Poesía de SiempreJune 8, 2009 10:35 pm

    Por Alberto Hernández-
                                                                                
                                                     I
Decirlo con palabras de Efraín Bartolomé, nos acerca al sitio donde crece
su poesía. Por ese extravío que es el lector, el cuerpo del poema atrapa los
sonidos y los hace parte del absoluto. Negarse a esa trascendencia, nos li-
mita. En el caso del poeta mexicano, la plenitud del mundo se hace verbo,
de allí tierra, barro, agua. Un espacio poético.
        Crezco al borde del cielo. Lo sé bien. Soy de tierra. Soy de agua.
        Soy de un húmedo barro pegajoso y oscuro. Lo sé bien. Ardo. Mi
        biografía avanza entre renglones que sólo la luz mastica. Pongo en
        aire un grito. Deshojo mis palabras en el abismo…


En ese borde alcanzable por la poesía amanece la voz de este poeta nacido
en Ocosingo, Chiapas. Alertado por el primer asombro, convierte la mate-
ria verbal en un original desvelo, suerte de atmósfera en la que habitan las
voces de la tierra, el gemido lejano de los muertos.
Con esa declaración inicial, la que sirve para abrir la antología Agua lustral
(Poesía, 1982-1987), editada por el Consejo Nacional para la Cultura y las
Artes, Lecturas mexicanas, 1994,
Bartolomé nos ayuda a sabernos lectores
de un inmenso espacio poético: la selva y sus habitantes, la geografía del
silencio, el hombre y sus circunstancias, el amor y los tropiezos que carga
en sus hábitos diarios. Un universo donde respiran los sueños y las sombras.
El libro que nos convoca contiene los títulos de una época, de una certeza –
decisiva, toda vez que acera lo que vendría después de tantos afanes. Aquí
visitamos Ojo de jaguar, Ciudad bajo el relámpago, Música solar y Cuader-
nos contra el ángel. Cada uno es un inventario de emociones que acaudalan
a quien ha escrito con labor acuciosa, desde las catacumbas de una rica cultura.
Como una planta selvática, las palabras invaden las páginas de Ojo de Jaguar.
El animal que ve, nos enlaza con sus lianas y garras, porque también es bestia
vegetal. Su mirada arde en el poema. El comienzo afirma el génesis y la cosmo-
visión de un oficio cercano a la naturaleza, porque afirma, construye, imagina,
abreva en los sonidos de la intemperie y sus asuntos.

En ese borde alcanzable por la poesía amanece la voz de este poeta nacido en Ocosingo, Chiapas. Alertado por el primer asombro, convierte la mate-ria verbal en un original desvelo, suerte de atmósfera en la que habitan las voces de la tierra, el gemido lejano de los muertos.Con esa declaración inicial, la que sirve para abrir la Bartolomé nos ayuda a sabernos lectores de un inmenso espacio poético: la selva y sus habitantes, la geografía del silencio, el hombre y sus circunstancias, el amor y los tropiezos que carga en sus hábitos diarios. Un universo donde respiran los sueños y las sombras.El libro que nos convoca contiene los títulos de una época, de una certeza –decisiva, toda vez que acera lo que vendría después de tantos afanes. Aquívisitamos Ojo de jaguar, Ciudad bajo el relámpago, Música solar y Cuader-nos contra el ángel. Cada uno es un inventario de emociones que acaudalan a quien ha escrito con labor acuciosa, desde las catacumbas de una rica cultura.Como una planta selvática, las palabras invaden las páginas de Ojo de Jaguar.El animal que ve, nos enlaza con sus lianas y garras, porque también es bestia vegetal. Su mirada arde en el poema. El comienzo afirma el génesis y la cosmo-visión de un oficio cercano a la naturaleza, porque afirma, construye, imagina, abreva en los sonidos de la intemperie y sus asuntos.

                                                              II


Aquí/ la selva/ Larga la soledad con que nos nutre/ Hora de lentos pies donde
el puñal se hunde/ Raíz de luna helada sus venenos más fuertes…”
Esta presentación alcanza el aliento de quien se inicia en los misterios de la selva
como lector, auspiciante de una nueva experiencia que nutre un imaginario ri-
co en imágenes: “Aquí el árbol anclado en el asombro:/ lagunas congregadas
al silbo de serpientes”.
La naturaleza tropical es una invasión de sensaciones –
procuradas por el brillo y composición del texto. Quien habla desde la escritu-
ra enumera las sorpresas: “El saraguato rasca su viejo cuerpo/ El quetzal pier-
de la hoja más larga de su cola/ La piel come los huesos al jaguar/ Muerden –
balas y fuego su elegante silencio/ Su hermosura…”.
Imagen tras imagen, la –
selva dialoga con sus habitantes.

En texto aparecido en la Revista Mexicana de Cultura, el 6 de noviembre de –
1983, Vicente Francisco Torres, dijo de este libro: “Desde el primer poema, –
Ojo de jaguar atrapa al lector con la evocación intensa de la exuberante geogra-
fía chiapaneca. Todas sus figuras remiten a la naturaleza. La lluvia implacable,
que cae durante días enteros para volver impúdica la vegetación, sumerge al –
poeta en una atmósfera de aislamiento que lo impulsa a  crear una poesía me—
lancólica…”, y así, bajo la luz filtrada por la altura de los árboles, quien tradu-
ce el paisaje lo aproxima al asombro, lo acerca a lo imposible, que es la poe-
sía, un imposible alcanzable.
                                                            III


Más que un estudio cerrado de la poesía de Bartolomé, prefiero el goce, el
tránsito por la algarabía del silencio que a veces nos transmite. Si bien Ojo de
jaguar es el primer libro del autor mexicano, también es la grieta por donde
entraron los sonidos para otras experiencias, encontradas en los libros que más
adelante cultivó, luego del reconocimiento de los lectores y críticos de su país.
Digamos que el buen pie estuvo en el barro que pisó la palabra inicial, la que abre
brechas y posibilita la madurez.
Un día lo afirmó Guillermo Sucre: “Hablar de un poema supone, primero, hacer
visible su texto, su trama. Pero si todo poema es espejo de sí mismo, se va vol-
viendo luego espejeante: refleja otros poemas, que, a su vez, reflejan otros”. Es-
ta idea de Sucre revela fijamente el ojo del animal que llevamos en nuestro in-
terior, animal selvático capaz de administrarnos las imágenes para el poema.
Así siento a Bartolomé: un poeta que registra la poesía de todos los referentes.
El texto, la trama de Efraín Bartolomé se hace visible en una “cadena de refle-
jos” que justifica la totalidad, su aventura sobre la piel de los sonidos.

                                                             IV


La exuberancia del paisaje, mutado en palabras, auspicia una fiesta metafórica.
El mismo poema lo advierte: “La fiesta va a empezar”, y en efecto, sucede. Esta –
constante en la poesía de Bartolomé convoca una lectura entusiasta.
“En la encendida branquia de los peces más puros// En el vientre quemado de –
la ceiba// La palabra/ enrosca su cuerpo/ en el tallo del alba// El sueño ya se cue-
ce a fuego lento// Hora de terminar:/ un limpio machetazo/ al centro de la orquí-
dea”. 
Y así, también la fiesta de quien esto escribe, desordenada al ritmo de los tantos
bailes, licores y aguaceros bajo la hoja propicia de la selva.
Las palpitaciones del dominio feraz se hacen discurso en la lluvia. Para el poeta,
la selva es la permanencia de la vitalidad, un instante prolongado en la sonoridad 
del afuera, hecha milagro a través de la palabra: “Se derrumba el silencio
contra los tulipanes// Llueve septiembre/ Salta la noche sobre el lomo del cerro
Chacasib/ y desgarra los residuos del día// Te doy la bienvenida/ Noche de sapos y
de grillos/ Bienvenidos los pájaros que se refugian bajo el alero de la casa/ Las
mariposas negras/ alma de nuestros muertos/ La lluvia que percute en tejados 
palmeras y charcos/ La noche derrama su esencia de café/ y la memoria se revuelve
como el tigrillo en su trampa// En el polen más denso de la noche/ el silencio se
enrosca/ como una serpiente”. 
Este encadenamiento de eventos poéticos le otorgan a Bartolomé la calidad que
con justicia se pregona en su país.
                                                           V

La exuberancia del paisaje, mutado en palabras, auspicia una fiesta metafórica.El mismo poema lo advierte: “La fiesta va a empezar”, y en efecto, sucede. Esta –constante en la poesía de Bartolomé convoca una lectura entusiasta.“En la encendida branquia de los peces más puros// En el vientre quemado de –la ceiba// La palabra/ enrosca su cuerpo/ en el tallo del alba// El sueño ya se cue-ce a fuego lento// Hora de terminar:/ un limpio machetazo/ al centro de la orquí-dea”.  Y así, también la fiesta de quien esto escribe, desordenada al ritmo de los tantosbailes, licores y aguaceros bajo la hoja propicia de la selva. Las palpitaciones del dominio feraz se hacen discurso en la lluvia. Para el poeta,la selva es la permanencia de la vitalidad, un instante prolongado en la sonoridad  del afuera, hecha milagro a través de la palabra: “Este encadenamiento de eventos poéticos le otorgan a Bartolomé la calidad que con justicia se pregona en su país.                                                          


Toda la poesía de Efraín Bartolomé contiene afirmaciones y descripciones cuya
salud sonora revela la carga emocional del autor. Ojo de jaguar también nos re-
mite al silencio, que si bien está instalado en el oído corporal, es más ocupación
interior, despojada de ciertos estorbos retóricos. Mesura y desmesura se dan la –
mano en esta hermosa precipitación de verbos, adjetivos y pequeños detalles, su-
mados con todos los sentidos. ¿Cuánta sensorialidad en un puñado de tierra bajo
la lluvia y el silencio del mundo?
Esta lectura no ha terminado, es tan selvática como los moradores de la poesía de
este mexicano viajero, trashumante, cargado de premios y libros. La primera estación
de este memorial de asombros le da sentido a los próximos instantes de intimidad con
los otros poemas que habrán de acompañarnos.   
 
   

Alberto Hernández. Poeta, narrador, periodista y pedagogo venezolano (Calabozo, 1952). Tiene un postgrado en literatura latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar y fue fundador de la revista Umbra. Ha publicado los poemarios La mofa del musgo (1980), Amazonia (1981), Última instancia (1989), Párpado de insolación (1989), Ojos de afuera (1989), Bestias de superficie (1993), Nortes (1994) e Intentos y el exilio (1996). Además ha publicado el ensayo Nueva crítica de teatro venezolano (1981), el libro de cuentos Fragmentos de la misma memoria (1994) y el libro de crónicas Valles de Aragua, la comarca visible (1999). Reside en Maracay, estado Aragua, Venezuela, donde dirige el suplemento cultural Contenido, que circula en el diario El Periodiquito.

Poesía de SiempreJune 4, 2009 12:07 pm

Anaira

por Alberto HERNÁNDEZ

para Morella y Daniel

El silencio es este paisaje
esta orilla que corre a tu lado.
De él, de su piel húmeda y tranquila
bajan los animales, los pájaros del viento.

El silencio es este corazón
que busca refugio bajo un árbol:
todos los días del mundo
el susurro de Dios, la puerta abierta
y los defectos del frío:
la niña corre descalza por mis ojos
la niña se devuelve y me acaricia.
Sí, el silencio es este loco corazón perdido.

Alguien abunda en tu mirada
el silencio se atibia entre las manos
y reconoce la luz de su interior:
la niña sabe a pasos y a huellas derramadas.
alguien toca a la puerta
alguien entra
alguien sonríe
alguien ella en tu boca
en tu sabor a tierra
en tu sangre cercana
en sus ojos celestes
en su silencio tan silencio
tan sabio

tan nuestro.

*Alberto Hernández, poeta, ensayista, narrador y editor de La Liebre Libre. Miembro del

Círculo de Escritores vde Venezuela

Poesía de SiempreMay 30, 2009 8:28 pm

Benito Raúl Losada: ¿Poesía o conjuro?

                                                     

                                          Lebab, Lebab
                                          qué extraño viento te destruye?
                                          Qué despiadada maquinaria
                                          dominó corazones y retinas?
                                                     
                                                      Benito Raúl Losada

 

Benito Raúl Losada, poeta de cien leguas, se lanza a la manera de los antiguos alquimistas, a conjurar las fuerzas tenebrosas de la Torre de Babel. Le invierte el nombre transformándola en Lebab, e inicia el ritual del poema, única salvación ante el caos de una ciudad habitada por las fuerzas oscuras. Se opone al ser-al-revés con toda el alma puesta en los poemas. Él no huye, él se queda y enfrenta al Merodeador, que no puede contra la fuerza del Mago porque este no conoce ni comprende la poesía.

El plan feroz de las ideologías excluyentes ha herido la ciudad de Caracas y sus habitantes. Todos desconfían y se pierde el contacto entre las almas. Benito Raúl Losada da cuenta en el poemario Lebab o los despojos, de esta realidad:

Es esta ciudad nuestra ciudad
o una herida en el corazón?

 

No es múltiple el camino que conduce al poeta a la revelación, al hallazgo. El camino es uno solo: la palabra. Ese es el único predio y puerto también, el punto de partida y el horizonte. La obra de Benito Raúl Losada ha ido en despliegue durante años, esparciendo sus semillas en el huerto, tejiéndose como el bordado de Penélope. Este escritor venezolano ha publicado más de una veintena de libros, y su escritura evolucionó de ser un poeta neoclásico de la generación del cuarenta, a convertirse en uno de los escritores de vanguardia que habrá de estudiarse en el futuro, por su extraordinaria riqueza y su dominio cabal  de las formas poéticas.

Su libro Lebab o los despojos es la constatación dolorosa de la trampa en que se van convirtiendo las  ciudades cuando los que la gobiernan y buena parte de los que la habitan no la aman: Lebab o los despojos. La mirada del poeta se fija en lo inadvertido tanto como en lo inmenso que vale la pena fijar, revelar, volcar en tinta. Cuando se da el encuentro del espíritu con lo buscado, se llenan de lenguaje los espacios, por una costumbre del alma y de la mano. Atrás quedan las poses, los compromisos con lo social, se da sólo la boda con la conciencia en vigilia, sin esperar la aclamación o el aplauso.

Losada es  hombre de ideales. Sus huesos fueron a dar cuatro veces a la cárcel en su lucha contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, en la década del cincuenta. Fue perseguido hasta seguir el camino del exilio en 1956, época en la cual fue prolífico en la escritura. El puede inútilmente retardar la andanza, puede “rehuir la encrucijada”, pero siempre llegará a su destino de poeta,  moviéndose entre los cuerpos y las calles de la ciudad. La pulsación vital será constante en ese coincidir ante “el filo del acantilado”. La palabra es la vértebra, el cauce donde habrá de cruzar el vacío:

La voz oculta en humo
oráculo del predio
sonó sideral en el cómputo;
no es la múltiple  estela
la que conduce al puerto
                               (del libro Por la redoma azul)
La imagen poética está en latencia, viviendo la asfixia que acosa al poeta en espera de que éste la salve del olvido y la convierta en lenguaje. Así, el vocablo hallará su lugar en la tierra. El viaje al fondo de la gruta es posible por la fe y la confianza en la palabra. Losada se lanza en la búsqueda de la esencia y queda atrapado en los jardines visuales.  Mas las alucinaciones del mundo no logran confundirle, él presiente la apariencia de las formas y se aleja de los espejismos, para emprender de nuevo el periplo hacia adentro,  “lentamente en el viaje transitivo”.

Por eso Losada se aleja siempre del naufragio que significa escribir por escribir. El hombre de las luchas políticas, el financista que logró durante años llevar cuentas claras de los dineros públicos desde su silla de Presidente del Banco Central de Venezuela, se aleja de la escena, se despoja de su papel de buen ciudadano para viajar siete centímetros adentro del pecho, aun a riesgo de encontrar despojos, vacío, nada:  “Como quien busca el borde”, un indicio en el laberinto que le lleve al significado de su peregrinar. El poeta se despoja de todo lastre para regresar al “origen nutricio de los días”, viaje del corazón hacia su raíz, hacia aquello que ama y no sabe lo que es: ¿una ciudad, una estrella lejana, su propia alma?

Penetra “en un jardín de grutas infinitas”, siguiendo “el rumbo de sucesivos ríos”. Como teje la araña su telar, desteje Losada el hilo de la historia, “la vieja historia de la rosa”, con la esperanza de encontrar “un poco más amor / un algo menos tiempo renunciado / un arraigo de lianas solidarias / en rocas siderales de una fe rescatada”.
Cuántas veces sentimos el desamparo en el íngrimo existir donde, ante el asedio del tiempo,  no existe algo donde aferrarse. Nos encontramos solos y escribimos tratando de quebrar el silencio estéril o el silencio cómplice. Sometidos a la sed del decir, buscamos auténticamente ser, ser desde el acantilado de no ser. : “Se podía comenzar en el pecho / cualquier punto era un esbozo / de sangre repartida / …en la suma de todas las llagas/ …hasta tocar la rosa”.
Clavada en los pasos del poeta, la lanza empuja, inquieta e inquiere buscando vencer la resistencia del poema hasta llegar a esa “revelación sin nombre / de una bella y terrible armonía.” Losada no quiere falsificar la fe, desea volver a lo prístino, a la “ignorancia” literaria, al analfabetismo de lo intelectual, para insertarse “en el abecedario misterioso”.

La cohesión interior de la alegría cae como un rocío de inocencia en el afán del decir y triunfa la batalla de revelar la que se presiente más allá de la piel de las cosas. Culmina el desvelo y el rigor en Benito Raúl Losada. La infancia  recobrada le conduce al sitio donde aprende  que “todos los días / el conejo toca una mandolina / y el lirio se bambolea como un cisne”.  Traspasa la puerta hacia la fantasía se seres felices, de contagiosa dicha. El poeta no está comprometido a ser nadie en absoluto ante la mirada de los otros.  No es importante ser importante. Preferible es andar sin hacer ruido:  llevar cuenta del heladero que pasa con su tintineo de campanitas; la mujer que barre la calle con su sombrero de paja; el motorizado que lleva paquetes y noticias a los cuatro puntos de la ciudad. Importa la caída de las hojas, el regreso de las aves que emigran, la memoria de los elefantes.

Los niños y los poetas de la ciudad saben cuales son los juegos para no morir de tedio o de tristeza: “bajo un árbol / de campánulas rubias / llevan en las manos / balones saltarines”. Hay que celebrar el clavel y la serpiente, ellos en llama simultánea celebran la vida, con sus colores dibujando el aire.

Benito Raúl Losada nunca ha hecho concesiones a la farsa, ni en la poesía ni en la vida. Quienes son sus amigos saben de su amorosa búsqueda lejos del miedo y de las apariencias: “Quién sabrá si este amor / era predestinado / o el mismo repetido por siglos / o parte de un relámpago inmóvil?” (del libro Por la redoma azul). En esos instantes de liberación de las tenazas de ese impostor enmascarado llamado ego, con sus viejas grabaciones mentales, los corazones “vibran al unísono / y una onda como haz de fuego asciende”. Entonces, el poeta encuentra “la gruta de la primera infancia de los ríos” y se ve juntos a ciervos y leones surcando los caminos de Dios.

Caracas,  esa ciudad que nos habla desde el empedrado de las calles dolidas, desde los postes de alumbrado. Acosada, asediada por el calor y la miseria escondida detrás de la propaganda gubernamental,  tiene que soportar “la confusión de lenguas / la dispersión humana”. A través de la niebla el  poeta  pregunta:

¿Jugamos a los dados de la amargura
La pisada revela polvo gris
y dibuja el monóxido
   invisibles heridas en la arteria.

El asfalto dejó de ser lo que era, puente o magia, para convertirse en el fragor del miedo, siempre en acecho, del delincuente despiadado o del fusil con órdenes precisas  que rige ahora los destinos de nuestro país: “El asfalto rechaza estrellas (…) / No está disponible al rocío”

Como en toda la obra de Losada subyace un trasfondo metafísico y sus versos están llenos de claves. Su poética de lenguaje depurado y riguroso, patentiza la fe de creador creyente en la palabra: tal vez, atravesando los velos del alma, los habitantes de Lebab entremos en contacto con el Ser y toquemos de nuevo la rosa, en la “fe rescatada”

 

*Los versos citados en este escrito pertenecen a los poemarios “Lebab o los despojos “ (1983) y “Por la redoma azul” (1987) de Benito Raúl Losada. Algunos de sus libros: “Campanada hacia el alba”, “Testimonios y Apolo XXI”, “El Rostro Sumergido”, “La Magia Desnuda”, “A Fondo Perdido”,  “Imagen de la imagen”, “Momentos y vestigios”, “Andén del Crepúsculo”, “Más allá del relámpago”. Su obra ha sido estudiada por Oscar Sambrano Urdaneta, Lucila Velásquez, Lubio Cardozo, Arturo Croce, José Ramón Medina y Pedro Díaz Seijas. Es Premio Municipal de Poesía y su obra aparece reseñada en las más importantes Antologías de habla hispana.

 

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Poesía de SiempreMay 21, 2009 9:13 pm

Por Carmen Cristina Wolf

Repasando mis notas sobre nueva retórica y teoría de la argumentación, para preparar un seminario sobre el Lenguaje, y después de haber hojeado de nuevo a Mortara Garaveli, a Perelman, Sapir y Whorf, me reconcilié de nuevo con la certeza de que los grandes escritores de todos los tiempos se han adentrado en el estudio de las figuras literarias. Es una falsedad del tamaño de una catedral sostener que la retórica es superflua e innecesaria. Un ejemplo del perfecto uso de las figuras literarias lo encontramos en Jorge Luis Borges, que empleó con maestría la metonimia, la enálage, la hipálage, el oximoron, la sinécdoque, la aliteración y numerosos recursos. A continuación, dos poemas de Borges: Arte poética Mirar el río hecho de tiempo y agua y recordar que el tiempo es otro río, saber que nos perdemos como el río y que los rostros pasan como el agua. Sentir que la vigilia es otro sueño que sueña no soñar y que la muerte que teme nuestra carne es esa muerte de cada noche, que se llama sueño. Ver en el día o en el año un símbolo de los días del hombre y de sus años, convertir el ultraje de los años en una música, un rumor, y un símbolo, ver en la muerte el sueño, en el ocaso un triste oro, tal es la poesía que es inmortal y pobre. La poesía vuelve como la aurora y el ocaso. A veces en las tardes una cara nos mira desde el fondo de un espejo; el arte debe ser como ese espejo que nos revela nuestra propia cara. También es como el río interminable que pasa y queda y es cristal de un mismo Heráclito inconstante, que es el mismo y es otro, como el río interminable. Amorosa anticipación Ni la intimidad de tu frente clara como una fiesta ni la costumbre de tu cuerpo, aún misterioso y tácito de niña, ni la sucesión de tu vida asumiendo palabras o silencios serán favor tan misterioso como mirar tu sueño implicado en la vigilia de mis brazos. Virgen milagrosamente otra vez por la virtud absolutoria del sueño, quieta y resplandeciente como una dicha que la memoria elige, me darás esa orilla de tu vida que tu misma no tienes. Arrojado a quietud, divisaré esa playa última de tu ser y te veré, por vez primera, quizá, como Dios ha de verte, desbaratada la ficción del Tiempo, sin el amor, sin mí. Selección de Carmen Cristina Wolf Biografía de Jorge Luis Borges Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Jorge_Luis_Borges Borges nació en una típica casa porteña de fines del siglo XIX, con patio y aljibe, dos elementos que se repetirán como un eco en sus poesías. Su casa natal estaba situada en la calle Tucumán 840, pero su infancia transcurrió un poco más al norte, en la calle Serrano 2135 del barrio de Palermo. La relación de Borges con la literatura comenzó a muy temprana edad, siendo que a los cuatro años ya sabía leer y escribir. Debido a que en su casa se hablaba tanto español como inglés, Borges creció como bilingüe. En 1905 comenzó a tomar sus primeras lecciones con una institutriz británica.[a] Al año siguiente escribió su primer relato, La visera fatal, siguiendo páginas del Quijote. Además, esbozó en inglés un breve ensayo sobre mitología griega. A los nueve años tradujo del inglés El príncipe feliz, de Oscar Wilde, texto que se publicó en el periódico El País rubricado por Jorge Borges. En el barrio de Palermo, que por aquella época era un barrio marginal de inmigrantes y cuchilleros, conoció las andanzas de los compadritos que después poblaron sus ficciones. Borges ingresó al colegio directamente en el cuarto grado. Por esa época la familia pasaba sus vacaciones de verano en Adrogué o en casa de unos familiares uruguayos, los Haedo. Su padre, Jorge Guillermo Borges, argentino, fue abogado y profesor de psicología. Era un ávido lector y tenía aspiraciones literarias que concretó en una novela, El caudillo, y algunos poemas; además tradujo a Omar Jayyam de la versión inglesa de Fitzgerald. Para 1970, Jorge Luis Borges recordaba con estas palabras a su padre: "Él me reveló el poder de la poesía: el hecho de que las palabras sean no sólo un medio de comunicación sino símbolos mágicos y música". Su madre, Leonor Acevedo Suárez, era uruguaya. Aprendió inglés de su marido y tradujo varias obras de esa lengua al español. En su casa se hablaba en español e inglés. En 1914 el padre de Borges se vio obligado a dejar su profesión, jubilándose de profesor debido a la misma ceguera progresiva hereditaria que décadas más tarde afectaría también a su hijo. Junto con la familia, se dirigió a Europa para someterse a un tratamiento oftalmológico especial. Para refugiarse de la Primera Guerra Mundial, la familia se instaló en Ginebra (Suiza), donde el joven Borges y su hermana Norah (nacida en 1902) asistirían a la escuela. Borges estudió francés y cursó el bachillerato en el Liceo Jean Clavin. Durante esa época leyó sobre todo a los prosistas del Realismo francés y a los poetas expresionistas y simbolistas, especialmente a Rimbaud. Descubrió a Schopenhauer, a Nietzsche, a Carlyle y a Chesterton. Con la sola ayuda de un diccionario aprendió por sí mismo el alemán y escribió sus primeros versos en francés.6 En 1919, gracias al fin de las hostilidades la familia Borges marchó a España. En un primer momento se instalaron en Barcelona y luego se trasladaron a Palma de Mallorca. En esta última ciudad Borges escribió dos libros que no publicó: Los ritmos rojos, poemas de elogio a la Revolución Rusa, y Los naipes del tahúr, un libro de cuentos. En Madrid y en Sevilla participó del movimiento literario ultraísta, que luego encabezaría en Argentina y que influiría poderosamente en su primera obra lírica. Colaboró con poemas y en la crítica literaria en las revistas Ultra, Grecia, Cervantes, Hélices y Cosmópolis. Su primera poesía, "Himno al mar", escrita en el estilo de Walt Whitman, fue publicada en la revista Grecia el 31 de diciembre de 1919. Oh mar! oh mito! oh largo lecho! Y sé por qué te amo. Sé que somos muy viejos. Que ambos nos conocemos desde siglos. Sé que en tus aguas venerandas y rientes ardió la aurora de la Vida. (En la ceniza de una tarde terciaria vibré por primera vez en tu seno). Oh proteico, yo he salido de ti. ¡Ambos encadenados y nómadas; Ambos con un sed intensa de estrellas; Ambos con esperanzas y desengaños; Ambos, aire, luz, fuerza, oscuridades; Ambos con nuestro vasto deseo y ambos con nuestra grande miseria. En esta época conoció a algunos de los principales escritores españoles de la época, como Rafael Cansinos-Assens (a quien frecuentaba en el famoso Café Colonial y a quien siempre consideró su maestro), Ramón Gómez de la Serna, Valle Inclán y Gerardo Diego. Junto con su abuela paterna, sus padres y su hermana, Borges embarcó en el puerto de Barcelona en el "Reina Victoria Eugenia", que los devolvería a Buenos Aires. En el puerto los esperaba el escritor, filósofo de la paradoja y humorista surreal Macedonio Fernández, cuya amistad Borges habría de heredar de su padre. El contacto con Buenos Aires llevó al poeta a una relación exaltada de "descubrimiento" con su ciudad natal. Así comenzó a dar forma a la mitificación de los barrios suburbanos, donde asentaría parte de su constante idealización de lo real. Ya en Buenos Aires publicó en la revista española Cosmópolis, fundó la revista mural Prisma (de la que sólo se publicaron dos números) y también publicó en Nosotros, dirigida por Alfredo Bianchi. Por esa época conoció a Concepción Guerrero, una joven de dieciséis años de quien se enamoró. En 1922 visitó a Leopoldo Lugones junto a Eduardo González Lanuza para entregarle el segundo (y último) número de Prisma. En agosto de 1924 fundó la revista ultraísta Proa junto con Ricardo Güiraldes, autor de Don Segundo Sombra; Alfredo Brandán Caraffa y Pablo Rojas Paz, aunque paulatinamente iría abandonando esa estética. En 1923, en víspera de un segundo viaje a Europa, Borges publicó su primer libro de poesía, Fervor de Buenos Aires, en el que se prefigura, según palabras del propio Borges, toda su obra posterior. Fue una edición preparada apuradamente, en la que se colaron algunas erratas y que, además, carecía de prólogo. Para la tapa su hermana Norah realizó un grabado. Se editaron unos trescientos ejemplares; los pocos que se conservan son considerados tesoros por los bibliófilos y en algunos se aprecian correcciones manuscritas realizadas por el mismo Borges. En Fervor de Buenos Aires es donde emotivamente confesó que, finalmente, "las calles de Buenos Aires/ ya son mi entraña". Son treinta y tres poemas tan heterogéneos que aluden a un juego de cartas (el truco), o al "tirano" Juan Manuel de Rosas, o a la exótica Benarés; sin ahorrar el espacio para solazarse en un patio anónimo de Buenos Aires, "en la amistad oscura/ de un zaguán, de una parra y de un aljibe". Sobre el espíritu de este libro ha escrito Borges que "en aquel tiempo buscaba los atardeceres, los arrabales y la desdicha". Después de un año en España e instalado definitivamente en su ciudad natal a partir de 1924, Borges colaboró en algunas revistas literarias y con dos libros adicionales, Luna de enfrente e Inquisiciones (que nunca reeditaría), establecería ya en 1925 su reputación de jefe de la más joven vanguardia. En los treinta años siguientes, Borges se transformaría en uno de los más brillantes y más polémicos escritores de América. Cansado del ultraísmo que él mismo había traído de España, intentó fundar un nuevo tipo de regionalismo, enraizado en una perspectiva metafísica de la realidad. Escribió cuentos y poemas sobre el suburbio porteño, sobre el tango, sobre fatales peleas de cuchillo, como "Hombre de la esquina rosada" y "El puñal". Pronto se cansó también de este "ismo" y empezó a especular por escrito sobre la narrativa fantástica o mágica, hasta el punto de producir durante dos décadas (desde 1930 a 1950), algunas de las más extraordinarias ficciones del siglo XX (Historia universal de la infamia, Ficciones, El Aleph, entre otros). No obstante su formación europeísta, reivindicó tematicamente sus raíces argentinas, y en particular porteñas, en poemarios como Fervor de Buenos Aires (1923), Luna de enfrente (1925) y Cuaderno de San Martín (1929). Compuso letras de tangos y milongas, si bien rehuyó "la sensiblería del inconsolable tango-canción" y el manejo sistemático del lunfardo, que "infunde un aire artificioso a las sencillas coplas". En sus letras y algunos relatos se narran las dudosas hazañas de los cuchilleros y compadres, a los que muestra en toda su despojada brutalidad aunque dentro de un clima trágico, cuando no casi épico. En 1941 publicó Antología Poética Argentina y editó el volumen de narraciones El jardín de senderos que se bifurcan, obra con la que se hizo acreedor al Premio Nacional de Literatura. Al año siguiente apareció Seis problemas para don Isidro Parodi, libro de narraciones que escribió en colaboración con Bioy Casares. Lo firmaron con el seudónimo "H. Bustos Domecq", el cual proviene de "Bustos", un bisabuelo cordobés de Borges, y "Domecq", un bisabuelo de Bioy Casares. Bajo el título Poemas (1923-1943) reunió en 1943 la labor poética de sus tres libros más los poemas publicados en el diario La Nación y en la revista Sur. Presentó, junto con Bioy Casares, la antología Los mejores cuentos policiales. Para esta época, Borges ya había logrado un espacio en el reducido círculo de la vanguardia literaria argentina. Su obra Ficciones recibió el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE). En sus páginas se halla "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius", sobrecogedora e insuperable metáfora del mundo. En ese mismo año conoció a Estela Canto, de quien se enamoró sin ser correspondido; sin embargo, nació una estrecha relación amistosa que se prolongaría por más de cuatro años. Escribió el cuento "El Aleph", que dedicó a Estela Canto, regalándole el manuscrito que cuatro décadas más tarde fue vendido en más de 25.000 dólares a la Biblioteca Nacional de España. Junto con Bioy Casares publicó en 1946 Un modelo para la muerte utilizando el seudónimo "B. Suárez Lynch" y, como H. Bustos Domecq, Dos fantasías memorables, volumen de historias de suspenso policial. Borges aclaró posteriormente que ‘Suárez’ provenía de su abuelo y que ‘Lynch’ representaba el lado irlandés de la familia de Bioy. Fundó y dirigió la revista Los Anales de Buenos Aires (que concluiría su andadura, tras 23 números, en diciembre de 1948). En la publicación, Borges y Bioy colaboraron con un nuevo seudónimo: "B. Lynch Davis". Entre 1947 y 1948 editó el ensayo Nueva refutación del tiempo y publicó sus Obras Escogidas. En 1949 se editó su célebre obra narrativa El aleph, libro de género fantástico y que para la crítica es casi unánimemente su mejor colección de relatos. En 1946 Juan Domingo Perón fue elegido presidente, venciendo así a la Unión Democrática. Borges, que había apoyado a ésta última, se manifestaba abiertamente en contra del nuevo gobierno. Su fama de antiperonista lo acompañó toda su vida. Respecto al nuevo gobierno, que Borges consideraba una dictadura, manifestó: Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad; más abominable es el hecho de que fomenten la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de caudillos, vivas y mueras prefijados, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez… Combatir estas tristes monotonías es uno de los muchos deberes del escritor ¿Habré de recordar a los lectores del Martín Fierro y de Don Segundo Sombra que el individualismo es una vieja virtud argentina? Borges se sintió obligado a renunciar a su empleo como bibliotecario cuando fue designado ‘Inspector de mercados de aves de corral’ por el gobierno. Su madre y su hermana, también antiperonistas, fueron detenidas por la policía. Borges fue llevado por la necesidad a convertirse en conferenciante itinerante por diversas provincias argentinas y Uruguay. Para ello, debió superar su tartamudez y su timidez con ayuda médica. La necesidad también lo llevó a iniciarse en la tarea docente como profesor de literatura inglesa en el Instituto Libre de Segunda Enseñanza y, más tarde, en la Universidad Católica. Jorge Luis Borges en1951. Los albores de la década de 1950 marcaron el inicio del reconocimiento de Borges dentro y fuera de Argentina. Dictó conferencias en la Universidad de la República, donde apareció su ensayo "Aspectos de la literatura gauchesca". Editó en México Antiguas literaturas germánicas, escrito en colaboración con Delia Ingenieros. También en ese mismo año se publicó en París la primera traducción francesa de su narrativa (Fictions, traducido por P. Verdevoye) y en Buenos Aires la serie de cuentos La muerte y la brújula. En 1952 aparecieron los ensayos de Otras inquisiciones y se reeditó un ensayo sobre lingüística porteña titulado El idioma de los argentinos, junto con El idioma de Buenos Aires de José Edmundo Clemente. Apareció también la segunda edición de El Aleph, con nuevos cuentos. Se publicaron en París en 1953 con el nombre de Labyrinthes. Ese año Borges publicó El Martín Fierro, ensayo que tuvo una segunda edición dentro del año. Bajo el cuidado de José Edmundo Clemente, la editorial Emecé comenzó a publicar sus Obras Completas. En 1954 el director cinematográfico Leopoldo Torre Nilsson dirigió el film Días de odio, basado en el cuento de Borges "Emma Zunz". Tras un golpe militar que derrocó al gobierno peronista (denominado Revolución Libertadora), Borges fue elegido en 1955 director de la Biblioteca Nacional, cargo que ocuparía por espacio de 18 años. En diciembre de ese mismo año fue designado miembro de la Academia Argentina de Letras. Publicó Los orilleros, El paraíso de los creyentes, Cuentos breves y extraordinarios, Poesía gauchesca, La hermana Eloísa y Leopoldo Lugones. Se le confirmó, además, en la cátedra de Literatura Alemana y, luego, como director del Instituto de Literatura Alemana en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. La revista Ciudad le dedicó un volumen crítico y bibliográfico sobre su obra. Apareció Ficciones en italiano, bajo el título La Biblioteca di Babele. Tras varios accidentes y algunas operaciones, un oftalmólogo le prohibió leer y escribir. Aunque aún distinguía luces y sombras, esta prohibición cambió profundamente su práctica literaria. Borges se fue quedando ciego como consecuencia de la enfermedad congénita que había ya afectado a su padre. El hecho no fue repentino ("Se ha extendido desde 1899 sin momentos dramáticos, un lento crepúsculo que duró más de medio siglo"14 ), sino que más bien se trató de un proceso; como fuere, esto no le impidió seguir con su carrera de escritor, ensayista y conferenciante, así como tampoco significó para él el abandono de la lectura (hacía que le leyesen en voz alta) ni del aprendizaje de nuevas lenguas. El haber sido nombrado director de la Biblioteca Nacional y, en el mismo año, comprender la profundización de su ceguera fue percibido por Borges como una contradicción del destino. Él mismo lo relató en una conferencia dos décadas más tarde: "Poco a poco fui comprendiendo la extraña ironía de los hechos. Yo siempre me había imaginado el Paraíso bajo la especie de una biblioteca. Ahí estaba yo. Era, de algún modo, el centro de novecientos mil volúmenes en diversos idiomas. Comprobé que apenas podía descifrar las carátulas y los lomos. Entonces escribí el «Poema de los dones»: Nadie rebaje a lágrima o reproche esta declaración de la maestría de Dios, que con magnífica ironía me dio a la vez los libros y la noche.15 En 1956 dictó el curso de literatura inglesa en la Universidad de Buenos Aires, fue nombrado catedrático titular en la misma universidad, recibió un doctorado honoris causa de la Universidad de Cuyo y fue nombrado presidente de la Asociación de Escritores Argentinos. En Montevideo criticó ásperamente al peronismo depuesto y defendió a la Revolución Libertadora. Por su adhesión al nuevo gobierno resultó muy criticado, entre otros, por Ernesto Sabato y Ezequiel Martínez Estrada. Sabato y Borges continuarían, si bien no enemistados, "separados" por motivos políticos hasta 1973, cuando, a raíz de un encuentro casual en una biblioteca, Orlando Barone resolvió promover una serie de reuniones, en las que ambos escritores discutieron sobre literatura, filosofía, cine, lingüística y demás temas. El resultado de estas reuniones fue la edición de un libro: Diálogos: Borges - Sabato.13 Entre 1957 y 1960 publicó Manual de zoología fantástica y El Hacedor, una colección de textos breves y poemas dedicada a Leopoldo Lugones. Hizo una nueva actualización de Poemas y publicó en el diario La Nación el poema "Límites". Bajo su dirección se inició la segunda época de la revista La Biblioteca y, en colaboración con Bioy Casares, editó la antología Libro del cielo y del infierno. Sus obras continuaron traduciéndose a varios idiomas:16 en este período en particular Otras inquisiciones fue traducido al francés bajo el título Enquétes, El Aleph al alemán con el título Labyrinthe y una selección de cuentos de El Aleph y Ficciones al italiano como L’Aleph. En este período también aparecieron los volúmenes sexto a noveno de las Obras Completas. Para 1960 se vinculó con el Partido Conservador.13 5 Compartió con Samuel Beckett, en 1961, el Premio Internacional de Literatura (consistente en 10 mil dólares), otorgado por el Congreso Internacional de Editores en Formentor, Mallorca. Este importante galardón lo promovió internacionalmente y le ofreció la posibilidad de que sus obras fueran traducidas a numerosos idiomas (inglés, francés, alemán, sueco, noruego, danés, italiano, polaco, portugués, hebreo, farsí, griego, eslovaco y árabe, entre otros). Apareció su Antología personal, editada por Sur. Viajó junto a su madre a Estados Unidos, invitado por la Universidad de Texas y por la Fundación Tinker, de Austin. Allí dictó conferencias y cursos sobre literatura argentina durante seis meses. En Nueva York se editó una antología de sus cuentos titulada Labyrinths y se tradujo al alemán Historia universal de la infamia. En 1962 se estrenó el film "Hombre de la esquina rosada", basado en el cuento homónimo, que dirigió René Mugica . Finalizó una biografía sobre el poeta Almafuerte. En compañía de su madre, viajó a Europa en 1963 y ofreció numerosas conferencias. De regreso a Buenos Aires terminó una antología sobre Evaristo Carriego. Con la colaboración de María Esther Vázquez publicó Introducción a la literatura inglesa en 1965 y Literaturas germánicas medievales en 1966. Al año siguiente se editó Introducción a la literatura norteamericana, escrito en colaboración con Esther Zemborain y Crónicas de Bustos Domecq, con Bioy Casares. Se editaron, además, sus milongas y tangos en el libro Para las seis cuerdas, ilustrado por Héctor Basaldúa, y su cuento "La intrusa". El 21 de septiembre de 1967 Borges se casó con Elsa Astete Millán, matrimonio que duró hasta octubre de 1970. Viajó a Estados Unidos con su mujer y fue profesor de poesía de la Universidad de Harvard, invitado por la Fundación Charles Eliot Norton. En 1968, con la colaboración de Margarita Guerrero, publicó una ampliación del Manual de zoología fantástica bajo el título El libro de los seres imaginarios. Apareció en ese año su Nueva antología personal. Viajó a Santiago de Chile para asistir al Congreso de Intelectuales Antirracistas y a Europa e Israel para pronunciar algunas conferencias. El director Hugo Santiago dirigió la película "Invasión", con argumento de Bioy y Borges. En 1969 ordenó y corrigió dos libros de poemas: El otro, el mismo y Elogio de la sombra, el cual logró dos ediciones dentro del año. Con ilustraciones del pintor Antonio Berni, se editó su traducción y antología de Hojas de hierba, de Walt Whitman. Después de algunos años sin publicar cuentos, reunió varias narraciones en El informe de Brodie, libro publicado en agosto de 1970. En 1963, con dificultades en la visión. En 1971 Borges publicó en Buenos Aires el cuento largo titulado El congreso. Al año siguiente viajó a Estados Unidos, donde recibió numerosas distinciones y pronunció conferencias en diversas universidades. A su regreso a Buenos Aires publicó el libro de poemas El oro de los tigres y el 24 de agosto, día de su cumpleaños, recibió un homenaje singular: la publicación en forma privada de su cuento "El otro". En 1973 fue declarado Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires y, paralelamente, solicitó su jubilación como director de la biblioteca nacional. En 1973 reunió por primera vez en un volumen sus Obras Completas, editadas por Emecé. Como De Quincey y tantos otros, he sabido, antes de haber escrito una sola línea, que mi destino sería literario. Mi primer libro data de 1923; mis Obras Completas, ahora, reúnen la labor de medio siglo. No sé que mérito tendrán, pero me place comprobar la variedad de temas que abarcan. La patria, los azares de los mayores, las literaturas que honran las lenguas de los hombres, las filosofías que he tratado de penetrar, los atardeceres, los ocios, las desgarradas orillas de mi ciudad, mi extraña vida cuya posible justificación está en estas páginas, los sueños olvidados y recuperados, el tiempo….La prosa convive con el verso; acaso para la imaginación ambas son iguales. Jorge Luis Borges. Obras Completas. Prólogo. En Milán, Franco Maria Ricci publicó el cuento "El congreso" en una edición lujosísima con letras de oro. El libro de poesía La rosa profunda y la colección de relatos El libro de arena se publicaron en 1975, junto con la recopilación Prólogos. Se estrenó además la película El muerto, sobre un cuento homónimo, dirigida por Héctor Olivera. María Kodama En 1975 falleció su madre, a los noventa y nueve años. A partir de ese momento Borges realizaría sus viajes junto a una ex-alumna, luego secretaria y —por último, en la senectud de Borges— su segunda esposa, María Kodama. A pesar de su prestigio intelectual y el reconocimiento universal que ha merecido su obra, no fue distinguido con el Premio Nobel de Literatura, no obstante haber sido nominado por muchos años consecutivos. Se especula que fue excluido de la posibilidad de obtenerlo por haber aceptado un premio otorgado por el gobierno militar de Augusto Pinochet. En 1986 fijó su residencia en Ginebra, ciudad a la que lo unía un profundo amor y a la cual Borges había designado "una de mis patrias". El 26 de abril se casó —por poderes— con María Kodama, según Acta de esa fecha labrada en Colonia Rojas Silva, Paraguay. Murió el 14 de junio de 1986 víctima de un cáncer hepático. Obedeciendo su última voluntad, sus restos yacen en el cementerio de Plainpalais La lápida, realizada por el escultor argentino Eduardo Longato, es de una piedra blanca y áspera. En lo alto de su cara anterior se lee "Jorge Luis Borges" y, debajo, "And ne forhtedon na", junto a un grabado circular con siete guerreros, una pequeña Cruz de Gales y los años "1899/1986". La inscripción "And ne forhtedon na", formulada en anglosajón, se traduce como "Y que no temieran". La cara posterior de la lápida contiene la frase "Hann tekr sverthit Gram okk / legger i methal theira bert", que se corresponde con dos versos del capítulo veintisiete de la Saga Volsunga (saga noruega del siglo XIII), y se traducen como "El tomó su espada, Gram, y colocó el metal desnudo entre los dos". Estos dos mismos versos los utilizó también Borges como epígrafe de su cuento "Ulrica", incluido en El libro de arena, único relato de amor del autor y cuyo protagonista se llama Javier Otárola. Bajo esta segunda inscripción aparece el grabado de una nave vikinga, y bajo ésta una tercera inscripción: "De Ulrica a Javier Otárola", lo que permite interpretar esta última inscripción como una dedicatoria de María Kodama a Jorge Luis Borges. En febrero de 2009 los peronistas en el poder en ese momento en Argentina, pretendieron repatriar sus restos a su pais natal. Se generó una importante polémica. Su viuda María Kodama se opuso rotundamente y finalmente el proyecto quedó desechado.26 Premios, distinciones y homenajes Moneda de 2 pesos argentinos conmemorativa del centenario del nacimiento de Jorge Luis Borges, año 1999. El rostro del escritor grabado de un lado, el laberinto que pobló su obra, del otro. Recibió importantes premios y distinciones de diversas universidades y gobiernos de diversos países. En 1961 compartió con Samuel Beckett el Premio Formentor otorgado por el Congreso Internacional de Editores, y que fue el comienzo de su reputación en todo el mundo occidental. Recibirá luego el título de Commendatore por el gobierno italiano, el de Comandante de la Orden de las Letras y Artes por el gobierno francés, la Insignia de Caballero de la Orden del Imperio Británico y el Premio Cervantes, entre otros galardones y títulos. Su obra fue traducida a más de veinticinco idiomas y llevada al cine y a la televisión. Premios y distinciones En 1999 el gobierno argentino emitió una serie de monedas conmemorativas por el centenario del nacimiento de Borges. El gobierno de la Ciudad de Buenos Aires organiza visitas guiadas gratuitas sobre puntos de la ciudad que tuvieron que ver con Borges27 y un tramo de la Calle Serrano, del barrio de Palermo, fue renombrado como Jorge Luis Borges en honor al escritor. De modo similar, una banca del jardín zoológico de Buenos Aires conmemora al escritor con un panel, que refiere que era en esa banca que Borges se sentaba para mirar a los tigres, por los que sentía fascinación. A continuación se presenta un listado cronológico de los diversos premios, distinciones y homenajes recibidos por Borges durante su vida. • 1929. Da a conocer su tercer libro de poemas, Cuaderno San Martín, con el que gana el segundo Premio Municipal de Poesía de Buenos Aires. • 1944. Su obra Ficciones recibe de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) el Gran Premio de Honor. • 1955. Borges es elegido miembro de la Academia Argentina de Letras. • 1956. Es nombrado catedrático titular en la Universidad de Buenos Aires y recibe un doctorado honoris causa de la Universidad de Cuyo. • 1961. Comparte con Samuel Beckett el Premio Internacional de Literatura (10 mil dólares), otorgado por el Congreso Internacional de Editores en Formentor, Mallorca. Es condecorado por el presidente de Italia, Giovanni Gronchi, con la Orden de Commendatore. • 1962. Recibe en Buenos Aires el Gran Premio del Fondo Nacional de las Artes. Recibe la insignia de Commandeur de l’Ordre des Lettres et des Arts del gobierno de Francia. • 1963. En diciembre es nombrado doctor honoris causa por la Universidad de los Andes, en Colombia. • 1964. El gobierno peruano le otorga la Orden del Sol en el grado de Comendador. La revista francesa L’Herne le dedica un número especial monográfico de homenaje, con numerosas colaboraciones nacionales y extranjeras. • 1965. Recibe en Gran Bretaña la insignia de Caballero de la Orden del Imperio Británico, donde se le otorga el título de Sir. Recibe la medalla de oro del IX Premio de Poesía de la ciudad de Florencia. • 1966. La comuna de Milán le entrega el Premio Internacional Madonnina. La Fundación Ingram Merril de Nueva York le concede su premio literario (5 mil dólares). • 1968. Es nombrado miembro de la Academia de Artes y Ciencias de los Estados Unidos. Recibe del gobierno de Italia las insignias de Gran Oficial de la Orden al Mérito de la República Italiana. • 1970. La Fundación Bienal de San Pablo (Brasil) le otorga el Premio Interamericano de Literatura ‘Matarazzo Sobrinho’ (25 mil dólares), el más importante del país, durante el Primer Seminario de Literatura de las Américas. Se lo nombra miembro de la ‘The Hispanic Society of America’, Nueva York. • 1971. Viaja a Estados Unidos para recibir los nombramientos de la American Academy of Art and Letter de Nueva York y del Instituto de Artes y Letras de Estados Unidos (INAL) como miembro honorario de ambas instituciones. En Israel recibe el Premio de Jerusalén (2 mil dólares). Es nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Columbia, Nueva York. En abril viaja a Londres, invitado por el Instituto de Arte Contemporáneo que lo incorpora como miembro de su cuerpo docente. La Universidad de Oxford le confiere el título de doctor honoris causa como Doctor en Letras. • 1972. Viaja a Estados Unidos para recibir el doctorado honoris causa en Humanidades por la Universidad de East Lansing, Michigan. En septiembre se lo nombra miembro del Museo Judío de Buenos Aires. • 1973. La Municipalidad de Buenos Aires lo declara ciudadano ilustre. Viaja junto con Claude Hornos de Acevedo a España y México, donde recibe el Premio Internacional Alfonso Reyes. • 1974. En Milán, Franco María Ricci publica el cuento El congreso en una edición lujosísima con letras de oro. • 1976. Recibe el título de doctor honoris causa de la Universidad de Cincinnati. El gobierno chileno lo condecora con la Gran Cruz de la Orden al Mérito Bernardo O´Higgins. Viaja a Chile, donde recibe el título de doctor honoris causa por la Universidad de Santiago. • 1977. Recibe el título de doctor honoris causa por la Universidad de La Sorbona. Le otorga el mismo título la Universidad de Tucumán. • 1978. Es declarado ciudadano meritorio de Bogotá. • 1979. La Academia Francesa lo distingue con una medalla de oro. Recibe la Orden al Mérito de la República Federal Alemana y la Cruz Islandesa del Halcón en el grado de Comendador con estrella. Se le hace un homenaje nacional en el Teatro Cervantes, con motivo de cumplir los ochenta años. • 1980. Recibe el Gran Premio de la Academia Real Española, el Miguel de Cervantes (5 millones de pesetas), otorgado por el Ministerio de Cultura de España. Lo comparte con el poeta español Gerardo Diego. Recibe en París el premio Cino del Duca (200 mil francos). • 1981. Sandro Pertini, presidente de Italia, le entrega el premio Balzan (140 mil dólares). Viaja a Estados Unidos, Puerto Rico y México, donde recibe el premio Hollín Yoliztli (70 mil dólares). • 1983. En su última visita a España, recibe la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio. En París, el presidente Miterrand le hace entrega de la Legión de Honor. Recoge en Estados Unidos el premio de la Fundación Ingersoll (15 mil dólares). • 1984. En Sicilia recibe una rosa de oro como homenaje y símbolo de la sabiduría. Vuelve a Estados Unidos, donde el editor italiano Ricci le entrega 84 libras esterlinas de oro, una por cada año de vida. Vuelve a Italia, recibe de manos del presidente Pertini la Gran Cruz de la Orden al Mérito. Va a Marruecos y a Lisboa, donde es condecorado. .28 29

Poesía de SiempreMay 10, 2009 2:54 pm

         Por Carmen Cristina Wolf

    Un privilegio para los amantes de la poesía este nuevo libro de Pérez Alencart, publicado por la Editorial Verbum, Madrid 2009. Así comienza la Inscripción liminar de este poemario, de puño y letra del autor:

“Sólo un poeta-profeta como Jesús pudo hacer girar más rápido la rueda de la historia hasta cambiar el mundo desde su divina sensibilidad: “Todavía un poco, y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis”… Y el último párrafo reza: “Que mis versos planeen hasta la fronda donde se cobijan los milagros…” (A.P.A.).

El libro consta de dos Partes: Dios tengo, que a su vez tiene tres capítulos: En nombre del Hijo, En nombre del Padre y En Nombre del Espíritu; Y Cristianos de todas partes, con tres capítulos: Ocupación del Reino, Adverando la Partencia y Addenda (Comentarios e impresiones del filólogo Alfonso Ortega y del filósofo Juan Simarro Fernández; del poeta Antonio Salvado; del teólogo Timoteo Glasscock; y del Teólogo y poeta Luis Guillermo Alonso.

Cierra sus páginas un Poema Final manuscrito de Alfredo Pérez Alencart y una Nota de la poeta Carmen Cristina Wolf. La ilustración de la portada es obra del pintor Miguel Elías, creada especialmente para este libro: “ Yo soy la raíz y el linaje de David. La estrella resplandeciente de la mañana”.

Leamos un Fragmento del Comentario de Alfonso Ortega: … “Recuperando el número diez, que Virgilio hizo clásico para la Historia de la Literatura Latina en sus diez Églogas, diez son también, como en las Tablas de la Ley Mosaica, lo que bien
podría denominarse estampas vivas del alma de un poeta, de Alfredo Pérez Alencart. Cada una de ellas, con su inicial apelación imperativa a ÉL –a quien se nombra, sin nombrarlo en parte alguna del texto, como se muestra en el interior del texto: II 5, Nútreme; Condéname, Ábreme; III 2, 7; Aparta de mis mañanas; IV 6; Despiértame, y abrígame; V 12, 13; rebélate; VI 2; y átame, VII 1; Enlístame, devora, y regálame, VIII 10, 13; Ayúdame, ayúdame, X 12, 13. En Nombre del Hijo es el dramático monólogo, con esperada y urgente respuesta necesitada, abierto en infatigables imperativos, con la impetuosidad
de ritmos yámbicos, acentualmente ascendentes, podríamos decir al gusto de un clásico latino, sin excepción alguna al comienzo de cada una de estas intensas y clamorosas efusiones del alma, como infrenables torrentes del corazón creyente, en los que apenas hallan reposo estilístico” …

 Resulta  comprometido elegir entre los poemas alguno mejor que otro porque todos son de una riqueza expresiva incomparable. A continuación, algunos de los versos:

 “Adviérteme si mi corazón no amanece en su sitio

y no sabe defenderte con toda tu realidad posible,

como un fariseo que sólo merodea el alto domicilio

balbuceando frases sordas tan muriéndose de pena.

Nútreme con tu antigüedad que no es estrella ciega,

con el éxodo que es magnífico limpiador de vanidad

y espejo de caminantes que salen por enésima vez

por donde señale la nube o el alma ahíta de infinito,

al tanteo hacia la aguja de coser de tus parábolas “…

(Poema II Parte Primera)

 CRISTO DEL ALMA reúne un profundo contenido teológico. La nervadura mística y el exquisito y depurado lenguaje son de alto calibre. Apunta al  centro del alma su doloroso y a la par esperanzado reclamo:

“… Acierta en mi corazón, devora mi máscara y regálame cumpleaños de asombro”

(Poema VIII Parte Primera).

 Unos versos finales para concluir esta nota:

 “Yo, extranjero muy próximo,

acampo en tu espíritu, lejos del sarcófago de los ídolos.

Y manteo las aguas, en marcha hacia la penúltima morada

donde diluiste estatuas de sal y pactaste con mi silencio.

Un clavo en ascuas conmina a la desunión, pero seguimos

por el prestigio del padre y por el destierro de mis huesos:

Un viento sedoso zarpa y cabecea el manzano del alma mía. ”

(Poema IX Parte primera)

*Alfredo Pérez Alencart nació en Puerto Maldonado, Perú (1962). Poeta y ensayista peruano-español. Desde 1987 es profesor titular de Derecho del Trabajo de la Universidad de Salamanca. En 2005 fue elegido miembro de la Academia Castellana y Leonesa de la Poesía. Es director del Centro de Estudios Ibéricos y Americanos de Salamanca (CEIAS), de la Sociedad de Estudios Literarios y Humanísticos "Alfonso Ortega Carmona" (SELIH) y de la revista "El cielo de Salamanca". Entre 1992 y 1998 fue secretario de la Cátedra de Poética "Fray Luis de León" de la Universidad Pontificia de Salamanca. Es Miembro Correspondiente y Emérito del Círculo0 de escritores de Venezuela.
Entre 1998 y 2005 fue coordinador de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que anualmente organizan la Fundación Salamanca Ciudad de Cultura, la Fundación Camino de la Lengua Castellana y el Ministerio de Cultura. Escribe en periódicos de España e Iberoamérica.
En poesía ha publicado La voluntad enhechizada (2001. Hay una edición portuguesa aparecida en 2004), Madre selva (2002), Ofrendas al tercer hijo de Amparo Bidon (2003) y el cuaderno Itinerario de los huéspedes (2005, con grabados de Miguel Elías). Su poesía ha sido traducida y publicada al alemán, inglés, italiano, portugués, árabe, serbio y coreano.
Ahora está siendo traducido al griego. Ha publicado la poesía completa de Gastón Baquero y antologías de la obra de Gonzalo Rojas (Chile), Alejandro Romualdo (Perú), José Hierro (España), Olga Orozco (Argentina), Jesús Hilario Tundidor (España), Reynaldo Valinho (Brasil), António Salvado (Portugal), Ramón Palomares (Venezuela), Francisco Brines (España) o Carlos Contramestre (Venezuela), por señalar algunos.

http://www.circulodescritoresvenezuela.org

http://ccwolf.wordpress.com

Poesía de SiempreMay 6, 2009 10:01 pm

 

 Por

Alberto Hernández-

 

Espacio sin paisaje

Quitarse el ropaje para mostrar la hondura de la desolación, esa mirada perdida que intenta retomar la voz anclada en un puerto de ecos y sensaciones aún no descifrados, ha sido el espíritu del poeta venezolano Rafael Cadenas.

Desde su primera estación, Cantos iniciales, pasaron por el yo más acendrado de la poesía venezolana Los cuadernos del destierro, hasta arribar a Gestiones, merecedor del premio internacional de poesía Pérez Bonalde en 1992, Cadenas ha construido una poética que tiene su motivo más arraigado en la actitud del hombre de hoy, el de esta modernidad y posmodernidad egotista y a la vez descentrada.

Al salirse de su yo, al entregarlo desnudo, Cadenas encontró el vacío. Logró penetrar con la palabra en el otro yo, el del lector, pero sobre todo en el de sus fabulaciones. Cadenas anuló el paisaje, creó con abigarrado despojamiento verbal, con esa forma de adjetivar, sin alusiones precisas, cierta atomización en el hombre que se mira al espejo y se reafirma: “Yo no traía ningún mensaje”, “Yo era el guardián de mi propia desgracia”, “Yo soy uno”, como si con estas declaraciones estuviera despojándose de su propio eco, la voz del yo, el yo mismo. Al ser otro se entregaba, abandonaba el cuerpo/ alma para borrar espacios y entrar con el silencio de la reflexión:

 

He entrado a región delgada…Yo apenas sospechaba que había tierra, luz, agua, aire, que vivía y que estaba obligado a llevar mi cuerpo de un lado a otro, alimentándolo, limpiándolo, cuidándolo para que luciera más o menos presentable en el animado concierto de la honorabilidad ciudadana.

 

El dónde como pensamiento 

La idea es lugar. Fabular o reconstruir la realidad interior con el espacio y el tiempo del otro, del que se consagra a la pérdida del reflejo. El hombre es el problema. El yo negativo rilkeano, el adentro y sus sonoridades, la voluntad del ausente. El conocimiento, el desamparo, la resonación de la Selva Negra de Heidegger, perdido de Dios, apresado, entre las muelas del poder. Llegar a ser el sin yo. El ser como lengua, la negación de una alteridad dudosa. En fin, una religiosidad que más tarde se hace visible en la contemplación de ideas que recorren las páginas más importantes de este poeta contemporáneo.

Suprimir el yo para hacerlo sensación, pensamiento, idea. En ese sustrato, Cadenas crea un lugar en el que se recupera el ser a partir del silencio, de una experiencia mística.

 

La voz del que se habla

Para Eliot hay una voz poética que tiene destino en el propio poeta. O en nadie. El yo de Cadenas, a pesar de emerger para empapar el silencio y a la vez negarse, se convierte en nadie al anular con reiterativa intención el único lugar donde pudo (verbo hipotético al fin) deshacerse de los fantasmas que él mismo creó. El síndrome del éxodo, el exilio hacia respiraciones fragmentarias, hacen de este poeta una parábola, como lo señala Ludovico Silva en el ensayo Rafael Cadenas, parábola del desterrado. El exiliado adquiere nueva documentación, pero si es un poeta, entonces la identidad se convierte en pesadumbre, cuestión que le sucede a todos los seres humanos, pero en quien vive y se enfrenta a la palabra una sombra clandestina lo abruma, toda vez que es permanente observador de las imágenes que rechaza o asimila. El yo, documentación o pasaporte de la mismidad, reconcentra sus energías hasta ser la primera voz que señala Eliot. Una voz en el destierro. Cadenas místicamente se ha encerrado. Su palabra, con el pasar de los libros, se despoja cada día más hasta solazarse en el yo desolado, existencialmente destinado a crear una religión, una patria donde la sobrevivencia pueda ser su afirmación, tiempo y espacio. Desde aquel viaje a una Isla, hasta el despojo de los textos finales, Cadenas se ha perseguido a él mismo, anulando, orientando todos sus avatares hacia una inmanencia reflexiva que se posesiona, iniciáticamente de la memoria oriental, taoísta: las dimensiones donde el yo no cabe: tierra, cielo, divinidades y el mismo hombre. Este último como la gran pregunta.

 

 

La casa del lenguaje

Ese silencio es la casa. Allí habitan todos los designios, los deshabitados. El silencio es la única voz que puede habitarse. Casa, albergue, habitación de sombras. Casa donde el balbuceo es la señal para iniciar el ritual poético. Un texto silencioso es un acto de entonación que suscita una terrible tensión interior. Morada de todas las revelaciones, el silencio sucumbe con la primera pronunciación. De un lenguaje a otro. Imbricados, funda la voz que habrá de traducirse en poesía. Recogemos de nuevo a Heidegger.

Lengua y silencio se funden para establecer una presencia absoluta, los significados: Víctor Bravo en su ensayo El hombre y el lenguaje, recogido en el libro Ensayos desde la pasión, señala: “El lenguaje como revelación: estar persuadidos que es llave maestra para abrir los aposentos; avanzar con él como una lámpara disipadora de oscuridades y terrores”. Así, la casa, el aposento, la pensión de las palabras o del lenguaje, es el estadio donde la revelación irrumpe como asombro. Un acto beatífico, místico, elevado. Más adelante el mismo Bravo reseña: “Danza de signos palpitantes y galerías de espejos. ¿No es el espejo, abominable según testimonio borgiano, que asecha en cada habitación o recodo, un enviado secreto de los señoríos del lenguaje?”.

En Cadenas, y como él mismo dice: “Si el poeta carece entonces de yo y si yo, por mi parte soy un poeta ¿qué tiene de asombroso que diga que no he de escribir más? ¿y si en ese preciso instante yo hubiera estado meditando en los caracteres de saturno y de ops?”, en el libro Realidad y literatura, que la universidad Simón Bolívar le editó al poeta barquisimetano.

 

Dichos en un amante sin gestiones

El amor es un invento. El cuerpo femenino se mueve para favorecer el invento que nace en el siglo XI o XII, con Platón como cabeza visible en la purificación de los dioses, y en los valores cristianos con la muerte del hijo del Dios occidental que declara que Él es amor. El amor nace con la palabra, con la música, con la poesía y con la muerte. Amante y palabra son un desencuentro que se traduce en dichos: “La otra orilla pertenece a los que aman, y ellos la convierten en esta orilla”. Acercar el misterio, arrastrar alientos a un solo volumen oral. Así, encontrada la orilla, el hombre que piensa, habiendo asumido la poesía como mística y pérdida, dice: “Las sensaciones nos atraen el cuerpo”. ¿A cuál cuerpo, al de la voz única, al que habla a él mismo, como decíamos inicialmente, o al cuerpo otro, a ese otro yo que estaba del otro lado de la orilla? ¿Cuál de esos cuerpos vuelve a resurgir luego de las palabras? ¿Dónde queda el poeta cuando el cuerpo ajeno se convierte en él mismo? ¿Desaparece el yo único para hacerse otredad corporal, semiótico/ semántico/ orgásmico, o resuelve colmar el silencio con la contemplación de quien tiene en Dios el amor y la muerte?

El hombre de Cadenas, el fondo de su poética, signada también por Woodhouse, Keats, San Juan de la Cruz, Eliot, Lawrence, navega hacia Gestiones, un libro que regresa, que atenúa a Amantes para como Memorial marcar su soledumbre, el abandono: “Los que hacen las reglas/ no quieren que hablemos/ sino/ las palabras/ desean hacernos desaparecer/ de la página;/ pero nos persignamos./ Somos viejos actores”.

Cadenas toma el silencio y sigue su camino. Pero no se resigna. No se deja vencer.  

            

 

Poesía de SiempreApril 20, 2009 1:15 pm

Benito Losada Azócar (Venezuela, 1893), mi abuelo materno,  era maestro de Castellano, Agrimensor , poeta, hombre de bien y lector impenitente. Fundó la Asociación Venezolana de Esperanto, porque creía en la fraternidad y respeto de los pueblos cuando pudiéramos entendernos en un mismo idioma. Escribió numerosos poemas humorísticos bajo el seudónimo de PACO-TILLERO. Fue interlocutor e hizo contrapunteo literario con el gran poeta venezolano Jacobo Pimentel (Job Pim). He aquí algunas de sus "Postales de Viaje":

POSTALES DE UN TURISTA

EN NAPOLES

La obstinación.

el mundo de la abeja.

¿Qué es el enjambre?

Reto a los cataclismos

y a lavas de un volcán.

EN POMPEYA

Duda de Hamlet

ante la calavera

¡Cómo persiste!

A Pompeya – esqueleto –

la luz de los filósofos.

EN CAPRI

Tiberio en Capri

“sic transit gloria mundi”.

En aquel tiempo

del caos surgió un Sol

-ruta de veinte siglos!-

EN ROMA

Lo eterno es Dios,

lo Absoluto, el Espíritu,

¿Y la materia?

La historia dice “Hubo…”

o dice “Había una vez…”

EN FLORENCIA

En Dante –sumo

turista de la llamas-

veo el ayer.

¿Qué de réprobos, Dante,

para tu Infierno, hoy!

EN VENECIA

Coro de arrullos.

De un casal -¿siempre génesis?

¡Cuántas palomas!

La vida tiene el signo

de multiplicación.

EN MILAN

Milagro, dicen

después del bombardeo.

La muerte pasa

y “La Última Cena”

del genio permanece!

EN SUIZA  (Lago Leman)

Cumbres decrépitas

¿hastiadas de intemperie

Y el valle ríe

con matices de azul,

y con el verde canta.

EN PARIS

Intermitencias

-paréntesis del faro-

¿Lo existencial?

Un eclipse… una sombra…;

pero vence el fulgor.

EN LA COSTA AZUL

¿Sólo sonrisa?

-corazón de pizarra-

Es nube nimbo

que nos niega la lluvia

y se la lleva el viento.

EN LOURDES

La fe en acción.

Peregrinos… antorchas…

Y aquí el turista

-expresión rubeniana-

se queda estupefacto!

EN TREN RÁPIDO

Imcomprensión

desde el principio y siempre.

¿Serán ilusos

un Zamenhof, un Gandhi,

de esperanza gigantes?

EN MADRID

Quijote y Sancho

-el mundo del contraste-

Y una voz luz

nos dice que este mundo

“está viejo y chochea”.

EN ANDALUCIA

Iberos, celtas,

y fenicios y griegos,

latinos, godos

y vándalos y árabes,

¡Santiago y Sierra, España!

EN VALENCIA

Canto de huerta,

cuento de reconquista.

Mi canto y cuento

sean para el Santo Cáliz

en que libó Jesús.

EN BARCELONA

El Monserrat

-santuario en alta roca-

¿cercano el cielo?

Sirena el panorama

¿Qué lejos está el Sol!

EN MALLORCA

¡Raimundo Lulio!

Exclama el visitante.

Y un guía romántico

relata los amores

de Chopin y de Sand.

EN LISBOA (el puerto)

Cuentan que un bardo

aquí, sus dos pesetas,

echó en el mar.

¿Cómo entrar en Lisboa

“con tan poco dinero?”

EN CANARIAS

El archipiélago

con dos enhiestos picos:

al cielo el Teyde,

al futuro. El insigne

“Canario de Canarias”.

EN AVIÓN “SUPER-6”

Pedernal, flecha,

luego el hierro, la pólvora,

la dinamita.

¿Hasta cuándo? Ya el átomo

herido está y protesta.

EN NUEVA YORK

“Es oro el tiempo”

-un proverbio en acción-

USA, tres letras

y dos tiene la NU.

El siglo de las siglas!

EN CARACAS

Fin de la ausencia.

¡El Avila! ¡Don Diego!

Mármol y bronce

del que habló en Santa Marta!

¿Dónde están mis chinelas?

PACO-TILLERO

Primavera de 1953.

Poesía de SiempreMarch 30, 2009 5:02 pm

         A mi abuelo Benito Losada Azócar (Paco-tillero1898 ), lingüista, maestro de gramática, poeta, fundador de la Asociación Venezolana de Esperanto, dedico este poema de sl que fue se amigo Félix Antonio Calderón. Y a toda la familia Losada, mi familia:

LA VOZ DEL ANTRO

¡Salud, quien quiera que tú seas, viajero!
¿Eres acaso de región extraña?
Yo soy la maravilla del sendero
que resiste en su dorso la montaña…

¿Te amedrenta el negror, frío y severo?
yo no guardo en mi seno la alimaña,
ni el hirsuto leon, ni el lobo fiero
ni el ángel infernal que el alma empaña.

Penetra sin temblar hasta mi fondo,
en donde el alma del silencio escondo,
y aunque el misterio el corazón te asombre,

Haz como Humboldt, el barón valiente,
que en mis entrañas esculpió su nombre
¡Y con mis linfas se signó en la frente!

Félix Antonio Calderón
http://pacotillero.blogspot.com/

Félix Antonio Calderón: poeta, agricultor y comerciante. Nació en Caripe, Estado Monagas el 24-04-1890. Escribió  el soneto LA VOZ DEL ANTRO, su poema mas conocido, dedicado a la Cueva del Guacharo, el cual está grabado en una placa de mármol en la entrada de ese monumento nacional

*Barón Alejandro de Humboldt, Científico alemán, Naturalista (Botánico, geógrafo, físico, químico, meteorólogo, climatólogo)

Poesía de SiempreMarch 15, 2009 3:38 pm

 

El Círculo de Escritores de Venezuela ofrecerá un Taller de Poesía y Alquimia a cargo de la escritora venezolana María Isabel Novillo, que tendrá lugar el sábado 28 de marzo en la Sala Cabrujas de Los Palos Grandes, con el apoyo de Cultura Chacao.
Entre los temas que serán desarrollados durante el taller figuran: El metal y su virtud, Transmutación de la voz poética, Emblemas alquímicos en la literatura, La Unión Sagrada, El Rocío, El Jardín, El Sol, La Pureza, La Perla, El Nacimiento de la Primavera.
María Isabel Novillo, poeta y docente en la Universidad de Los Andes, ha publicado diversos libros, entre los que se cuentan: “Poemas Peregrinos”, “Metálica virtud”, “El Caballero de la Isla”, entre otros.  Ha obtenido numerosos reconocimientos nacionales e internacionales, como el Premio de Poesía Casa de la Cultura de Maracay (1992), Premio de Poesía Simón Darío Ramírez, de la Asociación de Escritores de Mérida (2004), Mención de Honor en el Concurso de Poesía del Ateneo de Escuque (1997).

El público tendrá la oportunidad de participar en el taller de poesía y alquimia que dictará esta destacada autora, el sábado 28 de marzo, de 9:00 a.m. a 12:00 p.m. y de 2:00 p.m. a 5:00 p.m., en la Sala Cabrujas, ubicada en la Avenida Francisco de Miranda con 3º Avenida de Los Palos Grandes, C.C. El Parque, nivel C-1. Las personas interesadas pueden inscribirse a través del correo electrónico: literaturayvida@yahoo.com  o llamar al 0416 6297062

http://www.circulodescritoresvenezuela.org

http://ccwolf.wordpress.com Mujeresescritoras

  

Poesía de SiempreFebruary 6, 2009 2:11 pm

RUISEÑOR

 

1
¡No bebas de esa copa
el licor de negra textura!
Busca la belleza que alza su mano
hasta tus ojos
y los hará brillar.
El dulce dolor que te engaña
alimenta abatidas corolas,
disfraz de hogueras de savia.
Y cuando la pena descienda
como frágil lluvia de abril,
no hilvanes con sus pétalos
un rosario de silencio.
Toma la mano de la música
en el amanecer de tu sueño,
aprieta en el puño la sal del oleaje,
siente el tumulto alado
de la luz.
2
Cuando llegue luego el crepúsculo,
el melisma del ruiseñor gemirá por ti la queja,
y un apacible sopor
herido de música,
en algún lugar de penumbra
surtirá de murmullos tu ensueño,
avivado por la llama de la vela.
 En la copa, un ruboroso vino
hará de la vieja congoja
saciedad de fulgor matinal,
hasta que cante de nuevo
el ruiseñor
y sientas fluir en la sangre
la fuente de su voz sideral.

 Autor: Alejo Urdaneta, narrador, poeta y ensayista venezolano.

          Miembro del Círculo de Escritores de Venezuela