"Vaya, paisano, dígale que canto solo "…
Las primeras canciones que aprendí a cantar acompañada con el cuatro fueron de Otilio Galíndez. Ahora, Mi tripón, Son chispitas, Caramba, Luna Decembrina. Con mis discos de Lilia Vera, Cecilia Todd y Serenata Guayanesa. Siempre comenté con mis amigos músicos la predilección que sentía por sus composiciones. No me siento triste Otilio, porque no te has ido, con nosotros se queda tu manera de ver y contar las cosas que te rodearon, y ahora más que nunca interpretaré solita en mi casa tus canciones. Como decías tú:
"Vaya paisano, dígale que canto solo
que ya rompí con el silencio del verano …"
Carmen Cristina Wolf. Caracas, 15 de junio de 2009
Como un homenaje, a continuación transcribo la emocionada nota del escritor y amigo Eduardo Casanova:
Adiós a Otilio Galíndez
Por Eduardo Casanova
En la década de 1970, gracias a Oswaldo Lares y a Lilia Vera, descubrí la música y la poesía de Otilio Galíndez. Quiso la suerte que me encargara de la gestión cultural de la Gobernación del Distrito Federal en 1974, y una de las bazas de mi gestión fue, justamente, Lilia Vera, cuya voz magnífica recorrió, regando flores, los caminos de Caracas. Y entre las flores más bellas estuvieron las admirables canciones de Otilio. “Caramba”, “La Restinga”, “Pueblos Tristes”, “Mi tripón”, “Luna Dicembrina”, “Ahora”, “Flor de mayo”, “Son chispitas”, piezas armoniosas, llenas a poesía y a veces de un humor delicioso, se dieron a conocer entonces gracias a aquel plan que llevó la música a las plazas públicas caraqueñas, en buena parte por el convenio que, sin ceremonias, hicimos Oswaldo Lares (“Convenezuela”) y yo, al que se sumaron, además de Lilia, Roberto y Cecilia Todd, entre muchos otros. Poco después, de aquella primavera musical de los 70, surgieron grabaciones que permitirían al gran público conocer la obra de Otilio.
Compartimos amigos entrañables en Maracay y en Caracas, y uno de ellos, el gran poeta Alberto Hernández, me avisó hoy, 14 de junio de 2009, que Otilio ya no podrá seguir cantando, ni sobrio ni entre las nubes del alma. De inmediato me vino a la memoria aquella tarde en la casa de Oswaldo Lares, en enero o febrero de 1974, cuando una señora amable y muy bella se le acercó a Otilio y le dijo: “Otilio: nunca te había oído cantar tan bien”, y Otilio, con una sonrisa de muchos cielos, le respondió: “Es que nunca me habías oído cantar tan borracho”. Nació el 13 de diciembre de 1935, día de Santa Lucía, en Yaritagua, en el estado Yaracuy, y como cuenta también con mucho humor Miguel Delgado Estévez, en realidad nunca fue bedel de la Universidad. Pero esa conseja era parte de su leyenda. A toda Venezuela le envío un auténtico mensaje de condolencia. Y a los ángeles del cielo, si es que existen, mi felicitación por ese nuevo ángel que en las alturas canta desde este 13 de junio de 2009.
