BIENVENIDA LA ESCRITORA MARÍA ISABEL NOVILLO

Se encuentra en Caracas la escritora de Mérida María Isabel Novillo, voz poética de gran sensibilidad y certera escritura. Tuve la fortuna de conocerla y de leer el poema Maestra Vida, una hermosura que conmueve el alma.

En http://noticias.eluniversal.com/verbigracia, leemos: Porta un anillo, "insignia natural de los solitarios", que la señala como perteneciente al grupo
de aquellos que "guardan la llave tras el amor / de sus pupilas", un anillo fundido al fuego de sus -diríase- alquímicos saberes (de los que hiciera gala con su poemario Metálica virtud, merecedor del Premio Casa de la Cultura de Maracay/ 1992). María Isabel Novillo escribe a la escucha de los acordes musicales que guían sus pasos por los meandros del lenguaje poético, desde sí misma y tras la rosa de la promesa que, como sugiere, es práctica de quienes integran el linaje de los suyos:
los peregrinos, imagen emblema con la que da título al nuevo libro
del que aquí adelanta algunos textos
Fuente: http://noticias.eluniversal.com/verbigracia
Rosalía de Castro, en Santiago de Compostella escribe:
El sábado 7 de octubre se trasmitió por Radio Portales , en el programa Carretera Cultural, una entrevista en las que conversamos, entre otras cosas, de este Encuentro. La entrevista realizada por Carlos Calderón resultó muy interesante, ya que participó una escultora y otra poeta. Corto se hizo el tiempo para comentar todo lo que hubiésemos querido compartir con los auditores. Entre ello, un poema de una excelente poeta venezolana: María Isabel Novillo, de su libro Poemas Peregrinos. Este poema representa para mí el símbolo del entrecruzamiento de pueblos y culturas que tan bien se vio reflejado en este encuentro de Galicia, una verdadera fiesta de las letras y de la hermandad de los países del mundo en palabras de mujer.

MAESTRA VIDA

Poema de María Isabel Novillo

Era una mercader de Templo.

Tenderete pequeño entre sus faldas:
una sobre otra, al uso de su raza.
Ofrecía campanas y cristales de cuarzo
sentada en la escalera -hacia la izuierda
entrando- a las puertas de la Catedral de Lima.

Te compré una campana de raro timbre, puro.
No los cuarzos que, aunque bellos, te dije,
eran caros. (Uno no sabe cuán pobre está)

y tú: "señora, señora" me decías
ajustando los precios
con la voz cantadita, bajita, de tu raza.

Y hubo algo. Me miraste a los ojos.

Tus ojos de quietud:

Silencio y soledad del altiplano.

Hubo algo

(Imposible decir el cómo la lección
entra y te toca)

"Señora, tómelos. De regalo"

En tus manos, modestas, la luz era cristal.

Lucía, te llamabas.

Sí. Claro que ví la miseria en Lima.

Ví la mía.

Señora, me decías. Y no sabes
que todo el Señorío

iba en tí.

Fuente: http://anamariavieiravera.blogspot.com