Hay en mí alguien que acaricia la vida
dondequiera que esté.
Walt Whitman, Hojas de Hierba
Capítulo I
Hallazgos
Renuncio al oropel. Prefiero la existencia sencilla,
sutil e insondable.
Soy tan pequeña que sólo me basta el infinito.
La imaginación de los niños es llama incesante.
¿El sol se jacta de alumbrar? ¿La flor alardea de su aroma?
Preferible es andar sin hacer ruido.
Persigo un sueño y encuentro
la trama de la existencia, el esplendor.
Vale la pena vivir, aunque sea sólo por indagar si vale la pena.
¿He sido feliz alguna vez? Tal vez alguna frase mía ha sido feliz.
Requiero coraje y fe para adentrarme en lo desconocido.
La mente, un mercado de necedades.
Conviene ir más adentro para encontrar el milagro.
Voy desandando la vanidad del yo al encuentro
con la nada que soy.
De tanto preguntarme algo, veo aclararse algo
en el claroscuro de la mente
El mundo es lo que es y lo que pienso que es.
Cuando no estoy dispuesta a actuar con nobleza,
prefiero no salir de casa.
Descubrir el milagro en lo conocido, he ahí el genio.
Ver las mismas cosas con ojos nuevos
es alcanzar la hondura de las cosas.
La inteligencia es la cura del aburrimiento.
La vida es una escuela cuando se adentra
el deseo de vivirla con pasión.
Sonrío y se abren las ventanas de la casa del alma.
Las mariposas también ofrecen sus colores a los mendigos.
Ellas no saben de diferencias.
Aquel mendigo dijo que era mejor mi sonrisa que mi dinero.
Juego, pienso y amo. ¿Qué más necesito?
Me canso del hallazgo, mas no me canso de indagar.
Cuando dejo de ser protagonista, encuentro lo sagrado.
Al cesar de contemplarme veo al otro.
A veces la felicidad se hace presente.
Nunca sé que es ella hasta que se despide.
Me acompaña una genuina vocación de felicidad.
No hay experiencia comparable a encontrarle
un sentido a la existencia.
Es mejor fluir con los cambios como una barca
que sortea los vientos, sean o no favorables.
Vivir sin miedo comienza por no aferrarme a las cosas.
En la oscuridad vislumbro un haz de luz: es la esperanza.
Mi libertad comienza en las alas de un sueño.
La paz es el fruto de un permanente esfuerzo.
En la esencia de las cosas hay una vocación de plenitud.
Llevo sembrada en mi alma la bandera de la esperanza.
Los árboles son los ángeles de la guarda de la ciudad.
Qué solas se sienten las calles sin sus hermanos árboles.
La ceiba de la Iglesia de San Francisco
sigue el camino del crucificado.
Las campanas del heladero son la alegría de los niños.
Aún las persigo
.
Vibra en tal modo mi huella, que pareciera inmóvil.
No me quejo de aburrimiento, lo transformo
en el lujo de la contemplación.
Aburrirse es un buen momento
para que surja una idea grandiosa.
Seduje a aquél a quien le conté mi vida por capítulos.
Aún no he concluido el relato.
Prefiero no decir todo lo que pienso
antes de haberlo pensado bien.
Soy original sin proponérmelo:
Nadie mira las cosas con mis ojos.
El misterio es inasible, sólo nos queda su aroma.
Llegó y pensé que era mío. Cuando volví a buscarlo se había ido.
La vida es un carrousel de convergencias y divergencias.
La muerte, flor de eternidad
Encuentro una señal de lo que es
cuando logro atisbar lo que no es.
A veces contemplo mis pensamientos sin involucrarme,
son instantes privilegiados.
El sabio ofrece con humildad sus descubrimientos
y no se atribuye nada para sí.
Quien desecha la esclavitud de su imagen
alcanza la verdadera libertad.
Comparte tus conocimientos con quien interroga
a la luz de la rectitud de intención.
La agitación de la muchedumbre me distrae del camino.
*Estos poemas pertenecen al libro La llama incesante
de Carmen Cristina Wolf, Editorial Diosa Blanca, Caracas Venezuela 2006. Prefacio de Edgar Vidaurre, Ilustraciones Oscar Sjöstrand.
Será publicado por capítulos en este Blog, por encontrarse agotada la edición
Capítulos: I Hallazgos; II El verbo enamorado; III El misterio del fuego
IV El incendio del alma; V La conciencia en vigilia