Poesía de SiempreNovember 3, 2009 10:14 pm

 

 Poema Obreras en Cortejo 

Autora: Carmen Cristina Wolf

Traducido por Carlos Armando Figueredo Planchart

THE MAID’S COURTSHIP

They brew coffee, bake cookies

serve the table and iron cloth

voyage through endless rosary beams

and cuddle books

 

Every morning, even on Sundays

they’ve no time for boredom,

they comb my hair with diligence

and in a hurried hush they wave

at a passing by lady.

 

They plot against a sleeping brow’s pain

and close balconies leaving shades ajar

as not to cut the least bit of absence

 

At night, following infinite gestures

they sit next to me close to my armchair

 

Never tiring, they pass pages,

they sew and draw airy geometries

in duet with their shining bracelets

 

They lust for rest in my hands

with their mind sitting on their soothing hollow

away from pen and keyboard

 

I’d rather have  the garden’s shears with the wind

no more traveling through paper pages to suffer

from Eastern wars, the southern miseries and northern kidnaps.

Western lynching, weeping women and breadless children.

 OBRERAS EN CORTEJO

 Hacen café, hornean panecillos

sirven almuerzos, planchan

surcan las infinitas cuentas del rosario

encienden los candiles y acarician los libros

 

En las mañanas, incluidos los domingos

no suelen aburrirse, me peinan diligentes

y con algo de prisa saludan a una dama de paso

 

Conjuran pesadumbres de una frente dormida

entreabren la persiana y cierran los balcones

para no interrumpir la ausencia mínima

 

En las noches, luego de innumerables gestos

me acompañan, sentándose conmigo en el sillón

 

Sin reposo pasan páginas, cosen

dibujan geometrías en el aire y lucen sus pulseras

 

Quisiera descansar en mis manos ahora

sentar la mente en su sosiego cóncavo

muy lejos de la pluma y del teclado

 

Prefiero las tijeras de jardín y la brisa

no quiero abrir las páginas del diario

para sufrir las guerras en oriente,

la miseria en el sur, los secuestros al norte

los ajusticiamientos al oeste,

las mujeres en llanto y los niños sin pan.

 


Poesía de SiempreOctober 31, 2009 6:30 pm


   Por Alberto Hernández 
 
I

Alfredo Silva EstradaA Chefi Borzacchini se le vio entrar muchas veces, desde un balcón, a la casa de Alfredo Silva Estrada. La sonrisa de Sonia Sanoja –en lo alto del viejo edificio de Las Mercedes, donde viven el poeta y la bailarina y coreógrafa- representaba la visa de arribo al país de esta pareja donde la amistad y la reflexión se encuentran. Se impusieron un horario para construir un libro, para reelaborar el mundo de un escritor venezolano anclado en una poltrona, rey de la palabra y de los sueños. 
Así, sin tropiezos, por la cálida amistad y por la gracia de hacer posible una biografía de uno de los poetas más importantes de nuestro país, los encuentros fueron cada día más cómodos, hondos. 
Una entrevista, en la que Silva Estrada se desnuda, da pie para este hermoso viaje que nos ofrece la periodista y escritora Chefi Borzacchini a través del título Acercamientos a Alfredo Silva Estrada, publicado por el Grupo Editorial Eclepsidra, Colección Catedral Solar/ Testimonios, Caracas 2005.

II

¿Qué contiene este libro polifónico? La autora se desplaza por un prólogo y nos dice que este trabajo “ha resultado una experiencia enriquecedora en lo periodístico y especialmente en lo afectivo”. Ciertamente, se trata de una aventura placentera, alegre, nostálgica, legada por el poeta Silva Estrada desde su extraordinaria memoria. Y más adelante, en una fiesta procurada por su relación con el poeta de Los moradores, Eugenio Montejo nos cuenta parte de sus afanes: “Al evocar vagamente ahora el trazo de aquella primera memoria, junto a las lecturas, los temas y el aire de la época, pienso que quienes lo conocieron desde antes como quienes lo han seguido después han visto siempre en él una consagración indeclinable a la poesía, a la poesía como búsqueda del hallazgo verbal y como sagrada pauta de la vida”. Allí está el libro, entre la consagración, esa “sagrada pauta de la vida” que señala el autor de Papiros amorosos.
La entrevista de Chefi recoge la relación de Silva Estrada con su familia, la influencia que tuvieron las mujeres de la casa y las mujeres que escribían libros, como Luisa del Valle Silva y Enriqueta Arvelo Larriva, sin dejar de nombrar a las hermanas Gramcko y a Elizabeth Schön, compañeras de viaje afectivo y literario. 
Recuento del adentro, de sus libros. Una historia conectada con los orígenes de poemas y títulos. Recuento del afuera, las ciudades, las fiestas, el mundo. 
La poeta Arvelo Larriva dijo de la poesía de Silva Estrada, cuando éste tenía 32 años de edad: “Sin tener ninguna influencia mía, yo siento que andas por un cauce que tiene que ver conmigo”. 
Fueron cuatro los acercamientos. En el último, entre otras cosas la entrevistadora le preguntó al poeta: “¿Crees en Dios?”. El poeta, acomodado en su mullida poltrona, respondió: “La palabra Dios me parece muy rotunda. Creo en algo que nos trasciende, puede llamarse Dios, si tú quieres. Nunca he profesado una religión, cuando pequeño tenía unas crisis existenciales religiosas pero después me fue pasando”. Sobre la dignidad, señaló: “La dignidad no es un cliché, es un sentir. Seguiré siendo digno de compartir, digno de escribir. Seguiré siendo digno de ser un poeta”.

III

Un aspecto relevante de la vida intelectual de Silva Estrada se centra en el trabajo como traductor. Chefi recogió algunas anotaciones del poeta acerca de esta labor. En un rincón de conocimiento y pasión, escribió: “Cuando un poeta enfrenta la traducción de un texto poético, sucede algo muy diferente: parte de algo ya dado, de esos datos ya existentes que él debe trasponer en una expansión respetuosa del sentido y de los contenidos sensibles y significantes que se le proponen”. Y en otro: “Todo poema, por oscuro que sea, y quizás mientras más oscuro y secreto sea, dice algo. Algo que a veces puede ser luminoso”.
No podían faltar sus cercanos amigos, traducidos por él, Francis Ponge, Gaetan Picon, Yves Bonnefoy, Fernand Verhesen, Robert Ganzo, Pierre Reverdy, Andrée de Bouchet y Andrée Chedid, entre otros. Termina con una definición muy libre: “Traducir: internarse, escuchar íntimamente, ser uno con el otro, para exteriorizar y delimitar una confluencia que demostrará en cada nueva lectura la esencia universal de la poesía”.

IV

Uno de los más felices aciertos de este trabajo de Chefi consistió en lograr publicar los poemas iniciales de Silva Estrada, donde Whitman suena como parte de sus confidencias creativas. Textos escritos entre los 15 y 18 años de edad, los cuales “asoman algunos rasgos del temperamento de su poesía más reciente”. 
Y un poema reciente, para alegría de los lectores: “Que algo se ilumine// Después de haber frotado el cansancio/ el negro contra el negro// Hundidos en altiva blancura/ De un imposible perseguido// Olvidamos las palabras que nos crearon// Entonces/ entre abismos fraternos/ tempestades y claros// Que algo se ilumine”.
Cada libro, una historia. Detrás de un poema, el universo, un pequeño detalle, una criatura invisible. Silva Estrada le confía a la periodista estos secretos, desde La casa arraigada hasta Los moradores, pasando por Cercos y Lo nunca proyectado, Literales y Los quintetos del círculo. Ninguna de sus obras quedó fuera. Una memoria bien llevada. Cada texto, un descubrimiento, una emoción nueva. 
Y así, los amigos, críticos y cercanos, escriben sobre la poesía de Silva Estrada: Fernando Paz Castillo, Verhesen, Ludovico Silva, Chedid, Oscar Rodríguez Ortiz, Luis Alberto Crespo, Esdras Parra, Rafael Castillo Zapata, Alfredo Chacón, Jesús Alberto León, Santos López, Díaz-Casanueva, Sonia Sanoja, Elizabeth Schön, Víctor Valera, María Teresa Castillo, Alfredo del Mónaco y Ana Enriqueta Terán.
Fotografías del personaje desde los primeros días de su vida hasta el hoy de este hermoso libro que nos acerca mucho más a quien ha escrito una poesía honda, difícil, reflexiva.
El último día de aquellos acercamientos debió ser un poema en la puerta, una leve lluvia ante los ojos, un país distinto -sin estridencia alguna-, con el alma limpia.      

Fuente:  www.literanova.eduardocasanova.com 

Poesía de SiempreSeptember 9, 2009 11:25 pm
La editorial Equinoccio felicita afectuosamente al autor Rafael
Cadenas por haber obtenido el Premio Internacional de Literatura y
Lenguas Romances 2009, un prestigioso galardón, anteriormente conocido
como “Premio Juan Rulfo”, vinculado a la Feria Internacional del Libro
de Guadalajara, el cual le será entregado este próximo noviembre en el
marco de la feria.
Uno de los poetas venezolanos más distinguidos, con una larga y
consistente trayectoria intelectual, académica y ciudadana, Cadenas es
el primer venezolano en recibir este galardón, otorgado antes a
figuras principalísimas de las letras hispanas como Nicanor Parra
(1991), Juan José Arreola (1992), Eliseo Diego (1993), Julio Ramón
Ribeyro (1994), Nélida Piñón (1995), Augusto Monterroso (1996), Juan
Marsé (1997), Olga Orozco (1998), Sergio Pitol (1999), Juan Gelman
(2000), Juan García Ponce (2001), Cintio Vitier (2002), Rubem Fonseca
(2003), Juan Goytisolo (2004), Tomás Segovia (2005), Carlos Monsiváis
(2006), Fernando del Paso (2007) y António Lobo Antunes (2008).
Según el veredicto del jurado, la palabra de Cadenas es “un exigente
ejercicio crítico en busca de la expresión más auténtica, despojada y
límpida, lejos de cualquier retórica o de cualquier afán estilístico o
estético. (…) Lúcido y vigilante, Cadenas no ha dudado en ir rompiendo
con las formas, los géneros y los discursos más frecuentes dentro de
la poesía moderna”.
Entre sus obras de poesía se encuentran Cantos iniciales (1946), Una
isla (1958), Los Cuadernos del destierro (1960), Derrota (1963),
Falsas maniobras (1960), Anotaciones (1973), Intemperie (1977),
Memorial (1977), Amante (1983), Dichos (1992) y Gestiones (1992). El
Fondo de Cultura Económica publicó en el 2000 su Obra entera. Ha
recibido el Premio Nacional de Literatura en Venezuela, el Premio
Internacional de Poesía Pérez Bonalde, la Beca Guggenheim y doctorados
Honoris Causa de la UCV y la ULA. Es profesor jubilado de la Escuela
de Letras de la UCV, traductor de poesía inglesa y cuenta con una
amplia obra de ensayo en la que destacan sus libros En torno al
lenguaje (1984), los Apuntes sobre San Juan de la Cruz y la mística
(1995) y, en nuestra editorial Equinoccio, Realidad y literatura,
publicado originalmente en 1979 y reeditado en 2007.

Carlos Pacheco

Director de Equinoccio

Poesía de SiempreAugust 31, 2009 2:06 pm

Leamos las palabras escritas por el escritor José Saranago, recogidas en la Contraportada del nuevo poemario Poemas incinerados, del joven autor Alexander Ritter Alzamora, publicado recientemente por la Embajada de México y presentado en Caracas, en la residencia del Señor Embajador de la República de México.
Alexander tiene quince años de edad, es el escritor más joven del Círculo de Escritores de Venezuela y ha recibido importantes reconocimientos en Venezuela y en otros países. Es nieto de la ilustre escritora e investigadora Lupe Rumazo, que cuenta con una densa obra publicada que la ha hecho acreedora de numerosas distinciones.

la Fundación Arturo Uslar Pietri le impondrá el Botón de Honor el próximo jueves 3, a las 6:30 p.m. Allí Alexander dará un recital bilingue de su próximo quinto libro, poemario que lleva muy adelantado y que habla de una capacidad creativa realmente extraordinariabra

"O que importa na poesia de Alexander Ritter não são tanto as ideias em si, porquanto a juventude do autor ainda carece do amadurecimento e da experiência necessários para um exercício autónomo do pensar, mas a sua extraordinária capacidade para plasmar em formas definidas o fluxo do sentir. A vida ensinará a Alexander Ritter que a imortalidade é uma ilusão e que crer nela é uma expressão de desespero. Então saberemos o que valerá realmente este poeta. Confiemos. Há motivo."

José Saramago

Lo que importa en la poesía de Alexander Ritter no es tanto las ideas en sí, porque la juventud del autor carece de la madurez y de la experiencia necesaria para un ejercicio autónomo del pensar, sino su extraordinaria capacidad para plasmar en formas definidas la corriente del sentir. La vida le enseñará a Alexander Ritter que la inmortalidad es una ilusión y que creer en ella es una expresión de desesperación. Entonces sabremos lo que valdrá realmente este poeta. Confiemos. Hay motivo.

José Saramago

POEMA de Les Pensées Incinérées/
Los Pensamientos Incinerados
Autor: Alexander Ritter Alzamora Rumazo

La Entidad Universal I
¿Qué quiere decir este título?

El todo, nuestro universo materialista,
aquel que es innato,
como aquel creado por nosotros…

Todas nuestras invenciones,
nuestras construcciones…
¡Todo retorna a esta única entidad!

Es la marioneta del todopoderoso,
no el ilusorio a quien se construyen iglesias o mezquitas,
No… ¡El azar!

Esta entidad
cae bajo su voluntad,
para hacer justicia
o por un simple capricho…

Aun la inocente arena
trabaja para este azar.

Pero felizmente,
estamos separados de esta entidad;
Nosotros, la especie cubierta de oro que nos diferencia,

Este oro es el mismo que me impulsa a escribir,
a mí y a tantos otros…
¡Este oro se llama arte…!
Y es esta cultura la que nos permite
separarnos de esta entidad
y enfrentar el fatal azar.

Illumination
À Simon Rodriguez

Qu’est-ce que l’intelligence?
Elle n’est pas un sentiment, une vertu, ni un défaut.
C’est une entité à part entière,
matérialisée dans les livres et les arts.
Plus on a de force sentimentale, plus cette divinité est assimilable…

Mais, qu’est-ce que la force sentimentale?
C’est ne plus rejeter, ignorer ou supporter les sentiments trop forts,
mais c’est les assimiler, les vaincre.
C’est transformer cette répulsion en amour;
C’est voir avec de nouveaux yeux,
en jetant ceux d’un corps matériel…
Il faut aimer les extrêmes, même ceux qui font mal.

Se rapprocher de cette façon de la divinité…
La communion avec l’entité intelligence alors se sentira,
l’âme prendra le dessus sur les sens
qui se perdront dans leur monde,
alors qu’elle, elle s’envolera!

A ce moment-là,
l’Homme arrêtera d’apprendre l’intelligence par les livres et les arts,
Car alors il vivra l’intelligence!

Carmen Cristina Wolf

Caracas 2009

Poesía de SiempreJuly 31, 2009 2:30 pm

 

                                             
  Por Magaly Salazar Sanabria
  
Para poder ver el bosque, abramos un claro entre los árboles. Son diversas las voces que animan la escritura de Andrés Eloy Blanco: ecos que trazan una nueva concepción de la hispanidad a través de una visión benévola de los conquistadores,”la semilla piadosa de las manos reales”. La asunción del trigo en la tierra llanera compendia el encuentro armonioso de dos realidades, así la manera de anunciarnos la aproximación entre dos culturas: la española y la india y más tarde, la negra.

 

El paisaje venezolano adquiere líneas decididas en la poesía del poeta centenario:En el poema Coquivacoa se lee:
   
                                     “Después, ya no muy lejos, entre el Lago y el Cielo,
                                       venía hacia nosotros la playa de arribar
                                        y en el azul clavadas, como tejiendo un velo,
                                        vimos surgir las verdes arañas del palmar” (1)

 

Esta voz del paisaje es, entre otros designios de su palabra, una búsqueda incesante que pretende romper con el exotismo impuesto por los modernistas, los cuales no lograron superar la relación entre su visión de la realidad objetiva y su imaginación

 

Lo popular, traído de la mano de un mestizaje acongojado y a la espera de una mejor suerte del destino, hace de la poesía de Andrés Eloy Blanco un ejercicio de lo venezolano, por su emoción, sus modismos, inflexiones, musicalidad, temas y paisajes.El poeta toma elementos del folklore sin grandes variaciones  que permiten  atacar la quejumbre de lo venido de Palos de Moguer. La palabra enternecida del poeta León Felipe, aquel día de México,  ante la caja oscura que contenía los restos de Andrés Eloy Blanco, dijo en su hermoso discurso:”Pero Andrés Eloy Blanco no es un poeta español ni rabiosamente españolista. Es un poeta criollo que cada vez se va haciendo más mestizo. Al final será el poeta más equilibradamente mestizo de la América española”(2)

 

Los críticos del poeta han encontrado rasgos comunes entre la escritura de Federico García Lorca y la del poeta cumanés. Pedro Beroes, apunta:

                    

Lo que en García Lorca es consumada perfección estética, es en
                     Andrés Eloy Blanco, intencional elemento de contraste. Esa ma
                     nera de concebir e interpretar lo popular, mucho menos inocente
                      e ingenua que la de García Lorca, trasciende casi siempre del cam
                      po estrictamente literario y cobra indefinida proyección en el marco
                      de las realidades político sociales incorporadas a la experiencia del
                      poeta. Aquí conviene dejar muy claramente establecido que sólo se   
                      trata de una pura y simple proyección de la poesía en un plano evi
                      dentemente extraliterario (3)

 

 

Es la obra de Andrés Eloy Blanco una poesía de metáforas sencillas que pulsa la emoción y la manifestación de los sentimientos sin rodeos. El empleo de las imágenes poéticas es de una gran claridad y están respaldadas por la verdad de la vida, las tradiciones, el espíritu de la gente y de la historia. Este canto llano pero con calidad lírica es lo que ha contribuido a que el pueblo venezolano recite por allí:

 

                                    “He renunciado a ti. No era posible
                                      fueron vapores de la fantasía;
                                      son ficciones que a veces dan a lo inaccesible
                                      una proximidad de lejanía”
 
                                                           o
 
                                     “Ayer vino la paloma
                                       que viene todos los días,
                                        ayer se paró en la reja
                                        y comió de mi comida.
                                        Ayer vino hasta mis hierros,
                                        ayer me escuchó tranquila
                                        y digo en el romancillo
                                        las cosas que le decía” (4)

 

Preocupado por este colectivo del cual el poeta no es sino un eco, adentrado en la esperanza y la muerte, en la sal de lo álgido, en el conflicto y en la risa, Andrés Eloy, asume una postura ante los problemas del ser humano, y lo hace a través de la solidaridad. Más que política, esta voz es solícita con el pueblo pero es también,  fuerza de libertad por la que luchó desde La Rotunda, El Castillo Libertador de Puerto Cabello, Valera y  el destierro.
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                La La vocación democrática del poeta, su extraordinaria calidad humana y sus condiciones de ciudadano con alto sentido ético de la vida, hacen que la palabra llegue al alma popular como un legado de su espíritu de hombre poeta, más que el de un militante político. De Baedeker 2000, cito                                                      

 

 

                                     “Medio millón de hombres
                                       se secaron los pechos
                                       sus gritos de múltiple tono,
                                       sus imprecaciones
                                       sus sarcasmos,
                                       sus quejas,
                                       sus oscuros pedruscos de voz,
                                       y los fueron mezclando
                                       en el sombrero de un hombre”(5)
 
Mientras espera, llámese vivir el camino andado o la ilusión de la otra orilla, el poeta establece una ruptura con la herencia recibida. Según criterio de José Ramón Medina, Andrés Eloy Blanco  es un poeta que creció entre varias tendencias, ésto le da el carácter de poeta  de transición , por eso encontramos en sus primeros poemas rasgos modernistas, románticos y vanguardistas. Pero su universo creador, su ambición por captar toda expresión humana, le imprimen a su obra un carácter  de amplitud que le hace ir de lo humano a lo divino, de lo histórico a lo geográfico, de lo culto a lo popular. De esta manera, va desgajando posibilidades temáticas que reflejan su preocupación por el país, el ser, el amor, la vida. El yo poético  dice:
                                     
                                        Nací en una revuelta
                                        viví una Revolución
                                        y me voy por la puerta de un idilio.
                                        Estoy de pie en los campos
                                        que mi calor maduró  al fin para los hombres(…)
                                        De la montaña ideológica
                                        quedó una frase de divinidad sustantiva:
                                         “el Hombre es una fuerza que ama”(6)                                                                                      
El poema, Autorretrato, citado anteriormente, refleja claramente el deseo de Andrés Eloy de comulgar con lo humano que le confiere rasgos estilísticos propios.En un sentido, detectamos una  tendencia al diálogo y la plasmación de un sentimiento de confianza. Este aspecto hace que el lector sienta las confidencias del hombre auténtico:
                                                                 
                                     “(…) Y  el beso familiar a medianoche:
                                       -La bendición ,mi madre.
                                                                    Que el Señor te proteja…
                                       Y después en el claro comedor, la familia
                                        congregada para la cena,
                                        con dos amigos íntimos y tú, madre, a mi lado,
                                        y mi padre, algo triste, presidiendo la mesa.
                                        !Madre, cómo son ácidas
                                        las uvas de la ausencia!”(…)(7)

 

 El poeta se compenetra con la colectividad cuando asume la fe como bandera, así, la angustia parece alejarse, el dominio de la negación, también. De esta manera el poeta invoca la confianza:

 

                                        “Cuando se tiene un hijo,
                                          se tiene al hijo de la casa y al de la calle entera,
                                          se tiene al que cabalga en el cuadril de la mendiga
                                          y al del coche que empuja la institutriz ingles
                                          y al niño gringo que carga la criolla
                                          y al niño blanco que carga la negra
                                          y al niño indio que carga la india
                                          y al niño negro que carga la tierra” (…)(8)

 

La confianza está determinada por la absoluta responsabilidad que el escritor asume ante lo social. Este aspecto ha dejado de ser tema para transformarse en una voz. Tomás Segovia afirma: “el poeta ya no habla de lo social, sino en lo social”(9) La fe del poeta se sostiene en su manera de observar la naturaleza, el trabajo, la tierra y en su sentido de la solidaridad. En muchos poemas como “La Hilandera”, “Aparición de Giraluna”, “Caminos” y otros tantos, se siente la hondura de esa intimidad que sella la confianza.

 

La comunón del poeta con su pueblo se palpa en la presencia del yo que se afirma a través del “otro”. Un yo que se resuelve en nosotros, pero que no sólo se contenta con el otro, -ella, el colectivo-, sino que también se involucra con los espacios, los objetos, las cosas: Para demostrar lo expresado, cito:

 

                                     “Cuando tú te quedes muda
                                       Cuando yo me quede ciego,
                                        nos quedarán las manos
                                        y el silencio”(10)                                                                                                                                          
                           
Y en ese nosotros llegan las voces de los antepasados. En el poema “Iraida Regina Blanco”, de Tierras que me oyeron, el yo poético musita: “Iraida:Estoy pensando en el navío/ que trajo por los mares a tu abuelo y al mío”.Así el poeta habla de los conquistadores, los que vinieron con limones de Granada, los que trajeron claveles de Sevilla. El nosotros se hace con la sangre del yo y la de Iraida, para recordar a los viejos; el que sembró el árbol y el que salvó el ave.

 

Pero ese movimiento del yo que le permite refundirse en nosotros, también es
expansión. Entonces, el colectivo surge siempre vívido, apostando por una vida mejor y esperanzada, libre y feliz. Planteamiento que no surge de un dogma ideológico sino de una sencilla convicción de ser sensible. Esta sensibilidad le hace imprimir un sello de humanismo a su poesía y no de moralismo, como algunos han señalado.

 

De cada verso, unido uno tras otro en eslabones libertarios, nace una ética que surge del poeta y cuyo sentido totalizador tiene como lazo unitivo la solidaridad. Porque la poesía de Andrés Eloy no pretende ser sólo un acto comunicador . Sus voces son afirmativas, en el sentido de hacer del deseo una consustanciación con los otros.

 

Cualquier elemento de lo cotidiano, por muy pequeño que éste sea, pero que pertenezca al oficio de vivir del pueblo, contribuye a cohesionar la obra del poeta cumanés que es la poesía de lo colectivo.

 

El poeta no es un hombre que se queda en la contemplación. Su humanismo se transforma en acción; toma partido por la vida, la libertad, la justicia, el amor. La voz del amor llega a manera de canto o de elegía. En el primer caso, el yo poético se identifica con el amor -la mujer-y lo considera motivo central de su existencia, otras veces, lo manifiesta con una sensación de fragilidad. Distingue el amor a los padres. Una dirección cósmica-erótica recrea hermosas sugerencias. Cito: “Pensé: -En sus brazos, con Ella,/!romperé, acero tus lazos!/ ¿Para qué quiere una estrella/ quien tiene al cielo en los brazos?”(11) . El amor huele a “desayuno de amor”, “traslación de la sangre”, “apuro de los poros/ con un millón de hambres y un millón de sedes”. El amor es tranquilo, apasionado, reflexivo. La ausencia es un pretexto para configurar el amor. Se tira de los hilos de la distancia, de la soledad y de la espera. El amante, volverá,  tal vez, no revestido de corporeidad, sino de aliento para darle un nuevo motivo de canto al poeta, porque en toda ausencia hay una presencia.
                                                         
La otra manera de revestirse el amor es a través de la elegía, que también revela el sentimiento de la muerte. El poema elegíaco y la reflexión acerca de la muerte tiene sus raíces  en castellano  en Disputa del alma y del cuerpo del siglo XIII, y en el planto a Trotaconventos que Juan Ruiz incluye en su Libro del Buen Amor (siglo XIV).
Más tarde, las Coplas a la muerte de su padre, de Jorge Manrique, le imprimieron jerarquía a este género poético. La tradición elegíaca  conserva como ejes centrales: 1) El consuelo que se concibe como una nueva vida. 2) El elogio derivado de una situación postmortal. En el caso de Andrés Eloy Blanco, la consolación está dada por la fuerza del amor, por los buenos recuerdos; en fin, por las huellas. El elogio magnificador crea un espacio fantástico. El poeta no percibe la muerte como algo negativo, la persona muerta, habita ahora lugares de misterio y de bondad, por eso se produce el consuelo. La muerte también adquiere su sentido en la vida, porque es ineludible. Es la vida la que le da verdadero valor a la muerte, porque ésta es su fin. En Andrés Eloy Blanco se perfila un sentido solidario con los hombres que se inscribe en una dimensión colectiva e histórica y va más allá de la muerte.

 

                                    “ Padre mío, perpendicular al suelo,
                                       luminoso de canas,
                                       como el sol en medio del cielo,
                                       a plomo sobre las sábanas
                                       Amigo mío, sin paralelo,
                                       amigo sin codicia y sin celo,
                                       amigo de todas las tardes y de todas las mañanas”(12)

 

En la elegía a la madre “A un año de tu luz”, la invocación se convierte en una gran energía telúrica y cósmica. El canto es un repasar la geografía: Cumaná, Paria, Margarita, lugares donde se apacentó el amor y la vida; constancia “del claro querer sin la querella”. Así se lee: “Dormir allí, pescado en la atarraya/ de tu labor de estambre y mecedora/, mi sueño, entre las dunas de tu saya”(13)

 

No se puede acallar la voz del prisionero. En sus libros Barco de piedra y Baedeker 2000, el poeta se torna universal cuando proyecta su voz . Cinco partes componen la obra con nombres de ingrata recordación: La rotunda, Castillo de Puerto Cabello, Cárcel de Puerto Cabello, El Confinamiento y La Casa de Abel. En el poema “Los grillos me han hecho callos”, se percibe:
             
                                     “Duele un dolor de pobladas,
                                       duele un dolor de dolores;
                                       alguien se queja; en la queja
                                       se quejan millones de hombres(…)
                                       Se podría estar callado,
                                       callado… pero no puedo!
                                       Los grillos le han hecho callos
                                        al silencio”(14)
El acento reivindicador  de la poesía de la prisión , es en Andrés Eloy afirmación de sus convicciones democráticas. Este verdadero humanista, nacido en Cumaná, el 6 de Agosto de 1896, habla desde sus 113 años, que conmemoramos, del callo en el corazón , del olvido de la canción, que es lo que estremece y duele. El lenguaje, el  gran taumaturgo del espíritu, conmueve por su ternura , por el armónico maridaje entre la forma del poema y el concepto verídico del trasunto humano. Podemos señalar muchos de sus versos de la cárcel , pero hay uno que por su belleza se quedará sobre estas páginas como la “Luna”:
                                                           
                                    “Sobre el disco de la Rotunda,
                                       negro y lleno de presos,
                                       ha venido a pararse
                                       el disco de la Luna.
                                       Anverso de luz,
                                                      
                                       reverso de noche
                                       y un carcelero tahur,
                                       frente a frente con la Esperanza,
                                       nos juega a cara o cruz” (15)
 
La injusticia de la prisión revelada sin aspavientos por el poeta. El “nos” se refiere a lo colectivo, una vez más. Esta voz no responde a .un credo de una religiosidad, es, sin embargo, un credo personal, aunque en muchos poemas aflore un sentimiento cristiano.
Para  cerrar el círculo, el lugar donde las voces se encuentran, me arrimo hasta Juan Bimba, expresión del hombre pobre de Venezuela. La musicalidad, de nuevo, irrumpe a partir de repeticiones, traslaciones semánticas -a unas palabras le suceden otras, por su evocación significativa y el repicar de la onda fónica. El lenguaje poético recrea un mundo .Inventa una cosmogonía verbal  del desabrigo. Versos como “me das tu techo en tu rincón sumido”, o “me das tu traje, en tu sudor sudado”, imprimen un movimiento a esa realidad reinventada. El grito solidario se ha expandido. Las imágenes del hombre desvalido se recogen sobre la mano abierta del yo poético que dice:
                                    “(…) y yo te doy, por lo que dando espero
                                       el oscuro esperar con que te sigo
                                       y el claro corazón con que te quiero(16)

 

*Magaly Salazar Sanabria, escritora venezolana nacida en la La Asunción, Estado Nueva Esparta.

Poeta y ensayista, Licenciada en Letras con una amplia obra publicada. Directora de Relaciones Institucionales del Círdulo de Escritores de Venezuela.

           

Poesía de SiempreJuly 16, 2009 2:09 pm

Todos han muerto

 

JOSÉ BARROETA
Y LA MEMORIA DE LA MUERTE

 

                     Por Alberto Hernández

 

1.-
En el ensayo El padre, imagen y retorno (1) el poeta trujillano José Barroeta afirma que “La elegía muestra el rostro trágico de la cultura y nos deja entrever cómo el hombre ha ido asumiendo el hecho de la muerte”. Tema recurrente, Barroeta estuvo destinado a buscar en la memoria perdida, en la infancia ambulante de una vida perseguida por el pasado. Con la muerte, con el canto a su muerte, el poeta revisó las coordenadas de la eternidad, el paisaje simbólico previsto en la tierra de los suyos.
Desde el comienzo, desde el mismo instante del primer verso, José Barroeta supo de su viaje por la muerte. El lugar de nacimiento marca el inicio. Una mirada a lo Rulfo destaca el regreso, el retorno a la memoria donde impera la muerte. En Todos han muerto (2), el pequeño país de la infancia se convierte en la nación del abandono, en la caverna de la muerte, en la arcadia del espera.
Pampanito, el imaginario trujillano del poeta, se vuelca en la nostalgia de una mujer, Eglé, único testigo de la desolación. Barroeta deja escrito este viaje hacia la sombra, hacia el lugar donde sus fantasmas ambulan en el aire, en un “bosque ruinoso”.
Mucho antes, un niño, el estadio más delicado de quien siempre desea retornar, supo de unas “galaxias para mi amor”, las mismas que hienden sus “ojeras de abandonado” en este su primer libro:

 

Todos han muerto.
La última vez que visité el pueblo
Eglé me consolaba
y estaba segura, como yo,
de que habían muerto todos.

 

Me acostumbré a la idea de saberlos callados
bajo la tierra.
Al comienzo me pareció duro entender
que mi abuela no trae canastos de higo
y se aburre debajo del mármol.

 

En el invierno
me tocaba visitar con los demás muchachos
el bosque ruinoso,
sacar pequeños peces del río
y tomar, escuchando, un buen trago.

 

No recuerdo con exactitud
cuando empezaron a morir.
Asistía a las ceremonias y me gustaba
colocar flores en la tierra recién removida.

 

Todos han muerto.
La última vez que visité el pueblo
Eglé me esperaba
dijo que tenía ojeras de abandonado
y le sonreía con la beatitud de quien asiste
a un pueblo donde la muerte va llevándose todo.

 

Hace ya tiempo que no voy al poblado.
No sé si Eglé siguió la tradición de morir
o aún espera.
  
Poesía elegíaca, se mueve con la épica de un tiempo detenido, de allí que Víctor Bravo afirme: “…la poesía de Barroeta es preparación y ejecutoria de un viaje: el viaje hacia lo originario que se desprende de la inescapable carencia, de la estremecida fragilidad”. Pampanito, el pueblo andino y trujillano de las visiones de José Barroeta, se mueve con la palabra y el cuerpo de quien supo desplazarse, pero al no huir de su memoria lo enclava en toda su obra.
He allí que el padre, la sonoridad del origen, así la mujer, la revelación del origen, se sostengan permanentemente en una poética en la que la muerte es “imagen a lo largo de una estación que huye”, como los seres que bajo tierra siguen dialogando con el silencio.
Como remate de estas afirmaciones, José Barroeta nos indica el camino hacia la elegía y el retorno: “Mientras haya muerte viviré cantando (…) Cuando regrese no tendré padre ni madre. No iré más al bosque/ ruinoso y mi amada ha de esperar vestida de luto”.

 

2.-
¿Era la mujer del poema anterior la misma que en Cartas a la extraña (3) se confirma lugar y tiempo del poeta andino? Siete son las cartas que el poeta envía a la extraña. Siete son los intentos por hacerla parte de sus estremecimientos. En un principio, el espíritu siembra la mudanza de palabras, frases y augurios: el viaje hacia el interior de una mujer.
José Barroeta, el insomne de Vagancia City, busca afanosamente la voz de la extraña. Para ello se vale de una incesante sonoridad que lo desplaza frente al silencio lejano y apacible. Siete son las voces, como cabalístico agitar de las manos mientras marca en las piedras trujillanas el poema que aturde, que se moja con el licor sobre la madera de la barra  de los bebedores impenitentes.
Cartas a la extraña son los nervios al descubierto y fáciles para conducirme a la demencia los que quedan como señales, sobresaltos del sueño, del abandono de este sueño para sobrevivir noctámbulo en un nombre que se pierde en el hallazgo. Porque aéreos son los giros que el poeta hace para toparse con el fantasma. Por eso hay un antes y un después del amor, toda vez que la suerte de quien recorre las sombras es la misma de quien se esconde del mundo.  
He aquí el viaje a la infancia, al mar de 1930. La edad perdida, la generación del olvido, la poesía como balsa para una navegación procelosa: Inicia entonces el espíritu la gran/ aventura, fatalmente el mundo nos alimenta/ de miedo y de pura poesía comenzamos a vivir.
El vértigo, la pérdida, el abandono, la distancia que sacude los vientos a espaldas de los cuerpos. Una como sospecha de que la muerte recorre los campos de la vigilia, los puertos de al mirada y el encanto imposible.
El poeta se recoge en su propia desolación. La palabra se queda en el lugar del silencio, en el viaje sin destino, sin punto de referencia: Vagar contigo era como dormir en los celajes de una imaginación donde la muerte había dejado sus mejores ráfagas.
La mujer, esa extraña hecha mundo en la mirada del poeta, reniega del sonido como respuesta. La muerte, la no-invitada, o quizás la invocada sin propósito alguno, comienza a desdoblarse en la piel y los ojos.
La pérdida de todo, la huida de las cosas que la memoria destina a las carencias. Quien escapa sabe de dolores, de resacas y torturas, de soledad para encontrarse con el dios de la embriaguez: Era aborrecer la multitud, aborrecer todo cuanto me impedía sentarme a la sombra de mi cadáver y acusar desde allí el origen de una enfermedad, el alcohol, que desde la adolescencia se aposentó en mí en forma sagrada.
Luz y sombra, fantasma y destellos. El fuego en la carne de los sueños: el extrañamiento hacia los olores de la mujer, la extraña, su Nadja.

 

Por fidelidad a mi equívoco ahora me conduzco de una
manera diferente. Me he vuelto hosco, y aun cuando esto
me permite el disfrute perfecto del silencio, tiende también
a separarme de mis camaradas inolvidables.

 

Y entonces, como Rimbaud, se ilumina. En el regreso.

 

3.-
Si la muerte y la infancia, el segundo en el camino de Rilke, han sido los temas más recurrentes en Barroeta, el del padre tiene asiento relevante en Arte de anochecer (4), uno de los libros mejor logrados del nacido en Pampanito. El poema que le da nombre al libro pronuncia esta búsqueda, común en la poesía venezolana. El imaginario del padre, tratado con maestría por Vicente Gerbasi, reúne en Barroeta la figura de un hombre perdido, lejos de la intemperie del pueblo, bajo tierra. Una vez la muerte, otra la distancia provocada por los avatares de la historia. La guerra, el exilio y el abandono. En Arte de anochecer se debaten estos referentes, estos tormentos, el regreso al origen y la figura ansiada del ausente: “A los campos vuelvo,/ al fracaso de los iluminados”, “Si una hoja caía,/ lloraba de amor por ti, padre./ Mi vergüenza pura es soñar contigo sin puestas de sol,/ limpio de clareo día./ Luego de tu muerte no gusto de la noche…”
De esta laceración se desprende Arte de anochecer, poema nocturnal, lavado con un verbo definitorio:

 

Hay un arte de anochecer.
De la entrada del cuerpo al alma,
de la niebla a la redondez
y del círculo al cielo;
hay un arte de luz,
un campo donde anochecer
es mirar la vida
con el cuerpo cerrado.
Hay un arte de anochecer,
un descenso en la entrada del día
a la completa oscuridad.
Un intermedio donde es necesario
recibir y saber todo sin estremecimiento.
Hay un arte,
un paisaje a veces amable,
a veces torvo,
donde ascenso y descenso son accesorios
de la materia limpia.
Hay un arte de anochecer.
Quien haya vivido o soñado con bosques,
luces y demonios,
lo sabe.

 

Y él lo supo. Supo de la circularidad de la sombra, de la redondez de la luz, y así su padre, anclado en sus poemas. La celebración de la muerte, la fiesta de la vida: ambos tesoros verbales, inventario de la eternidad, del acontecer de los astros. Cuerpo vital, limpio bajo la bóveda del cielo. Lo supo José Barroeta en el varias veces nombrado “bosque ruinoso”, donde las luces y el demonio alimentaron el viaje de su obra y en su obra.
Bien lo escribió el poeta Harry Almela, a propósito del libro homenaje a Pepe, Todo ha sido soñar(5): “Acá cabe señalar que Barroeta es uno de los pocos poetas venezolanos a quienes la presencia del padre le aturde o le conmueve. Punto de referencia con el paraíso de la infancia, el padre de costumbres campesinas acerca en un país que no se caracteriza precisamente por sus sanas relaciones con la figura paterna. No es casual, además, que uno de los pocos ensayos sobre el tema del padre en la poesía venezolana, se le deba a él”.

 

4.-
Fuerza del día (6) es la recurrencia de la infancia, la muerte niña frente al paisaje familiar. Los ausentes regresan en la voz de quien permanece frente a la memoria: Esta piel ha tocado la muerte,/ hundida su dureza viva/ ha ido a los acantilados/ en busca de los ojos de marinos muertos” (…) “El buey que vi en la niñez anda entre catedrales” (…) “Había un país/ y yo era su hermano/ y una piedra/ y un árbol también”. Así continúa el fantasma del padre, la búsqueda sagrada de la palabra, de la poesía, como bien se asisten también en Culpas de juglar (7), ámbito de los sonidos interiores, de los relámpagos del páramo.
Así, la figura mítica, la perfección bíblica del tiempo: “El final y el comienzo/ son un intento de vacío.// Es posible que entre tú y yo/ el mundo haya pasado/ es posible que Dios exista”. Ese alfa y omega hacen posible la tesis poética del autor venezolano.

 

5.-
El canto a la muerte aflora con la misma fuerza de la vida en el decir del dolor. La elegía, el ritual fúnebre, el diálogo entre el ruido terrenal y el silencio de los guardados en la memoria. Con José Barroeta el lector se integra a la infancia lejana, dejada en un recodo del viaje. Los símbolos que utiliza alcanzan tal lirismo que funda un universo donde la huella de su patria chica juega papel relevante en el imaginario de los que abordan su poesía. Pampanito es pueblo de muertos. Pampanito es un resumen de la orfandad. Una tesis redonda en la poética de quien en Elegías y olvidos (8) encontró la última estación de la existencia.

 

Dónde estarán mi padre y mi madre
con sus rostros.
Dime tú Pampanito
que estás en la tierra
y en el cielo
qué piedras
qué sueño del camino
recojo.
Dime y dame
la ternura caliente de los
muertos.

 

Hasta aquí –hasta esta eternidad- los poemas de José Barroeta, mensajero de todos los afectos. Un poeta de magistral pureza, cuyos huesos limpios viajan por el cosmos, por los campos calientes de Pampanito, el pueblo del siempre retorno en su propia muerte, a la que cantó y contó. Sus últimos días estuvieron en Elogios y olvidos, asimilados por la valentía de su espíritu, de una poética incansable, sostenida. A modo de hasta luego, este eficiente aliento:

 

Mi oficio
regentar el vacío…     

 

                                                                     **
                                                     Fuente bibliográfica:

 

El padre, imagen y retorno. Caracas, Monte Ávila Editores, 1993.
Todos han muerto. Caracas, Monte Ávila Editores, 1971.
———————- Editorial Candaya, Barcelona, España, 2006.
Cartas a la extraña. Dirección de Cultura/ Universidad de Carabobo, 1972.
Arte de anochecer. Caracas, Monte Ávila Editores, 1975.
Todo ha sido soñar. Mérida. Universidad de Los Andes/ Casa de las Letras “mariano Picón Salas”, Editorial Amate, 2006.
Fuerza del día. Caracas, Casa de la Cultura Juan Félix Sánchez y Ateneo de Caracas, 1985.
Culpas de juglar. Cumaná, Centro de Actividades Literarias José Antonio Ramos Sucre, 1996.
Obra poética. 1971-1996. Mérida, Rectorado de la Universidad de Los Andes, colección El otro, el mismo,

Poesía de SiempreJuly 7, 2009 3:58 pm

Cuál promesa nos salva en las caídas?
¿De cuánta llagadura somos huella?

Lidia Salas                        
Fragmento del poema XIV, Mambo Café
Lidia Salas nació en Colombia y reside desde hace muchos años en Caracas.  Es Magister en Literatura de la Universidad Central de Venezuela, poeta, ensayista, crítico literario y profesora de Idiomas. Autora de los poemarios:  Arañando el silencio, Mención de Honor del Primer Concurso de Poesía Libre de la Universidad de Córdoba, Colombia (1984),Coautora con Elena Vera de la Antología Quaterni Deni.  (1992).  Mambo Café, 1º Mención de Concurso de la I Bienal del Ateneo Casa de Aguas (1994). Venturosa Premio Unico Mención Poesía del VII Concurso Nacional del IPASME (1995) . Luna de Tarot  (Ediciones Círculo de Escritores de Venezuela. 2000). Y de las Plaquettes Sedas de Otoño (Taller Editorial El pez Soluble, 2006). Itinerario Fugaz editado por la Universidad Nacional Abierta en 2008.
Ha sido invitada a la Celebración de la  Semana Hispánica por la Universidad de Clemson (Carolina del Sur, USA) en 1989 donde leyó su ensayo “Voces de mujeres en la poesía Venezolana” y a la II Bienal de Poesía Hispanoamericana en la Universidad de George town, Washington. Usa 1997, en donde disertó sobre la vida y obra del poeta chicano Tino Villanueva. Presentó una ponencia sobre la novelística de Marisol Marrero en el Octavo Encuentro Internacional de Escritoras 2008, que se realizó en Caracas. Recientemente dictó una conferencia sobre la vida y obra de Enriqueta Arvelo Larriva en la Sala Cabrujas del Centro de Cultura Chacao en Caracas.
De una selecta obra publicada, he elegido un poema de  “Sedas de otoño”, plaquette editada  por El pez soluble (Caracas 2006).
         Estos versos evocan un pasaje en la vida de Sherezada,  protagonista de Las Mil y una Noches, prisionera del poder absoluto en un lugar de costumbres atávicas. En cualquier país puede erigirse un gobernante que pretende ser dueño de la vida y la muerte de sus súbditos, y desea que le rindan pleitesía a todos sus caprichos. La sensibilidad  de Lidia capta un drama íntimo y en forma de collage dibuja una mujer  que puede ser cualquiera de nosotras, o ella misma como espectadora y con una gran ternura salva a Sherezada de su destino trágico a través  de la inocencia:

Matices
Extraviada en la ciudad de nadie.
Me orienta la anciana que lo ha perdido todo.
En el templo, mi plegaria se extingue
                            Ante el silencio de la llama.
El aroma de la cera derretida es hermosa respuesta.
Vi las esencias y los aderezos en el bazar e jades.
Sherezada ignora la amenaza terrible del Islam.
En su jardín, es íntima la muerte
Como aliento de azahar en la penumbra.
Soy otra en los brazos del extraño
Aquella que el tiempo deshizo en nostalgias.

Traduce mucho de lo que pienso sobre la escritura de Lidia Salas esta aproximación a su poesía  que expresa el poeta Marco Ramírez Murzi en 1994, sobre el libro de Salas Mambo Café:  “… es una expresión de la nocturnidad. Del humo. Da la compañía, entre rostros errantes. De la música de Jazz, que cae, gota a gota, sobre el alma… Es una poesía fuerte, de palabras que se callan paro se sugieren, de pasiones que se muestran a medias y solidamente se esconden… Lidia me ha sorprendido … por la fuerza con que dispara en la poesía, hasta herir mortalmente. Por el poder absoluto que aprisiona bajo su piel. Por este verso caribeño, auténtico, destellante, expresivo, diciente y significante …”
Refiriéndose al libro Arañando el silencio, Gustavo García Márquez escribe lo siguiente: “La semántica de estos poemas despojada de falsas posturas innovadoras y laberínticas figuras que alejan la poesía de hoy del ejercicio mismo de la vida nos devuelve al tiempo cuando el hombre podía compartir con los poetas los mismos sueños, una nostalgia idéntica, el silencio de siempre”…
Acerca de su obra Venturosa, leemos estas impresiones de la escritora venezolana Magaly Salazar Sanabria: “Es un texto de simultaneidades profundas, manifestado como una unidad … el claroscuro de la muerte y la esperanza. La muerte va en busca de la vida… La prpuesta metafórica de Venturosa habita los umbrales de la metafísica, por eso el lenguaje establece una polaridad dramática entre la desdicha y la posibilidad de la vida, entre la muerte y el eros, entre la separación y el deseo.”
Lidia Salas es una poeta de profunda reflexión filosófica, de esencias. Su poética, sin embargo, está sembrada de sensualidad y gozo por la existencia, aunque constantemente vuelve la mirada a la severa interrogante de lo efímero, al difícil camino de los hombres y mujeres del mundo. Y ella no pierde nunca la delicadeza, el cuidadoso respeto por las palabras, la sutileza y una inocencia que cae como rocío en el espíritu. Leamos este poema:
Arañando el silencio:

         Sigue el niño
d tu infancia agazapado
e las palabras
y tu acento
siempre incierto;
         sosteniéndote a la espera
             Con el miedo a las alforjas …
          Ese grito en tus pupilas
como pájaro enjaulado en el silencio …

         La voz poética de Lidia Salas canta sin miedo, transmite con fuerza un “encantamiento voraz”, un placer y embeleso que siempre sorprende al lector, como ella misma escribe a su admirado Ray Charles cuando canta
“Georgia on my mind”:

Ray Charles
las sedas de tu grito
y el impávido gesto de tus dedos
establecen a Georgia en mi memoria

Tu piano de sangres hechizadas
era dulce celada en los encuentros
Era rojo tizón de otros labios
¡Cómo ardieron los tenues crisantemos!

         Así arde en fuego inextinguible el ars poética de Lidia Salas y los lectores no nos cansamos de leer sus versos de magia y hechizo.

Poesía de SiempreMay 30, 2009 8:28 pm

Benito Raúl Losada: ¿Poesía o conjuro?

                                                     

                                          Lebab, Lebab
                                          qué extraño viento te destruye?
                                          Qué despiadada maquinaria
                                          dominó corazones y retinas?
                                                     
                                                      Benito Raúl Losada

 

Benito Raúl Losada, poeta de cien leguas, se lanza a la manera de los antiguos alquimistas, a conjurar las fuerzas tenebrosas de la Torre de Babel. Le invierte el nombre transformándola en Lebab, e inicia el ritual del poema, única salvación ante el caos de una ciudad habitada por las fuerzas oscuras. Se opone al ser-al-revés con toda el alma puesta en los poemas. Él no huye, él se queda y enfrenta al Merodeador, que no puede contra la fuerza del Mago porque este no conoce ni comprende la poesía.

El plan feroz de las ideologías excluyentes ha herido la ciudad de Caracas y sus habitantes. Todos desconfían y se pierde el contacto entre las almas. Benito Raúl Losada da cuenta en el poemario Lebab o los despojos, de esta realidad:

Es esta ciudad nuestra ciudad
o una herida en el corazón?

 

No es múltiple el camino que conduce al poeta a la revelación, al hallazgo. El camino es uno solo: la palabra. Ese es el único predio y puerto también, el punto de partida y el horizonte. La obra de Benito Raúl Losada ha ido en despliegue durante años, esparciendo sus semillas en el huerto, tejiéndose como el bordado de Penélope. Este escritor venezolano ha publicado más de una veintena de libros, y su escritura evolucionó de ser un poeta neoclásico de la generación del cuarenta, a convertirse en uno de los escritores de vanguardia que habrá de estudiarse en el futuro, por su extraordinaria riqueza y su dominio cabal  de las formas poéticas.

Su libro Lebab o los despojos es la constatación dolorosa de la trampa en que se van convirtiendo las  ciudades cuando los que la gobiernan y buena parte de los que la habitan no la aman: Lebab o los despojos. La mirada del poeta se fija en lo inadvertido tanto como en lo inmenso que vale la pena fijar, revelar, volcar en tinta. Cuando se da el encuentro del espíritu con lo buscado, se llenan de lenguaje los espacios, por una costumbre del alma y de la mano. Atrás quedan las poses, los compromisos con lo social, se da sólo la boda con la conciencia en vigilia, sin esperar la aclamación o el aplauso.

Losada es  hombre de ideales. Sus huesos fueron a dar cuatro veces a la cárcel en su lucha contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, en la década del cincuenta. Fue perseguido hasta seguir el camino del exilio en 1956, época en la cual fue prolífico en la escritura. El puede inútilmente retardar la andanza, puede “rehuir la encrucijada”, pero siempre llegará a su destino de poeta,  moviéndose entre los cuerpos y las calles de la ciudad. La pulsación vital será constante en ese coincidir ante “el filo del acantilado”. La palabra es la vértebra, el cauce donde habrá de cruzar el vacío:

La voz oculta en humo
oráculo del predio
sonó sideral en el cómputo;
no es la múltiple  estela
la que conduce al puerto
                               (del libro Por la redoma azul)
La imagen poética está en latencia, viviendo la asfixia que acosa al poeta en espera de que éste la salve del olvido y la convierta en lenguaje. Así, el vocablo hallará su lugar en la tierra. El viaje al fondo de la gruta es posible por la fe y la confianza en la palabra. Losada se lanza en la búsqueda de la esencia y queda atrapado en los jardines visuales.  Mas las alucinaciones del mundo no logran confundirle, él presiente la apariencia de las formas y se aleja de los espejismos, para emprender de nuevo el periplo hacia adentro,  “lentamente en el viaje transitivo”.

Por eso Losada se aleja siempre del naufragio que significa escribir por escribir. El hombre de las luchas políticas, el financista que logró durante años llevar cuentas claras de los dineros públicos desde su silla de Presidente del Banco Central de Venezuela, se aleja de la escena, se despoja de su papel de buen ciudadano para viajar siete centímetros adentro del pecho, aun a riesgo de encontrar despojos, vacío, nada:  “Como quien busca el borde”, un indicio en el laberinto que le lleve al significado de su peregrinar. El poeta se despoja de todo lastre para regresar al “origen nutricio de los días”, viaje del corazón hacia su raíz, hacia aquello que ama y no sabe lo que es: ¿una ciudad, una estrella lejana, su propia alma?

Penetra “en un jardín de grutas infinitas”, siguiendo “el rumbo de sucesivos ríos”. Como teje la araña su telar, desteje Losada el hilo de la historia, “la vieja historia de la rosa”, con la esperanza de encontrar “un poco más amor / un algo menos tiempo renunciado / un arraigo de lianas solidarias / en rocas siderales de una fe rescatada”.
Cuántas veces sentimos el desamparo en el íngrimo existir donde, ante el asedio del tiempo,  no existe algo donde aferrarse. Nos encontramos solos y escribimos tratando de quebrar el silencio estéril o el silencio cómplice. Sometidos a la sed del decir, buscamos auténticamente ser, ser desde el acantilado de no ser. : “Se podía comenzar en el pecho / cualquier punto era un esbozo / de sangre repartida / …en la suma de todas las llagas/ …hasta tocar la rosa”.
Clavada en los pasos del poeta, la lanza empuja, inquieta e inquiere buscando vencer la resistencia del poema hasta llegar a esa “revelación sin nombre / de una bella y terrible armonía.” Losada no quiere falsificar la fe, desea volver a lo prístino, a la “ignorancia” literaria, al analfabetismo de lo intelectual, para insertarse “en el abecedario misterioso”.

La cohesión interior de la alegría cae como un rocío de inocencia en el afán del decir y triunfa la batalla de revelar la que se presiente más allá de la piel de las cosas. Culmina el desvelo y el rigor en Benito Raúl Losada. La infancia  recobrada le conduce al sitio donde aprende  que “todos los días / el conejo toca una mandolina / y el lirio se bambolea como un cisne”.  Traspasa la puerta hacia la fantasía se seres felices, de contagiosa dicha. El poeta no está comprometido a ser nadie en absoluto ante la mirada de los otros.  No es importante ser importante. Preferible es andar sin hacer ruido:  llevar cuenta del heladero que pasa con su tintineo de campanitas; la mujer que barre la calle con su sombrero de paja; el motorizado que lleva paquetes y noticias a los cuatro puntos de la ciudad. Importa la caída de las hojas, el regreso de las aves que emigran, la memoria de los elefantes.

Los niños y los poetas de la ciudad saben cuales son los juegos para no morir de tedio o de tristeza: “bajo un árbol / de campánulas rubias / llevan en las manos / balones saltarines”. Hay que celebrar el clavel y la serpiente, ellos en llama simultánea celebran la vida, con sus colores dibujando el aire.

Benito Raúl Losada nunca ha hecho concesiones a la farsa, ni en la poesía ni en la vida. Quienes son sus amigos saben de su amorosa búsqueda lejos del miedo y de las apariencias: “Quién sabrá si este amor / era predestinado / o el mismo repetido por siglos / o parte de un relámpago inmóvil?” (del libro Por la redoma azul). En esos instantes de liberación de las tenazas de ese impostor enmascarado llamado ego, con sus viejas grabaciones mentales, los corazones “vibran al unísono / y una onda como haz de fuego asciende”. Entonces, el poeta encuentra “la gruta de la primera infancia de los ríos” y se ve juntos a ciervos y leones surcando los caminos de Dios.

Caracas,  esa ciudad que nos habla desde el empedrado de las calles dolidas, desde los postes de alumbrado. Acosada, asediada por el calor y la miseria escondida detrás de la propaganda gubernamental,  tiene que soportar “la confusión de lenguas / la dispersión humana”. A través de la niebla el  poeta  pregunta:

¿Jugamos a los dados de la amargura
La pisada revela polvo gris
y dibuja el monóxido
   invisibles heridas en la arteria.

El asfalto dejó de ser lo que era, puente o magia, para convertirse en el fragor del miedo, siempre en acecho, del delincuente despiadado o del fusil con órdenes precisas  que rige ahora los destinos de nuestro país: “El asfalto rechaza estrellas (…) / No está disponible al rocío”

Como en toda la obra de Losada subyace un trasfondo metafísico y sus versos están llenos de claves. Su poética de lenguaje depurado y riguroso, patentiza la fe de creador creyente en la palabra: tal vez, atravesando los velos del alma, los habitantes de Lebab entremos en contacto con el Ser y toquemos de nuevo la rosa, en la “fe rescatada”

 

*Los versos citados en este escrito pertenecen a los poemarios “Lebab o los despojos “ (1983) y “Por la redoma azul” (1987) de Benito Raúl Losada. Algunos de sus libros: “Campanada hacia el alba”, “Testimonios y Apolo XXI”, “El Rostro Sumergido”, “La Magia Desnuda”, “A Fondo Perdido”,  “Imagen de la imagen”, “Momentos y vestigios”, “Andén del Crepúsculo”, “Más allá del relámpago”. Su obra ha sido estudiada por Oscar Sambrano Urdaneta, Lucila Velásquez, Lubio Cardozo, Arturo Croce, José Ramón Medina y Pedro Díaz Seijas. Es Premio Municipal de Poesía y su obra aparece reseñada en las más importantes Antologías de habla hispana.

 

*   *   *

 

 

 

 

 

Poesía de SiempreMay 21, 2009 9:13 pm

Por Carmen Cristina Wolf

Repasando mis notas sobre nueva retórica y teoría de la argumentación, para preparar un seminario sobre el Lenguaje, y después de haber hojeado de nuevo a Mortara Garaveli, a Perelman, Sapir y Whorf, me reconcilié de nuevo con la certeza de que los grandes escritores de todos los tiempos se han adentrado en el estudio de las figuras literarias. Es una falsedad del tamaño de una catedral sostener que la retórica es superflua e innecesaria. Un ejemplo del perfecto uso de las figuras literarias lo encontramos en Jorge Luis Borges, que empleó con maestría la metonimia, la enálage, la hipálage, el oximoron, la sinécdoque, la aliteración y numerosos recursos. A continuación, dos poemas de Borges: Arte poética Mirar el río hecho de tiempo y agua y recordar que el tiempo es otro río, saber que nos perdemos como el río y que los rostros pasan como el agua. Sentir que la vigilia es otro sueño que sueña no soñar y que la muerte que teme nuestra carne es esa muerte de cada noche, que se llama sueño. Ver en el día o en el año un símbolo de los días del hombre y de sus años, convertir el ultraje de los años en una música, un rumor, y un símbolo, ver en la muerte el sueño, en el ocaso un triste oro, tal es la poesía que es inmortal y pobre. La poesía vuelve como la aurora y el ocaso. A veces en las tardes una cara nos mira desde el fondo de un espejo; el arte debe ser como ese espejo que nos revela nuestra propia cara. También es como el río interminable que pasa y queda y es cristal de un mismo Heráclito inconstante, que es el mismo y es otro, como el río interminable. Amorosa anticipación Ni la intimidad de tu frente clara como una fiesta ni la costumbre de tu cuerpo, aún misterioso y tácito de niña, ni la sucesión de tu vida asumiendo palabras o silencios serán favor tan misterioso como mirar tu sueño implicado en la vigilia de mis brazos. Virgen milagrosamente otra vez por la virtud absolutoria del sueño, quieta y resplandeciente como una dicha que la memoria elige, me darás esa orilla de tu vida que tu misma no tienes. Arrojado a quietud, divisaré esa playa última de tu ser y te veré, por vez primera, quizá, como Dios ha de verte, desbaratada la ficción del Tiempo, sin el amor, sin mí. Selección de Carmen Cristina Wolf Biografía de Jorge Luis Borges Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Jorge_Luis_Borges Borges nació en una típica casa porteña de fines del siglo XIX, con patio y aljibe, dos elementos que se repetirán como un eco en sus poesías. Su casa natal estaba situada en la calle Tucumán 840, pero su infancia transcurrió un poco más al norte, en la calle Serrano 2135 del barrio de Palermo. La relación de Borges con la literatura comenzó a muy temprana edad, siendo que a los cuatro años ya sabía leer y escribir. Debido a que en su casa se hablaba tanto español como inglés, Borges creció como bilingüe. En 1905 comenzó a tomar sus primeras lecciones con una institutriz británica.[a] Al año siguiente escribió su primer relato, La visera fatal, siguiendo páginas del Quijote. Además, esbozó en inglés un breve ensayo sobre mitología griega. A los nueve años tradujo del inglés El príncipe feliz, de Oscar Wilde, texto que se publicó en el periódico El País rubricado por Jorge Borges. En el barrio de Palermo, que por aquella época era un barrio marginal de inmigrantes y cuchilleros, conoció las andanzas de los compadritos que después poblaron sus ficciones. Borges ingresó al colegio directamente en el cuarto grado. Por esa época la familia pasaba sus vacaciones de verano en Adrogué o en casa de unos familiares uruguayos, los Haedo. Su padre, Jorge Guillermo Borges, argentino, fue abogado y profesor de psicología. Era un ávido lector y tenía aspiraciones literarias que concretó en una novela, El caudillo, y algunos poemas; además tradujo a Omar Jayyam de la versión inglesa de Fitzgerald. Para 1970, Jorge Luis Borges recordaba con estas palabras a su padre: "Él me reveló el poder de la poesía: el hecho de que las palabras sean no sólo un medio de comunicación sino símbolos mágicos y música". Su madre, Leonor Acevedo Suárez, era uruguaya. Aprendió inglés de su marido y tradujo varias obras de esa lengua al español. En su casa se hablaba en español e inglés. En 1914 el padre de Borges se vio obligado a dejar su profesión, jubilándose de profesor debido a la misma ceguera progresiva hereditaria que décadas más tarde afectaría también a su hijo. Junto con la familia, se dirigió a Europa para someterse a un tratamiento oftalmológico especial. Para refugiarse de la Primera Guerra Mundial, la familia se instaló en Ginebra (Suiza), donde el joven Borges y su hermana Norah (nacida en 1902) asistirían a la escuela. Borges estudió francés y cursó el bachillerato en el Liceo Jean Clavin. Durante esa época leyó sobre todo a los prosistas del Realismo francés y a los poetas expresionistas y simbolistas, especialmente a Rimbaud. Descubrió a Schopenhauer, a Nietzsche, a Carlyle y a Chesterton. Con la sola ayuda de un diccionario aprendió por sí mismo el alemán y escribió sus primeros versos en francés.6 En 1919, gracias al fin de las hostilidades la familia Borges marchó a España. En un primer momento se instalaron en Barcelona y luego se trasladaron a Palma de Mallorca. En esta última ciudad Borges escribió dos libros que no publicó: Los ritmos rojos, poemas de elogio a la Revolución Rusa, y Los naipes del tahúr, un libro de cuentos. En Madrid y en Sevilla participó del movimiento literario ultraísta, que luego encabezaría en Argentina y que influiría poderosamente en su primera obra lírica. Colaboró con poemas y en la crítica literaria en las revistas Ultra, Grecia, Cervantes, Hélices y Cosmópolis. Su primera poesía, "Himno al mar", escrita en el estilo de Walt Whitman, fue publicada en la revista Grecia el 31 de diciembre de 1919. Oh mar! oh mito! oh largo lecho! Y sé por qué te amo. Sé que somos muy viejos. Que ambos nos conocemos desde siglos. Sé que en tus aguas venerandas y rientes ardió la aurora de la Vida. (En la ceniza de una tarde terciaria vibré por primera vez en tu seno). Oh proteico, yo he salido de ti. ¡Ambos encadenados y nómadas; Ambos con un sed intensa de estrellas; Ambos con esperanzas y desengaños; Ambos, aire, luz, fuerza, oscuridades; Ambos con nuestro vasto deseo y ambos con nuestra grande miseria. En esta época conoció a algunos de los principales escritores españoles de la época, como Rafael Cansinos-Assens (a quien frecuentaba en el famoso Café Colonial y a quien siempre consideró su maestro), Ramón Gómez de la Serna, Valle Inclán y Gerardo Diego. Junto con su abuela paterna, sus padres y su hermana, Borges embarcó en el puerto de Barcelona en el "Reina Victoria Eugenia", que los devolvería a Buenos Aires. En el puerto los esperaba el escritor, filósofo de la paradoja y humorista surreal Macedonio Fernández, cuya amistad Borges habría de heredar de su padre. El contacto con Buenos Aires llevó al poeta a una relación exaltada de "descubrimiento" con su ciudad natal. Así comenzó a dar forma a la mitificación de los barrios suburbanos, donde asentaría parte de su constante idealización de lo real. Ya en Buenos Aires publicó en la revista española Cosmópolis, fundó la revista mural Prisma (de la que sólo se publicaron dos números) y también publicó en Nosotros, dirigida por Alfredo Bianchi. Por esa época conoció a Concepción Guerrero, una joven de dieciséis años de quien se enamoró. En 1922 visitó a Leopoldo Lugones junto a Eduardo González Lanuza para entregarle el segundo (y último) número de Prisma. En agosto de 1924 fundó la revista ultraísta Proa junto con Ricardo Güiraldes, autor de Don Segundo Sombra; Alfredo Brandán Caraffa y Pablo Rojas Paz, aunque paulatinamente iría abandonando esa estética. En 1923, en víspera de un segundo viaje a Europa, Borges publicó su primer libro de poesía, Fervor de Buenos Aires, en el que se prefigura, según palabras del propio Borges, toda su obra posterior. Fue una edición preparada apuradamente, en la que se colaron algunas erratas y que, además, carecía de prólogo. Para la tapa su hermana Norah realizó un grabado. Se editaron unos trescientos ejemplares; los pocos que se conservan son considerados tesoros por los bibliófilos y en algunos se aprecian correcciones manuscritas realizadas por el mismo Borges. En Fervor de Buenos Aires es donde emotivamente confesó que, finalmente, "las calles de Buenos Aires/ ya son mi entraña". Son treinta y tres poemas tan heterogéneos que aluden a un juego de cartas (el truco), o al "tirano" Juan Manuel de Rosas, o a la exótica Benarés; sin ahorrar el espacio para solazarse en un patio anónimo de Buenos Aires, "en la amistad oscura/ de un zaguán, de una parra y de un aljibe". Sobre el espíritu de este libro ha escrito Borges que "en aquel tiempo buscaba los atardeceres, los arrabales y la desdicha". Después de un año en España e instalado definitivamente en su ciudad natal a partir de 1924, Borges colaboró en algunas revistas literarias y con dos libros adicionales, Luna de enfrente e Inquisiciones (que nunca reeditaría), establecería ya en 1925 su reputación de jefe de la más joven vanguardia. En los treinta años siguientes, Borges se transformaría en uno de los más brillantes y más polémicos escritores de América. Cansado del ultraísmo que él mismo había traído de España, intentó fundar un nuevo tipo de regionalismo, enraizado en una perspectiva metafísica de la realidad. Escribió cuentos y poemas sobre el suburbio porteño, sobre el tango, sobre fatales peleas de cuchillo, como "Hombre de la esquina rosada" y "El puñal". Pronto se cansó también de este "ismo" y empezó a especular por escrito sobre la narrativa fantástica o mágica, hasta el punto de producir durante dos décadas (desde 1930 a 1950), algunas de las más extraordinarias ficciones del siglo XX (Historia universal de la infamia, Ficciones, El Aleph, entre otros). No obstante su formación europeísta, reivindicó tematicamente sus raíces argentinas, y en particular porteñas, en poemarios como Fervor de Buenos Aires (1923), Luna de enfrente (1925) y Cuaderno de San Martín (1929). Compuso letras de tangos y milongas, si bien rehuyó "la sensiblería del inconsolable tango-canción" y el manejo sistemático del lunfardo, que "infunde un aire artificioso a las sencillas coplas". En sus letras y algunos relatos se narran las dudosas hazañas de los cuchilleros y compadres, a los que muestra en toda su despojada brutalidad aunque dentro de un clima trágico, cuando no casi épico. En 1941 publicó Antología Poética Argentina y editó el volumen de narraciones El jardín de senderos que se bifurcan, obra con la que se hizo acreedor al Premio Nacional de Literatura. Al año siguiente apareció Seis problemas para don Isidro Parodi, libro de narraciones que escribió en colaboración con Bioy Casares. Lo firmaron con el seudónimo "H. Bustos Domecq", el cual proviene de "Bustos", un bisabuelo cordobés de Borges, y "Domecq", un bisabuelo de Bioy Casares. Bajo el título Poemas (1923-1943) reunió en 1943 la labor poética de sus tres libros más los poemas publicados en el diario La Nación y en la revista Sur. Presentó, junto con Bioy Casares, la antología Los mejores cuentos policiales. Para esta época, Borges ya había logrado un espacio en el reducido círculo de la vanguardia literaria argentina. Su obra Ficciones recibió el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE). En sus páginas se halla "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius", sobrecogedora e insuperable metáfora del mundo. En ese mismo año conoció a Estela Canto, de quien se enamoró sin ser correspondido; sin embargo, nació una estrecha relación amistosa que se prolongaría por más de cuatro años. Escribió el cuento "El Aleph", que dedicó a Estela Canto, regalándole el manuscrito que cuatro décadas más tarde fue vendido en más de 25.000 dólares a la Biblioteca Nacional de España. Junto con Bioy Casares publicó en 1946 Un modelo para la muerte utilizando el seudónimo "B. Suárez Lynch" y, como H. Bustos Domecq, Dos fantasías memorables, volumen de historias de suspenso policial. Borges aclaró posteriormente que ‘Suárez’ provenía de su abuelo y que ‘Lynch’ representaba el lado irlandés de la familia de Bioy. Fundó y dirigió la revista Los Anales de Buenos Aires (que concluiría su andadura, tras 23 números, en diciembre de 1948). En la publicación, Borges y Bioy colaboraron con un nuevo seudónimo: "B. Lynch Davis". Entre 1947 y 1948 editó el ensayo Nueva refutación del tiempo y publicó sus Obras Escogidas. En 1949 se editó su célebre obra narrativa El aleph, libro de género fantástico y que para la crítica es casi unánimemente su mejor colección de relatos. En 1946 Juan Domingo Perón fue elegido presidente, venciendo así a la Unión Democrática. Borges, que había apoyado a ésta última, se manifestaba abiertamente en contra del nuevo gobierno. Su fama de antiperonista lo acompañó toda su vida. Respecto al nuevo gobierno, que Borges consideraba una dictadura, manifestó: Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad; más abominable es el hecho de que fomenten la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de caudillos, vivas y mueras prefijados, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez… Combatir estas tristes monotonías es uno de los muchos deberes del escritor ¿Habré de recordar a los lectores del Martín Fierro y de Don Segundo Sombra que el individualismo es una vieja virtud argentina? Borges se sintió obligado a renunciar a su empleo como bibliotecario cuando fue designado ‘Inspector de mercados de aves de corral’ por el gobierno. Su madre y su hermana, también antiperonistas, fueron detenidas por la policía. Borges fue llevado por la necesidad a convertirse en conferenciante itinerante por diversas provincias argentinas y Uruguay. Para ello, debió superar su tartamudez y su timidez con ayuda médica. La necesidad también lo llevó a iniciarse en la tarea docente como profesor de literatura inglesa en el Instituto Libre de Segunda Enseñanza y, más tarde, en la Universidad Católica. Jorge Luis Borges en1951. Los albores de la década de 1950 marcaron el inicio del reconocimiento de Borges dentro y fuera de Argentina. Dictó conferencias en la Universidad de la República, donde apareció su ensayo "Aspectos de la literatura gauchesca". Editó en México Antiguas literaturas germánicas, escrito en colaboración con Delia Ingenieros. También en ese mismo año se publicó en París la primera traducción francesa de su narrativa (Fictions, traducido por P. Verdevoye) y en Buenos Aires la serie de cuentos La muerte y la brújula. En 1952 aparecieron los ensayos de Otras inquisiciones y se reeditó un ensayo sobre lingüística porteña titulado El idioma de los argentinos, junto con El idioma de Buenos Aires de José Edmundo Clemente. Apareció también la segunda edición de El Aleph, con nuevos cuentos. Se publicaron en París en 1953 con el nombre de Labyrinthes. Ese año Borges publicó El Martín Fierro, ensayo que tuvo una segunda edición dentro del año. Bajo el cuidado de José Edmundo Clemente, la editorial Emecé comenzó a publicar sus Obras Completas. En 1954 el director cinematográfico Leopoldo Torre Nilsson dirigió el film Días de odio, basado en el cuento de Borges "Emma Zunz". Tras un golpe militar que derrocó al gobierno peronista (denominado Revolución Libertadora), Borges fue elegido en 1955 director de la Biblioteca Nacional, cargo que ocuparía por espacio de 18 años. En diciembre de ese mismo año fue designado miembro de la Academia Argentina de Letras. Publicó Los orilleros, El paraíso de los creyentes, Cuentos breves y extraordinarios, Poesía gauchesca, La hermana Eloísa y Leopoldo Lugones. Se le confirmó, además, en la cátedra de Literatura Alemana y, luego, como director del Instituto de Literatura Alemana en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. La revista Ciudad le dedicó un volumen crítico y bibliográfico sobre su obra. Apareció Ficciones en italiano, bajo el título La Biblioteca di Babele. Tras varios accidentes y algunas operaciones, un oftalmólogo le prohibió leer y escribir. Aunque aún distinguía luces y sombras, esta prohibición cambió profundamente su práctica literaria. Borges se fue quedando ciego como consecuencia de la enfermedad congénita que había ya afectado a su padre. El hecho no fue repentino ("Se ha extendido desde 1899 sin momentos dramáticos, un lento crepúsculo que duró más de medio siglo"14 ), sino que más bien se trató de un proceso; como fuere, esto no le impidió seguir con su carrera de escritor, ensayista y conferenciante, así como tampoco significó para él el abandono de la lectura (hacía que le leyesen en voz alta) ni del aprendizaje de nuevas lenguas. El haber sido nombrado director de la Biblioteca Nacional y, en el mismo año, comprender la profundización de su ceguera fue percibido por Borges como una contradicción del destino. Él mismo lo relató en una conferencia dos décadas más tarde: "Poco a poco fui comprendiendo la extraña ironía de los hechos. Yo siempre me había imaginado el Paraíso bajo la especie de una biblioteca. Ahí estaba yo. Era, de algún modo, el centro de novecientos mil volúmenes en diversos idiomas. Comprobé que apenas podía descifrar las carátulas y los lomos. Entonces escribí el «Poema de los dones»: Nadie rebaje a lágrima o reproche esta declaración de la maestría de Dios, que con magnífica ironía me dio a la vez los libros y la noche.15 En 1956 dictó el curso de literatura inglesa en la Universidad de Buenos Aires, fue nombrado catedrático titular en la misma universidad, recibió un doctorado honoris causa de la Universidad de Cuyo y fue nombrado presidente de la Asociación de Escritores Argentinos. En Montevideo criticó ásperamente al peronismo depuesto y defendió a la Revolución Libertadora. Por su adhesión al nuevo gobierno resultó muy criticado, entre otros, por Ernesto Sabato y Ezequiel Martínez Estrada. Sabato y Borges continuarían, si bien no enemistados, "separados" por motivos políticos hasta 1973, cuando, a raíz de un encuentro casual en una biblioteca, Orlando Barone resolvió promover una serie de reuniones, en las que ambos escritores discutieron sobre literatura, filosofía, cine, lingüística y demás temas. El resultado de estas reuniones fue la edición de un libro: Diálogos: Borges - Sabato.13 Entre 1957 y 1960 publicó Manual de zoología fantástica y El Hacedor, una colección de textos breves y poemas dedicada a Leopoldo Lugones. Hizo una nueva actualización de Poemas y publicó en el diario La Nación el poema "Límites". Bajo su dirección se inició la segunda época de la revista La Biblioteca y, en colaboración con Bioy Casares, editó la antología Libro del cielo y del infierno. Sus obras continuaron traduciéndose a varios idiomas:16 en este período en particular Otras inquisiciones fue traducido al francés bajo el título Enquétes, El Aleph al alemán con el título Labyrinthe y una selección de cuentos de El Aleph y Ficciones al italiano como L’Aleph. En este período también aparecieron los volúmenes sexto a noveno de las Obras Completas. Para 1960 se vinculó con el Partido Conservador.13 5 Compartió con Samuel Beckett, en 1961, el Premio Internacional de Literatura (consistente en 10 mil dólares), otorgado por el Congreso Internacional de Editores en Formentor, Mallorca. Este importante galardón lo promovió internacionalmente y le ofreció la posibilidad de que sus obras fueran traducidas a numerosos idiomas (inglés, francés, alemán, sueco, noruego, danés, italiano, polaco, portugués, hebreo, farsí, griego, eslovaco y árabe, entre otros). Apareció su Antología personal, editada por Sur. Viajó junto a su madre a Estados Unidos, invitado por la Universidad de Texas y por la Fundación Tinker, de Austin. Allí dictó conferencias y cursos sobre literatura argentina durante seis meses. En Nueva York se editó una antología de sus cuentos titulada Labyrinths y se tradujo al alemán Historia universal de la infamia. En 1962 se estrenó el film "Hombre de la esquina rosada", basado en el cuento homónimo, que dirigió René Mugica . Finalizó una biografía sobre el poeta Almafuerte. En compañía de su madre, viajó a Europa en 1963 y ofreció numerosas conferencias. De regreso a Buenos Aires terminó una antología sobre Evaristo Carriego. Con la colaboración de María Esther Vázquez publicó Introducción a la literatura inglesa en 1965 y Literaturas germánicas medievales en 1966. Al año siguiente se editó Introducción a la literatura norteamericana, escrito en colaboración con Esther Zemborain y Crónicas de Bustos Domecq, con Bioy Casares. Se editaron, además, sus milongas y tangos en el libro Para las seis cuerdas, ilustrado por Héctor Basaldúa, y su cuento "La intrusa". El 21 de septiembre de 1967 Borges se casó con Elsa Astete Millán, matrimonio que duró hasta octubre de 1970. Viajó a Estados Unidos con su mujer y fue profesor de poesía de la Universidad de Harvard, invitado por la Fundación Charles Eliot Norton. En 1968, con la colaboración de Margarita Guerrero, publicó una ampliación del Manual de zoología fantástica bajo el título El libro de los seres imaginarios. Apareció en ese año su Nueva antología personal. Viajó a Santiago de Chile para asistir al Congreso de Intelectuales Antirracistas y a Europa e Israel para pronunciar algunas conferencias. El director Hugo Santiago dirigió la película "Invasión", con argumento de Bioy y Borges. En 1969 ordenó y corrigió dos libros de poemas: El otro, el mismo y Elogio de la sombra, el cual logró dos ediciones dentro del año. Con ilustraciones del pintor Antonio Berni, se editó su traducción y antología de Hojas de hierba, de Walt Whitman. Después de algunos años sin publicar cuentos, reunió varias narraciones en El informe de Brodie, libro publicado en agosto de 1970. En 1963, con dificultades en la visión. En 1971 Borges publicó en Buenos Aires el cuento largo titulado El congreso. Al año siguiente viajó a Estados Unidos, donde recibió numerosas distinciones y pronunció conferencias en diversas universidades. A su regreso a Buenos Aires publicó el libro de poemas El oro de los tigres y el 24 de agosto, día de su cumpleaños, recibió un homenaje singular: la publicación en forma privada de su cuento "El otro". En 1973 fue declarado Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires y, paralelamente, solicitó su jubilación como director de la biblioteca nacional. En 1973 reunió por primera vez en un volumen sus Obras Completas, editadas por Emecé. Como De Quincey y tantos otros, he sabido, antes de haber escrito una sola línea, que mi destino sería literario. Mi primer libro data de 1923; mis Obras Completas, ahora, reúnen la labor de medio siglo. No sé que mérito tendrán, pero me place comprobar la variedad de temas que abarcan. La patria, los azares de los mayores, las literaturas que honran las lenguas de los hombres, las filosofías que he tratado de penetrar, los atardeceres, los ocios, las desgarradas orillas de mi ciudad, mi extraña vida cuya posible justificación está en estas páginas, los sueños olvidados y recuperados, el tiempo….La prosa convive con el verso; acaso para la imaginación ambas son iguales. Jorge Luis Borges. Obras Completas. Prólogo. En Milán, Franco Maria Ricci publicó el cuento "El congreso" en una edición lujosísima con letras de oro. El libro de poesía La rosa profunda y la colección de relatos El libro de arena se publicaron en 1975, junto con la recopilación Prólogos. Se estrenó además la película El muerto, sobre un cuento homónimo, dirigida por Héctor Olivera. María Kodama En 1975 falleció su madre, a los noventa y nueve años. A partir de ese momento Borges realizaría sus viajes junto a una ex-alumna, luego secretaria y —por último, en la senectud de Borges— su segunda esposa, María Kodama. A pesar de su prestigio intelectual y el reconocimiento universal que ha merecido su obra, no fue distinguido con el Premio Nobel de Literatura, no obstante haber sido nominado por muchos años consecutivos. Se especula que fue excluido de la posibilidad de obtenerlo por haber aceptado un premio otorgado por el gobierno militar de Augusto Pinochet. En 1986 fijó su residencia en Ginebra, ciudad a la que lo unía un profundo amor y a la cual Borges había designado "una de mis patrias". El 26 de abril se casó —por poderes— con María Kodama, según Acta de esa fecha labrada en Colonia Rojas Silva, Paraguay. Murió el 14 de junio de 1986 víctima de un cáncer hepático. Obedeciendo su última voluntad, sus restos yacen en el cementerio de Plainpalais La lápida, realizada por el escultor argentino Eduardo Longato, es de una piedra blanca y áspera. En lo alto de su cara anterior se lee "Jorge Luis Borges" y, debajo, "And ne forhtedon na", junto a un grabado circular con siete guerreros, una pequeña Cruz de Gales y los años "1899/1986". La inscripción "And ne forhtedon na", formulada en anglosajón, se traduce como "Y que no temieran". La cara posterior de la lápida contiene la frase "Hann tekr sverthit Gram okk / legger i methal theira bert", que se corresponde con dos versos del capítulo veintisiete de la Saga Volsunga (saga noruega del siglo XIII), y se traducen como "El tomó su espada, Gram, y colocó el metal desnudo entre los dos". Estos dos mismos versos los utilizó también Borges como epígrafe de su cuento "Ulrica", incluido en El libro de arena, único relato de amor del autor y cuyo protagonista se llama Javier Otárola. Bajo esta segunda inscripción aparece el grabado de una nave vikinga, y bajo ésta una tercera inscripción: "De Ulrica a Javier Otárola", lo que permite interpretar esta última inscripción como una dedicatoria de María Kodama a Jorge Luis Borges. En febrero de 2009 los peronistas en el poder en ese momento en Argentina, pretendieron repatriar sus restos a su pais natal. Se generó una importante polémica. Su viuda María Kodama se opuso rotundamente y finalmente el proyecto quedó desechado.26 Premios, distinciones y homenajes Moneda de 2 pesos argentinos conmemorativa del centenario del nacimiento de Jorge Luis Borges, año 1999. El rostro del escritor grabado de un lado, el laberinto que pobló su obra, del otro. Recibió importantes premios y distinciones de diversas universidades y gobiernos de diversos países. En 1961 compartió con Samuel Beckett el Premio Formentor otorgado por el Congreso Internacional de Editores, y que fue el comienzo de su reputación en todo el mundo occidental. Recibirá luego el título de Commendatore por el gobierno italiano, el de Comandante de la Orden de las Letras y Artes por el gobierno francés, la Insignia de Caballero de la Orden del Imperio Británico y el Premio Cervantes, entre otros galardones y títulos. Su obra fue traducida a más de veinticinco idiomas y llevada al cine y a la televisión. Premios y distinciones En 1999 el gobierno argentino emitió una serie de monedas conmemorativas por el centenario del nacimiento de Borges. El gobierno de la Ciudad de Buenos Aires organiza visitas guiadas gratuitas sobre puntos de la ciudad que tuvieron que ver con Borges27 y un tramo de la Calle Serrano, del barrio de Palermo, fue renombrado como Jorge Luis Borges en honor al escritor. De modo similar, una banca del jardín zoológico de Buenos Aires conmemora al escritor con un panel, que refiere que era en esa banca que Borges se sentaba para mirar a los tigres, por los que sentía fascinación. A continuación se presenta un listado cronológico de los diversos premios, distinciones y homenajes recibidos por Borges durante su vida. • 1929. Da a conocer su tercer libro de poemas, Cuaderno San Martín, con el que gana el segundo Premio Municipal de Poesía de Buenos Aires. • 1944. Su obra Ficciones recibe de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) el Gran Premio de Honor. • 1955. Borges es elegido miembro de la Academia Argentina de Letras. • 1956. Es nombrado catedrático titular en la Universidad de Buenos Aires y recibe un doctorado honoris causa de la Universidad de Cuyo. • 1961. Comparte con Samuel Beckett el Premio Internacional de Literatura (10 mil dólares), otorgado por el Congreso Internacional de Editores en Formentor, Mallorca. Es condecorado por el presidente de Italia, Giovanni Gronchi, con la Orden de Commendatore. • 1962. Recibe en Buenos Aires el Gran Premio del Fondo Nacional de las Artes. Recibe la insignia de Commandeur de l’Ordre des Lettres et des Arts del gobierno de Francia. • 1963. En diciembre es nombrado doctor honoris causa por la Universidad de los Andes, en Colombia. • 1964. El gobierno peruano le otorga la Orden del Sol en el grado de Comendador. La revista francesa L’Herne le dedica un número especial monográfico de homenaje, con numerosas colaboraciones nacionales y extranjeras. • 1965. Recibe en Gran Bretaña la insignia de Caballero de la Orden del Imperio Británico, donde se le otorga el título de Sir. Recibe la medalla de oro del IX Premio de Poesía de la ciudad de Florencia. • 1966. La comuna de Milán le entrega el Premio Internacional Madonnina. La Fundación Ingram Merril de Nueva York le concede su premio literario (5 mil dólares). • 1968. Es nombrado miembro de la Academia de Artes y Ciencias de los Estados Unidos. Recibe del gobierno de Italia las insignias de Gran Oficial de la Orden al Mérito de la República Italiana. • 1970. La Fundación Bienal de San Pablo (Brasil) le otorga el Premio Interamericano de Literatura ‘Matarazzo Sobrinho’ (25 mil dólares), el más importante del país, durante el Primer Seminario de Literatura de las Américas. Se lo nombra miembro de la ‘The Hispanic Society of America’, Nueva York. • 1971. Viaja a Estados Unidos para recibir los nombramientos de la American Academy of Art and Letter de Nueva York y del Instituto de Artes y Letras de Estados Unidos (INAL) como miembro honorario de ambas instituciones. En Israel recibe el Premio de Jerusalén (2 mil dólares). Es nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Columbia, Nueva York. En abril viaja a Londres, invitado por el Instituto de Arte Contemporáneo que lo incorpora como miembro de su cuerpo docente. La Universidad de Oxford le confiere el título de doctor honoris causa como Doctor en Letras. • 1972. Viaja a Estados Unidos para recibir el doctorado honoris causa en Humanidades por la Universidad de East Lansing, Michigan. En septiembre se lo nombra miembro del Museo Judío de Buenos Aires. • 1973. La Municipalidad de Buenos Aires lo declara ciudadano ilustre. Viaja junto con Claude Hornos de Acevedo a España y México, donde recibe el Premio Internacional Alfonso Reyes. • 1974. En Milán, Franco María Ricci publica el cuento El congreso en una edición lujosísima con letras de oro. • 1976. Recibe el título de doctor honoris causa de la Universidad de Cincinnati. El gobierno chileno lo condecora con la Gran Cruz de la Orden al Mérito Bernardo O´Higgins. Viaja a Chile, donde recibe el título de doctor honoris causa por la Universidad de Santiago. • 1977. Recibe el título de doctor honoris causa por la Universidad de La Sorbona. Le otorga el mismo título la Universidad de Tucumán. • 1978. Es declarado ciudadano meritorio de Bogotá. • 1979. La Academia Francesa lo distingue con una medalla de oro. Recibe la Orden al Mérito de la República Federal Alemana y la Cruz Islandesa del Halcón en el grado de Comendador con estrella. Se le hace un homenaje nacional en el Teatro Cervantes, con motivo de cumplir los ochenta años. • 1980. Recibe el Gran Premio de la Academia Real Española, el Miguel de Cervantes (5 millones de pesetas), otorgado por el Ministerio de Cultura de España. Lo comparte con el poeta español Gerardo Diego. Recibe en París el premio Cino del Duca (200 mil francos). • 1981. Sandro Pertini, presidente de Italia, le entrega el premio Balzan (140 mil dólares). Viaja a Estados Unidos, Puerto Rico y México, donde recibe el premio Hollín Yoliztli (70 mil dólares). • 1983. En su última visita a España, recibe la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio. En París, el presidente Miterrand le hace entrega de la Legión de Honor. Recoge en Estados Unidos el premio de la Fundación Ingersoll (15 mil dólares). • 1984. En Sicilia recibe una rosa de oro como homenaje y símbolo de la sabiduría. Vuelve a Estados Unidos, donde el editor italiano Ricci le entrega 84 libras esterlinas de oro, una por cada año de vida. Vuelve a Italia, recibe de manos del presidente Pertini la Gran Cruz de la Orden al Mérito. Va a Marruecos y a Lisboa, donde es condecorado. .28 29

Poesía de SiempreMay 10, 2009 2:54 pm

         Por Carmen Cristina Wolf

    Un privilegio para los amantes de la poesía este nuevo libro de Pérez Alencart, publicado por la Editorial Verbum, Madrid 2009. Así comienza la Inscripción liminar de este poemario, de puño y letra del autor:

“Sólo un poeta-profeta como Jesús pudo hacer girar más rápido la rueda de la historia hasta cambiar el mundo desde su divina sensibilidad: “Todavía un poco, y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis”… Y el último párrafo reza: “Que mis versos planeen hasta la fronda donde se cobijan los milagros…” (A.P.A.).

El libro consta de dos Partes: Dios tengo, que a su vez tiene tres capítulos: En nombre del Hijo, En nombre del Padre y En Nombre del Espíritu; Y Cristianos de todas partes, con tres capítulos: Ocupación del Reino, Adverando la Partencia y Addenda (Comentarios e impresiones del filólogo Alfonso Ortega y del filósofo Juan Simarro Fernández; del poeta Antonio Salvado; del teólogo Timoteo Glasscock; y del Teólogo y poeta Luis Guillermo Alonso.

Cierra sus páginas un Poema Final manuscrito de Alfredo Pérez Alencart y una Nota de la poeta Carmen Cristina Wolf. La ilustración de la portada es obra del pintor Miguel Elías, creada especialmente para este libro: “ Yo soy la raíz y el linaje de David. La estrella resplandeciente de la mañana”.

Leamos un Fragmento del Comentario de Alfonso Ortega: … “Recuperando el número diez, que Virgilio hizo clásico para la Historia de la Literatura Latina en sus diez Églogas, diez son también, como en las Tablas de la Ley Mosaica, lo que bien
podría denominarse estampas vivas del alma de un poeta, de Alfredo Pérez Alencart. Cada una de ellas, con su inicial apelación imperativa a ÉL –a quien se nombra, sin nombrarlo en parte alguna del texto, como se muestra en el interior del texto: II 5, Nútreme; Condéname, Ábreme; III 2, 7; Aparta de mis mañanas; IV 6; Despiértame, y abrígame; V 12, 13; rebélate; VI 2; y átame, VII 1; Enlístame, devora, y regálame, VIII 10, 13; Ayúdame, ayúdame, X 12, 13. En Nombre del Hijo es el dramático monólogo, con esperada y urgente respuesta necesitada, abierto en infatigables imperativos, con la impetuosidad
de ritmos yámbicos, acentualmente ascendentes, podríamos decir al gusto de un clásico latino, sin excepción alguna al comienzo de cada una de estas intensas y clamorosas efusiones del alma, como infrenables torrentes del corazón creyente, en los que apenas hallan reposo estilístico” …

 Resulta  comprometido elegir entre los poemas alguno mejor que otro porque todos son de una riqueza expresiva incomparable. A continuación, algunos de los versos:

 “Adviérteme si mi corazón no amanece en su sitio

y no sabe defenderte con toda tu realidad posible,

como un fariseo que sólo merodea el alto domicilio

balbuceando frases sordas tan muriéndose de pena.

Nútreme con tu antigüedad que no es estrella ciega,

con el éxodo que es magnífico limpiador de vanidad

y espejo de caminantes que salen por enésima vez

por donde señale la nube o el alma ahíta de infinito,

al tanteo hacia la aguja de coser de tus parábolas “…

(Poema II Parte Primera)

 CRISTO DEL ALMA reúne un profundo contenido teológico. La nervadura mística y el exquisito y depurado lenguaje son de alto calibre. Apunta al  centro del alma su doloroso y a la par esperanzado reclamo:

“… Acierta en mi corazón, devora mi máscara y regálame cumpleaños de asombro”

(Poema VIII Parte Primera).

 Unos versos finales para concluir esta nota:

 “Yo, extranjero muy próximo,

acampo en tu espíritu, lejos del sarcófago de los ídolos.

Y manteo las aguas, en marcha hacia la penúltima morada

donde diluiste estatuas de sal y pactaste con mi silencio.

Un clavo en ascuas conmina a la desunión, pero seguimos

por el prestigio del padre y por el destierro de mis huesos:

Un viento sedoso zarpa y cabecea el manzano del alma mía. ”

(Poema IX Parte primera)

*Alfredo Pérez Alencart nació en Puerto Maldonado, Perú (1962). Poeta y ensayista peruano-español. Desde 1987 es profesor titular de Derecho del Trabajo de la Universidad de Salamanca. En 2005 fue elegido miembro de la Academia Castellana y Leonesa de la Poesía. Es director del Centro de Estudios Ibéricos y Americanos de Salamanca (CEIAS), de la Sociedad de Estudios Literarios y Humanísticos "Alfonso Ortega Carmona" (SELIH) y de la revista "El cielo de Salamanca". Entre 1992 y 1998 fue secretario de la Cátedra de Poética "Fray Luis de León" de la Universidad Pontificia de Salamanca. Es Miembro Correspondiente y Emérito del Círculo0 de escritores de Venezuela.
Entre 1998 y 2005 fue coordinador de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que anualmente organizan la Fundación Salamanca Ciudad de Cultura, la Fundación Camino de la Lengua Castellana y el Ministerio de Cultura. Escribe en periódicos de España e Iberoamérica.
En poesía ha publicado La voluntad enhechizada (2001. Hay una edición portuguesa aparecida en 2004), Madre selva (2002), Ofrendas al tercer hijo de Amparo Bidon (2003) y el cuaderno Itinerario de los huéspedes (2005, con grabados de Miguel Elías). Su poesía ha sido traducida y publicada al alemán, inglés, italiano, portugués, árabe, serbio y coreano.
Ahora está siendo traducido al griego. Ha publicado la poesía completa de Gastón Baquero y antologías de la obra de Gonzalo Rojas (Chile), Alejandro Romualdo (Perú), José Hierro (España), Olga Orozco (Argentina), Jesús Hilario Tundidor (España), Reynaldo Valinho (Brasil), António Salvado (Portugal), Ramón Palomares (Venezuela), Francisco Brines (España) o Carlos Contramestre (Venezuela), por señalar algunos.

http://www.circulodescritoresvenezuela.org

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