Su imagen, despojada de vida,
prisionera del mundo y del olvido.
Su rostro, mensaje sin palabras,
lacerando la noche de párpados caídos.
¡Hoy, más que nunca
es preciso alentar a los vencidos
sembrar flores azules!
¡En campos de azucenas
acariciar el rostro del anciano
y fabricarle sueños a los niños!
se hace potente su eco
traspasando las selvas y manglares!
hacia la aurora
de claras libertades.
