CartasAugust 10, 2008 2:32 pm

LA SOCIEDAD CIVIL VENEZOLANA BURLADA

Un régimen militar totalitario con apariencia democrática.

Por Carmen Cristina Wolf

Como mujer venezolana, escritora y Abogado de la República, a título estrictamente personal, en esta hora tan grave que vive nuestro país me sumo a las valientes voces del Movimiento 2D, Democracia y Libertad. Mediante una treta seudo legal, se trata de imponer a través de 26 decretos “con rango y fuerza de ley”, el mismo proyecto de reforma constitucional que fue rechazado por la mayoría de los venezolanos el 2 de diciembre del 2007. No en vano el Presidente de la República amenazó, rodeado del Alto Mando Militar: “Prepárense, porque vendrá una segunda ofensiva rumbo a la reforma constitucional”, y anunció que crearía las “milicias bolivarianas” como un nuevo componente de la Fuerza Armada.

Con algunas reivindicaciones sociales que ya existían en la Constitución vigente, y tomando como bandera la seguridad social y el otorgamiento de mejores oportunidades de desarrollo, los 26 decretos del Presidente de la República, amparados en la Ley Habilitante,  vulneran la esencia de los derechos civiles, se retrocede a “los tiempos del trueque” y, copiando los principales fundamentos del régimen cubano, se condena a la sociedad venezolana a un empobrecimiento general y paulatino, sin posibilidades ni estímulos para mejorar la economía de bienestar de las familias, bajo un supuesto “igualitarismo” que ha fracasado rotundamente en el sistema soviético y en el cubano, arrastrando a los países a la miseria. Solo el grupo que detenta el poder mantiene sus privilegios y dispone de los dineros del estado petrolero a su antojo, sin que medie instancia alguna para controlar los desmanes, la dilapidación y la incompetencia que reina desde hace 10 años en Venezuela.

No hay mejor medio para perpetuarse en el poder, a la mejor manera de Fidel Castro, que arruinar a la clase media y a la empresa privada y convertir a los ciudadanos en mendigos de las migajas que reparte “generosamente” el Jefe de Estado y sus complacientes colaboradores, que se dejan ofender e insultar por un ser humano que no guarda el menor respeto por sus ministros, por los diputados, gobernadores, mucho menos por sus adversarios políticos, porque cuándo se ha visto una tiranía con oposición o disidencia.

Deben saber los países que no son objeto de las “ayudas” y chantajes económicos del actual gobierno, que la supuesta democracia venezolana es un parapeto, y que estamos a merced de la voluntad y el capricho de un Jefe de Estado y de unos cuantos que rodeados por sus escoltas se pasean seguros por las calles mientras cientos de conciudadanos son atropellados por la delincuencia y empobrecidos por una inflación galopante, mientras el gobierno destruye sistemáticamente las empresas productivas o las expropia para luego llevarlas a la quiebra.

Estamos ante un golpe de Estado y no podemos ser indiferentes:

Si alguien pretende hacerme creer que no soy libre
préstame la transparencia del Amor
para que mi sangre se embandere
hasta morir
y resucitar en la batalla.  Canto al Amor Divino

Carmen Cristina Wolf, Caracas 10 de agosto de 2008.

Notas sobre libros, CartasMay 21, 2008 5:17 pm

En estos días pensaba en lo que sería la vida si no existieran los libros. Desde que tengo memoria veía a mi abuelo leyendo en su sillón, y cada vez que hacíamos la tarea y le preguntábamos algo, nos mandaba a buscar el diccionario de la Academia, que antes era enorme y pesaba tanto que lo traíamos a cuatro manos. Siempre leyendo la Ilíada y la Odisea, El Quijote y Lope de Vega. Era muy interesante hablar con mi abuelo, porque siempre contaba cosas prodigiosas. Cuando leo Los libros de estos días de Roberto Echeto, en la Revista ¡Claro! dirigida por Gisela Kozac y Alberto Soria, lo leo con interés porque no sé qué extraña fascinación ejercen los libros en mí. Aunque escribo prefiero mil veces leer. A cada lugar que voy entro en alguna tienda y compro, no, no iba a decir libros porque ya están casi inaccesibles para mí, aunque a veces me obsequio uno y compro, casi siempre, libros de poemas. En realidad decía que compro bolsos de lona, los tengo de la Colonia Tovar, El Hatillo, Barnes and Nobles, Sevilla, Margarita… ¿Sabe usted  por qué? Porque donde quiera que voy, incluso de la planta alta a la baja de mi casa, llevo un fardo de libros que leo a ratos uno, a ratos otro, y me esperan hileras de ellos en las mesas, el piso, la terraza y el automóvil. Arreo con cuatro o cinco al Banco y leo mientras espero, los llevo al parque, a la cafetería, a todas partes.

Me pregunto qué sería de mí sin la lectura. Como soy bastante miope tengo toda clase de anteojos, lentes de contacto y espejuelos. A ratos leo el Libro de horas de Rilke, El vino del estío de Ray Bradbury, que se parece a mi infancia, Una habitación propia de Virginia Wolf, los poemas de Emily Dickinson o Los bienaventurados de María Zambrano, los versos de Lorca y de San Juan de la Cruz. Esos son los mejores ratos, llegar de nuevo a las páginas preferidas y sentir que estoy fuera del tiempo, en otro lugar, con el autor o la autora, en una conversación privada.

A veces me regalan una novela, No siempre el olvido de Helena Sassone, El desván de lo oculto de Álvaro Pérez Capiello, La búsqueda de Blanca Miosi, y me enciende otra clase de emoción, es el mundo de los acontecimientos, una historia en la que me veo involucrada y no puedo dejarla. Pero me faltan horas, tengo que ir a hacer mercado, hablar un rato con mamá, el quehacer cotidiano está allí, hay que salir del ático para ir al paso de los otros que nos necesitan.

Pero usted, Roberto,  me habla de otros libros que está leyendo, Las abuelas de Doris Lessing, ganadora del Nobel de Literatura 2007. Al menos alguien tiene la gentileza de hablarme de un libro que es una ilusión para mí, porque todo libro que espera por ser leído es un tesoro que espero encontrar. Muchas gracias amigo de los mejores amigos que tengo.

Carmen Cristina Wolf

Caracas, 21 de mayo de 2008