Jacqueline Goldberg: Lectura de Poemas
Por Carmen Cristina Wolf
El sábado 16 de febrero a las 7 de la noche nos encontramos, por aparente azar, en un lugar desconocido. En compañía de un personaje a quien suelen sucederle aventuras extraordinarias, entré en un recinto intemporal, que recibe al visitante con una mesa llena de libros dispuestos por alguna mano que conoce de disposiciones estéticas. Estanterías llenas de libros, al fondo un sillón antiguo y una mesita de patas torneadas, bromelias y rosas al pie de una escalera con pasamanos de madera. Nos recibe el dueño de la Librería Las Musas, David Malavé, un hombre alto, afable, con un rostro cuyas facciones hubiera elegido Miguel Ángel Buonarrotti para esculpir.
Se trataba de un encuentro con la poesía de Jacqueline Goldberg de quien había leído poemas y escritos hace ya tiempo, pero nunca la había visto. Una mujer joven vestida con sencillez y elegancia, de cutis y rostro renacentista. Luego de una conversación acerca de un viaje a Praga con el poeta, editor y pianista Edgar Vidaurre y dos hermosas damas checas, comienza la conversación con unas palabras introductorias de David Malavé, entusiasmado por la escritura de Jacqueline, y ella inicia con la lectura de unos poemas inéditos de su libro “Palabras mías, señoras del hombre” . Son poemas que podría haber escrito Hanna Arendt en 1946, cuando ella cumplía 40 años, a través de los cuales expresa sus pensamientos y emociones a raíz de la separación forzosa de su amado el filósofo Martin Heidegger. Jacqueline nos cuenta que ella ha imaginado la relación amor-odio entre Hanna y Heidegger, y escuchamos unos poemas magníficos, de los cuales anoto algunos versos, y que Dios me perdone algún error:
“Con sustantivos de amantes, muy cerca de la poesía” … “Viaje recriminatorio hacia el gran silencio” … “Canción venenosa que duerme a los críos” … “Corazón petrificado” … “oigo quebrarse a los míos” … “antigua es ya la felicidad de nuestros forcejeos” … “creo en una gracia que me desmemoriará para ser en ti” … “Exigiré que seas mi huésped” … “Para quien elige ser extranjero sólo hay un abismo” …”Escribo para dejar de pensar”. Desearía escribir sobre el torrente de emociones que me causaron los poemas: dolor, sosiego, comprensión, ternura, ira… Y sobre todo amor, porque vivimos con el propósito de alcanzar el amor, y aun los golpes más hondos hacen que irrumpa una pequeña luz allá, al final del túnel, para los seres humanos que no dejan petrificar su corazón: “perdonamos aquello que no sabemos castigar”.
Bebiendo nuestras copas de vino llegamos al final de la lectura y se oyeron voces que expresaban reflexiones, preguntas, inquietudes, entre ellas la de los poetas Alexis Romero, Edgar Vidaurre, Ruth Hernández y Eleonora Requena, el amigo Oscar Arnal y otras personas desconocidas e interesantes. Sentí que cada poema del libro inédito de Jacqueline es una unidad en sí mismo, pero el poemario tiene un hilo poético estructurado, porque a ella le gusta escribir poemarios con una organicidad temática, más bien que poemas aislados que no tengan nada que ver unos con otros.
David Malavé se levantó del peldaño de la escalera que le sirvió de asiento, con una invitación a nuevos encuentros los sábados, uno de ellos con Antonio López Ortega, y un futuro bautizo de obras póstumas de Ida Gramcko y Elizabeth Schön.
Luego de comprar El cuaderno de Blas Coll de Eugenio Montejo y La noche todavía de Ada María Del Re, editados por bid & co. editor, salí a una calle de otra ciudad, en otro mundo, no sin antes prometerme volver a este lugar desde donde se ven las cosas con ojos distintos.
A continuación un poema de A fuerza de ciudad de Jacqueline Goldberg:
hay un tiempo…
hay un tiempo
de esperas
y calles altas
un hombre
un ángel
un sueño
que escribo
desde siempre
en la madera
del deseo
en los últimos rincones
de lo que
simplemente
no puedo decir
**Hanna Arendt, hija de padres judíos laicos, nació en Linden (hoy día parte de Hanóver) Estudió filosofía con Martin Heidegger en la Universidad de Marburgo, con quien tuvo una larga y esporádica relación romántica, lo que le valió críticas debido a las afinidades de él con el Partido Nacional Socialista. Durante uno de sus cortes de trato personal con Heidegger, Arendt se mudó a Heidelberg para escribir su tesis doctoral sobre el concepto de amor en el pensamiento de San Agustín, bajo la dirección del filósofo y psiquiatra existencialista Karl Jaspers. La tesis fue publicada en 1929, pero debido a su condición judía fue inhabilitada para el ejercicio de la enseñanza en universidades alemanas en 1933. Tuvo que trasladarse a París, donde conoció y entabló amistad con el crítico literario y místico Walter Benjamin, y colaboró con la ayuda a refugiados judíos. Con la ocupación militar alemana de algunas partes de Francia que siguió a la declaración de guerra francesa durante la Segunda Guerra Mundial, y la deportación de judíos a campos de concentración, Hanna Arendt estuvo en el Campo de Gurs y tuvo que escapar de Francia.En 1940, se casó en segundas nupcias con el poeta y filósofo alemán Heinrich Blücher y emigró a los Estados Unidos. Después de la Segunda Guerra Mundial, retomó el contacto con Heidegger y testificó a su favor en el proceso de desnazificación de Alemania. Al respecto, véase: Hannah Arendt / Martin Heidegger: Correspondencia 1925-1975 y otros documentos de los legados, Editorial Herder, Barcelona, 2000. Traducción de Adan Kovacsics. En 1951 se nacionalizó estadounidense.Sus aportaciones sobre la naturaleza de la política en el siglo XX siguen siendo de referencia por su originalidad, su honradez y su falta de retórica propagandística. En sus trabajos, Arendt trata sobre la naturaleza del poder y temas como la política, la autoridad y el totalitarismo en general y sobre la Shoah. Sus finos análisis sobre la sociedad que la rodeaba la encumbran como una de las más grandes pensadoras de todos los tiempos. (Resumen de http://es.wikipedia.org)

Una crónica que invita a visitar la Librería y leer a la poeta Goldberg. Gracias fernando Bosch
Comment by Carmen Cristina Wolf — February 18, 2008 @ 11:55 pm