Notas sobre librosSeptember 12, 2009 1:23 pm

Por Carmen Cristina Wolf

La Colección Papiros de la Editorial Equinoccio envía gentilmente al Círculo de Escritores de Venezuela el libro Estancias, del autor venezolano Rafael Castillo Zapata. Entrar en los aposentos de esta casa que es el poemario de Castillo Zapata, trae a mi memoria la emocionada sensación que sentí cuando me introduje por primera vez en el espejo de Alicia en el País de las Maravillas. Sin tener absolutamente nada que ver el relato de Carroll con la poética decantada y serena de RCZ, el libro Estancias produce un deleite y un encantamiento similar, porque la belleza duele y a veces causa escalofríos. No puedo en este instante escribir el ensayo que va tomando forma en mi mente sobre este libro, porque voy saliendo de viaje a un lugar remoto.

Mas he de llevar este poemario en mi equipaje, porque no se puede dejar un libro así, tirado en una mesa, esperando mis ojos.

Y no puedo dejar de compartir con ustedes el poema 5 de Parte de piedra, para que el rompeolas en esta playa de palabras lo arrope por las tardes:

5
Trabajado por las aguas en las orillas, lavado, pulido
por los vientos que lo llevarían y traerían por las estepas
del lenguaje, arrollado, arrastrando polvo, el poema
viviría en la en la plenitud de la libertad de no deberle nada a
quien lo toma y lo arroja lejos de sí o lo conserva como
un rugoso tesoro en la mano.

Rafael Castillo Zapata
(p. 13 del libro Estancias, E. Equinoccio 2009)

Guardo la piedra como el poema, en la mano y en el espíritu. Mi gratitud
a la Providence por traer a mis arenas esta poesía de
madera, piedra, fuego y mar.

Notas sobre librosSeptember 11, 2009 4:17 pm

Por Joaquín Marta Sosa

Las antologías tienen una importancia insustituible, la de permitirnos una visión a la vez panorámica y precisa gracias a una muestra de calidad representativa de un género o de una literatura. De este modo, son un material extremadamente democrático pues sirven al especialista, al investigador y hasta al simple lector sea éste entendido o intruso en la materia. Si, además, la antología resulta amplia y los textos seleccionados guardan un valor literario difícil de discutir (como debería ser siempre), estaremos frente a una obra no sólo de consulta imprescindible sino de lectura gozosa. Es lo que ocurre con En-obra, vasto mural de la joven poesía venezolana publicada desde mediados de los ochenta del siglo recién pasado, cuya autoría se debe a Gina Saraceni (poeta ella misma, Doctora en letras, crítica literaria y ensayista, con vasta experiencia como antologista, profesora de literatura y traductora -por ejemplo, de la poesía de Rafael Cadenas al italiano-).

En esta antología habitan los poemas de más de setenta poetas nacidos, con una sóla excepción, entre 1960 y 1980, de tal modo que el bosque transparente que se ofrece a nuestros ojos abarca los cantos de algo más de un cuarto de siglo, a horcajadas entre el XX y el XXI. Esta ofrenda, además de exhaustiva y minuciosa es extremadamente completa y representativa de un país al que se le da muy bien la poesía, al punto de que en nuestra lengua, y no sólo en ella, no desmerece en calidad comparada con cualquiera otra. En efecto, si Uslar Pietri afirmó hacia finales de los 50 que la novela hispanoamericana era de las mejores del mundo y que la venezolana era la mejor de Hispanoamérica, criterio un punto excesivo, hoy, sin necesidad de exagerar, se podría decir lo mismo pero de nuestra poesía. Y a manera de expediente confirmatorio de tal valoración sirve cumplidamente esta antología. Y algo más, de allí que se titule En-obra, es una antología de poesía y poetas que aún no han dicho su última palabra, que están muy lejos de decirla, salvo en el lamentable caso de dos de ellos (Martha Kornblith y Leonardo Luzón, cuyos renglones los estarán escribiendo ahora en quién sabe cuál rincón del cosmos), por lo cual este libro anticipa que nuestros grandes poetas tendrán sucesores dignos gracias a las voces plurales, plenas de soberanía y de fuerza estética, articuladas sobre una potente conciencia moral que en nada está por debajo de nuestra tradición y que este libro documenta a plenitud.

En él encontramos de cuerpo entero a nuestra época y nuestro país, es decir, a una poesía de innegable soporte urbano; cargada de ironía y escepticismo e imbatible en el rigor de su revisión de la poética misma, en sus desafíos al lenguaje, a la palabra, a la vez que es retada por éstos; regada, sin duda, por tiempos críticos, los del hoy y aquí, donde el yo tanto poético como personal no se deja derrotar por ninguna determinación colectivista y menos aún uniformadora; entreverada a fondo bien por la cotidianidad más directa, bien por las palpitaciones metafísicas; intensamente comprometida con su tarea reveladora así como signada por un curioso desenfado reflexivo. Y prendidos en esa urdimbre asistimos a los temas humanos de siempre, seguramente porque siempre somos humanos, vistos y vividos con los ojos de una conciencia actual, que navega en el presente, ese tiempo que inevitablemente nos sella con su cuerpo inserto en este día y cuyas raíces muerden el pretérito y sus manos tratan de alcanzar el porvenir. Nada nuevo, se podría decir, pero sería decir poco pues la eterna tarea humana es la misma y distinta cada día.

La poesía es el vicio de la lectura solitaria, del estar a solas con uno mismo. De allí que la mayoría prefiera oírla (los recitales suelen estar pobladísimos) antes que leerla (nos hemos ido desacostumbrando a visitarnos a nosotros mismos, sin intermediarios como lo hace el poema, que puede convertirse en tu yo hurgado por tus propios puñales y alimentado en tu propia sangre para nutrirte de ella). Pero en el caso de esta antología, la verdad es que leerla deviene en una situación tan grata que nos es fácil abandonarla a pesar de tánto como nos compromete, y tenemos que hacerlo porque no es libro para ser leído de un tirón, sino sorbo a sorbo, copa a copa, desde la poesía de insólita finura del sacerdote Christian Díaz-Yépez hasta la oscuramente estremecedora de Patricia Guzmán, pasando por la engañosamente racional de Luis Enrique Belmonte, la hondamente arquetípica de Carmen Verde Arocha o la sobriamente esencial de Arturo Gutiérrez Plaza.

“Al final de la neblina, este verde nos aloja hasta / volverse pertenencia. / Nos levantamos en primavera para no estar solos / con el mundo” escribe Belén Ojeda; y Alberto Barrera Tyzska propone que la poética “Ha de ser limpia y brillante, / como una hoja de afeitar / hundida en una copa de vino. // Como un tallo de albahaca / sobre el hielo. // Ha de ser mortal, / siempre. // Como el deseo.” Poesía, ¿como podré decirlo?, limpia, obsesivamente honrada con la condición inexcusable de la creación, la de ser libre, la de abrirse a la imaginación para mejor apegarse a la encarnación de esta especie que somos, pródiga y enigmática, solitaria y gregaria, sedentaria y errabunda, contradictoria como ninguna otra, falaz y milagrosa, y, según se vea, jardín de mil flores o desierto donde anida un sinfín de granos de arena, cada uno con su particular composición y dimensión.

Y por si algo falta, esta obra brinda un plus: el estudio introductorio escrito por Gina Saraceni, TENTATIVAS (notas de lectura) lo denomina, informado al detalle, analítico y preciso, centrado en los poetas sin abandonar el contexto histórico y social del que emergen, suerte de mapa de ruta para que no nos perdamos en la lectura pero también para que en ella no sigamos un sólo derrotero sino para que estemos dispuesto a las decenas de poéticas que propone y hace posible.

Libro de cabecera, de viaje, de vacaciones, de labor, de escritorio, de reflexión, de alerta; en suma, de salvación de un lenguaje que por tantos lados insisten en deteriorarlo mediante usos miserablemente deshonestos. En-obra muestra la probidad hecha poesía.

Fuente: http://prodavinci.com

 

 

 

Poesía de SiempreSeptember 9, 2009 11:25 pm
La editorial Equinoccio felicita afectuosamente al autor Rafael
Cadenas por haber obtenido el Premio Internacional de Literatura y
Lenguas Romances 2009, un prestigioso galardón, anteriormente conocido
como “Premio Juan Rulfo”, vinculado a la Feria Internacional del Libro
de Guadalajara, el cual le será entregado este próximo noviembre en el
marco de la feria.
Uno de los poetas venezolanos más distinguidos, con una larga y
consistente trayectoria intelectual, académica y ciudadana, Cadenas es
el primer venezolano en recibir este galardón, otorgado antes a
figuras principalísimas de las letras hispanas como Nicanor Parra
(1991), Juan José Arreola (1992), Eliseo Diego (1993), Julio Ramón
Ribeyro (1994), Nélida Piñón (1995), Augusto Monterroso (1996), Juan
Marsé (1997), Olga Orozco (1998), Sergio Pitol (1999), Juan Gelman
(2000), Juan García Ponce (2001), Cintio Vitier (2002), Rubem Fonseca
(2003), Juan Goytisolo (2004), Tomás Segovia (2005), Carlos Monsiváis
(2006), Fernando del Paso (2007) y António Lobo Antunes (2008).
Según el veredicto del jurado, la palabra de Cadenas es “un exigente
ejercicio crítico en busca de la expresión más auténtica, despojada y
límpida, lejos de cualquier retórica o de cualquier afán estilístico o
estético. (…) Lúcido y vigilante, Cadenas no ha dudado en ir rompiendo
con las formas, los géneros y los discursos más frecuentes dentro de
la poesía moderna”.
Entre sus obras de poesía se encuentran Cantos iniciales (1946), Una
isla (1958), Los Cuadernos del destierro (1960), Derrota (1963),
Falsas maniobras (1960), Anotaciones (1973), Intemperie (1977),
Memorial (1977), Amante (1983), Dichos (1992) y Gestiones (1992). El
Fondo de Cultura Económica publicó en el 2000 su Obra entera. Ha
recibido el Premio Nacional de Literatura en Venezuela, el Premio
Internacional de Poesía Pérez Bonalde, la Beca Guggenheim y doctorados
Honoris Causa de la UCV y la ULA. Es profesor jubilado de la Escuela
de Letras de la UCV, traductor de poesía inglesa y cuenta con una
amplia obra de ensayo en la que destacan sus libros En torno al
lenguaje (1984), los Apuntes sobre San Juan de la Cruz y la mística
(1995) y, en nuestra editorial Equinoccio, Realidad y literatura,
publicado originalmente en 1979 y reeditado en 2007.

Carlos Pacheco

Director de Equinoccio

Círculo de Escritores de VenezuelaSeptember 2, 2009 1:21 pm

El Círculo de Escritores de Venezuela se une al regocijo por el Premio otorgado al escritor venezolano Rafael Cadenas, Feria Internacional del Libro de Guadalajara, conocido como Juan Rulfo.
Cadenas es Miembro Emérito del Círculo de Escritores de Venezuela,
y recibió la Medalla Internacional de Poesía Vicente Gerbasi en el 2005, otorgado por dicha Organización.


 El poeta venezolano Rafael Cadenas obtuvo este lunes en México el Premio de Literatura en Lenguas Romances 2009 que otorga la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), la principal cita editorial del mundo hispano.

"Lúcido y vigilante, Cadenas no ha dudado en ir rompiendo con la forma, los géneros y los discursos más frecuentes dentro de la poesía moderna", apuntó el jurado en su dictamen, anunciado en una rueda de prensa en la ciudad mexicana de Guadalajara, en el occidente del país. " … Leer más en elnacional.com.

Respuestas al diario El Impulso en entrevista realizada a la escritora venezolana Carmen Cristina Wolf:
1) A su juicio, ¿cuál ha sido el aporte de Rafael Cadenas a las letras venezolanas?
La voz poética  de Cadenas es absolutamente auténtica, genuina, lúcida, penetrante. Recrea una visión del mundo fruto de un pensamiento de alcance universal.

2) En el trabajo poético que usted ha desarrollado, ¿ha tenido Cadenas alguna influencia o es su referencia profesional?


A raíz de haber estudiado su obra he aprendido a no traicionarme. Las reflexiones de Rafael Cadenas sobre el lenguaje, han calado muy hondo en el respeto y el cuidado que me merece el uso de la palabra. No es un asunto de afincarse en el sentido utilitario de dominar una lengua, más bien se trata del dolor que causa el incomprensible desprecio por aquello que nos es más ínsito. No amar el lenguaje es dejar de amarnos a nosotros mismos y es lo esencial que me ha enseñado Cadenas.

3) En el aspecto personal, ¿qué destaca del poeta como hombre, como ser humano?
De su manera de ser, me encanta que se confiesa aprendiz, siempre joven ante el hallazgo que es la misma vida. A veces saluda con una secreta alegría y en ocasiones me parece que  mira pero no me está viendo y hace un esfuerzo para saludar, como si no estuviera allí. Otro día vuelvo a encontrarle sentado en un quicio a la espera de que abran las puertas de algún  teatro y nuevamente sonríe enigmático, juvenil, y sus ojos ámbar se vuelven claros como el  color de su  portafolio de cuero. Me recuerda unas líneas de El Lobo estepario: “él había pensado más que  otros hombres, poseía en asuntos del espíritu aquella serena objetividad y sabiduría que sólo tienen las personas verdaderamente espirituales a las que falta toda ambición y nunca desean brillar, ni convencer a los demás, ni siquiera tener razón” (Hermann Hesse). Rafael Cadenas permanece siempre a contraluz, en los linderos del misterio, transformado día a día en la medida en que crece su obra.  Su lenguaje se enriquece y se amplía su comprensión amorosa hacia el ser humano. Es lo que percibo en su poesía y siento que ninguno de sus poemas es prescindible, cosa poco frecuente en la obra de la mayoría de los escritores.

Su estar en el mundo inspira una gran paz. Él es un postigo entreabierto,  un vértigo hondo de presencia, un ejemplo  de ser humano auténtico, cuya escritura va unida a su ser y estar en el mundo.

Caracas, 2 de septiembre de 2009