LA LLAMA INCESANTE, Aforismos

                                 Carmen Cristina Wolf

 

CAPÍTULO II
El verbo enamorado
La palabra es la flor del pensamiento
y yo florezco toda en mis palabras.
       
La luz, la noche y el océano hablan un lenguaje
que parece el lenguaje de Dios.
       
La presencia del lenguaje es  fuego que no cesa.
       
La palabra no dice la cosa, sólo adivina su sombra.
       
El poema: caída de la máscara, confesión  del alma.
Lo fugaz y lo eterno en un instante: es la poesía.
       
Cuando el lenguaje se envilece los pueblos naufragan
       
Vivo en un mundo creado por mi propio lenguaje.
       
Cuesta trabajo poner a las palabras a decir lo que el poeta quiere que digan.
       
Hay palabras que atraviesan desiertos y suben rocas escarpadas sin perderse. Esas son las esenciales.
       
La poesía se aleja del poder como los trenes de las estaciones.
       
No confío en las personas que no aman  el lenguaje.
       
El poema rescata las palabras de la tiranía de los usos y significados establecidos.
       
Nos fusionamos unos a otros gracias a las frases.
El poeta ve las mismas cosas y las nombra como si fuesen nuevas.
Escuché una voz que me hizo recordar la importancia del rocío.
       
A menudo el poema esconde su sentido entre los pétalos.
       
El relámpago roza la eternidad. Así es el poema.
       
Inmensa es la tenacidad de los vocablos por nombrar las cosas. Si lo logran, la palabra se olvida. Sólo cuenta la esencia.
La verdad última no puede ser dicha.
La palabra se aproxima a ella sin tocarla.
El poeta desencubre  un celaje de la esencia en las cosas.
       
Cuando se agotan las respuestas
ante el misterio de la muerte, sólo hay una respuesta
¡oh feliz  muerte!
CAPÍTULO III
El misterio del fuego
El arrebato del amor todo lo transforma.
Se es capaz de afrontar cualquier riesgo y escapar de todas las prisiones.
El poder le teme al amor, porque el amor no teme a nada.
El odio desdibuja al otro  hasta que sólo queda de él  una sombra amenazante.
Aprendo el arte de ver en tus ojos más allá de tus ojos.
Pueden quitármelo todo y aún así, lo tengo todo.
Déjame ver en ti lo que está más allá de ti.
No abandono a mis amigos. Así cuido de mí mismo.
Los enamorados terminan detestándose cuando no aman, en primer lugar, al amor.
Vivo con el propósito de amar.
Las distracciones del  camino hacen que lo olvide.
Capítulos II y III del libro La llama incesante, Aforismos,

Autora: Carmen Cristina Wolf. Editorial Diosa Blanca 2006. (Edición agotada)