Cuál promesa nos salva en las caídas?
¿De cuánta llagadura somos huella?
Lidia Salas
Fragmento del poema XIV, Mambo Café
Lidia Salas nació en Colombia y reside desde hace muchos años en Caracas. Es Magister en Literatura de la Universidad Central de Venezuela, poeta, ensayista, crítico literario y profesora de Idiomas. Autora de los poemarios: Arañando el silencio, Mención de Honor del Primer Concurso de Poesía Libre de la Universidad de Córdoba, Colombia (1984),Coautora con Elena Vera de la Antología Quaterni Deni. (1992). Mambo Café, 1º Mención de Concurso de la I Bienal del Ateneo Casa de Aguas (1994). Venturosa Premio Unico Mención Poesía del VII Concurso Nacional del IPASME (1995) . Luna de Tarot (Ediciones Círculo de Escritores de Venezuela. 2000). Y de las Plaquettes Sedas de Otoño (Taller Editorial El pez Soluble, 2006). Itinerario Fugaz editado por la Universidad Nacional Abierta en 2008.
Ha sido invitada a la Celebración de la Semana Hispánica por la Universidad de Clemson (Carolina del Sur, USA) en 1989 donde leyó su ensayo “Voces de mujeres en la poesía Venezolana” y a la II Bienal de Poesía Hispanoamericana en la Universidad de George town, Washington. Usa 1997, en donde disertó sobre la vida y obra del poeta chicano Tino Villanueva. Presentó una ponencia sobre la novelística de Marisol Marrero en el Octavo Encuentro Internacional de Escritoras 2008, que se realizó en Caracas. Recientemente dictó una conferencia sobre la vida y obra de Enriqueta Arvelo Larriva en la Sala Cabrujas del Centro de Cultura Chacao en Caracas.
De una selecta obra publicada, he elegido un poema de “Sedas de otoño”, plaquette editada por El pez soluble (Caracas 2006).
Estos versos evocan un pasaje en la vida de Sherezada, protagonista de Las Mil y una Noches, prisionera del poder absoluto en un lugar de costumbres atávicas. En cualquier país puede erigirse un gobernante que pretende ser dueño de la vida y la muerte de sus súbditos, y desea que le rindan pleitesía a todos sus caprichos. La sensibilidad de Lidia capta un drama íntimo y en forma de collage dibuja una mujer que puede ser cualquiera de nosotras, o ella misma como espectadora y con una gran ternura salva a Sherezada de su destino trágico a través de la inocencia:
Matices
Extraviada en la ciudad de nadie.
Me orienta la anciana que lo ha perdido todo.
En el templo, mi plegaria se extingue
Ante el silencio de la llama.
El aroma de la cera derretida es hermosa respuesta.
Vi las esencias y los aderezos en el bazar e jades.
Sherezada ignora la amenaza terrible del Islam.
En su jardín, es íntima la muerte
Como aliento de azahar en la penumbra.
Soy otra en los brazos del extraño
Aquella que el tiempo deshizo en nostalgias.
Traduce mucho de lo que pienso sobre la escritura de Lidia Salas esta aproximación a su poesía que expresa el poeta Marco Ramírez Murzi en 1994, sobre el libro de Salas Mambo Café: “… es una expresión de la nocturnidad. Del humo. Da la compañía, entre rostros errantes. De la música de Jazz, que cae, gota a gota, sobre el alma… Es una poesía fuerte, de palabras que se callan paro se sugieren, de pasiones que se muestran a medias y solidamente se esconden… Lidia me ha sorprendido … por la fuerza con que dispara en la poesía, hasta herir mortalmente. Por el poder absoluto que aprisiona bajo su piel. Por este verso caribeño, auténtico, destellante, expresivo, diciente y significante …”
Refiriéndose al libro Arañando el silencio, Gustavo García Márquez escribe lo siguiente: “La semántica de estos poemas despojada de falsas posturas innovadoras y laberínticas figuras que alejan la poesía de hoy del ejercicio mismo de la vida nos devuelve al tiempo cuando el hombre podía compartir con los poetas los mismos sueños, una nostalgia idéntica, el silencio de siempre”…
Acerca de su obra Venturosa, leemos estas impresiones de la escritora venezolana Magaly Salazar Sanabria: “Es un texto de simultaneidades profundas, manifestado como una unidad … el claroscuro de la muerte y la esperanza. La muerte va en busca de la vida… La prpuesta metafórica de Venturosa habita los umbrales de la metafísica, por eso el lenguaje establece una polaridad dramática entre la desdicha y la posibilidad de la vida, entre la muerte y el eros, entre la separación y el deseo.”
Lidia Salas es una poeta de profunda reflexión filosófica, de esencias. Su poética, sin embargo, está sembrada de sensualidad y gozo por la existencia, aunque constantemente vuelve la mirada a la severa interrogante de lo efímero, al difícil camino de los hombres y mujeres del mundo. Y ella no pierde nunca la delicadeza, el cuidadoso respeto por las palabras, la sutileza y una inocencia que cae como rocío en el espíritu. Leamos este poema:
Arañando el silencio:
d tu infancia agazapado
e las palabras
y tu acento
siempre incierto;
sosteniéndote a la espera
Con el miedo a las alforjas …
Ese grito en tus pupilas
como pájaro enjaulado en el silencio …
La voz poética de Lidia Salas canta sin miedo, transmite con fuerza un “encantamiento voraz”, un placer y embeleso que siempre sorprende al lector, como ella misma escribe a su admirado Ray Charles cuando canta
“Georgia on my mind”:
Ray Charles
las sedas de tu grito
y el impávido gesto de tus dedos
establecen a Georgia en mi memoria
…
Tu piano de sangres hechizadas
era dulce celada en los encuentros
Era rojo tizón de otros labios
¡Cómo ardieron los tenues crisantemos!
