A INGRID BETANCOURT
Un hálito desfallece en la selva. A cada minuto vuelan las campanas de su alma. Ya no hay fuerzas. Es sólo una señal de su propio calvario. Un circo romano del revés se apodera de su frágil grito para acallarlo con gritos de ignominia. En algunos corazones florece la vergüenza; en otros, el desprecio. Propio de un imperio que se resiste a morir –el de la muerte-, hace crujir sus huesos como las inservibles hojas que engordan la tierra. Ella, pobrecita, levanta la vista y no ve el cielo. Se deja estar ante lo inevitable. Ahora no hay hijos, marido o madre que puedan confortarla. Está sola y casi inerte. Pero una consigna, quejumbrosa como un ruego, tal vez logre hacer lo que es apenas posible: creer en la redención humana. Es por ello que le imploro: "no te mueras Ingrid; por favor, no te mueras…"
© Juan José Mestre

Muchas gracias al poeta José Mestre por su generosidad al permitirme publicar este sentido poema a Ingrid Betancourt. Un abrazo, amigo
Comment by Carmen Cristina Wolf — March 21, 2008 @ 4:05 pm
Gracias a ti, Carmen Cristina, por publicar el texto en tu espacio.
Otro abrazo, Amiga.
Comment by Juan José Mestre — March 21, 2008 @ 4:28 pm