando en aquellos días ni siquiera había visto alguna película o leído algo relacionado con la vida de los Apóstoles. A lo mejor estuve allí, y desde entonces persigo las huellas del Galileo, tratando de encontrarlo de nuevo dentro de mi corazón.

En fin, de estos poemas no quiero adelantarles nada para dejar a los lectores con la inquietud y el deseo de leerlos. Doy gracias a la vida por haberme traído a las manos Duermevela, para vivir con mayor anhelo de soñar. ¿O para desvelarme? Concluyo con el poema Siete de este libro fascinante, y también me prometo entrar en el bosque de los sueños en absoluta vigilia:
“Sueño el barro y la arena
Y acezante el pecho porque construyo
Una casa en el medio de un continente íntimo
Yo soy el paisaje y el agua
La luz y el hombre
El cansancio y la pasión
Yo pongo todo para que el sueño cunda
Y también me sé la desmemoria”.

  

Notas sobre librosDecember 1, 2007 3:28 pm

Por Carmen Cristina Wolf

 

           

Leer el  libro  El Arte: Una apreciación personal del escritor venezolano Alejo Urdaneta (Editorial Actum 2006), es sumergirse en la hondura de un pensamiento macerado en el estudio y la reflexión. Llama especialmente la atención  una frase del autor como aproximación a un concepto del arte, que es esclarecedora: "Puro juego de la sensibilidad en ejercicio de la libertad … El arte nace de la fascinación de lo inalcanzable o incomprensible, y el artista comienza esa búsqueda a partir de lo que ha recibido por tradición … arte sería revelar y exponer los secretos que no dicen las palabras del habla común."…

La Editorial Actum vuelve a obsequiarnos con una publicación de gran interés para los amantes del Arte y de la buena lectura. El extenso ensayo abre con una reflexión central. Refiriéndose al criterio de Aldous Huxley sobre la soledad a la que está condenado el ser humano aun cuando se encuentre en compañía, Alejo Urdaneta escribe:  “Ese hombre que constituye el UNO tiene, sin embargo, deseo de ser diverso y comunicar su ideal ante el mundo … Lo que importa de la obra de arte no es ella en sí misma sino aquello que vislumbramos al percibirla, lo que nos insinúa, aunque sea el vacío”.

Sin caer en pesadas erudiciones, al contrario, en un estilo ameno que hace difícil abandonar sus páginas, este libro es una enseñanza sobre cómo analizar los criterios de grandes escritores, filósofos y pensadores acerca del Arte con una perspectiva crítica. Desde Platón hasta Kant, desde Santo Tomás de Aquino hasta Eugenio Trías, el autor nos va explicando lo que ha significado el Arte para el pensamiento de la humanidad, con una valoración personal de cada enfoque.

 

 Es fascinante comparar la realidad visible y su contraposición con la manera de interpretar del artista; el misterio de la música, el asombro de la movilísima forma transformada en lienzo, en escultura, en "piedra franca". O la escritura, volcada en poema, en narración, ensayo o pieza teatral.

            Este libro sobre El Arte atiende a lo que dejó escrito Augusto Rodin en su testamento:

            "¡Sed verídicos! Esto no significa ser vulgarmente exactos … El arte sólo comienza con la verdad interior. Que todas vuestras formas, todos vuestros colores traduzcan sentimientos."

Como bien dice Alejo Urdaneta, "el arte sostiene con su impulso ideal", los anhelos y necesidades de la humanidad, y este libro es en sí una expresión de arte puro que nos hace amar los géneros artísticos y aquellos hombres y mujeres que nos dejan su legado de verdad y belleza, sin excluir la fealdad, pues esta es solo un concepto subjetivo, un material invalorable para expresar el carácter. Recordemos a Ricardo III en Shakespeare, "dueño de sublime belleza en su extrema fealdad". Un ejemplo de ello son los Aquelarres de Goya, que causan terror y espanto, pero no podemos dejar de escudriñar en ellos la maestría y sensibilidad con que fueron dibujados, así como  el drama individual y social que encierran.

Este libro de Alejo Urdaneta replantea el dilema de qué manifestaciones son o no arte, si las artes pueden se consideradas de igual valor, si la poesía es una obra de arte. Nos induce a recorrer la fascinación de la música, el color y la abstracción, la arquitectura, el arte del lenguaje en todas sus manifestaciones. En relación con la palabra, escribe: “Se ha dicho que Dios creó al hombre para que este contara historias. Esta parábola se relaciona con la necesidad humana de inventar mitos … los mitos dan coherencia a la realidad, indican una armonía entre el pensamiento interno del individuo y la estructura del mundo exterior.”

La intuición, la sensibilidad y la inteligencia se fusionan cada vez que se crea una obra de arte. Así ha sido en el caso de El Arte: una apreciación personal. El esfuerzo creativo transforma  el mundo de manera permanente y prodigiosa y le da una significación trascendente a la transitoriedad de la existencia. Concluyo esta nota con unos versos del poeta español Enrique Gracia Trinidad:

 

Escribir por si alguien, algún día
tiene un dolor de corazón idéntico
o sufre una alegría semejante.
                        Del poema Razón de escribir**

 

 

*EL ARTE: Una apreciación personal, autor Alejo Urdaneta, Editorial Actum 2006

**La poética del vértigo, Antología de Enrique Gracia Trinidad, Estudio y selección de Enrique Viloria, Editorial Jirones de Azul 2007