Uncategorized, Mis poemasApril 28, 2009 3:32 pm

NIÑA DE LAS CARTAS

 

                  
Mensajera de Hermes
Siempre joven como un juglar de antaño
Mujer Mercurio, con tus signos de Aire.

 

_¿Nos traes noticias, niña?
Algún preciado libro
sobres con aromas de bosque o de corales.

 

Te conocen las aves y los gatos
te saludan los lirios.
Acaso llevas alas en tus botines de trabajo
o las manos se te pueblan de cabello de ángel

 

La vecindad se alegra
también yo  –al verte sonreír
con tu maletín de palabras
.
         Recibos de cobranza ya no llevas
         ¡Qué bien!

 

Cuántas postales vienen de tus manos.
Un día afortunado me llegó una tarjeta
Sólo decía mi nombre y la ciudad
¿Cómo llegó?  
¡Milagro!

 

Venía de la tierra de Gabriela Mistral
firma entrañable de una hermana del alma
foto de un café en pleno Santiago.
Ya te sabes las casas y los nombres
los portales, los setos, las aceras …

 

 

Al volver a tu hogar
_ ¿Dónde están las pantuflas?
Ellas deben correr a tus cansados pies

 

Andar alegre, pie pequeño
pisa lo fuerte con delicadeza
porte sencillo, muchacha del correo

 

Siembre ventura tu perseverancia

 

Caracas, Abril de 2009 

Todos los derechas reservados

 

 

Mis poemasSeptember 15, 2008 9:25 pm

LA LLAMA INCESANTE, Aforismos

                                 Carmen Cristina Wolf

 

CAPÍTULO II
El verbo enamorado
La palabra es la flor del pensamiento
y yo florezco toda en mis palabras.
       
La luz, la noche y el océano hablan un lenguaje
que parece el lenguaje de Dios.
       
La presencia del lenguaje es  fuego que no cesa.
       
La palabra no dice la cosa, sólo adivina su sombra.
       
El poema: caída de la máscara, confesión  del alma.
Lo fugaz y lo eterno en un instante: es la poesía.
       
Cuando el lenguaje se envilece los pueblos naufragan
       
Vivo en un mundo creado por mi propio lenguaje.
       
Cuesta trabajo poner a las palabras a decir lo que el poeta quiere que digan.
       
Hay palabras que atraviesan desiertos y suben rocas escarpadas sin perderse. Esas son las esenciales.
       
La poesía se aleja del poder como los trenes de las estaciones.
       
No confío en las personas que no aman  el lenguaje.
       
El poema rescata las palabras de la tiranía de los usos y significados establecidos.
       
Nos fusionamos unos a otros gracias a las frases.
El poeta ve las mismas cosas y las nombra como si fuesen nuevas.
Escuché una voz que me hizo recordar la importancia del rocío.
       
A menudo el poema esconde su sentido entre los pétalos.
       
El relámpago roza la eternidad. Así es el poema.
       
Inmensa es la tenacidad de los vocablos por nombrar las cosas. Si lo logran, la palabra se olvida. Sólo cuenta la esencia.
La verdad última no puede ser dicha.
La palabra se aproxima a ella sin tocarla.
El poeta desencubre  un celaje de la esencia en las cosas.
       
Cuando se agotan las respuestas
ante el misterio de la muerte, sólo hay una respuesta
¡oh feliz  muerte!
CAPÍTULO III
El misterio del fuego
El arrebato del amor todo lo transforma.
Se es capaz de afrontar cualquier riesgo y escapar de todas las prisiones.
El poder le teme al amor, porque el amor no teme a nada.
El odio desdibuja al otro  hasta que sólo queda de él  una sombra amenazante.
Aprendo el arte de ver en tus ojos más allá de tus ojos.
Pueden quitármelo todo y aún así, lo tengo todo.
Déjame ver en ti lo que está más allá de ti.
No abandono a mis amigos. Así cuido de mí mismo.
Los enamorados terminan detestándose cuando no aman, en primer lugar, al amor.
Vivo con el propósito de amar.
Las distracciones del  camino hacen que lo olvide.
Capítulos II y III del libro La llama incesante, Aforismos,

Autora: Carmen Cristina Wolf. Editorial Diosa Blanca 2006. (Edición agotada)

 

Mis poemasAugust 18, 2008 12:04 pm

 

Hay en mí alguien que acaricia la vida
 dondequiera que esté.
Walt Whitman, Hojas de Hierba

 


Capítulo I

Hallazgos

        Renuncio al oropel. Prefiero la existencia sencilla,

sutil e insondable.

Soy tan pequeña que sólo me basta el infinito.


 

        La imaginación de los niños es llama incesante.


 

        ¿El sol se jacta de alumbrar? ¿La flor alardea de su aroma?

Preferible es andar sin hacer ruido.


 

        Persigo un sueño y encuentro 

la trama de la existencia, el esplendor.

        Vale la pena vivir, aunque sea sólo por indagar  si vale la pena.

         ¿He sido feliz alguna vez? Tal vez alguna frase mía ha sido feliz.

       

 Requiero coraje y fe para adentrarme en lo desconocido.

       

La mente, un mercado de necedades.

Conviene ir más adentro para encontrar el milagro.

       

Voy desandando la vanidad del yo al  encuentro

con la nada que soy.

De tanto preguntarme algo, veo aclararse algo

en el claroscuro de la mente

       

El mundo es lo que es y lo que pienso que es.

       

Cuando no estoy dispuesta a actuar con nobleza,

prefiero no salir de casa.

        Descubrir el  milagro en lo conocido, he ahí el genio.

 

        Ver las mismas cosas con ojos nuevos

         es alcanzar la hondura de las cosas.

       

La inteligencia es la cura del aburrimiento.

 

        La vida es  una escuela cuando se adentra

el deseo  de vivirla con pasión.


 

        Sonrío y se abren las ventanas de la casa del alma.


 

        Las mariposas también ofrecen sus colores a los mendigos.

Ellas no saben de diferencias.


         Aquel mendigo dijo que era mejor mi sonrisa que mi  dinero.

       

Juego, pienso y amo. ¿Qué más necesito?

       

 Me  canso del hallazgo, mas no me canso de indagar.

       

Cuando dejo de ser protagonista, encuentro lo sagrado.

       

 Al cesar de contemplarme veo al otro.

       

A veces la felicidad se hace presente.

Nunca sé que es ella hasta que se despide.

       

Me acompaña una genuina vocación de felicidad.

       

 No hay experiencia comparable a encontrarle

un sentido a la existencia.

       

Es mejor fluir con los cambios como una barca

que sortea los vientos, sean  o no favorables.

       

 Vivir sin miedo comienza por no  aferrarme a las cosas.

       

En la oscuridad vislumbro un haz de luz: es la esperanza.

       

       

Mi libertad comienza en las alas de un sueño.

       

La paz es el fruto de un permanente esfuerzo.


 

        En la esencia de las cosas hay una vocación de plenitud.

Llevo sembrada en mi alma la bandera de la esperanza.


       

Los árboles son los ángeles de la guarda de la ciudad.

 

Qué solas se sienten las calles sin sus hermanos árboles.

       

La ceiba de la Iglesia de San Francisco

sigue el camino del crucificado.

        Las campanas del heladero son la alegría de los niños.

Aún las persigo

.

        Vibra en tal modo mi huella, que pareciera inmóvil.


 

        No me quejo de aburrimiento, lo transformo

en el lujo de la contemplación.


 

        Aburrirse es un buen momento

para que surja una idea grandiosa.


 

        Seduje a aquél a quien le conté mi vida por capítulos.

Aún no he concluido el relato.


 

        Prefiero no decir todo lo que pienso

antes de haberlo pensado bien.


 

     Soy original sin proponérmelo:

     Nadie mira las cosas con mis ojos.


 

        El misterio es inasible, sólo nos queda su aroma.


         Llegó y  pensé que era mío. Cuando volví a buscarlo se había ido.

       

La vida es un carrousel de convergencias y divergencias.
        La muerte, flor de eternidad

               

Encuentro una señal de lo que es

cuando logro atisbar lo que no es.


 

        A veces contemplo mis pensamientos sin involucrarme,

son instantes privilegiados.


 

        El sabio ofrece con humildad sus descubrimientos

y no se atribuye nada para sí.


 

        Quien desecha la esclavitud de su imagen

alcanza la verdadera libertad.


 

        Comparte tus conocimientos con quien interroga

a la luz de la rectitud de intención.

        La agitación de la muchedumbre me distrae del camino.

*Estos poemas pertenecen al libro  La llama incesante

     de Carmen Cristina Wolf, Editorial Diosa Blanca, Caracas Venezuela 2006. Prefacio de Edgar Vidaurre, Ilustraciones Oscar Sjöstrand.

Será publicado por capítulos en este Blog, por encontrarse agotada la edición

Capítulos: I Hallazgos; II El verbo enamorado; III El misterio del fuego

IV  El incendio del alma; V La conciencia en vigilia


 

 

Mis poemasAugust 17, 2008 1:17 pm

    SERRANÍAS DE CÁDIZ
               
    Por Carmen Cristina Wolf
 
    Aquellos seres recios me contaban
de sus viajes al bosque de las vírgenes.
 
    Árboles femeninos con sus trajes de corcho
esperan a los hombres que en hilera
atraviesan las sendas pedregosas.
Nueve años en silencio, el bosque se despliega
mientras borda  dibujos en su cuerpo.

    Alcornoqueros rudos
que cantan sus saetas en las noches
después de un largo día de faena.
Tumban sus hachas cerca del fogón
empinan las botellas y la bota de mosto
antes de sumergirse en la negrura.
 
    Se venera a los árboles
antes de desnudar el tronco altivo.
Vírgenes, se enamoran y se entregan
el talador  despoja de su traje  liviano
en golpes delicados y precisos
como un diseñador de alta costura

    Ignora el alcornoque
que ha de ocupar su sitio en las botellas
y servirá de ayuda al estudiante para pinchar papeles
al profesor para poner las notas.

    Luego bajan, los hombres, sus borricos y  mulos
sus mujeres  esperan con el puchero humeante
ellas también son vírgenes de nuevo.

    Desde entonces,
imagino aquel bosque, sus ardillas
y sus amantes que cortejan vírgenes.
 

        Árboles con sus faldas de corteza ligera

me acompaña tu aroma

y tu vegetación cerrada verdinegra

donde quiera que voy.

Carmen Cristina Wolf

Del libro inédito VIAJES

Agosto 2008

Mis poemasJune 7, 2008 3:17 pm
EXTRAÑO SIN SU SOMBRA       
 A Eugenio Montejo

Corríjame si no, poeta, amigo

se debe usted sentir extraño sin su sombra

abiertos los portones de los huesos.

Habrá mucho por ver

sin la cárcel de piel y sin anteojos

Gran Sabana, Aponguao, praderas siderales

árboles centenarios, pensativos.

Y se enterará usted de los que han muerto

sin saberlo, porque no habrá    de preguntarse:

“Qué será de la vida de aquel hombre

que vendía quesos en la esquina. No he visto más

su silueta cansada ni escucho su pregón.

Habrá salido a recibirle

su hermano el rey Ricardo, sus ancestros

y los poetas, Ludovico, Adriano

Elízabeth y Hanni, ¿cuántos más?

Gerbasi, Octavio Paz, Elena Vera …

Ya podrá usted viajar a cualquier parte

sin cargar el paraguas.

El duende, se paseará por calles y ciudades

visitará Lisboa sin maletas

y Madrid, y Los Andes sin temer mal de páramo.

Aun así es invitado

a pasar por mi casa alguna vez

y sentarse a escuchar

al tordo en su ramaje que acostumbra.

 No encontrará mi casa con una silla ausente

porque estarán sus libros

 ajados  ya de tanto andar conmigo.

Es momento de abrir “Muerte y Memoria”

y detenerse donde dice

seré un cadáver fácil de llevar
 a través de los bosques y los mares …
seré un cadáver inocente, …
cavilador, absorto en lo sagrado,”

Podrá  venir tranquilo alguna vez

por el trinar de los turpiales

y el cristofué,   él  no falta a la cita en los jardines.

Están muy cerca el parque y la montaña

Usted me dirá cosas

con su voz matizada de viajes y de sueños

desde “Algunas palabras”

en “Trópico absoluto”

y seguiré soñando con Manoa

escucharé el murmullo de los árboles

aunque hablen poco y de eso usted sabía.

El duende se paseará por calles y ciudades

Lisboa, Madrid y Roma, Los Andes y Estambul

mientras su amiga emborrona cuartillas

sin lograr el milagro del poema

que la persigue siempre desde siempre.

Sepa usted que le debo

los instantes mejores de la noche

desde sus versos dichos de memoria.

Aprendo a desprenderme suavemente

de las lianas del mundo

para no pesar tanto

cuando sea el tiempo del no tiempo.

Me espera la Poesía

me espera Dios

¿o lo llevo conmigo?

Nos veremos poeta, no sé cuando.

Corríjame si no.

Carmen Cristina Wolf

Caracas, 7 de junio de 2008

Mis poemasFebruary 22, 2008 4:12 pm

Del capítulo III Las huellas del éxtasis

19                                  
Desde mi casa he visitado el mundo
y navegué por mares como espejos de escarcha.
Atravesé mil puentes
recorrí los idiomas y los ritos
me asomé a los deseos de los hombres.

Seguí incansable las huellas del  éxtasis
en los lugares y en los libros.
Subí a lo alto de las catedrales
visité templos  centenarios
me adentré en viejos mapas
atravesé las estepas de América
pregunté al cóndor y al leopardo
todo cuanto miré se convirtió en memoria

20
¿Y la felicidad?
habitaba en los muros, las ventanas, las mesas
a veces se escondía detrás de un mueble
y sonreía al ver mi afán ingenuo
siempre esquiva, siempre más allá.
A veces me acompañaba un rato
y se dejaba zarandear por el fuego.

La felicidad estaba allí,
era un aroma mínimo
en el corazón de las cosas.

21

Una casa se crea
con unos cuantos libros
la mesa y unos lápices.
Si alguna vez tuviera que entregarlo todo
me será muy difícil no aferrarme a  mis libros.

Cuando salgo de viaje
mi casa  va conmigo.
Llevo también algunos versos
y amarro el corazón al equipaje
para que no se vaya repartiendo
en el corazón de los amigos 
o en algún lienzo del pintor.

22

Todos los días
mi casa va abriendo sus ventanas
hacia otras maneras de mirar.
Es un camino
que conduce a todas partes
y cuando estoy en ella  nunca sé
desde donde y hacia donde partir.

Escribe un poema para mí

Autora: Carmen Cristina Wolf

Ediciones del Círculo de Escritores de Venezuela

Mis poemasOctober 23, 2007 9:24 pm

                        Por Carmen Cristina Wolf

¿Será que es ciego el giro de la casa
ella tan solitaria y huérfana?

 

¿Será que se detiene algunos días
sin darnos cuenta
y se acicala con campos de espigas
que brotan ellas solas
para traer consuelo a dolores antiguos?

 

La mecedora de la abuela levita suavemente
la persiana se mueve en clave morse
se balancea el móvil de corales

 

millones de mensajes cruzan el corredor
sin saludar siquiera los retratos
provenientes de  los siete confines
y el aire se recrea con murmullos
salidos de un reluciente laptop infinito

 

El caserón de todos, no sé por qué
yo siento que sonríe
desde su pétrea hondura
tal vez le gusta cambiarse los vestidos
y lavarse la cara de pisadas maléficas
o besarse ella misma las memorias

 

 

 mientras cientos de pies dejan huella impaciente
madres, corderos, niños, estudiantes
jóvenes desafiantes, entusiastas,
en sus portales, apenas entran y ya van saliendo
para dejarse caer un día u otro
en sus  pechos de seda vegetal

 

 

Algunos días soleados acostumbro
acariciar sus prados y dejarme
cobijar por la  sombra
de sus interminables filas de palmeras
y me quedo dormida en algún tallo

 

Ella será el mejor atavío de mis huesos
cuando regrese al sur

 

mientras tanto, la abrazo y me enamoro
como una abeja

 de su lirio único

Poema inédito que forma parte del libro Atavíos y Ropajes

http://carmencristinawolf.lalupe.com/

Oswaldo Vigas

Mis poemasOctober 13, 2007 10:18 pm

Nunca quise ver el sol
me asusta el resplandor demasiado atrayente.
Siempre temí la ceguera del espejo

Un día asomó en la claridad de tu presencia

Cómo no amarte
fuiste tallado en luz de pensamiento

                                         *  *  *

Cuando el mar se recoge en su concha de arena
escucho el vuelo ausente del ruiseñor
pasos lejanos anuncian  tu llegada

El sol abriga un lejano roce de lluvia

De la piel quisiéramos ser sólo lo estrujado
esa marea circundante
nos conduce a un prado de rocío
en alocadas naves

Se aproxima el esplendor
tan igual a sí mismo y siempre diferente
Y celebra la vida
                        en clave de sol

                        *  *  *

Al filo del amanecer, los cuerpos están solos con su esencia
y la sangre recorre tranquila sus dominios.

Letanía del tiempo
el viento corteja los bambúes
y riza las faldas a los árboles.
A lo lejos unos niños juegan
en el claroscuro del alba.

Abierta la ventana
la primera conciencia de ser no  será oscura
traerá su punto de celaje
mientras abrazo tu pecho levemente
con  aroma de las uvas y la sal del mar.

                       

                               *  *  *

_ ¿Qué haces allí, sentado en la quietud?  
  Todos se han ido.
  ¡Qué tanto piensas! tus amigos duermen
  los niños cesaron ya de alborotar.
  Y tú,  sigues con la mirada en un lugar lejano.

   Me lleva el alma allí
   donde no alcanzan  mis pies.

                        *  *  *
No  quiere amanecer en este día
como algunas mañanas de enero en mi ciudad.
Le exigen a la rosa que regrese a sus pétalos,

Las cosas duermen
y los pájaros cantan con más fuerza
para vencer la oscuridad y el frío.

Cantan para llamar al sol
una melodía del color del horizonte.

                        *  *  *
Mis notas crecen en los libros
como si fuese hiedra  en los peldaños
de un edificio intemporal.

En mi escritorio
la historia del mundo cabalga
sobre un caballo de madera
mientras un diccionario se enamora
de la palabra eternidad.
 
Entre los girasoles
el lenguaje encuentra su lugar
y los poetas dicen versos de amor
entre los lápices.

Selección del libro Escribe un poema para mí
Autora: Carmen Cristina Wolf
Ediciones Círculo de Escritores de Venezuela 2001

Mis poemasSeptember 23, 2007 4:01 pm

Huésped del amanecer
Inventaremos viajes con la punta de un lápiz en el atlas.
Jugaremos a descifrar el enigma
con el coraje de los ríos que no confunden sus riberas
Compartiremos la visibilidad del pensamiento.
Seremos súbditos del sueño y la grandeza
Emprende conmigo la travesía en el límite de la noche
 llevado por  oleajes extremos
            Sembré de tréboles las calles
 y habité la ciudad sobre las colinas de fuego.

 

Te  esperaba en el umbral del mundo
tejiendo alfombras de praderas para que no tuvieras frío                            

 

Como una mínima corola, en el ala de un pájaro 
busco la huella que marcaron tus pies.

 

Escucho tus palabras humedecidas de mar y de tiempo
            el sol dibuja medallas en nuestras sábanas
mientras el alba extiende sus jaguares todavía entre las sombras
          

 

 

En el huerto cerrado me circundas
            Hoy escribimos la belleza de mañana
en el líquido gramatical sobre la arena
           
Un río de almendras ha caído en el instante del verso
encendiendo el fogaril de lo habitado.
La palabra palpita como una llamarada en el vacío
y rompe la soledad del aire

 

            Carmen Cristina Wolf. Poemario “Canto al Hombre”3ª. edición Cármina  Editores Caracas, 1997
                                                           *****
      

Mis poemasMarch 26, 2007 8:28 pm

Huésped del amanecer

           

Inventaremos viajes con la punta de un lápiz en el atlas. Jugaremos a descifrar el enigma con el coraje de los ríos que no confunden sus riberas.

Compartiremos la visibilidad del pensamiento. Seremos súbditos del sueño y la grandeza.

Emprende conmigo la travesía en el límite de la noche llevado por  oleajes extremos.

           He sembrado de tréboles las calles y habité la ciudad sobre las colinas de fuego. Te  esperaba en el umbral del mundo tejiendo alfombras de praderas para que no tuvieras frío.                              

Como una mínima corola, en el ala de un pájaro  busco la huella que marcaron tus pies. Escucho tus palabras humedecidas de mar y de tiempo.

            El sol dibuja medallas en nuestras sábanas mientras el alba extiende sus jaguares todavía entre las sombras.

           Eres navío tangible como el ritmo de tu voz y en el huerto cerrado me circundas.

            Escribimos la belleza de mañana en el líquido gramatical sobre la arena.

              Un río de almendras ha caído en el instante del verso encendiendo el fogaril de lo habitado. La palabra palpita como una llamarada en el vacío y rompe la soledad del aire.

Carmen Cristina Wolf. “Canto al Hombre”, Cármina  Editores Caracas, 1996

***

              Escribe un poema para mí

    Escríbeme una ciudad de altos jardines luminosos

            y una calle de sol como tus manos

                   Dibuja para mí una armadura

            no vaya a ser que me asuste la muerte

            y pueda protegerme de los que no conocen el amor

                    Escríbeme un país

            aquél que me sabía de memoria y lo aprendí en la infancia

            No lo encuentro

                   Auspicia una palabra que haga cesar el cansancio y el odio

            tal vez habitemos de nuevo el paraíso

                   Transforma la rama seca en bosque

            la ciudad en un trazo de tinta azul marino

                    Escribe un hombre  para mí

             un hacedor de versos y de faros

                   Tendré motivos para la hermosura

             hallaré la voz perdida en lo innombrable

                               escribe

                               un poema

                               para mí

                                   

*****

  “Escribe un poema para mí”, Círculo de Escritores de Venezuela, 2001

                                              

Prisión Abierta

 

De cómo el sol regresó, después de tantos días nublados, eso no lo sé. Lancé mi cuerpo hacia fuera, a disolver la angostura de la calle. Asalté el amanecer sin proclama alguna, ni arma de fuego. El alba desnuda abrió sus abanicos.
Fuera de mis zapatos, todo era sobresalto. Mejor oír al viento silbar entre la cerca, mejor saltar la cuerda y sujetarse al sol.
           En los pliegues del espíritu no podemos contar los eslabones, el tiempo suele escapar a  nuestras trampas.
La prisión abre puertas, ¿prisiones o caminos? En los caminos reales siempre hay puertas. Conducen a sus cárceles.
Se aposenta en mí la  sed, extraigo de mis manos la catedral posible y se abren los barrotes. La libertad no es un camino, es recorrerlos todos sin quedar atrapado.
         Durante años, deseé tirar los preceptos al fuego,  pasear con sombrero sin importarme los zapatos. Ahora, ante la chimenea, me sonríe un sombrero, las viejas zapatillas y aquel oso de peluche me observa interrogándome,  cerca de los viejos libros del abuelo.
        ¡Ah!, si hubiera dejado al sol arder en sus arenas. Hoy se me vuelve mínima la casa, la calle, la ciudad, porque mi corazón se ha vuelto loco y quiere abarcar la tierra. Iré a la búsqueda del infinito.
Estoy suspendida en un punto donde las formas convergen y forman nuevas causas.
 Dios, me esconderé en tus montañas. En tus prados el amor no termina, ni los cantos. Las voces y los soles son trenzados por árboles enormes para mecernos libres. Abriga mis lágrimas en tus hojas de trébol, acuna mi barca en un lecho de oleaje.

Volveré a ser sonrisa y fuego, escucharé  el sonido del ala en su viajar y cuando mi mente regrese a su predio conservaré un atisbo de goce al creer haber visto la silueta del Ser.

Con imágenes ataviadas de infancia, inquieta entre sábanas de lino, hilos de sol entrarán en mi casa y  habré roto la cita con el abismo.

“Prisión Abierta”, Editora Al tanto, Colección Las Iniciales del Tiempo 2002

Selección de poemas de la Antología de Poetas del Círculo de Escritores de Venezuela 2005