Del capítulo III Las huellas del éxtasis

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Desde mi casa he visitado el mundo
y navegué por mares como espejos de escarcha.
Atravesé mil puentes
recorrí los idiomas y los ritos
me asomé a los deseos de los hombres.

Seguí incansable las huellas del  éxtasis
en los lugares y en los libros.
Subí a lo alto de las catedrales
visité templos  centenarios
me adentré en viejos mapas
atravesé las estepas de América
pregunté al cóndor y al leopardo
todo cuanto miré se convirtió en memoria

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¿Y la felicidad?
habitaba en los muros, las ventanas, las mesas
a veces se escondía detrás de un mueble
y sonreía al ver mi afán ingenuo
siempre esquiva, siempre más allá.
A veces me acompañaba un rato
y se dejaba zarandear por el fuego.

La felicidad estaba allí,
era un aroma mínimo
en el corazón de las cosas.

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Una casa se crea
con unos cuantos libros
la mesa y unos lápices.
Si alguna vez tuviera que entregarlo todo
me será muy difícil no aferrarme a  mis libros.

Cuando salgo de viaje
mi casa  va conmigo.
Llevo también algunos versos
y amarro el corazón al equipaje
para que no se vaya repartiendo
en el corazón de los amigos 
o en algún lienzo del pintor.

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Todos los días
mi casa va abriendo sus ventanas
hacia otras maneras de mirar.
Es un camino
que conduce a todas partes
y cuando estoy en ella  nunca sé
desde donde y hacia donde partir.

Escribe un poema para mí

Autora: Carmen Cristina Wolf

Ediciones del Círculo de Escritores de Venezuela