Por Carmen Victoria Méndez

Fuente: www.Talcualdigital.com
 

Valencia. Eugenio Montejo, uno de los poetas venezolanos más importantes de la contemporaneidad, no se equivocó cuando escribió: Dura menos un hombre que una vela / pero la tierra prefiere su lumbre / para seguir el paso de los astros.

El ganador del Premio Octavio Paz 2004 murió el pasado jueves en una clínica de la capital carabobeña, a los 70 años, víctima de un cáncer. Su partida fue súbita. Cuatro meses atrás, aún se le veía en encuentros literarios y librerías.

Asimismo, los entendidos en su obra consideran que Montejo se despidió en un momento cumbre de su quehacer literario.

La obra de Montejo abarca libros de poemas como Elegos (1967), Muerte y memoria (1972), Algunas palabras (1977), Terredad (1978), Trópico absoluto (1982) y Alfabeto del mundo (1986). Como ensayista produjo La ventana oblicua (1974), El taller blanco (1983) y El cuaderno de Blas Coll (1981).

Antología póstuma. La noticia de su muerte coincidió con la presentación en la Feria de Madrid de una antología de poemas venezolanos en la cual aparecen algunos de sus textos. Se trata del libro Conversación con la intemperie, donde figuran también José Antonio Ramos Sucre, Vicente Gerbasi, Juan Sánchez Peláez, Rafael Cadenas y Guillermo Sucre Los funerales de Montejo tuvieron lugar en Valencia, la ciudad donde este caraqueño (19382008) se radicó en la década de los sesenta. Allí estudió Derecho en la Universidad de Carabobo y fundó la revista Poesía. El "Caballero de las letras" fue despedido por importantes figuras del ámbito literario. El poeta Alejandro Oliveros recordó que cuando Montejo comenzó a publicar en Valencia, el país estaba sumido en la violencia política y verbal. "Eugenio y otros amigos como Teófilo Tortolero y J.M Villarroel París crearon un grupo que propuso hacer una poesía menos violenta y más clásica: poemas cortos, bien escritos, con temas universales. Esa manera de escribir, esa estética de un verso reflexivo influyó mucho en lo que se iba a conocer como los poetas de Valencia".

Montejo también contribuyó con la integración cultural de Valencia al mapa nacional. "Él combatió el aislacionismo, una suerte de parroquianismo que había en Valencia en los sesenta y setenta", dice Oliveros. El autor recuerda que en esa época la Bienal Rafael Pocaterra solo admitía a escritores carabobeños. "Eugenio fue una de las personas que luchó para que ese premio tuviera alcance nacional. Él comenzó a fomentar una especie de cultura más cosmopolita, de puertas abiertas".

A su llegada a Valencia, Montejo fundó la revista Azar Rey, como también se denominaba el grupo que conformó con Tortolero y Villarroel entre 1968 y 1969. Estos tres poetas erigieron una voz importante en la cultura local. Más tarde se les unieron Alejandro Oliveros, Reynaldo Pérez Só y Pepe Barrueta. Posteriomente, Montejo fue director de Monte Ávila y consejero cultural en la Embajada de Venezuela en Lisboa.

Las agencias internacionales lo recordaron el viernes como un autor que "defendió siempre que los escritores pertenecen más a una época que a una geografía".

Montejo fue cosmopolita e internacional. Así lo recuerda Daniel La Barca, presidente de Fundacine de Carabobo, quien también asistió al funeral. "Vivió un tiempo en nuestra casa en Londres. Era un hombre con una gran sensibilidad para su trabajo de la poesía y el ensayo, además era un gran caballero. Su vida giró en torno a quehacer de la palabra con pasión y rigurosidad".

El hito más grande de este quehacer fue la obtención del Premio Octavio Paz de Poesía y Ensayo en 2004. Montejo también es Premio Nacional de Literatura. Hace algunos años ingresó a la llamada cultura pop, cuando el cineasta mexicano Alejandro González Iñárritu incluyó uno de sus poemas en la película 21 gramos. También es autor del libro Alirio Palacios, que recoge la obra del pintor de Tucupita. Palacios era a Montejo "lo que Auguste Rodin a Rainer Maria Rilke", dijo el poeta en la presentación de este volumen en 2006.

Su despedida congregó a amigos y familiares. Rafael Cadenas, Antonio López Ortega, Eduardo Liendo y Luis Alberto Crespo fueron algunos de los intelectuales que estuvieron presentes en su último adiós. Será recordado siempre por el valor de sus palabras.