Mis poemasMarch 19, 2008 2:35 pm

por Carmen Cristina WOLF

A Ingrid Betancourt

Ingrid Betancourt

Desde hace cuánto tiempo
no sé lo que es un pan que no sepa a guijarro
un mantel, una rosa, unos ojos sin culpa

No recuerdo la voz de mi familia
aunque a veces, en las heladas noches de la selva
el viento, entre las ramas, parece una canción
adormece los dolores del alma
           y de mis pies heridos

Para olvidar la cárcel en que muero
imagino una playa en Cartagena
amplia, de naves ataviadas con velas libertarias

Así no pienso nada, olvido el hambre
el dolor en el pecho y la cadena
las palabras de ofensa y el maltrato

Un rumor atraviesa la cárcel con un canto
el colibrí anuncia, en las ramas más altas
que liberaron algunos compañeros

Entonces, con las últimas fuerzas que me quedan
susurro alguna frase al ángel de la guarda
rezagado entre el bosque y los fusiles
asustado de tanto maleficio
           para que no me olvide

Poema inédito, Caracas, Febrero 2008

Mis poemasFebruary 22, 2008 4:12 pm

Del capítulo III Las huellas del éxtasis

19                                  
Desde mi casa he visitado el mundo
y navegué por mares como espejos de escarcha.
Atravesé mil puentes
recorrí los idiomas y los ritos
me asomé a los deseos de los hombres.

Seguí incansable las huellas del  éxtasis
en los lugares y en los libros.
Subí a lo alto de las catedrales
visité templos  centenarios
me adentré en viejos mapas
atravesé las estepas de América
pregunté al cóndor y al leopardo
todo cuanto miré se convirtió en memoria

20
¿Y la felicidad?
habitaba en los muros, las ventanas, las mesas
a veces se escondía detrás de un mueble
y sonreía al ver mi afán ingenuo
siempre esquiva, siempre más allá.
A veces me acompañaba un rato
y se dejaba zarandear por el fuego.

La felicidad estaba allí,
era un aroma mínimo
en el corazón de las cosas.

21

Una casa se crea
con unos cuantos libros
la mesa y unos lápices.
Si alguna vez tuviera que entregarlo todo
me será muy difícil no aferrarme a  mis libros.

Cuando salgo de viaje
mi casa  va conmigo.
Llevo también algunos versos
y amarro el corazón al equipaje
para que no se vaya repartiendo
en el corazón de los amigos 
o en algún lienzo del pintor.

22

Todos los días
mi casa va abriendo sus ventanas
hacia otras maneras de mirar.
Es un camino
que conduce a todas partes
y cuando estoy en ella  nunca sé
desde donde y hacia donde partir.

Escribe un poema para mí

Autora: Carmen Cristina Wolf

Ediciones del Círculo de Escritores de Venezuela

Mis poemasOctober 23, 2007 9:24 pm

                        Por Carmen Cristina Wolf

¿Será que es ciego el giro de la casa
ella tan solitaria y huérfana?

 

¿Será que se detiene algunos días
sin darnos cuenta
y se acicala con campos de espigas
que brotan ellas solas
para traer consuelo a dolores antiguos?

 

La mecedora de la abuela levita suavemente
la persiana se mueve en clave morse
se balancea el móvil de corales

 

millones de mensajes cruzan el corredor
sin saludar siquiera los retratos
provenientes de  los siete confines
y el aire se recrea con murmullos
salidos de un reluciente laptop infinito

 

El caserón de todos, no sé por qué
yo siento que sonríe
desde su pétrea hondura
tal vez le gusta cambiarse los vestidos
y lavarse la cara de pisadas maléficas
o besarse ella misma las memorias

 

 

 mientras cientos de pies dejan huella impaciente
madres, corderos, niños, estudiantes
jóvenes desafiantes, entusiastas,
en sus portales, apenas entran y ya van saliendo
para dejarse caer un día u otro
en sus  pechos de seda vegetal

 

 

Algunos días soleados acostumbro
acariciar sus prados y dejarme
cobijar por la  sombra
de sus interminables filas de palmeras
y me quedo dormida en algún tallo

 

Ella será el mejor atavío de mis huesos
cuando regrese al sur

 

mientras tanto, la abrazo y me enamoro
como una abeja

 de su lirio único

Poema inédito que forma parte del libro Atavíos y Ropajes

http://carmencristinawolf.lalupe.com/

Oswaldo Vigas

Mis poemasOctober 13, 2007 10:18 pm

Nunca quise ver el sol
me asusta el resplandor demasiado atrayente.
Siempre temí la ceguera del espejo

Un día asomó en la claridad de tu presencia

Cómo no amarte
fuiste tallado en luz de pensamiento

                                         *  *  *

Cuando el mar se recoge en su concha de arena
escucho el vuelo ausente del ruiseñor
pasos lejanos anuncian  tu llegada

El sol abriga un lejano roce de lluvia

De la piel quisiéramos ser sólo lo estrujado
esa marea circundante
nos conduce a un prado de rocío
en alocadas naves

Se aproxima el esplendor
tan igual a sí mismo y siempre diferente
Y celebra la vida
                        en clave de sol

                        *  *  *

Al filo del amanecer, los cuerpos están solos con su esencia
y la sangre recorre tranquila sus dominios.

Letanía del tiempo
el viento corteja los bambúes
y riza las faldas a los árboles.
A lo lejos unos niños juegan
en el claroscuro del alba.

Abierta la ventana
la primera conciencia de ser no  será oscura
traerá su punto de celaje
mientras abrazo tu pecho levemente
con  aroma de las uvas y la sal del mar.

                       

                               *  *  *

_ ¿Qué haces allí, sentado en la quietud?  
  Todos se han ido.
  ¡Qué tanto piensas! tus amigos duermen
  los niños cesaron ya de alborotar.
  Y tú,  sigues con la mirada en un lugar lejano.

   Me lleva el alma allí
   donde no alcanzan  mis pies.

                        *  *  *
No  quiere amanecer en este día
como algunas mañanas de enero en mi ciudad.
Le exigen a la rosa que regrese a sus pétalos,

Las cosas duermen
y los pájaros cantan con más fuerza
para vencer la oscuridad y el frío.

Cantan para llamar al sol
una melodía del color del horizonte.

                        *  *  *
Mis notas crecen en los libros
como si fuese hiedra  en los peldaños
de un edificio intemporal.

En mi escritorio
la historia del mundo cabalga
sobre un caballo de madera
mientras un diccionario se enamora
de la palabra eternidad.
 
Entre los girasoles
el lenguaje encuentra su lugar
y los poetas dicen versos de amor
entre los lápices.

Selección del libro Escribe un poema para mí
Autora: Carmen Cristina Wolf
Ediciones Círculo de Escritores de Venezuela 2001

Mis poemasSeptember 23, 2007 4:01 pm

Huésped del amanecer
Inventaremos viajes con la punta de un lápiz en el atlas.
Jugaremos a descifrar el enigma
con el coraje de los ríos que no confunden sus riberas
Compartiremos la visibilidad del pensamiento.
Seremos súbditos del sueño y la grandeza
Emprende conmigo la travesía en el límite de la noche
 llevado por  oleajes extremos
            Sembré de tréboles las calles
 y habité la ciudad sobre las colinas de fuego.

 

Te  esperaba en el umbral del mundo
tejiendo alfombras de praderas para que no tuvieras frío                            

 

Como una mínima corola, en el ala de un pájaro 
busco la huella que marcaron tus pies.

 

Escucho tus palabras humedecidas de mar y de tiempo
            el sol dibuja medallas en nuestras sábanas
mientras el alba extiende sus jaguares todavía entre las sombras
          

 

 

En el huerto cerrado me circundas
            Hoy escribimos la belleza de mañana
en el líquido gramatical sobre la arena
           
Un río de almendras ha caído en el instante del verso
encendiendo el fogaril de lo habitado.
La palabra palpita como una llamarada en el vacío
y rompe la soledad del aire

 

            Carmen Cristina Wolf. Poemario “Canto al Hombre”3ª. edición Cármina  Editores Caracas, 1997
                                                           *****
      

Mis poemasMarch 26, 2007 8:28 pm

Huésped del amanecer

           

Inventaremos viajes con la punta de un lápiz en el atlas. Jugaremos a descifrar el enigma con el coraje de los ríos que no confunden sus riberas.

Compartiremos la visibilidad del pensamiento. Seremos súbditos del sueño y la grandeza.

Emprende conmigo la travesía en el límite de la noche llevado por  oleajes extremos.

           He sembrado de tréboles las calles y habité la ciudad sobre las colinas de fuego. Te  esperaba en el umbral del mundo tejiendo alfombras de praderas para que no tuvieras frío.                              

Como una mínima corola, en el ala de un pájaro  busco la huella que marcaron tus pies. Escucho tus palabras humedecidas de mar y de tiempo.

            El sol dibuja medallas en nuestras sábanas mientras el alba extiende sus jaguares todavía entre las sombras.

           Eres navío tangible como el ritmo de tu voz y en el huerto cerrado me circundas.

            Escribimos la belleza de mañana en el líquido gramatical sobre la arena.

              Un río de almendras ha caído en el instante del verso encendiendo el fogaril de lo habitado. La palabra palpita como una llamarada en el vacío y rompe la soledad del aire.

Carmen Cristina Wolf. “Canto al Hombre”, Cármina  Editores Caracas, 1996

***

              Escribe un poema para mí

    Escríbeme una ciudad de altos jardines luminosos

            y una calle de sol como tus manos

                   Dibuja para mí una armadura

            no vaya a ser que me asuste la muerte

            y pueda protegerme de los que no conocen el amor

                    Escríbeme un país

            aquél que me sabía de memoria y lo aprendí en la infancia

            No lo encuentro

                   Auspicia una palabra que haga cesar el cansancio y el odio

            tal vez habitemos de nuevo el paraíso

                   Transforma la rama seca en bosque

            la ciudad en un trazo de tinta azul marino

                    Escribe un hombre  para mí

             un hacedor de versos y de faros

                   Tendré motivos para la hermosura

             hallaré la voz perdida en lo innombrable

                               escribe

                               un poema

                               para mí

                                   

*****

  “Escribe un poema para mí”, Círculo de Escritores de Venezuela, 2001

                                              

Prisión Abierta

 

De cómo el sol regresó, después de tantos días nublados, eso no lo sé. Lancé mi cuerpo hacia fuera, a disolver la angostura de la calle. Asalté el amanecer sin proclama alguna, ni arma de fuego. El alba desnuda abrió sus abanicos.
Fuera de mis zapatos, todo era sobresalto. Mejor oír al viento silbar entre la cerca, mejor saltar la cuerda y sujetarse al sol.
           En los pliegues del espíritu no podemos contar los eslabones, el tiempo suele escapar a  nuestras trampas.
La prisión abre puertas, ¿prisiones o caminos? En los caminos reales siempre hay puertas. Conducen a sus cárceles.
Se aposenta en mí la  sed, extraigo de mis manos la catedral posible y se abren los barrotes. La libertad no es un camino, es recorrerlos todos sin quedar atrapado.
         Durante años, deseé tirar los preceptos al fuego,  pasear con sombrero sin importarme los zapatos. Ahora, ante la chimenea, me sonríe un sombrero, las viejas zapatillas y aquel oso de peluche me observa interrogándome,  cerca de los viejos libros del abuelo.
        ¡Ah!, si hubiera dejado al sol arder en sus arenas. Hoy se me vuelve mínima la casa, la calle, la ciudad, porque mi corazón se ha vuelto loco y quiere abarcar la tierra. Iré a la búsqueda del infinito.
Estoy suspendida en un punto donde las formas convergen y forman nuevas causas.
 Dios, me esconderé en tus montañas. En tus prados el amor no termina, ni los cantos. Las voces y los soles son trenzados por árboles enormes para mecernos libres. Abriga mis lágrimas en tus hojas de trébol, acuna mi barca en un lecho de oleaje.

Volveré a ser sonrisa y fuego, escucharé  el sonido del ala en su viajar y cuando mi mente regrese a su predio conservaré un atisbo de goce al creer haber visto la silueta del Ser.

Con imágenes ataviadas de infancia, inquieta entre sábanas de lino, hilos de sol entrarán en mi casa y  habré roto la cita con el abismo.

“Prisión Abierta”, Editora Al tanto, Colección Las Iniciales del Tiempo 2002

Selección de poemas de la Antología de Poetas del Círculo de Escritores de Venezuela 2005                                                          

           

Mis poemasFebruary 16, 2007 9:03 pm

                          *  *  *  *

ATAVÍO DEL AMANTE

     No dejes caer la noche sin decírselo

la rosa no se avergüenza de opacar la lucidez del alba

    Es mejor un instante de atrevido sonrojo

que mil versos de sensata palidez

       Poema 1 de Atavíos ediciones El pez soluble 2006

                                * * * *

ROPAJE DE LA TIRANÍA

Estos versos  no son para la siembra

por eso vienen huérfanos

marcan rastros de sangre en este libro

y sería más amable si se hubieran borrado

     No he logrado arrancarlos de esta página

están aquí por todos aquellos ofendidos.

     El déspota no sabe el valor del silencio

no conoce el derecho a ser frágil

ni admite cercanía entre el clavel y el nardo

      Ha de arrasar los campos. borrar cualquier matiz

poner cercas de odio

cultivar la metralla

     Clonar gente con similar ropaje

que siempre doble el lomo y diga ¡sí!

Poema 8 de Atavíos, editado por El pez soluble Caracas 2006

Portal en:http://carmencristinawolf.laLupe.com

literaturayvida@yahoo.com

Portal: http://carmencristinawolf.laLupe.com

Mis poemasJanuary 2, 2007 3:22 pm

Chant à l’homm

Carmen Cristina Wolf
Traducción al francés Carlos Armando Figueredo Planchart.

Email: cfiguere@ccs.internet.ve

1

Emprende conmigo la travesía
hasta el límite de la noche
llevado por oleajes extremos.

Para que me enseñes
lo que sólo tú sabes,
dejaré mi lugar,
mi casa, mis cosas,
iré a tu paso sin descanso.

Eres hermano de los cedros,
hueles a limones de cosecha nueva.

El sol está en tu pecho.
¡Compártelo conmigo!
Le parcours de la nuit
fais-le avec moi
sous l’élan de vagues extrêmes.
Pour apprendre de toi
ce que seul tu sais,
je laisserai ma place,
mon foyer, mes affaires,
suivant tes pas sans repos.
Frère es tu des cèdres,
et répands le parfum des citrons cueillis
Ta poitrine est remplie de soleil
Partage le avec moi.

Busqué
en todos los rostros
tu mirada.

Esperé
en las noches
del silencio.

Y ahora sueño
sobre la huella
que marcaron
mis pies
y escucho
que dices palabras
para mí,
humedecidas
de mar
y de tiempo

J’ai cherché
ton regard
dans tous les visages.
J’ai attendu
dans les nuits
du silence.
Et voici que je songe
sur les empreintes
laissées
par mes pieds
et je les entends
ces mots que tu dis
pour moi,
tous trempés
de mer
et de temps.

8

Como una mínima corola
como el ala de un pájaro,
así tiemblo cuando tú me miras.

Yo quiero ser perfecta entre tus brazos

Comme corolle minuscule
comme de l’oiseau l’aile,
je frémis sous ton regard.
Oh que d’être parfaite entre tes bras.

Ya se iniciaron las justas campanadas.

Por el íntimo gozo de nombrarte
te nombro amado, amante,
invento nombres para ti.

La palabra palpita,
como una llamarada pendiente en el vacío
y rompe la soledad del universo.

Voici les coups justes des cloches qui sonnent .
J’achève de la joie de dire ton nom
je te nomme, bien aimé, amant,
et pour toi les noms je les invente.
La parole palpite
comme une flamme suspendue dans le vide
et elle éclate la solitude de l’univers.
  • Selección de Canto al Hombre de Carmen Cristina Wolf
Cármina Editores 1998, 3ª edición

Mis poemasNovember 21, 2006 11:21 pm

Atavío del Amante
No dejes caer la noche sin decírselo
La rosa no se avergüenza de opacar la lucidez  del alba
Es mejor un instante de atrevido sonrojo
que mil versos de sensata palidez

Atavío de la Promesa
Traje conmigo algunas piedras de la ciudad perdida
y un puñado de versos sin destino
        
Respiro lo imposible  y no espero noticias
me recreo en la experiencia de la sed
El oleaje aparenta una  conversación con mis otras máscaras
         No deseo escuchar su voz,
quebrantaría el inquieto sosiego del mar
Se perdería el gozo de la promesa
casi miré en celaje el vuelo de tus cabellos
recé para que no fueras tú
así nunca te poseería del todo
El  vuelo del alma no debe caer abatido en la piedra más honda.
Mi quehacer no será  otro que esperarte
en  la ciudad que se abre al horizonte.

Atavíos, plaquette de Carmen Cristina Wolf, publicada por
el Taller Editorial El pez soluble en noviembre de 2006, Caracas
http://literaturayvida.blogsome.com/

Mis poemasSeptember 20, 2006 1:32 pm

Florecemos… en un abismo Rafael Cadenas

 

Permanecía guarecido  en su bosque de palabras.
Apenas, un postigo entreabierto. Nada más un vértigo hondo de presencia.  No conocí a nadie como él, tan dado a partir  y regresar intacto, crecido de raíces, más cercano cuanto más distante
El podía a la vez ser sin estar del todo. Si bien, no era fácil atisbar la altura de su torre.
Nadie sabía la esencia de su fuente.
Él era un manantial de  verbo impredecible.
Salía muy pocas veces de su fortaleza y emprendía un paseo cortés. 
En aquellos instantes  aparecía una sonrisa un si es no es gentil,  algo traviesa, ¿indecible? irónica o distraída.
Un día le vi sonreír y unas líneas de melaza aparecieron allá lejos al fondo de sus pestañas.
En esas raras ocasiones,  ofrecía miradas sin cuidarse del ojo perspicaz del alma, que todo lo presiente.
                                                * * *
Aquel día nada presintió. Y llegó  una mirada de ámbar cortado en el primer minuto de la aurora.
Él se dejó mirar y algo muy hondo le encendió la  frente.
Pudo haber sido la pluma de un ave, o un alfiler de jade en el centro de la nostalgia.
Lo cierto fue que un corazón quedó al desnudo y se abrió de luz.
                                               * * *
Su  barco  estuvo resguardado en la rada del lenguaje. Él cuidaba de que su escritura estuviese desprovista de palabras gastadas. Nada de flor, éxtasis, corazones o amor.
Después de voraces tormentas decidió permanecer durante   años sin salir a mar abierto por aquello de las corrientes del extravío.
Y en la hora y punto de aquel encuentro él abandonó  la certeza y se adentró  en aguas profundas.
Entró un  bosque en su cuerpo,  con sus tigres de girasol, y  acudió al llamado de los amaneceres en playas  remotas. Se dibujaron  recuerdos del primer amor aún no encontrado.                                                                                                                   
El recordó entonces su propio aroma de selva repartida.
Le volvió a la memoria el encuentro  con  la primaverar. Abandonó el silencio de su torre.
Abandonó el dominio férreo de sí deslizándose  imperceptible y sin tregua hacia el vértigo tenaz de lo habitual.
Su sangre se convirtió en  néctar de un deseo milenario. Morir para vivir sin el peso de algunos  mapas demasiado previsibles que se había impuesto.
                                            * * *
Hacía años se había sembrado en él el germen de la comprensión que suele derribar  los temores más aún que el valor.
Él había entendido que el sí y el no son el haz y el envés de las fuerzas de la existencia. 
Y pretendió librarse de los puntos de vista y de los juicios para entender y amar más allá de los espejismos.
Aun así, las coordenadas ya venían pareciéndole  demasiado estrechas.
Los papeles del alba se consumieron en la llama de un sosiego inquieto, atento, alerta al júbilo  de la inocencia recobrada.                  
                                              
No había nada que temer. No cabía sentirse amenazado  por hallarse desnudo en un rincón del universo o encontrarse de pronto indefenso en una pradera interminable. 
Aquella mirada había tocado su frente con fragancias de la Isla de  los sueños.  Era como mirarse desde su propia alma. Tal vez los ojos de ámbar cortado al primer minuto de la aurora eran los suyos.
El mar había vuelto a sus sienes. Y su rostro purificado por  tanta lágrima no derramada ahora sentía el exacto oleaje  incesante que salva de la inmovilidad.
Regresó a la tierra sin límites de su cuerpo que se le había perdido  en las batallas del alma y  en el laberinto de una mente demasiado intensa.
Y le volvió el amor sin preguntas, sin exigencias del por qué. Sin aquél “es como si amáramos”.
El amor tenía el peso de un pétalo de flor de nácar, apenas una carga mínima de avena. Era un espacio abierto al mundo indescifrable con su   sol de verdad. Aun cuando a él no le gustaba la palabra amor a cuenta de que significaba muy poco, cada vez menos, por causa de que todos la pronunciaban sin saber cómo se sentía.  
Y descubrió de nuevo que la palabra estrechamente unida al ser, consustancialmente uno con  él, era el lugar del esplendor.
 La libertad podía saborearse en el instante sucesivo del asombro.
                                        * * *
Descubrió aquellos ojos idénticos a los que imaginó alguna vez en el borde del  precipicio.  Eran  indescifrables, siempre lo serían, como deben serlo las cosas que provocan un asombro infinito.
Por eso, alcanzó la promesa de sorprenderse  siempre de sí mismo. Quien no es capaz de sorprenderse de sí mismo, no aprenderá nunca el arte de sorprenderse.
Y lo fue mirando todo como si fuese la primera vez. 
Y se embriagó de gozo ante una medalla de sol que había encontrado en sus pupilas.
Continuó guarecido en su bosque de palabras. Jubilosas, amargas, desposeídas, precisas, desprevenidas, hondas, bruscas, amables, tempestuosas, tiernas, voluptuosas, desbordantes. Terriblemente dulces, ásperas, cortantes, apasionadamente indiferentes. 

 

El podía a la vez  permanecer, irse,  volver
y ser más  menos nadie alguien y todos.
Él siempre fue como era en realidad.
Era más y menos. Era nadie y muchos y todos y ninguno.

El era un manantial de verbo impredecible.

Él era una mirada de ámbar en la aurora, cuando florece el abismo

Carmen Cristina Wolf

Publicado en la Revista Circunvalación del Sur No. 13